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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2014

Paz y unidad popular

Dairo Ruiz
Rebelin


La persistencia de la confrontacin del Estado colombiano contra el pueblo, an en el marco de la coexistencia de las negociaciones polticas, y de la creciente privatizacin de las estructuras de poder del rgimen, acentuarn en el gobierno su grave crisis de legitimidad, pese a las maniobras, con las que Santos accedi de nuevo a la presidencia, pretendiendo un falso equilibrio en beneficio siempre del poder.

Est claro que Santos representa un modelo autoritario enquistado en un fraccionado rgimen oligrquico, que muestra ya una escasa autonoma ante el reclamo de paz social y poltica de las fuerzas populares, a las que el poder se apresta a diezmar o dividir.

El imperio de la represin estatal representado en la clase dominante y en el poder poltico, exigen en toda circunstancia evitar la incorporacin social y poltica del movimiento popular y de las vigentes fuerzas insurgentes, para ello haran fracasar las negociaciones y continuar en la va del despojo y la guerra.

La solucin negociada debe por lo tanto abrir paso a una Nueva Colombia, con el reconocimiento poltico pleno de la insurgencia popular y revolucionaria, la abolicin del aparato narco-paramilitar del Estado, y del reciclaje de sus capitales a travs de la va terrateniente, y/o con la alianza de estas con las multinacionales mineras, la banca, y los latifundistas, poderosos aliados del terrorismo de Estado, y del Imperialismo, que con el Uribismo constituyen la ms grave amenaza al proceso de paz en Colombia, como a la paz del Continente.

As entonces, la paz no puede ser disculpa para que vuelva a tronar la guerra, la bsqueda de la paz con justicia social, se ha interiorizado desde el pueblo y con la solidaridad internacional-, como la nica salida a la crisis social y poltica colombiana, que no puede ya avanzar hacia la destruccin total, pero s, a una nueva construccin social de convergencia y pactos populares para la paz, con estrategias definidas en las regiones, y por las mayoras que construyen en rebelda sus propias rutas emancipadoras, legitimando una creciente dinmica de articulacin social, a la que el Estado responder de nuevo con su reorganizacin autoritaria.

No se podr permitir la receta oligrquica reconciliacin-represin, hay que avanzar desde lo unitario y popular para superar los fracasos de las pequeas y grandes constituyentes, y con ello los protagonistas y los ejes para la paz social y poltica del pas.

Es indispensable dar respuesta desde la lucha social a las tensiones y a las traiciones, reconociendo que la injusticia, la guerra y la explotacin son el origen real de la violencia, y factores constitutivos de las relaciones polticas y sociales del pas.

Si permean las desigualdades sociales y se obstruye la participacin poltica de las mayoras, no habr paz posible, el pueblo con sus mayoras debe crecer una nueva y constituyente legitimidad, desde la movilizacin y la autonoma.

La ideologa de la seguridad nacional con sus esperpentos narco-paramilitares, y la muy importante autonoma del estamento militar debe desaparecer, al igual que la conformacin de una poderosa red de capitales mafiosos basada en el despojo, el crimen y el trfico de drogas, como andamiaje del para-Estado, que persiste en la tendencia a resolver en conflicto por la va militar, - terror, violencia, y/o aniquilamiento del enemigo interno-, y/o el desconocimiento de acercamientos , o los acuerdos de paz, en una especie de complicidad estructural de las fuerzas armadas oligrquicas, con el desarrollo de la guerra, y siempre contra la paz digna.

Negarse a un cese bilateral de fuego es negarse a oxigenar la paz que exigen las mayoras, hay que insistir en romper definitivamente con la estructura del URIBATO, y avanzar en la solucin negociada que ya no es solo con todas las guerrillas, sino con sus [email protected], que como pueblo asumen la paz desde la unidad y la diversidad, con unas definiciones que le dan un contenido democrtico y popular a la paz, con fuerzas y propuestas propias, alternativas, a las tendencias autoritarias del Santismo reencauchado, pero sin terminar defendiendo al Estado capitalista, o de manera indirecta a las relaciones de dominacin que lo sustentan, pero para sustituir el actual estado de cosas de abajo hacia arriba, construyendo poder popular. Destruir lo viejo, construir lo nuevo.

Esto es, afianzar la soberana popular desde los territorios, con la cultura de la resistencia, y con el mximo comn denominador en la participacin, para podernos representar como clase popular.



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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