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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2014

Nada nuevo sobre frica

David Torres
Pblico.es


El clebre combate entre Al y Foreman en Kinshasa no fue slo un hito del deporte y un acontecimiento musical de primer orden sino tambin un estreno absoluto en la historia del periodismo: quiz la primera vez que el continente negro era noticia por algo bueno, no por una guerra, una hambruna, una matanza o cualquier otra desgracia. Tena mrito adems porque el Zaire, como se llamaba el pas por aquel entonces, estaba gobernado por una especie de gngster asesino llamado Mobutu del que se deca que antes de que perdiese su costumbre de robar sera ms fcil que los leopardos perdiesen las manchas. Por otra parte, salvo unas pocas y gloriosas excepciones como Mandela o Lumumba, la historia del continente entero aparece mordisqueada de arriba abajo por una jaura de tiranos carniceros absolutamente inverosmiles, gente que parecen personajes descartados en una novela de Garca Mrquez y que Albert Sanchez Piol recopil en un libro fastuoso y sanguinario: Payasos y monstruos.

De nio recuerdo las noticias con las que el telediario ilustraba puntualmente la informacin sobre cualquier punto del continente: nios esculidos cubiertos de moscas, masacres a tiro limpio, mujeres demacradas, ancianos tristsimos. Haba una profunda disonancia entre los libros que yo lea entonces sobre frica (tebeos de Tarzn, novelas de aventuras, relatos de viajes) y los desiertos de miseria y de hambre con que la televisin nos amargaba el almuerzo. Todava no haba ledo a Conrad, ni entendido el voraz alcance del trmino colonialismo, ni siquiera haba cado en la cuenta de que Tarzn era blanco, guapo y fuerte, y sus amigos negros, flacos, sumisos e ingenuos, unos pobres secundarios que generalmente acababan de tapa para cocodrilos o se despeaban discretamente por un barranco.

Cuando veamos esas noticias intiles y terribles (la preciosa nia de color chocolate con las mejillas arrasadas de lgrimas a la que una corona de moscas rondaba en crculos como miniaturas de buitres), mi madre aprovechaba para decirle a mi hermano: Comtelo todo, mira el hambre que estn pasando esos cros. Pero ni mi hermano ni yo entendamos el mecanismo de la transustanciacin, ese milagro digestivo por el cual una cucharada de sopa y un trozo de filete iban a desembocar en el estmago de una nia famlica en Biafra. Ese chantaje alimenticio no era muy distinto a la indignacin de doce segundos (que es lo que suele durar la indignacin por una hambruna o una guerra remota justo antes de que salga el torso de centurin de Cristiano Ronaldo) o a esos samaritanos sms con los que Bono interrumpa un concierto de U2 para barnizar su conciencia antes de la ducha y la ensalada.

Estos das frica asoma en los telediarios con una epidemia de bola, ms de setecientos muertos y un virus letal que puede saltar a Europa cualquier da de estos. Qu miedo, t. Por lo que no hay preocupacin ninguna es por la hambruna que est matando a docenas de miles de personas en Sudn del Sur: este verano hay demasiada competencia funeraria en Gaza, en Siria, en Ucrania, como para perder un minuto de telediario o una hoja de peridico en una tragedia repetida y puntual como la Semana Santa. Adems, elegir entre el bola en Guinea Conakry y el hambre en Sudn es como elegir entre susto y muerte. En frica el periodismo feliz naci en Kinshasa en un combate de boxeo por el cetro mundial de los pesados y muri en Johannesburgo con un encuentro de rugby entre los All Blacks y los Springboks. Rebaemos bien el plato, que hay mucha gente pasando hambre.


Fuente original: http://blogs.publico.es/davidtorres/2014/08/06/nada-nuevo-sobre-africa/



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