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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2014

Hiroshima olvidada

Atilio Boron
Telesur


En un da como hoy, pero hace 69 aos, se cometa un acto de una barbarie inusitada por su mortal eficacia y su descomunal escala destructiva: la ciudad japonesa de Hiroshima era literalmente barrida de la faz de la tierra por una bomba atmica arrojada por el Enola Gay, un bombardero B-29 de los Estados Unidos.

En apenas un instante unas 80 mil personas de las 350 mil que vivan en esa ciudad fueron calcinadas y reducidas a cenizas al ser impactadas por un vendaval radioactivo de ms de 2 mil grados de temperatura. Al cabo de unos pocos aos se sumaran entre 50 y 80 mil nuevas vctimas, aparte de quienes sobrevivieron con terribles quemaduras y lesiones de todo tipo y los nacidos con insanables deformaciones que les marcaran toda su vida.

En un alarde de sadismo sin precedentes el presidente Harry Truman ordenara un segundo bombardeo atmico, esta vez sobre Nagasaki, otra ciudad indefensa al igual que la anterior, exterminando otras 73 mil personas en menos de un segundo. El recuento total de las vctimas que murieron a causa de los dos bombardeos tanto los que perecieron en el acto como quienes fallecieron con posterioridad- llegaba, en el ao 2008, a poco ms de 400 mil personas. El relato oficial estadounidense es que el bombardeo atmico precipit la rendicin incondicional de Japn y puso fin a la Segunda Guerra Mundial, ahorrando as miles de vidas de soldados norteamericanos. Pero la historia es diferente.

En realidad este brutal genocidio fue un cruel escarmiento porque poltica y militarmente Japn ya estaba derrotado y su capitulacin final era cuestin de das. Derrotado en el Pacfico por Estados Unidos, las tropas soviticas estaban prestas para invadir a Japn desde Manchuria y sus defensas seran rebasadas con facilitad.

Su suerte estaba echada. Pero esa certidumbre no contaba porque lo que Washington buscaba, an al precio de perpetrar un horrendo crimen de guerra, era demostrar al mundo quien era la nueva potencia hegemnica del planeta y quien, gracias a su monopolio nuclear, estaba llamada a establecer un orden mundial (en realidad, un escandaloso desorden) congruente con sus intereses, y a cualquier precio.

Los bombardeos atmicos sobre las dos ciudades japonesas fue una suerte de sacrificio inicitico de la nueva era, concebido para enviar un potente mensaje para propios (principalmente sus aliados britnicos y franceses) y ajenos, como sus ocasionales adversarios alemanes y japoneses, pero sobre todo para la Unin Sovitica toda vez que la inesperada llegada del Ejrcito Rojo a Berln contena funestos desafos para el nuevo orden imperial de la posguerra.

Si para que este mensaje fuera comprendido era preciso aniquilar a centenares de miles de personas indefensas se procedera sin remordimiento alguno, como lo proclamaran orgullosamente hasta el final de sus miserables vidas los tripulantes del B-29 que destruy Hiroshima. Afortunadamente el monopolio nuclear en manos de Washington dur apenas unos aos, y el chantaje atmico qued neutralizado por el equilibrio del terror. Pero la pesadilla desatada con semejantes actos de barbarie habra de perdurar para siempre.

La prensa del establishment acompa las mentiras oficiales justificatorias de la barbarie cometida aquel 6 de Agosto. Un artculo del New York Times, publicado el 13 de Septiembre de 1945, deca en su ttulo que no haba rastros de radioactividad en Hiroshima. Obedeca ciega e irresponsablemente a la censura impuesta por el Pentgono que prohiba hablar de radiacin y deca, en cambio, que las vctimas japonesas murieron por el estallido de la bomba.

Fue la primera gran mentira de las muchas que hubo sobre el tema. Sin ir ms lejos hoy se acusa a Irn de estar empeado en la fabricacin de armamento nuclear mientras se oculta la denuncia hecha por un cientfico israel, Mordechai Vanunu, cuando en 1986 revel al mundo que con la ayuda de Estados Unidos su pas estaba construyendo un arsenal de ms de 100 ojivas nucleares, ms letales que las arrojadas sobre las dos ciudades del Japn. Wanunu fue secuestrado en Roma, condenado por un tribunal en Jerusaln a una pena de 18 aos de crcel acusado de traicin y espionaje.

Pese a haber cumplido su sentencia (con 11 aos y medios en celda de confinamiento solitario) y sin haber nuevos cargos en su contra las autoridades israeles se rehsan a otorgarle un pasaporte y le impiden salir de Israel. Su crimen? Alertar al mundo sobre la posibilidad que un horror como el de Hiroshima y Nagasaki pueda desatarse en Oriente Medio. Por supuesto, la prensa seria ha decretado la muerte civil de Wanunu hace muchos aos.

Como bien recuerda Noam Chomsky, con el fulminante asesinato en masa de varios centenares de miles de personas se cierra una poca y da comienzo a otra, ms ominosa. Segn el lingista si alguna especie de extraterrestres fueran a compilar una historia del Homo Sapiens ellos podran dividir el calendario en dos eras: AAN (antes de las armas nucleares) y DAN (despus de las armas nucleares).

Esta ltima se abri el 6 de Agosto de 1945, el primer da de la cuenta regresiva de lo que podra ser el inglorioso final de esta extraa especie, cuya inteligencia le permiti descubrir los medios efectivos para su propia destruccin pero -como lo sugiere la evidencia- no la capacidad intelectual y moral para controlar sus peores instintos.

Todava hay esperanzas, pero no deja de ser preocupante el silencio con que ha transcurrido este nuevo aniversario de la atrocidad perpetrada en Hiroshima, sobre todo a la luz de la que en estos das hemos visto en Gaza por un estado que dispone de un formidable arsenal atmico y cuyos gobernantes han dado sobradas pruebas de una espeluznante inescrupulosidad moral.

Fuente original: http://www.telesurtv.net/bloggers/Hiroshima-olvidada-20140806-0005.html



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