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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2014

Qu es, en realidad, un piropo?

Antonieta Moreno
Rebelin


La mayora de las veces parece algo 'inocente'. Tipos que te miran fijamente como si fueras de otro planeta, tipos que empiezan a chasquear sus lenguas o hacen otros sonidos, tipos que cuando te pasan por al lado te dicen cosas del tipo 'Hola nena, quieres venir conmigo?...' Tal vez esto no suene muy inquietante, pero lo es. No me siento bien cuando me tratan de esta manera. Me hacen sentir como si fuera un polluelo barato que no merece ningn respeto y que est en la calle para el entretenimiento de los hombres. Me siento como si fuera propiedad pblica
Sofie Peeters


Hace ya varias semanas fue aprobada en Blgica una ley contra el acoso sexual que pretende proteger a las mujeres en las calles y en las redes sociales. Esta ley, impulsada por la Ministra de Interior y de Igualdad de Oportunidades Jolle Milquet dicta Art. 2. A los efectos de esta Ley, por sexismo se entiende cualquier accin o conducta que, en las circunstancias previstas en el artculo 444 del Cdigo Penal, tienen como evidente propsito el expresar desprecio por una persona debido a su identidad sexual, o de considerarla, por la misma razn, como inferior, o de ser reducida esencialmente a su identidad sexual causando lesiones graves a su dignidad. Aquellas personas que adopten las conductas contempladas en este artculo podrn ser penadas con multas de entre 50 y 1000 euros, e incluso con la crcel segn sea el caso.

Para muchos y, lamentablemente, tambin para muchas- una cosa es el acoso sexual y otra muy distinta los piropos Cmo es posible que alguien sea multado por decirle a una chica en la calle que tiene un culo muy lindo?!- se preguntar el Alcalde de Buenos Aires en estos momentos. El problema de fondo es descubrir por qu est tan instalado en el sentido comn que un piropo no es un acoso, o lo que es an peor- asumir que a las mujeres les gusta que les digan cosas en la calle. Si miramos las encuestas de, pongamos como ejemplo, Argentina y Blgica, ms de un 60% de las mujeres entrevistadas en estos pases se han sentido intimadas cuando se las piropea en la calle.

Una idea que suele salir a la luz en este tipo de problemticas es que los piropos forman parte de la idiosincrasia cultural y, por lo tanto, intentar criminalizar estos comentarios es un ataque directo a la propia cultura que, durante aos, se ha desarrollado de esta manera. Si esto es as, lo que debemos preguntarnos es lo siguiente: Por qu la configuracin social y cultural ha sido tal que son los hombres los que se sienten en pleno derecho de expresar libremente sus pensamientos sexuales an cuando esto atente contra la dignidad de una mujer? Por qu no ha sido a la inversa? Siguiendo a la filsofa Seyla Benhabib, hacer uso de una defensa cultural respecto a prcticas discriminatorias supone un tratamiento desigual y exonera a los perpetradores de la acusacin1. La cuestin final en este caso es aclarar por qu los piropos no son considerados como prcticas discriminatorias hacia las mujeres.

Cuando un hombre decide lisonjear a una mujer desconocida lo que subyace no es otra cosa que un juego de fuerzas. Al decirle a una mujer algo que, a simple vista, parece tan sencillo como guapa o ay, qu linda (y ni hablar de la inmensa mayora de casos donde los comentarios son insultantes y obscenos) lo que se est diciendo implcitamente es mejor qudate callada porque yo, en tanto que hombre, tengo ms fuerza que t, puedo dominarte.

Claramente, cualquier persona con un poco de conciencia admitir que la violacin sexual es un acto repudiable. Ahora bien, qu tienen en comn el acto de la violacin y los mal llamados piropos? Podemos decir que estos ltimos no son otra cosa que el recordatorio de que se poseen todos los elementos fsicos necesarios para agredir a la persona. El hombre que suelta un comentario sexual a una chica no espera que sta se d vuelta y le entregue, agradecida, el nmero de telfono; ellos saben que esto no ocurre, sin embargo, no pueden dejar pasar la ocasin de reafirmar quin manda, quin es ms fuerte.

Uno de los argumentos en contra de esta ley es que atenta contra la libertad de expresin. Segn el articulista Robert Wargas, esta iniciativa, adems de poner en riesgo la capacidad de flirtear de los hombres, es un ataque a la libertad en el discurso. En sus propias palabras: Since there is no more potent expression of individuality than speech, and since there is no more potent concentration of government and soft-core fasco-nannyism than in the eurozone and its neighbors, we all knew it was coming.

Apartando la absurda idea acerca de la capacidad de flirtear de los hombres, este razonamiento deja de lado el verdadero problema. Lo que plantea esta ley no es otra cosa que el derecho de cada persona a ser respetada en el espacio pblico, a no sentirse intimada ni agredida. Hablar de libertad de expresin cuando lo que se est tratando es un problema que afecta la libertad de movilidad, la moral y la dignidad de ms de la mitad de la poblacin es, cuanto menos, irrisorio. O es que acaso en nombre de la libertad de expresin hemos de aceptar los insultos, las groseras, y los comentarios homfobos y racistas?

Para cerrar, si bien es cierto que est ley por si sola no acabar con el problema y que es necesario, adems de realizar un seguimiento detallado de la misma, acompaarla con una campaa de concientizacin muy fuerte; el logro de esta ley es mostrar la capacidad que tienen los gobiernos de hacer frente a estas problemticas a travs de polticas de Estado, de recoger reivindicaciones de colectivos sociales y ofrecer un marco legal que sea capaz de respaldar a aquellos- en este caso a aquellas - que se encuentran en una situacin de vulnerabilidad.

Nota:

1. Benhabib Seyla. Las reivindicaciones de la Cultura. Editorial Katz. Buenos Aires, Argentina. 2006. Pg 153-154.

Antonieta Moreno. Estudiante de Filosofa de la Universidad Complutense de Madrid.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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