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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2014

Extractivismo, enclaves y destruccin ambiental

Renn Vega Cantor
Revista CEPA


En las ltimas dcadas se impuso un modelo primario exportador, similar al que conoci el pas en la segunda mitad del siglo XIX, lo que ha venido acompaado de la desindustrializacin, la penetracin renovada del capital extranjero, principalmente de las multinacionales imperialistas, la expropiacin de bienes comunes y la imposicin del dogma de las ventajas comparativas, como criterio que justifica nuestra especializacin en producir bienes primarios. Cada uno de estos aspectos ameritara un anlisis detallado, pero nos limitamos a mencionar los aspectos generales del capitalismo extractivista que se consolid en el pas, y que se constituye en un factor importante para explicar lo que acontece en Colombia en estos momentos.

Caractersticas

El extractivismo no se refiere solamente a la explotacin de minerales o hidrocarburos, sino que incluye a diversas actividades econmicas que se realizan en el pas. El extractivismo se podra definir como el conjunto de actividades econmicas con sus correspondientes derivaciones militares, sociales, polticas, ideolgicas y culturales que posibilitan el flujo de materia, energa, biodiversidad y fuerza de trabajo desde un territorio determinado (en este caso Colombia) hacia los centros dominantes en el capitalismo mundial, donde se consumen a gran escala para garantizar la reproduccin del capital. El extractivismo tiene caractersticas que lo identifican como modelo econmico y social, con unos mecanismos particulares de funcionamiento poltico, como se describe brevemente a continuacin.

En el extractivismo retornan las economas de enclave un concepto que se crea enterrado en la historia latinoamericano y que hace unas dcadas sonaba como un anacronismo, en la medida en que las inversiones extranjeras de tipo productivo que se implantan en el territorio nacional (en las ciudades y en el campo) operan con la mirada puesta no en el mercado interno sino en el mercado mundial. En los enclaves no se efectan procesos de acumulacin de capital en el plano local y/o nacional con los encadenamientos productivos que eso generara sino que las actividades se desenvuelven en consonancia con los intereses del capital transnacional, cuyo funcionamiento est ligado a los grandes mercados de los pases centrales. Como enclaves operan los agronegocios, la minera pero tambin las zonas tursticas, los parques naturales, y los espacios urbanos que estn vinculados el capitalismo mundial. Como economa de enclave de tipo extractivista funciona la produccin de flores en la sabana de Bogot, que supone el traslado de agua al mercado mundial. Son enclaves las maquilas, las zonas francas, los puertos y tambin los eslabones de la economa ilegal (una nocin cada da ms difcil de usar por la hibridacin con lo legal), ligados a la trata de personas al trfico de especies animales, al comercio mundial de estupefacientes, al blanqueo de divisas

Las relaciones laborales que se imponen en los enclaves borran los derechos de los trabajadores, puesto que anulan sus conquistas histricas e implantan la flexibilizacin y la precarizacin como norma dominante. Aparte de que generan poco empleo, y este es efmero, aumentan los niveles de explotacin de la fuerza de trabajo, con la finalidad de incrementar la tasa de ganancia de las inversiones efectuadas. Los parmetros laborales que se imponen en toda la economa replican lo que sucede en los enclaves, que viene a ser la generalizacin de los salarios chinos, no importa si se trata de actividades propiamente primarias, o del sector servicios, o de lo que queda de industria. Al mismo tiempo, se eliminan los sindicatos y se obstaculiza la lucha colectiva de los trabajadores, a la par con el incremento del trabajo informal, la terciarizacin laboral, y la eliminacin de los derechos de los hombres y mujeres que viven de su trabajo. La degradacin laboral se convierte en una de las cartas de presentacin que ofrece el Estado y las clases dominantes locales para atraer inversiones extranjeras, quienes argumentan que en este pas existe una fuerza de trabajo barata, capacitada y sumisa dispuesta a dejarse explotar por los inversores extranjeros que quieran invertir su capital en nuestro territorio.

El Estado es el garante de la imposicin de estas condiciones laborales, las que se usan como un gancho que atrae a los emprendedores extranjeros. En lo esencial, el Estado es un pen al servicio del imperialismo y de sus empresas, y toda su poltica est destinada a presentarse como el alumno ms aventajado de la clase a escala regional, es decir, el que est dispuesto a dar lo que sea sin contraprestacin alguna e incluso pagndole a las multinacionales para que se llevan nuestras riquezas naturales. Al respecto, el estudio Minera en Colombia: fundamentos para superar el modelo extractivista afirma que entre el 2005 y el 2010 las empresas mineras pagaron en promedio $878 mil millones anuales por concepto del impuesto a la renta, pero en ese perodo tuvieron deducciones, descuentos y exenciones que representaron un gasto tributario para el pas de $1,78 billones. Es decir, por cada $100 efectivamente pagados por este concepto, las empresas mineras tuvieron descuentos que terminaron representando prdidas para el Estado de ms de $200. Esto significa que por cada peso que pagan esas empresas, el Estado les concede dos, que provienen de los dineros que los habitantes comunes y corrientes le cancelamos al Estado por concepto de impuestos. En sntesis, las ETN vienen a un territorio de Colombia, expulsan a las comunidades que all habitan, destruyen los ecosistemas, contaminan las aguas, dejan luego de pocos aos un tremendo crter de miseria y destruccin, y aparte de todo les pagamos para que hagan todo eso.

Los enclaves vienen acompaados de la militarizacin de los territorios, porque el Estado se compromete a proteger las inversiones extranjeras, con el pretexto de que esa es la condicin que garantiza la permanencia de esas inversiones. Por esto observamos que en los ltimos aos se ha presentado un crecimiento exponencial de las fuerzas represivas del Estado para resguardar las zonas de extraccin de minerales e hidrocarburos, y los lugares donde se siembran los cultivos de exportacin. La militarizacin no solamente la efectan las fuerzas legales, sino los grupos paraestatales que son un componente esencial del modelo extractivista, creadas, financiadas y auspiciadas tanto por el Estado como por empresarios locales y transnacionales, como lo demuestran los ejemplos del banano en Urab, del carbn en la costa caribe, de la palma aceitera en el Choco y en la costa pacfica. Los enclaves no generan modernizacin ni innovacin tecnolgica propia, sino que all se implantan, cuando se hace, la tecnologa que es producida y controlada por las multinacionales.

En concordancia la economa y el territorio colombianos se han convertido en una especie de basurero para la chatarra producida por las multinacionales, algo que se acenta con los Tratados de Libre Comercio, que facilitan el ingreso de las tecnologas que ya se consideran obsoletas en esos lugares, como sucede, por ejemplo, con las armas, aviones y mquinas de guerra que el Estado colombiano le compra a Estados Unidos, la Unin Europea o a Rusia. Adicionalmente, nuestro territorio se convierte en el basurero de los residuos contaminantes que se exportan desde los centros imperialistas, lo cual se legitim en trminos legislativos en los ltimos aos con la Resolucin 809 de mayo 10 de 2006, que autoriz el ingreso a Colombia de residuos txicos y peligrosos para la salud y el medio ambiente. Los Tratados de Libre Comercio rematan la arquitectura institucional en el plano interno del pas, para consolidar la lgica extractivista, lo cual se fundamente con dispositivos jurdicos que protegen al capital transnacional. Estos tratados se sustentan en la teora de las ventajas comparativas que revive el esquema de divisin internacional del trabajo del siglo XIX y que nos condenan irremediablemente a abandonar cualquier intento de construir una economa propia y autnoma y nos obligan a vivir prisioneros de la exportacin de materias primas agrcolas y minerales.

En trminos de la propaganda, adquieren fuerza el imaginario de enclave y la mentalidad extractivista (propio del colonialismo interno) que se basa en el prejuicio de pensar que el comercio internacional en s mismo es la garanta de acceder al progreso, la modernizacin y la prosperidad. Ese mentalidad extractivista domina todas las actividades, como el deporte, la educacin o la salud, por lo que no sorprende que los padres quieren que sus hijos sean exitosos futbolistas que conquistan el mercado europeo, o que el objetivo de los dueos de las universidades sea la competitividad, para lo cual preparan fuerza de trabajo barata y sumisa que le sirva al capitalismo transnacional en distintos frentes. Con el imaginario de enclave se impone la idea que el modelo exportador constituye la tabla de salvacin del pas, y quienes se oponen trabajadores, campesinos, indgenas y afrodescendientes- son considerados como enemigos del progreso y del bienestar que se supone genera el libre comercio.

Consecuencias

El extractivismo tiene consecuencias nefastas en el mbito social y ambiental. En el plano social destruye y desestructura a las comunidades locales, introduce nuevos hbitos y pautas de consumo, genera una mentalidad rentstica y obliga a los habitantes de un territorio a subordinarse a los intereses de fracciones minoritarias de las clases dominantes que se articulan con el mercado internacional y se apropian de algunas migajas que les deja el libre comercio. El extractivismo aumenta la pobreza, la dependencia, la destruccin de los bienes comunes de tipo natural, que replican la eterna paradoja de la pobreza y la desigualdad en medio de la riqueza de recursos. Al mismo tiempo, se destruyen a las comunidades indgenas, y las que sobreviven son incorporadas brutalmente a la lgica extractivista, como acontece en Arauca, Boyac, los Llanos Orientales, para mencionar algunos casos.

La destruccin de los ecosistemas por el extractivismo forma parte de la historia de la actual Colombia desde la poca de la dominacin espaola. Ahora, el extractivismo contemporneo acelera esa destruccin en la medida en que involucra a todas las actividades econmicas y cubre la totalidad del territorio nacional. La puesta en marcha de megaproyectos mineros y agrcolas altera en forma inmediata y, en la mayor parte de los casos, de manera irreversible la riqueza natural de nuestros suelos y subsuelos. Los ejemplos abundan, como se comprueba con el impacto negativo de desviar ros, como en el Quimbo (Huila), en Ituango (Antioquia), o en la Guajira (con el ro Ranchera), para satisfacer el apetito de las empresas que extraen bienes naturales.

Otro ejemplo de actualidad es lo que sucede en Paz de Ariporo (Casanare) el segundo municipio ms grande del pas, con una extensin mayor que departamentos como Quindo. Risaralda, Atlntico y Sucre- en donde hace pocas semanas murieron miles de chigiros, babillas, y otras especies de la fauna local, como resultado de la confluencia de diversas actividades depredadoras, entre ellas las de tipo extractivo. Segn el Instituto Geogrfico Agustn Codazzi (IGAC) los acontecimientos trgicos de Casanare son un resultado de la combinacin funesta de por lo menos cinco pecados: impacto destructivo en los pramos de alta montaa, donde nacen los ros que surten al Casanare, por la introduccin de cultivos y ganadera; una ganadera intensiva que compacta los suelos y obstruye la infiltracin de aguas lluvias y escorrenta; una baja capacidad de retencin de humedad debido a la textura arenosa de los suelos; una limitada capacidad productiva de los suelos; y, la utilizacin de aguas subterrneas por parte de las empresas petroleras, que agrava una situacin local que ya se encuentra afectada por las modificaciones climticas.

En cuanto al impacto de las actividades petroleras, debe recordarse que en el Departamento de Casanare operan las compaas Geopark, Perenco, Pacific Stratus Energy, Parex, New Granada Energy, Cepcolsa, Petrominerales, Ecopetrol, Canacol, Interoli, Adventage. En toda la Orinoqua colombiana estas empresas extraen diariamente 720 mil barriles de petrleo y 15 millones de barriles de agua, un dato que en s mismo indica la magnitud del hidrocidio en marcha. En este contexto destructivo, resulta tragicmica la declaracin del viceministro de Energa Orlando Cabrales, quien asegur al conocer la magnitud del ecocidio del Casanare que las empresas petroleras no eran responsables y, en un verdadero oxmoron, asegur que agua y petrleo no son antagonistas. Son el futuro y el gran desafo que tiene este pas para impulsar el desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida de todos los colombianos.

La mortandad de animales, y la escasez de agua que se empieza a percibir en el territorio mencionado es el resultado de un desequilibrio en el ciclo hdrico, por la destruccin de paramos y humedales, el aumento en la demanda y consumo de agua para la exploracin y explotacin de petrleo, junto con la ganadera que seca los suelos y la demanda de agua por cultivos como el arroz y la palma aceitera. Segn el profesor Orlando Vargas de la Universidad Nacional, la sequa se origina en el mal manejo del suelo, la destruccin de las zonas de recarga acufera y la falta de planificacin del territorio.

Dicha tragedia ambiental est ligada en forma directa al extractivismo y al libre comercio, un vnculo criminal del que se tienen nefastos antecedentes histricos a nivel mundial, tal y como aconteci en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se presentaron los holocaustos de la era victoriana, que en un determinado momento fueron considerados como una derivacin inmediata de los cambios climticos que produce el fenmeno meteorolgico de El Nio. Pero estas alteraciones no se dan en el vaco sino en condiciones econmicas y sociales especficas, que aumentan el impacto destructor en la medida en que la produccin local, que permite la subsistencia de los pequeos productores, ya no se dedica a alimentarlos sino que se exporta al mercado mundial. O tambin que la utilizacin del agua para propiciar la exportacin de productos al mercado mundial destruye las fuentes hdricas y los ecosistemas, con lo que se garantiza la muerte de plantas y animales nativos, como un resultado directo del imperialismo ecolgico. En concreto, en el perodo mencionado se presentaron terribles hambrunas que dejaron, como mnimo, 32 millones de muertos en India, China, Brasil y otros lugares del mundo, como resultado de la vinculacin directa, por la va del libre comercio impuesto a sangre y fuego por Inglaterra, entre la produccin local de alimentos y su destino al mercado mundial. Mientras que los campesinos moran de inanicin, el trigo y otros cereales que haban producido con sus manos y en sus tierras llenaba las arcas de los exportadores mundiales de alimentos que iban con destino principal a Europa.

Esta referencia histrica sirve para recordar que hoy las condiciones climticas son peores que hace un siglo y por lo tanto sus efectos son ms destructores, porque un trastorno climtico en marcha afecta al mundo entero, pero que impacta de manera inmediata a ciertas regiones. Investigaciones recientes recalcan que las zonas tropicales (en donde se encuentra Colombia) son las primeras afectadas, bsicamente por su estabilidad climtica y por su biodiversidad. El ltimo informe del Panel Intergubernamental sobre el cambio climtico seala que uno de los pases ms afectados es y va a ser Colombia, por la deforestacin, la contaminacin hdrica, la minera y la ganadera extensiva. Algunos hechos lo indican con preocupante contundencia. Por ejemplo, los glaciares estn muriendo aceleradamente ante nuestros ojos y al ritmo actual los que quedan van a desaparecer en las prximas dcadas: en los ltimos 60 aos el rea de los glaciares se ha reducido en un 60% y de 19 glaciares que tenamos en nuestro territorio en 1900 hoy slo existen 6. As mismo, de los 34 paramos que posee el territorio de Colombia (donde se encuentra el 49% de todos los que existen en el mundo) 22 estn en grave riesgo de destruccin, como resultado de la ganadera, las quemas, la explotacin minera y la expansin de la frontera agrcola.

Hoy las condiciones son ms adversas que en la poca victoriana un momento en que hasta ahora estaba despegando la explotacin del petrleo, rodaban los primeros automviles en algunas ciudades de los Estados Unidos, en el mundo existan 1.650 millones de personas y la mayor parte de la gente viva en el campo, a la hora de considerar la retroalimentacin entre el trastorno climtico a escala global (que est en marcha en forma acelerada e irreversible) y los fenmenos locales (como el de Paz de Ariporo), que estn relacionados con el funcionamiento del capitalismo extractivista. Adems, lo acontecido en Paz de Ariporo indica a nivel micro y por anticipado cmo van a ser las guerras climticas, en las cuales la sed insaciable de materia y energa del capitalismo destruye los hbitats locales al tiempo que exacerba la lucha por la supervivencia de los ms pobres, que ya no tienen acceso ni siquiera al agua, y condena a la extincin a especies animales y vegetales, junto con la destruccin de la biodiversidad y de los ecosistemas. En este sentido, lo que sucede en Casanare es una terrible advertencia de lo que nos espera con el trastorno climtico.

Luchas

En diversos lugares del territorio colombiano se han presentado protestas, resistencias y rebeliones contra el extractivismo y sus variantes. Segn un estudio realizado para el Atlas Global de Justicia Ambiental, en estos momentos en Colombia se presentan 72 conflictos socio-ambientales. En Tolima, Santander, Cauca, los Llanos Orientales y otros lugares de Colombia se han desplegado notables protestas y la gente se organiza de mltiples formas para enfrentar la locomotora minera y los proyectos extractivistas. Entre esas luchas se destacan las libradas por los habitantes de Cajamarca y San Turban contra la minera del oro, y tambin las de los trabajadores petroleros en Puerto Gaitn contra la Pacific Rubiales., aunque tienen sentidos diferentes. Mientras los trabajadores petroleros estn interesados en mejorar las condiciones de trabajo, sin cuestionar la misma extraccin de petrleo, y las organizaciones laborales, como la Unin Sindical Obrera (USO) propenden por la nacionalizacin de los hidrocarburos y su explotacin por parte del Estado, las comunidades locales, campesinas e indgenas, buscan que no sean extrados esos bienes comunes de las entraas de la tierra. Esto ltimo se expresa en la lucha de los pobladores de El Tolima, que saben lo que implica la apertura de una descomunal mina de oro. Por eso, llevan aos denunciando ese crimen social y ambiental, como lo ratificaron en la consulta de Piedras, donde el 99% de los votantes dijeron no a la AngloGold Ashanti.

La oposicin al extractivismo en Colombia ha tenido un mayor calado en aquellas regiones en donde las comunidades locales sienten directamente afectadas sus condiciones de vida y de subsistencia y lo hacen, adems, a partir de una defensa del territorio en donde entran en juego otras nociones de territorialidad, producidas por y para las mismas comunidades. Esto indica que, en contra de la propaganda de la globalizacin que nos anuncia el fin de los territorios, stos adquieren una renovada fuerza para el capital y, por lo mismo, en esos lugares concretos es donde se ponen en juego las estrategias de lucha y de construccin de nuevas alternativas, desde abajo y desde el sur, como ha aflorado en los ltimos aos con los paros agrarios.

Gran parte de los conflictos ambientales se ubican en zonas habitadas por comunidades indgenas y pueblos afrocolombianos, como acontece en la Costa Atlntica en donde grupos tnicos soportan y se enfrentan al impacto negativo de la explotacin de carbn, la expansin de la Ruta del Sol, la construccin de represas (Ranchera y Puerto Brisa) y los proyectos tursticos en el Parque Nacional Tayrona.

Aparte de los impactos econmicos, sociales y ambientales del extractivismo en la vida cotidiana de las comunidades se despliegan un conjunto de antivalores (como cules?) que destruyen sus formas organizativas, sus tradiciones y sus relaciones ancestrales con sus territorios, tal y como lo demuestran los Aw, para quienes el petrleo es la sangre de la tierra y por lo tanto nunca debe ser extrado de las entraas del suelo. Los conflictos socioambientales se constituyen en una respuesta de las comunidades al extractivismo, como se pone de presente con el hecho que hayan aumentado desde el momento en que se increment la concesin de ttulos mineros durante los gobiernos de lvaro Uribe Vlez y Juan Manuel Santos.

Notas:

Luis Jorge Garay (Director), Minera en Colombia. Fundamentos para superar el modelo extractivista, Contralora General de la Repblica, Bogot, 2013.

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/U/uso_de_toxicos_aun_en_entredicho/uso_de_toxicos_aun_en_entredicho.asp

IGAC, Estos son los cinco pecados que podran haber desencadenado la tragedia ambiental en El Casanare, en http://www.igac.gov.co/wps/wcm/connect/

Orlando Cabrales, Agua o petrleo: un falso dilema, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13826183

Citado en http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/ndetalle/article/mala-planificacion- y-uso-del-suelo-atizan-sequia-en-los-llanos.html

Mike Davis, Los holocaustos en la era victoriana tarda. El Nio, las hambrunas y la formacin del Tercer Mundo, Universidad de Valencia, Valencia, 2006.

Ver: El alarmante informe sobre cambio climtico, Revista Semana, marzo 31 de 2014.

IDEAM, Glaciares de Colombia: ms que montaas con hielo, Bogot, 2012; Greempace Colombia, Cambio climtico: Futuro negro para los pramos, Bogot, noviembre de 2009.

Harald Welzer, Guerras climticas. Por qu mataremos (y nos matarn) en el siglo XXI, Katz Editores, Buenos Aires, 2010.

Colombia es el pas con ms conflictos ambientales de Amrica Latina, http://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/mapa/30830


(*) Renn Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedaggica Nacional, de Bogot, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volmenes), Editorial Pensamiento Crtico, Bogot, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volmenes), Ed. Pensamiento Crtico, Bogot, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; Capitalismo y Despojo, Ed. Pensamiento Crtico, Bogot, 2013, entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su ltimo libro publicado es Colombia y el Imperialismo contemporneo, escrito junto con Felipe Martn Novoa, Ed. Ocean Sur, 2014.

 

Artculo publicado en papel en la Revista CEPA No. 19, Bogot 2014, que acaba de entrar en circulacin. Rebelin lo ha difundido con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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