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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2014

La restitucin de la izquierda VII
Nosotros los esclavos del mercado

Roland Denis
Aporrea


1. La esencia de la esclavitud capitalista

Las relaciones econmicas son las que organizan la sociedad, determinan las relaciones sociales que estructuran el tipo de sociedad en que vivimos, entendida la economa como el espacio de produccin de bienes y distribucin e intercambio de los mismos. En el caso de una sociedad capitalista esas relaciones se organizan alrededor del mercado y tienen su eje de confrontacin esencial la contradiccin entre el trabajo social y la apropiacin privada del fruto de ese trabajo a travs del mercado donde se compra ese trabajo, ponindolo a disposicin del propietario capitalista. Es la contradiccin bsica entre capital y trabajo; la guerra de la plusvala generada por el trabajador y luego apropiada por las minoras propietarias o por los entes colectivos que las representan. Principalmente el Estado nacional junto hoy en da a los grandes instrumentos de la globalizacin: sistema financiero global, capitales transnacionales y los organismos polticos del orden econmico internacional.

Lo cierto es que la vieja esclavitud del trabajo que ejercieron imperios y despotismos de todo orden en el mundo entero, en la medida en que las relaciones humanas empezaron a estar determinadas por un intercambio mercantil dirigido a la acumulacin monetaria de la riqueza (la acumulacin de capital), ellas permitieron crear un creciente poder de parte de la burguesa naciente, que terminaron apropindose de todas las relaciones de intercambio humanas, pasando a ser relaciones de intercambio mercantil entre propietarios. Valemos entonces lo que tenemos; somos solo la cantidad de valor convertida en dinero que tenemos en nuestros bolsillos, sin l perdemos toda capacidad de intercambio social, lo que nos margina totalmente del desarrollo humano.

La apropiacin capitalista de las formas de intercambio de valor, nos obligan a vernos como iguales dentro de una relacin equivalente entre comprador y vendedor. Pero pobres iguales nosotros que lo nico que nos queda como mayora por vender para acceder a la cantidad de valor de cambio necesario para la sobrevivencia, es la venta de nuestra fuerza de trabajo. Es all donde termina imponindose el capitalismo: de ser esclavos directos en manos de nuestros viejos amos en relaciones serviles de todo tipo, pasamos a convertirnos en unos esclavos del mercado manejado por la clase capitalista, empezando por el mercado de trabajo. Las sociedades una tras otra, a travs de los fenmenos de apropiacin salvaje de la tierra, el posterior desarrollo industrial, colononizacin e imperialismo, vamos cayendo dentro de esta nueva esclavitud que determina nuestras vidas y nuestra conciencia del mundo.

En el captulo 1 del Capital Marx explica la gnesis de los que fue el nacimiento de la mercanca y el fetichismo mercantil. Es decir, el fenmeno objetivo del paso de una humanidad organizada alrededor del trabajo concreto productora de valores de uso a una sociedad organizada por lo que l llam el trabajo abstracto, productor de valores de cambio; mercancas que finalmente van absorbiendo todas las formas de intercambio destinadas en adelante a la acumulacin de valores o capital, sostenidas en la explotacin del trabajo; poco a poco todo se va convirtiendo en mercanca: la tierra, nuestros cuerpos, lo que estos producen a travs del trabajo, y todo ello en manos de unos pocos propietarios. El Captulo termina advirtiendo que esto no es solo un proceso objetivo en las relaciones humanas, sino que determina la generacin de una conciencia universal que impregna a todos los seres humanos y que de alguna manera sustituye al menos en fuerza todos los viejos fetichismos religiosos. El fetichismo mercantil del cual habla Marx no es ms que una forma de conciencia general desde donde cada individuo supone como verdadero que cualquier cosa ha de tener un valor de cambio, de la misma manera en que toda religin explica que el mundo nosotros y las cosas- somos una creacin de Dios. El nuevo fetiche del mundo es entonces el dinero. La bsqueda del dinero sustituye la vieja bsqueda de todos los dioses que ha inventado la humanidad. En adelante, la existencia y universalizacin del trabajo abstracto da pie para la formacin de una conciencia abstracta del mundo pero fetichizada, en este caso depositando sobre la cosa una esencia natural de valor: asumimos que todo por naturaleza vale dinero impidiendo el reconocimiento de que todo sobre la tierra no es ms que el fruto o de la evolucin natural o del esfuerzo del trabajo social productivo que nada tienen que ver con dinero ni valor de cambio alguno.

En tanto tales el dinero como el mercado en s no tienen no tienen ninguna culpa. No son ms que cdigos universales del intercambio que en sus orgenes permitieron superar las simples relaciones de mercados de trueque y multiplicar el intercambio humano al crearse un cdigo comn de valor reconocido por todas las comunidades intercambiantes. De hecho, el dinero (unidades abstractas de valor: unidades materializadas primero en piezas de metales escasos hasta el dinero papel o cantidad registrada de unidades de valor de hoy) ejerci su funcin no fetichista utilizndose como cdigo de valor (de equivalencias) para el intercambio por muchos siglos no menos de cinco mil aos donde existen los primeros indicios de mercados de valores-, pero se convirti en un fetiche y el instrumento de dominacin por excelencia de la sociedad actual desde el momento en que se transforma en capital. Es decir, en valor acumulado en manos de unos pocos, fruto de la explotacin del trabajo materializada en la plusvala o apropiacin del valor producido y no pagado al trabajador. Para muchos este fenmeno da pie al nacimiento del sujeto moderno o modernidad y del enorme desarrollo de fuerzas productivas y conocimiento que va parejo a ella, pero es a su vez su propia tragedia.

Vindolo desde este punto de vista el capitalismo no es ms que una nueva esclavitud soportada en la apropiacin por parte de las clases burguesas del trabajo ajeno que compran en un mercado de seres aparentemente libres e iguales. El capitalismo como tal no inventa nada en particular ms que el mercado de trabajo entre iguales: comprador y vendedor del mismo en cuyo intercambio se esconde la esclavitud que esto significa. Pero en lo que respecta a Marx en toda su crtica a la economa poltica del capitalismo, no hace solo una denuncia moral de este hecho (que ya haban hecho muchos antes que l), sino de la lgica suicida y empobrecedora que el mecanismo de la explotacin de la plusvala del trabajo contrae.

Desde su perspectiva el viejo Marx no vio ninguna otra salvacin ni medias tientas en esto, que no sea el paso hacia delante de un modo de produccin social que acabe con la explotacin del trabajo (raz de la diferencias de clases en el capitalismo y de todas las relaciones entre dominantes y dominados dentro de l) y haga emerger la posibilidad de seres efectivamente libres e iguales, asociados de manera horizontal donde se le d fin a la propiedad privada sobre los medios sociales de produccin. Para esto lo ms importante de todo es acabar con la existencia no del dinero o el mercado en s que no son ms que instrumentos de intercambio, no del desarrollo humano, cientfico y tecnolgico que la expansin del mercado ha supuesto, sino con el mercado de trabajo propiamente y por tanto con la propiedad privada sobre los medios de produccin social. Lo que supondra el fin de la explotacin del mismo y de una sociedad organizada sobre el fin de la acumulacin de riqueza transformada en dinero. Sera el paso a un nuevo orden civilizatorio (modo de produccin) que llama comunista, asumiendo el nombre y el programa del movimiento obrero ms radicalizado para entonces en Europa.

La claridad y cientificidad de esta visin crtica del mundo que vivimos es lo que le ha dado la fuerza que sigue teniendo el marxismo y del horizonte comunista, a pesar de los desastrosos usos que se ha hecho del mismo. La salvacin y la felicidad humana est condicionada a la liberacin de las relaciones sociales de produccin de las relaciones capitalistas, obra que solo pueden acometer quienes mueven y desarrollan efectivamente esos medios. Obreros y trabajadores de cantidad y caractersticas cada vez ms diversas pero que viven la misma esclavitud original del capitalismo: del salario y de contratos de trabajo de todo tipo, que van desde la fbrica, el trabajo de la tierra, del trabajo de servicios, hasta todas formas de contratacin dentro del inmenso laberinto del intercambio mercantil y financiero de hoy en da. Clase subversiva que no es vista como seres virtuosos de luces, moral y justicia, o al revs, pobres necesitados de la bondad humana, sino como trabajadores reales que hemos de acabar por nuestros propios medios de lucha con la relacin esclavitud que nos oprime y de esta manera acabar con la desigualdad y sumisin humana.

Una gigantesca utopa pero explicada y verificada en el tiempo en formas que ni el mismo Marx estuvo en capacidad de prever (niveles de desigualdad, formas de ecocidio, despotismo, crueldad, imperialismo, inauditas). La esclavitud a ese mercado mundial totalmente en manos de las lites polticas y econmicas del capitalismo, est generando un caos mundial que pone en peligro la existencia de la humanidad y hasta la vida en el planeta. Hay por tanto que acelerar los pasos y las luchas han de ser cada vez ms frontales.

2. La revuelta comunista

Podemos dividir en tres grandes holas histricas de este horizonte comunista de la humanidad, que corresponden a formas de lucha, organizacin y programas de las clases subalternas distintos.

Describimos con ellas tres grandes oleadas histricas de lucha que corresponden a la lucha contra el capital cuyas razones de gestacin hoy en da las vemos entremezclarse. Un mundo donde el posindustrialismo efectivamente proletariza el mundo pero al mismo tiempo an persisten realidades de extrema explotacin del trabajo industrial, de coloniaje, servilismo y semiesclavitud que vuelve muy complejo el pensar nuestro mundo, la organizacin y direccionalidad del movimiento anticapitalista en ese sentido. Ni la Rosa Luxemburgo, ni Lenin, ni Mao, ni Maritegui, ni Durruti, ni Gramsci, ni el Che, podran resolvernos en sus posiciones el inmenso lo en que nos encontramos.

El capitalismo, haciendo estragos en sus versiones imperialistas tradicionales occidentales y buscando revivir a travs de los BRICs, nos deja ver como nunca toda la historia que arrastra desde su nacimiento hace ms de 500 aos y el desastre que ha supuesto la imposicin de una ley de valorizacin del trabajo y la acumulacin de riqueza por medio de su explotacin a nivel global. De all la polmica de la izquierda revolucionaria que por lo general, mas all de dogmas y sectas, responde a estrategias de lucha diversas que corresponden a realidades de las clases subalternas y sus resistencias ms cercanas o lejanas del orden postindustrial hegemnico. El maosmo se expande en la India, mientras el neomarxismo y todas sus versiones cobra fuerza en Europa, mientras que el socialismo del Siglo XXI en toda su ambigedad y diversidades regionales se expande en Amrica.

Lo que s es evidente es que independientemente de cual sea la ptica de visin en que nos ubicamos y las realidades que la determinan, la locura de ese pequeo movimiento obrero comunista de la Europa del siglo XIX por su contundencia y verdad hoy es un fenmeno mundial cuyas metas debemos tener muy claras, sobretodo si nos ubicamos en tierra revolucionaria como es el caso de nuestro pas, y estamos claros de cules son las potencialidades de un capitalismo globalizado que una vez consolidado se encarg de destrozar todas las opciones que reuni en algn momento la opcin del socialismo de estado: la estatizacin de la sociedad, la planificacin centralizada, el partido nico, la economa y el mercado controlados desde el poder burocrtico constituido. El capitalismo supo en ese sentido mostrarle a su otro antagnico que eso no tena sentido mientras segua expandindose la ley del valor que ellos jams acabaron, ms bien ratificaron con el estado propietario y el fetichismo mercantil como leyes supremas del capitalismo.

3. [email protected] [email protected]; la peor esclavitud enmascarada

Nosotros nos encontramos en sociedades nuestramericanas, caracterizadas por realidades donde son muchas las metas polticas emancipatorias a lograr. Desde viejas metas de liberacin nacional y soberana, justicia social y revolucin agraria, hasta las ms avanzadas metas desde el punto de logro de nuevas relaciones de produccin, modelos de desarrollo alternativo, y ejercicio directo y autogobernante del poder popular, propiamente comunistas. De all que hablamos todava de socialismo desde que lo introdujo Chvez, cuando se trataba de un trmino o rechazado, ligado al socialismo real o totalmente puteado por la socialdemocracia. Pero esto es lo de menos, bienvenido sea si se ubica en el contexto del horizonte comunista general, y estimamos que en los ltimos aos de vida fue efectivamente el horizonte desde donde se ubic con muchsima ms claridad el comandante Chvez, culpable personal de haber metido el socialismo en la punta del poder presidencial.

Pero como siempre la tarea se bloquea por la persistencia de conflictos de clase entre pobres y ricos, trabajo y capital, que deberan superarse en favor del proceso liberador de las clases trabajadoras, contando con un poder poltico de estado, es decir, un gobierno que debera favorecer esta opcin. Pero no es as ni mucho menos. Las maquinarias colectivas del capital: la vieja maquinaria militar y burocrtica de Estado y el chantaje que operan las fracciones burguesas monoplicas y oligoplicas fuera y dentro de l, su lgica mercantil y fetichista, hacen lo necesario en ltima instancia para ir quitndonos la posibilidad de lo nico que vale a la hora de una revolucin social en nuestros das: garantizar el control directo sobre el mercado y los medios de produccin, avanzar en todos los procesos autogobernantes de control social ganndole cada vez ms terreno al orden burgus, dependiente, rentista, que ha determinado nuestra historia. Es la potenciacin concreta de un sujeto poltico ligado al trabajo social capaz de romper con la ley del valor por la va directa de la autovaloracin del trabajo, el ejercicio de la planificacin colectiva del desarrollo de los medios de produccin y distribucin, necesarios y contrarios a la lgica ecocida y explotadora del capital, el ejercicio de una democracia directa que vaya carcomiendo los cimientos representativos, burocrticos, corruptos y estatistas del orden capitalista.

Mientras la burguesa de siempre en nuestro caso lo nico que le interesa son los niveles de apropiacin barata de la renta petrolera para seguir su festn rentista, financiero, parsito, la ptica burguesa que se ha venido instalando desde el Estado y promoviendo sus propios procesos de acumulacin privada de la riqueza, piensa que puede seguir engaando a todo el mundo acusando a su contrario formal (la vieja burguesa, la oposicin) de hacer la guerra econmica y poltica. Mientras ella misma no ha hecho otra cosa que manipular monetariamente fetichsticamente- la renta energtica (dlar barato, controles de precios que se convierten en base de la escases, la especulacin, el contrabando, garantizado por la corrupcin de Estado, gasolina regalada, sistemas de distribucin alimentaria en sus manos, apropiacin de sistemas crediticios y de seguros, generacin de polticas de endeudamiento por medio de bonos y operaciones financieras completamente a favor de la ganancia financiera del capital, creacin de moneda inorgnica, etc.) que manejan para utilizarla como vehculo de su propia acumulacin como fraccin capitalista y constituirse en base de distribucin monetaria para el control clientelar de la base poltica que los sostiene.

Ilustres tericos como es el caso del llamado Ziga o Luis Salas, el ministro Giordani venido abajo, y en general todo el universo que acompa el diseo del Estado corporativo y burocrtico que se ha venido adelantando en los ltimos diez aos, han querido justificar todo esto con argumentos que tienen de marxistas lo que mi abuela Teresa tena de tailandesa. El argumento de la justicia distributiva se viene al piso totalmente con una simple comparacin de los dineros de la renta que traspasaron o robaron directamente entre direcciones de estado, militares y civiles, y empresas cartelizadas, capital bancario, y lo que efectivamente ha sido distribuido en favor de la mayora, la inversin social y de infraestructura. Pero esto no sera lo ms grave, a la final ustedes se han hecho ms que ricos pero algo le ha llegado al limpio, gracias patrones, los adoramos por su amor al pueblo!.

Lo ms grave y que en general la gran parte de la izquierda chavista recicla como ideologa, es que se haya utilizado la renta como mecanismo que a la final instaura como nunca el fetichismo mercantil y la ley de valor-trabajo, desde la vas ms perversas que ha llegado a crear un verdadero desfalco a la nacin generado principalmente por los grandes capitales, todos de una manera u otra ligados al Estado y el modelo rentista, hasta llegar a la contribucin que hace las mismas clases pobres y trabajadoras a ese desfalco al quedar atrapadas por el mecanismo de manipulacin monetaria de la renta. Se habla del derecho a la gasolina regalada, alimentos o el dlar sobrevalorizado como mecanismos de redistribucin justiciera de la renta, y a la final se convierten en bienes intercambiables en el mercado global capitalista con sobreganancias especulativas sin que pasen por ninguna va productiva, base a su vez de una corrupcin que ya ha gangrenado no solo al poder constituido sino buena parte del movimiento popular. Ese fetichismo mercantil originario al capitalismo, por medio de delirios monetaristas y macroeconmicos de la renta que vienen operando desde hace diez aos, han hecho que funcione como nunca alejando a las bases de la rebelin chavista de un verdadero encuentro con su reto anticapitalista que es la de entender el capitalismo en su vertiente esencial sin esconderle nada a nadie, sin medias tintas reformistas, y a la vez ir apropindose de los elementos necesarios (polticos, productivos, de mercado, de comunicaciones) que les permita comprender cuan fcil es en el fondo derribar esa maldicin desde la solidaridad y el producir colectivo autogobernante. A plena responsabilidad de lo que vamos tomando y creando con nuestras manos y mentes, sin imposicin de gerencias intiles y corruptas, instaladas solo para evitar la apropiacin social de los medios de produccin y distribucin y la extraordinaria experiencia realmente comunista que esto genera.

Lo cierto es que esto ha llegado a unos niveles tales, donde efectivamente todas las leyes de la guerra econmica del capital contra el trabajo se estn cumpliendo en su versin cada vez ms violenta: inflacin, desabastecimiento, decrecimiento, desvalorizacin del salario, destrozo del aparato productivo pblico y privado, corrupcin generalizada, ineficiencia, desmoralizacin de las bases, desorganizacin poltica del pueblo, multiplicacin de la violencia social, crecimiento de formas de economa mafiosa, y con ello el surgimiento de paraestados y pobredumbres sociales que ya hasta se deslizan hacia una versin poltica de los mismos a travs de los engendros protofascistas que ha venido surgiendo. Ya ni muchas medicinas tenemos, esto llega entonces al borde del crimen institucional generalizado.

La situacin no da para ms y el mal est hecho, se ha perdido un tiempo precioso, pero no hay pueblo vencido como decimos desde el 89. El gobierno debe saber lo que esto le puede costar al corto plazo pero no se decide a hacer lo que tiene que hacer duele a quien le duela, empezando por nosotros, fetichizados como nunca en la mercanca a travs de las regalas de la renta que nos dejan. El gobierno anuncia y no hace, habla con su amigo Mendoza y luego instaura el consejo de gobierno comunal para pulverizar el estado burgus, pero reciclando lo peor de la corrupcin entre sus mandos de gobierno y partido sin tocar a nadie, premindola ms bien. Un todo absolutamente contradictorio e impotente. Es decir, est encarcelado en la lgica rentista y burguesa que lo ha carcomido y sin liderazgo que enfrente internamente lo que tiene que enfrentar, cosa que la inmenssima mayora apoyara, sea quien sea el afectado.

Lo cierto es que la verdad del capitalismo tiene que aflorar, oigan sus leyes que son tan atroces como verdaderas, entendmoslas, reapropimonos del mercado como instrumento de intercambio colectivo y de acumulacin individual. No digamos como estos tericos que dicen que el mercado no existe, la inflacin no existe, claro que existen! y de qu manera. Tiene sus leyes que solo el horizonte comunista puede acabar, y no los decretos de gobierno y esta economa absurda, fetichista y corrupta que han inventado. No le pidamos a nadie que nos enmascare lo que es un poder evidente, gigantesco, que para derrotar en lo poco que podamos hacer en esta patria, hay que develarlo y entenderlo a fondo, para proceder a expropiarlo sin desmedro del bien comn. Lo dems es pacotilla reformista jugando con subsidios burocrticos y clientelares, haciendo todo porque no se desarrolle la conciencia social comunista que necesitamos, sino todo lo contrario. Eso se hace dejando que sus maldiciones mercantiles afloren sin miedo, y tranquilos compa[email protected] que si las metas estn claras sobre nuestra hambre mandamos nosotros, mientras que el neoliberalismo, la oda al mercado, eso si es guerra. Que se equilibren para parar el desmoronamiento econmico y el crecimiento del fascismo, y frente a esta desbastadora realidad que nos va a decir despus de este desastre cun poco vale nuestro trabajo y cuan mucho la mercanca en manos de los capitalistas que nosotros o la clase obrera del mundo produce, emprender el segundo paso inevitable de este proceso.

La restitucin de la izquierda en estas tierras pasa en nuestro parecer por este acto desidealizante y desfetichizante fundamental, para poder comenzar la lucha por una justicia social directa y verdadera, en manos del que la necesita bajo control social, y por otro lado reemprender el camino del verdadero poder popular y constituyente que sea el sujeto fundamental de la reconstruccin econmica y moral de este pas, por va de su propia insurgencia y no por llamados a reuniones en Miraflores. Eso va a necesitar de otra poltica que se deslastre por completo del atavismo partidario y los bloques de alianza que solo se hacen en funcin de ganancias dentro del poder constituido.

La revolucin sigue pendiente, y gobierno o no gobierno, ms all de limpiezas internas y superacin de impunidades que son vomitables, el problema es totalmente estructural y de cambio radical de una correlacin de fuerzas, cosa que solo desde abajo y a la izquierda se puede hacer, siguiendo una ley bsica de la lucha de clases y la verdadera ciencia revolucionaria. Nosotros desde aqu, en este demacrado y atolondrado proceso, algo hemos hecho por la rebelin anticapitalista, siendo parte del movimiento mundial comunista de revuelta contra la ley del valor. Por idealismos, intereses desde donde jams aflorarn las verdades que hay que saber y mentiras reformistas, no vayamos a acabar con esta contribucin al mundo rebelde y el ideario libertario de los pueblos. Volvemos por todos los caminos.

Fuente: http://www.aporrea.org/ideologia/a193472.html



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