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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2014

La excesiva militarizacin policial convierte a los agentes en soldados contrainsurgentes
Terror y ocupacin del territorio

Matthew Harwood
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Carlos Riba Garca


Una nacin bajo los SWAT *

Introduccin de Tom Engelhardt

Pensadlo como un tipo diferente de regreso. Incluso cuando se libran guerras en pases que estn a miles de kilmetros, estas mquinas encuentran alguna forma extraa de hacer el largo camino de regreso a casa.

Tomad las ltimas noticias del condado de Bergen, New Jersey, uno de los condados ms ricos del pas. El departamento del sheriff est consiguiendo dos vehculos a prueba de minas y protegido contra emboscadas del tipo MRAP con 15 toneladas de proteccin cedidos por el Pentgono a precio de bicoca. Y esto no tiene nada de especial. Desde 2013, el Pentgono ha entregado, por nada, 600 de estos vehculos, y les seguirn muchos ms. Se trata de vehculos sobrantes, la mayor parte de ellos procedentes de nuestras ltimas guerras; tal vez sean realmente prcticos para un sheriff preocupado por bombas colocadas junto a la carretera, sean en New Jersey o en cualquier sitio del pas. Cuando se trata de la creciente militarizacin de las policas estadounidenses, son armatostes del todo habituales.

 

Lo nico digno de ser una noticia en la historia Bergen es que alguien se quej. Para ser ms exactos, una integrante del consejo del condado de Bergen, Kathleen Donovan expres en una reunin del consejo su oposicin a la transferencia de ese material. Creo, dijo que hemos perdido el camino si empezamos a hablar de poner vehculos militares en las calles del condado de Bergen. Y critic sin atenuantes la decisin de aceptar los MRAP diciendo la cosa ms absolutamente equivocada en el Condado de Bergen es tratar de militarizarlo. Su jefe de equipo hizo un comentario similar: Son vehculos de combate. Para qu necesitamos un vehiculo de combate en las calles del condado de Bergen?.

 

El sheriff Michael Saudino, al contrario, insisti con que los MRAP no son vehculos militares, en absoluto. Olvidaba el hecho de que fueron diseados para y utilizados en situaciones de combate. En lugar de esto, el sheriff sugiri que una buena razn para tenerlos adems del hecho de que son gratis (excepto los gastos de envo, la gasolina y el mantenimiento) es, esencialmente, estar a la altura de los vecinos. Seal que la polica del condado ya tiene dos MRAP y su departamento no tiene ninguno y ojo, el amor propio es importante! (Deberan nuestros tipos del SWAT estar menos protegidos que los del condado?, pregunt en una discusin con Donovan).

 

Un sorprendente informe de la Unin por las Libertades Civiles estadounidense (ACLU, por sus siglas en ingls) muestra que, como sucede en le condado de Bergen, las fuerzas policiales estn siendo militarizadas en todo nuestro pas en una cantidad de inquietantes aspectos. Ms precisamente, estn siendo convertidas en unidades tipo SWAT. Matthew Harwood, redactor y editor de ACLU y miembro regular de TomDispatch nos ofrece su visin de hacia dnde apunta el proceso de militarizacin de las policas. Bienvenidos a Kabul, Estados Unidos de Amrica.

La excesiva militarizacin de la Polica convierte a los agentes en soldados contrainsurgentes

Jason Westcott tena miedo.

Una noche del pasado otoo va Facebook descubri que un amigo de un amigo suyo estaba planeando, junto con algunos compinches, asaltar su casa. Iban a intentar robarle una pistola y un par de televisores. Segn el mensaje de Facebook, el sospechoso estaba planeando quemar a Westcott; esto atrajo inmediatamente a la polica de Tampa Bay, que inform del plan.

Segn al Tampa Bay Times, los investigadores que respondieron a la llamada de Westcott tenan un mensaje muy sencillo para l: Si alguien entra en su casa, coja su pistola y dispare a matar.

Alrededor de las 19.30 del 27 de mayo, llegaron los asaltantes. Westcott hizo lo que le haban indicado los oficiales, cogi su pistola para defender su casa y apunt a los intrusos, que llevaban una escopeta semiautomtica y una pistola. Con estas armas le dispararon a Westcott mecnico de motocicletas de 29 aos. Fue herido tres veces, una en un brazo y otras dos en el costado. A su llegada al hospital, solo pudieron certificar su muerte.

Sin embargo, los asaltantes no eran unos cacos ocasionales en busca de un pequeo botn. Eran integrantes del grupo SWAT del Departamento de Polica de Tampa, que estaban realizando un registro porque sospechaban que Walcott y su amigo eran traficantes de marihuana. Haban recibido un chivatazo de un confidente, a quien entre febrero y mayo llevaron cuatro veces a la casa de Westcott para que comprara pequeas cantidades de marihuana, entre 20 y 60 dlares cada vez. El informante dijo a la polica que en la casa haba visto dos pistolas, razn por la cual la polica de Tampa recurri a un equipo SWAT para que hiciera un registro.

Al final, el mismo departamento de polica que haba recomendado Westcott que protegiera su casa con un elemento defensivo lo mat cuando l lo hizo. Despus de inspeccionar su pequea casa de alquiler, los agentes efectivamente encontraron hierba, por un valor de dos dlares, y una pistola legal, la misma que empuaba cuando las balas hicieron impacto en su cuerpo.

Bienvenidos a una nueva era del Estados Unidos policial, en el que cada da ms los polis se ven a s mismos como soldados de una fuerza de ocupacin en territorio enemigo, a menudo con la ayuda del arsenal del To Sam, y en el que incluso los delitos sin violencia son enfrentados con una fuerza aplastante y brutal.

La guerra en el umbral de su casa

El cncer de la militarizacin policial lleva mucho tiempo haciendo metstasis en el cuerpo de la poltica. Ha estado creciendo con ms y ms fuerza desde la creacin de los primeros grupos SWAT en los sesenta del siglo pasado para dar respuesta a una dcada de turbulenta mezcla de desrdenes, disturbios e insensata violencia, como el tiroteo desde la torre del reloj en Austin, Texas, protagonizado por Charles Whitman.

Aunque la existencia de las unidades SWAT no es el nico indicador del aumento de la militarizacin de las policas estadounidenses, es el ms reconocible. La proliferacin de grupos SWAT en todo el pas y sus tcticas paramilitares han extendido una forma violenta de orden policial diseada para una coyuntura pero que con los aos se ha convertido en lo normal. Cuando surgi el concepto SWAT en los Departamentos de Polica de Filadelfia y de Los ngeles, fue tomado rpidamente por las policas de las grandes ciudades de todo el pas. Al principio, sin embargo, las unidades de elite estaban reservadas para resolver solo situaciones muy peligrosas, como un tirador que dispara indiscriminadamente, una situacin con rehenes o disturbios a gran escala.

Casi medio siglo despus, eso ya no es as.

En 1984, segn el libro Rise of the Warrior Cop, de Radley Balko, alrededor del 26 por ciento de las ciudades estadounidenses de entre 25.000 y 50.000 habitantes tenan unidades SWAT. Hacia 2005, ese nmero haba superado el 80 por ciento y continuaba creciendo, a pesar de que las estadsticas referidas a los SWAT son notablemente difciles de encontrar.

Mientras en el mbito nacional creca la cantidad de grupos SWAT tambin lo hacan las batidas de estos grupos. Hoy da, segn el profesor Pete Kraska, de la Escuela de Estudios sobre Justicia de la Universidad del Este de Kentucky, cada ao hay unas 50.000 operaciones SWAT en Estados Unidos. En otras palabras, cada da algn grupo SWAT asalta 137 casas y sume en el terror a sus habitantes y vecinos.

Subir la apuesta al perfil racial

En un estudio publicado recientemente, War Comes Home, la Unin por las Libertades Civiles ACLU (mi empleador), descubri que cerca del 80 por ciento de las operaciones SWAT estudiadas entre 2011 y 2012 se realizaron a partir de una orden de registro.

Detengmonos aqu un momento y consideremos que estas violentas invasiones domiciliarias son utilizadas rutinariamente contra personas de las que solo se sospecha que pueden haber cometido un delito. Por lo general, las unidades paramilitares fuertemente armadas echan abajo la puerta de las casas en su bsqueda de pruebas de un posible delito. En otras palabras, los departamentos de polica eligen cada vez ms una tctica que como primera opcin acaba produciendo heridas personales y daos a propiedades; en ningn caso se trata de la ltima opcin. En ms del 60 por ciento de las incursiones investigadas por la ACLU, los miembros de unidades SWAT derribaron puertas en busca de la posible existencia de drogas, no para rescatar un rehn ni para responder a una ocupacin violenta ni para neutralizar a un tirador peligroso.

Al mismo tiempo, al otro lado de la puerta derribada casi siempre hay negros o hispanos. En aquellos casos en que la ACLU pudo identificar la raza de las personas cuya casa fue asaltada por una unidad SWAT en busca de drogas, el 68 por ciento de las veces sus ocupantes eran de alguna minora. Cuando se trataba de blancos, esa cifra bajaba hasta el 38 por ciento, sin que se tuviese en cuenta algo que es bien sabido: que blancos, negros e hispanos consumen drogas ms o menos en las mismas proporciones. Da la impresin de que los grupos SWAT tienen una alarmante tendencia en la aplicacin de sus especializadas destrezas en la poblacin de color.

Pensad en esto como una forma de establecer perfiles raciales y de exhibir msculo en la que la humillacin de detener a alguien y cachearlo ha alcanzado un nuevo y terrorfico nivel.

La militarizacin de lo cotidiano

Sin embargo, no pensis que la mentalidad militar y el equipo asociado con las operaciones SWAT estn restringidos a esas unidades de elite. Cada da ms, estn penetrando en todos los aspectos de la actividad policial.

Tal como observa Kart Bickel, analista de la oficina de Servicios Policiales a la Comunidad del Departamento de Justicia, las policas de todo Estados Unidos han sido entrenadas poniendo el nfasis en la fuerza y la agresin. l nota que el entrenamiento de las reclutas favorece un rgimen basado en el estrs cuyo modelo es el del soldado de infantera en lugar del ms relajado y acadmico que todava emplean unos pocos departamentos de polica. El resultado de este enfoque, sugiere Bickel, es el joven oficial que cree que la labor policial es andar por ah dando patadas en el culo a la gente en lugar de trabajar con la comunidad para hacer ms seguros los barrios. O como el cmico Bill Maher le recordaba recientemente a un oficial de polica: El rtulo en tu patrullero, Proteccin y servicio, se refiere a nosotros, no a ti.

Este sesgo autoritario va en contra de lo que es el meollo de la filosofa que supuestamente domina el pensamiento estadounidense del siglo XXI: la polica comunitaria. En esta nocin, el nfasis est puesto en una misin, la de conservar la paz mediante la creacin y mantenimiento de una relacin de confianza con la comunidad a la que se sirve, y dentro de ella. En el modelo comunitario, que responde a la filosofa policial oficial del gobierno de Estados Unidos, los agentes de polica son no solo protectores sino tambin quienes resuelven los problemas de los que se supone son objeto de sus cuidados; as es, primordialmente, como los ve su comunidad. La teora dice que ellos no ordenan un respeto; se lo ganan. No se supone que el miedo sea su capital. La confianza, lo es.

Sin embargo, los anuncios policiales para el reclutamiento de nuevos agentes, como los de los departamentos de polica de Newport Beach (California) y de Hobbs (New Mexico) no ponen el acento en la cuestin comunitaria sino en el de la militarizacin como una manera de atraer a los jvenes, con la promesa de aventuras de estilo blico y el uso de juguetes tecnolgicos de ltima generacin. De acuerdo con estos anuncios, la labor policial no tiene nada que ver con la tranquila solucin de problemas: ah ests t y tus muchachos derribando puertas en medio de la noche.

La influencia de los SWAT llega mucho ms all de eso. Notad la creciente adopcin de uniformes de campaa para los agentes de patrulla. Bickel teme que esa vestimenta de corte militar y casi siempre en forma de mono de color negro los haga menos accesibles e incluso tambin ms agresivos en su relacin con los ciudadanos que supuestamente deben proteger.

Hay un modesto proyecto de la Universidad Johns Hopkins que parece confirmar esto. Se mostraron fotos a un grupo de personas; en unas se vea a policas con su uniforme tradicional y otras los mostraban con uniforme militar de campaa. La encuesta revel que los participantes preferan mayoritariamente a los policas vestidos con su indumentaria tradicional. En un resumen de los hallazgos realizados, Buckel escribi: Cuanto ms militar era el aspecto del polica, tanto ms se le asociaba con las imgenes de soldados en zonas de guerra mostradas en la televisin y alentaba la nocin de una polica en el papel de fuerza de ocupacin en algn barrio de una ciudad, en lugar de una proteccin comunitaria digna de confianza.

Dnde consiguen esos juguetes tan maravillosos?

Me pregunto si puedo meterme en algn problema si hago esto, dice el joven a su amigo en el asiento del acompaante mientras filman el nuevo juguete de la oficina del sheriff del condado de Saginaw: un vehculo MRAP. Mientras lo filman desde atrs, su vdeo amateur tiene el estilo de la pelcula Amanecer rojo, como si una fuerza militar de ocupacin estuviese patrullando las calles del ese condado de Michigan. Esto est a punto para los tiempos de los King Crazy, to, comenta uno de ellos. Por qu, replica su amigo, nuestra ciudad consigui aquel disco de King Bad?.

En realidad, nada que estuviera pasando en el condado de Saginaw justificaba la utilizacin de un vehculo blindado capaz de resistir las balas y los artilugios explosivos que la insurgencia ha colocado regularmente en las carreteras durante las ltimas guerras en las que Estados Unidos se ha implicado. Aun as, el sheriff William Federspiel tema lo peor. Como sheriff de este condado, mi obligacin es asegurar que estemos en la mejor posicin posible para proteger a nuestros ciudadanos y nuestras propiedades, le dijo a un periodista. Debo estar preparado para algo desastroso.

Afortunadamente para Federspiel, su paranoica preparacin para el desastre no cost un dlar a su oficina. El vehculo MRAP, con un costo de 425.000 dlares, era un regalo, una cortesa del To Sam proveniente de alguna de nuestras lejanas guerras de contrainsurgencia. El pequeo y desagradable detalle en todo este asunto de la militarizacin de la polica es que los contribuyentes la estn financiando a travs de programas supervisados por el Pentgono, el Departamento de Seguridad Interior y el Departamento de Justicia.

Por ejemplo, el programa 1033. La Agencia Logstica de Defensa (DLA, por sus siglas en ingls) podra ser una agencia opaca del Departamento de Defensa, pero por medio del programa 1033, supervisado por ella, es una de las principales responsables de la excesiva militarizacin policial. Empez en 1990, cuando el Congreso autoriz al Pentgono la transferencia gratuita de material sobrante a departamentos de polica tanto federales como estatales o locales para que pudieran llevar a cabo su guerra contra las drogas. En 1997, el Congreso ampli el propsito del programa para incluir la lucha contra el terrorismo en el apartado 1033 del presupuesto de defensa. En una de las 450 pginas del texto de la ley, el Congreso sembraba la semilla de las actuales policas guerreras.

Con los aos la cantidad de material militar transferido por medio de este programa ha ido creciendo astronmicamente. En 1990, el Pentgono entreg material para el cumplimiento de la ley por un valor de un milln de dlares. En 2013, esta cifra haba alcanzado casi los 450 millones. Segn la DLA, el total del material cedido a policas estatales y locales en el marco del programa 1033 supera los 4.300 millones de dlares.

En su informe reciente, la ACLU informa de la inquietante variedad de material militar transferido a departamentos de polica civiles en todo el pas. La polica de North Little Rock, Arkansas, por ejemplo, recibi 34 rifles automticos y semiautomticos, dos robots que pueden manejar armas, cascos militares y un vehiculo tctico de tipo Mamba. La polica del condado de Gwinnet, Georgia, recibi 57 rifles semiautomticos, mayormente M-16 y M-14. La patrulla de autopistas de UTA, segn una investigacin del Salt Lake City Tribune, consigui un vehculo MRAP en el marco del programa 1033, y la polica de UTA, 1.230 rifles y cuatro lanzagranadas. Despus de que el departamento de polica de Columbia, South Carolina, recibiera su MRAP sin estrenar de 658.000 dlares, su jefe SWAT, capitn E.M. Marsh seal que 500 vehculos similares haban sido entregados a distintos organismos para el cumplimiento de la ley de todo el pas.

Asombrosamente, la tercera parte del material repartido entre agencias policiales de todo tipo es flamante, nunca ha sido usado. Esta circunstancia plantea varias preguntas desconcertantes: es que sencillamente el Pentgono est despilfarrando el dinero de los contribuyentes cuando compra material militar?, o es que ha creado un mercado subvencionado en beneficio de los contratistas del rubro defensa? Sea cual sea la respuesta, el Pentgono est entregando armamento y equipo fabricado para el uso en campaas estadounidenses de contrainsurgencia fuera de fronteras a fuerzas policiales que patrullan las calles de nuestras ciudades, y Washington considera que esta es una poltica responsable. El mensaje parece bastante sorprendente: lo que es necesario para Kabul puede ser tambin necesario en el condado de DeKalb.

En otras palabras, la guerra contra el terror del siglo XXI se ha fusionado perfectamente con la guerra contra las drogas del siglo XX, y el resultado no podra ser ms alarmante: cada da que pasa las fuerzas policiales se parecen ms a un ejrcito de ocupacin y actan como si lo fueran.

Cmo es que los departamentos de Seguridad Interior y de Justicia estn armando exageradamente las policas

Cuando los departamentos de polica estn aumentando su capacidad de fuego y la agresividad de sus tcticas, el Pentgono no es el nico que est en la cuestin. Tambin estn las agencias civiles.

En el curso de una investigacin realizada en 2011 por los periodistas Andrew Becker y G.G. Schulz se descubri que desde el 11-S los departamentos de polica que velan por la seguridad de uno de los pases ms seguros de Amrica han gastado 34.000 millones de dlares provenientes de fondos de subvencin del Departamento de Seguridad Interior (DHS, por sus siglas en ingls) para militarizarse en nombre del contraterrorismo.

Por ejemplo, en Fargo, North Dakota, la ciudad y su condado gastaron alegremente ocho millones de dlares de dinero federal, segn Becker y Schulz. A pesar de que desde 2005 el promedio de asesinatos en la zona no llegaba a dos por ao, todos los coches de patrulla estn hoy armados con un fusil de asalto. La polica tambin tiene acceso a los cascos de kevlar capaces de parar las balas de armas pesadas e incluso un camin blindado cuyo costo ronda los 250.000 dlares. En Filadelfia, Pennsylvania, 1.500 agentes de calle han sido entrenados en el uso del fusil de asalto AR-15 con financiacin de fondos del DHS.

Al igual que con el programa 1033, ni el DHS ni los gobiernos locales dan cuenta del uso que darn al equipo, incluyendo los chalecos antibalas y los drones. Las razones esgrimidas para solicitar estos suministros militares son invariablemente la posibilidad de ataques terroristas, tiroteos en escuelas o alguna otra aterradora eventualidad, pero lo normal es que se usen en asaltos paramilitares en busca de drogas, como seala Balko.

Aun as, el origen ms asombroso de la militarizacin policial est en el Departamento de Justicia, la misma agencia que oficialmente se ocupa de extender el modelo comunitario de polica mediante su Oficina de Servicios Policiales Orientados a la Comunidad.

En 1988, el Congreso autoriz los programas de subvencin Byrne previstos en la Ley Contra el Abuso de Drogas, que conceda fondos federales a las policas estatales y locales para que se sumaran al gobierno en su lucha contra las drogas. Segn Balko, este programa de asignacin de fondos dio lugar a la creacin de fuerzas de tareas antinarcticos de carcter regional y multijurisdiccional que se atiborraron de dinero federal y con muy poca supervisin federal, estatal o local lo gastaron para fortalecer su armamento y mejorar sus tcticas. En 2011, haba 585 de estos grupos de tareas que operaban financiados con fondos Byrne.

Estos fondos, informa Balko, tambin incentivaron el tipo de labor policial que ha convertido la guerra contra la droga en algo tan destructivo para la sociedad estadounidense. El Departamento de Justicia reparte el dinero sobre la base de la cifra de detenciones realizadas por los agentes de polica, las propiedades confiscadas y el nmero de operaciones de registro realizadas; esas cosas que las fuerzas de tareas antinarcticos hacen tan bien. Como resultado de ello, escribe Balko, ahora tenemos escuadrones de polis antidrogas que andan por ah cargados de material SWAT y que consiguen dinero si hacen ms incursiones, realizan ms detenciones y confiscan ms bienes; adems, si se pasan de la raya, gozan de inmunidad casi total.

Independientemente de si esta militarizacin se debe a los incentivos federales o a decisiones tomadas en los niveles ms altos de los departamentos de polica, o ambas cosas a la vez, la polica de todo el pas est exageradamente armada sin apenas debate pblico. De hecho, cuando la ACLU solicit documentacin sobre grupos SWAT a 255 agencias para el cumplimiento de la ley, 114 se negaron a darla. Las razones para esos rechazos fueron variadas, pero incluan argumentos como que los documentos pedidos contenan secretos comerciales o que el costo de responder a la solicitud habra sido prohibitivo. La comunidad tiene el derecho de saber cmo hace su trabajo la polica pero, la mayor parte de las veces, los departamentos de polica piensan lo contrario.

Ser de la polica significa que nunca tendrs que decir lo siento

Con cada nueva informacin, est cada da ms claro que la militarizada polica de Estados Unidos es una amenaza para la seguridad pblica. En un pas en el que cada da ms los polis se ven a s mismos como soldados que estn librando una batalla, un da s y el otro tambin, no hay necesidad de dar explicaciones a nadie ni tampoco de pedir disculpas cuando se comete un error grave.

Si la labor policial comunitaria se basa en la confianza mutua entre polica y poblacin, la labor policial militarizada funciona a partir del supuesto de la seguridad del agente a cualquier costo y el desdn por todo aquel que vea las cosas de otra manera. El resultado es la mentalidad que se expresa as: o nosotros o ellos.

No hay ms que preguntar a los padres de Bou Bou Phonesavanh. Alrededor de las 3 de la madrugada del 28 de mayo, el Grupo de Respuestas Especiales del condado de Habersham realiz un procedimiento derribando la puerta de una casa cerca de Cornelia, Georgia, donde estaba la familia de un sospechoso. Los agentes buscaban al hijo del dueo de casa, de quien se sospechaba que haba vendido droga por un valor de 50 dlares a un informante confidencial. Pero la persona buscada ya no viva all.

Sin tener en cuenta la presencia evidente de nios en el lugar juguetes desparramados por todo el jardn un agente SWAT lanz una granada aturdidora dentro de la casa, que cay en la cuna de Bou Bou y estall hiriendo gravemente al beb. Cuando su consternada madre trat de socorrerle, los agentes le gritaron ordenndole que se sentara y callara, dicindole que su nio estaba bien y solo haba perdido un diente. De hecho, el pequeo haba perdido la nariz, su cuerpo se haba quemado gravemente y tena una profunda herida en el pecho. Llevado urgentemente al hospital, a Bou Bou fue necesario inducirle un coma mdico.

La polica dijo que todo haba sido un error y que en la casa no haba evidencias de la presencia de nios. No ha habido ninguna accin malintencionada, declar Joel Terrell, sheriff del condado de Habersham, al peridico Atlanta Journal-Constitution. Ha sido un terrible accidente que nunca debi haber ocurrido. Los Phonesavanh an estn esperando un pedido de disculpas de la oficina del sheriff. Para nuestro cro no hay nada de nada. Ni un cromo, ni un globo. Ni una llamada telefnica. Nada de nada, dijo Alecia Phonesavanh, la madre de Bou Bou, en CNN.

Del mismo modo, Jane Castor, jefa de polica de Tampa, Florida, insiste en que la muerte de Jay Wescott durante el asalto paramilitar realizado en su casa haba sido por su propia culpa. El seor Westcott perdi la vida porque apunto con su arma cargada a los agentes de polica. Descartad absolutamente toda la cuestin de la marihuana, dijo Castor. Si hay un indicio de narcotrafico con uso armas alguna persona que vende drogas, armada o con capacidad para usar un arma de fuego la respuesta tctica ser una entrada como la realizada.

En su defensa de la operacin SWAT, lo nico que hizo Castor fue desechar cualquier responsabilidad en relacin con la muerte de Westcott. Mis hombres hicieron todo lo que haba que hacer para llevar a cabo un registro de una manera segura, declar al Tampa Bay Times; es decir, todo menos buscar una alternativa que no fuera penetrar violentamente en la casa de un hombre que ellos saban que tema por su vida.

En casi la mitad de los hogares estadounidenses hay un arma de fuego, seala la ACLU en su informe. Eso significa que la polica siempre tiene a mano una excusa para la utilizacin de unidades SWAT en operaciones de registro, cuando en realidad existen alternativas menos violentas y de menor confrontacin.

En otras palabras, si la polica piensa que t vendes drogas, ms vale que te cuides. La sospecha es lo nico que necesita para poner tu mundo patas arriba. Y si est equivocada, no te preocupes; el intento podra haber ido mejor.

Voces en el desierto

La militarizacin de la polica no debera sorprender a nadie. Hace cerca de 25 aos, Hubert Williams, ex director de polica de Newark, New Jersey, y Patrick V. Murphy, ex comisionado del departamento de polica de Nueva Cork, fueron muy claros: la polica es un barmetro de la sociedad en la que opera. En el Estados Unidos posterior al 11-S, eso significa que las fuerzas policiales estn imbuidas de la mentalidad del soldado y actan como si estuvieran combatiendo contra la insurgencia en su propio patio trasero.

Mientras el ritmo de la militarizacin policial ha ido cobrando velocidad, se ha dado cierto rechazo tanto de oficiales de polica en servicio como de otros retirados que ven la tendencia actual como lo que es: la decadencia de la polica comunitaria. En Spokane, Washington, el concejal Mike Fagan, ex detective policial se expresa contra el uso de uniformes militares por parte de los agentes de polica con el argumento de que intimidan a los ciudadanos. En el estado de Utah, la legislatura aprob una ley que exige que se explicite el porqu de la necesidad de un registro sin llamar a la puerta antes de que se haga la operacin. El jefe de la polica de Salt Lake, Chris Burbank, critica la militarizacin policial y declar al peridico local: Nosotros no somos militares; de ninguna manera debemos ser vistos como un ejrcito invasor. Hace pocos das, Charles Beck, oficial de alto rango en el departamento de polica de Los ngeles, estuvo de acuerdo con la ACLU y el editorial de Los Angeles Times expres que los lmites entre la responsabilidad municipal de hacer cumplir la ley y la tarea de las fuerzas armadas de Estados Unidos nunca deben desdibujarse.

El antiguo jefe de polica de Seattle Norm Stamper se ha convertido en un crtico categrico de la militarizacin de las fuerzas policiales destacando que la mayor parte de lo que debe hacer la polica, da tras da, requiere paciencia, diplomacia y habilidad en el trato interpersonal. Es decir, labor policial comunitaria. Stamper es el jefe que en 1999 autoriz una respuesta policial militarizada a la movilizacin de protesta contra la Organizacin Mundial del Comercio que tuvo lugar en su ciudad (vase la pelcula The Battle in Seattle, de Stuart Townsend). Fue una decisin de la que se arrepiente: Mi apoyo a una solucin de corte militar provoc una situacin infernal, escribi en The Nation. Volaron piedras, botellas y papeleras. Se destrozaron escaparates, se saquearon tiendas, se provocaron incendios; las calles se llenaron de gases. Algunos policas se excedieron, dando lugar a que el conflicto se hiciera ms intenso y se prolongara en el tiempo.

Estos ex policas y oficiales encargados de hacer cumplir la ley entienden que, para tratar de encontrar una pequea cantidad de droga, ningn oficial de polica debe derribar la puerta de una casa a las 3 de la madrugada armado con un fusil de asalto y lanzando bombas aturdidoras, mientras un vehculo MRAP le espera en la calle. Los contrarios a la militarizacin policial, sin embargo, estn hoy mismo en franca minora. Y mientras esto no cambie, los asaltos violentos de una polica paramilitar continuarn echando puertas abajo en cerca de 1.000 casas de Estados Unidos cada semana.

Una vez empezada, la guerra es muy difcil poder pararla.

* SWAT es el acrnimo de Special Weapons and Tactics (literalmente, armas y tcticas especiales); alude a una unidad de elite de un ejrcito o de un cuerpo policial. Sus miembros estn entrenados para llevar a cabo operaciones de alto riesgo . (N. del T.)

 

Matthew Harwood es uno de los principales redactores y editores de la Unin por las Libertades Civiles (ACLU) de Estados Unidos y miembro regular de TomDispatch. Podis seguirlo por Twitter en @mharwood31.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175881/



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