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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2014

Nueva Mayora y Alianza: Entre bueyes no hay cornadas

Editorial de Punto Final
Rebelin


Quienes piensen que la Nueva Mayora y la Alianza se trenzarn en una lucha a muerte por la reforma educacional, incurren en un grave error. Ambos bloques coinciden en que recuperar el ritmo de crecimiento de la economa de mercado plantea modernizar y adaptar el elitista sistema de educacin. Esto para formar los profesionales y tcnicos que requiere una fase superior del capitalismo en Chile. La batalla poltica en curso solo busca consolidar reas de influencia de ambos bloques partidarios y de sus asociados empresariales, religiosos, militares, etc. Al final de la jornada, tal como sucedi con la reforma tributaria, todo se arreglar en la cocina donde se preparan los platos ms exticos de la poltica chilena. Por lo dems, tanto la Nueva Mayora como la desguaangada Alianza no estn en condiciones de librar combates decisivos.

La poltica y los partidos en Chile atraviesan por el peor momento de su existencia, segn corroboran todas las encuestas de opinin. La representatividad de ambas coaliciones es muy discutible porque procede de elecciones con 60% de abstencin, dato que en forma empecinada se oculta en el discurso poltico. La mayora de los parlamentarios, alcaldes y concejales en ejercicio fueron elegidos con votaciones insignificantes. Esa realidad escondida afecta sobre todo la base del gobierno, que de nuevo y de mayora, en verdad, no tiene nada.

Pero mientras estos bueyes fingen darse cornadas, otros hechos ayudan a desentraar los misterios de una poltica que acompaa como la sombra del perro al modelo econmico. Ah estn, por ejemplo, las fabulosas ganancias de la banca privada y de las Instituciones de Salud Previsional. Las Isapres -como las AFPs en el caso de las pensiones- fueron creadas por la dictadura y han prosperado bajo los gobiernos de la Concertacin, actual Nueva Mayora. Las Isapres, en tanto sistema de seguro privado de salud, pertenecen en rigor al aparato financiero. Desde esa posicin y a travs de la red de clnicas, laboratorios, etc., han conseguido prostituir el sistema de salud y hasta la noble profesin de la medicina. Su miserable negocio lo hacen con los ahorros de la poblacin ms joven y sana, y excluyen de sus servicios a los adultos mayores y enfermos crnicos, que pasan a ser carga del Estado. Las escandalosas ganancias de las Isapres -como la banca y las mineras- marcan a fuego el carcter de clase del gobierno de turno, sealando con certeza los intereses oligrquicos a los que sirven esos regmenes.

El maridaje de la poltica y los negocios que vive el pas, impide poner fin a estos abusos. Buena parte de la clase poltica depende de las contribuciones financieras que la gran empresa -incluyendo las Isapres- hace en temporada de campaas electorales. Sin embargo, hay sectores polticos sensibles a los abusos que se cometen con el pueblo. Un ejemplo a destacar es la propuesta de la directora del Fonasa, Jeanette Vega, de establecer un fondo nacional de salud solidaria. Eso permitira captar el 7% de las cotizaciones de los sectores de mayores ingresos (y menores riesgos) que hoy se llevan las Isapres y que producen ganancias escandalosas. Aunque la racional propuesta de la Dra. Vega ha sido aprobada en la comisin que estudia la reforma de la salud, es difcil creer que el gobierno se atreva a impulsar una medida que acabara con el sucio negocio de las Isapres.

El primer semestre de este gobierno est demostrando que la Nueva Mayora carece de voluntad poltica para impulsar una modernizacin del Estado como la que ofreci en su programa. O quizs nunca tuvo la intencin real de hacerlo. La plataforma de lanzamiento de cambios de verdad debera ser una nueva Constitucin Poltica que surgiera de una Asamblea Constituyente y fuera aprobada en plebiscito por el pueblo. No obstante, tanto la presidenta Bachelet como la Nueva Mayora no han hecho otra cosa que sacarle el cuerpo a un tema que debera estar en la base de cualquier proyecto de cambios. A pesar de esa ambigedad, es evidente que la nica va democrtica para elaborar una Constitucin -la Asamblea Constituyente- atemoriza al gobierno y a su coalicin. Una nueva Constitucin, sin embargo, es indispensable tanto para quienes solo pretenden modernizar el Estado como para aquellos que buscamos un camino racional y democrtico para cambiar la institucionalidad heredada de la dictadura, e iniciar la construccin de una sociedad basada en la igualdad y solidaridad entre los ciudadanos. Incluso moderados proyectos modernizadores, elaborados ad maiorem gloriam de la economa de mercado, como la reforma educacional en marcha, son irrealizables en el marco de la Constitucin vigente, cuya razn de ser es velar por los intereses del capital nacional y extranjero. Ya es evidente que la economa afronta una desaceleracin, que por supuesto golpear a los factores ms vulnerables del sistema: los salarios y el empleo. El modelo implantado por la dictadura est mostrando fisuras. Las exportaciones, que son la clave del modelo, prcticamente no han cambiado su composicin en los ltimos treinta aos. Ms del 50% del total sigue siendo cobre. El ao pasado, Chile export 77.367 millones de dlares y 40.158 millones fueron de cobre -casi sin valor agregado-. El resto son tambin recursos naturales como alimentos, frutas, celulosa y papel, recursos forestales, hierro, etc. Sin embargo, aunque el ciclo dorado de la minera parece haber terminado y las ganancias de las cuprferas estn en bajada, el capital extranjero sigue haciendo utilidades enormes en Chile. El ao pasado fueron 15.257 millones de dlares, segn el Banco Central. Pero tambin esas utilidades estn en la curva de descenso. Baste sealar que en 2007, durante el anterior gobierno de Bachelet, las empresas extranjeras obtuvieron ganancias por 22.823 millones de dlares. Lo concreto es que el modelo de economa de mercado necesita diversificar las exportaciones y para lograrlo, debe modificar la base productiva e intentar un nivel ms sofisticado de productos transables en el mercado internacional. La banca, los servicios y el comercio -en especial este ltimo, que viene sosteniendo el reducido crecimiento de la economa- no son capaces de atender las crecientes necesidades del pas.

En funcin de esa estrategia est pensada la reforma educacional. Se trata de un proyecto condicionado por objetivos del modelo de dominacin y eso hace que la clase poltica est de acuerdo en darle viabilidad. La aparente disputa entre oficialismo y oposicin, como sucedi con la reforma tributaria, encontrar sin duda un camino de coincidencia para cuidar el modelo. Solo una movilizacin popular fuerte y constante obligara al gobierno a cumplir su programa, incluyendo la nueva Constitucin Poltica. La modernizacin del Estado sera entonces un hecho positivo. Algunas experiencias histricas demuestran que la modernizacin estatal puede abrir un periodo de cambios sociales profundos e incluso revolucionarios(1). Sin embargo, esa posibilidad en el caso de Chile es muy reducida, por la debilidad del movimiento social y la inexistencia de una Izquierda robusta en lo orgnico y clara en su conduccin. El nico sector que podra, por ahora, iniciar una accin de esa envergadura es el estudiantil. Y siempre que los estudiantes consigan anudar sus luchas con las de otras vertientes del campo popular, que an no estn listas para entrar en batalla contra el modelo que instalaron el terrorismo de Estado y el poder seductor de la tarjeta de crdito. Para producir un efecto movilizador en cadena, sin embargo, el movimiento estudiantil tendra que retornar a sus demandas originales que interpretaban a un amplio sector de la poblacin. Ellas iban desde la reforma educacional -burlada en 2006- hasta la Asamblea Constituyente, ineludible en todo programa democrtico. Fue responsabilidad de algunos socios de la Nueva Mayora que entonces gravitaban en el movimiento estudiantil -como el Partido Comunista-, haber acotado la movilizacin de los estudiantes a demandas corporativas, cooptando enseguida a algunos dirigentes.

Pero todo indica que el movimiento estudiantil ha recuperado su autonoma y con ella, el vigor para una lucha larga y compleja. La claridad poltica de sus dirigentes recoge las tradiciones combativas de los estudiantes chilenos y latinoamericanos. Eso permite mirar con optimismo el futuro prximo. Vienen tiempos en que los jvenes estudiantes, trabajadores y pobladores limpiarn el aire de corrupcin y oportunismo, dejando atrs la politiquera para entrar en las alamedas que conducen a la nueva sociedad. (1) Un texto interesante sobre este tpico es 1688. La primera revolucin moderna. Steve Pincus. Ediciones Acantilado, Barcelona, 2013.

Editorial de Punto Final, edicin N 811, 22 de agosto, 2014
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