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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2014

Los medios de comunicacin ya no son el cuarto poder

Marcelo Colussi
Rebelin


Los medios de comunicacin y su influencia en la vida cotidiana

De acuerdo a nuestra tradicin occidental la realidad es una, dada desde siempre, puesta ah en forma indubitable a la espera que el ser humano se contacte con ella. La realidad, en definitiva, existe independientemente del sujeto que se relaciona con ella. En ese marco, la verdad, siguiendo las enseanzas aristotlicas y los telogos medievales, es la adecuacin del sujeto que conoce con la cosa conocida. La cosa, la realidad, est siempre ah a la espera que el sujeto se dirija a ella para aprehenderla, para conocerla a travs de sus sentidos y la razn. Esa fue la idea dominante por dos milenios en nuestra tradicin cultural, y es la concepcin que sigue prevaleciendo en el sentido comn. El peso est puesto en la realidad objetiva.

En el Renacimiento, con el cambio de paradigmas que comienza a tener lugar en ese momento histrico de la humanidad, la nocin de la realidad va variando. Con el mundo moderno que se empieza a construir a partir del nuevo ideal de ciencia copernicana, la realidad va a pasar ser construccin, es decir: producto de la forma en que el sujeto se relaciona con la cosa. La realidad deja de ser una, nica, inobjetable. Llegados a nuestros das con un pensamiento cada vez ms centrado en el sujeto, interesa fundamentalmente el proceso de construccin de esa realidad. Los datos de las distintas ciencias sociales y de una epistemologa que rompe vnculos con la tradicin aristotlica ponen el nfasis en la relatividad de la realidad: la misma pasa a ser entendida como construccin histrica, por tanto cambiante, variada, siempre relativa. El peso, ahora, est puesto en el sujeto y en las relaciones que establece con la cosa. As como una botella est medio vaca o medio llena, segn el punto de vista, as comienza a entenderse esta nueva visin de la realidad. La verdad deja de ser un absoluto.

Todo esto nos sirve para entender que la realidad de la que queremos hablar en trminos poltico-sociales es una realidad construida, no absoluta, no terminada. Lo poltico, en tanto la esfera donde se juegan las relaciones de poder entre grupos humanos, no es una realidad dada de antemano, nica e indubitable. Esa realidad poltica es producto de una historia, y por tanto, es cambiante, dinmica, en perpetuo movimiento. En esa construccin, ms all de la bienintencionada idea de paz y rechazo de la violencia, el conflicto juega un papel determinante. La historia, la realidad poltica en definitiva, es producto de una conflictividad estructural. La realidad poltica tiene que ver con el juego de los poderes que se van estableciendo, los cuales estn en continuo cambio. La forma en que percibimos esa realidad no es nunca ni ingenua ni neutra. Lo que sabemos de esa realidad poltica que es una realidad social, por tanto determinada por factores sociales, econmicos en principio, as como culturales en sentido amplio es siempre una construccin hecha desde el ejercicio de poderes. Lo que pensamos, sabemos, decimos de esa realidad, es lo que quien detenta la mayor cuota de poder social piensa.

El pensamiento poltico es el reflejo de las luchas de poder que estructuran toda sociedad, y que le dan su dinmica. Este pensar, en general, ha sido patrimonio de un pequeo grupo de pensadores en general plegados a los poderes dominantes que piensan, organizan y dan forma a lo que luego las grandes mayoras repiten. En relacin a esto, algo indito en la historia y que viene marcando una tendencia cultural ya desde inicios del siglo XX es el papel que juegan los modernos medios masivos de comunicacin. Lo que la gran mayora piensa, o ms correctamente repite en trminos polticos-ideolgicos, cada vez ms proviene de esos medios comunicacionales: prensa escrita primero, luego radio, despus la televisin con una fuerza arrolladora, actualmente toda la diversidad de medios audiovisuales: internet, videojuegos. Estos llamados mass-media han ido creciendo hasta convertirse en una especie de nuevo medio ambiente creando una inversin que hace que para muchas personas ya no haya otra realidad relevante que la que esos medios producen.

Segn una publicacin de la empresa encuestadora Gallup, estadounidense y para nada sospechosa de pensamiento crtico con ideologa de izquierda, el 85% de lo que un adulto urbano trmino medio sabe hoy da de su realidad poltica proviene de esos medios masivos de comunicacin, de la televisin ante todo. Es ya sabido, es una frase hecha pero no por ello menos importante aquello de si no est en la televisin no existe.

Esa es nuestra realidad poltica actual: los medios de comunicacin, tradicionalmente el cuarto poder, han subido drsticamente de categora. Hoy da son uno de los factores del poder mismo, construyendo la realidad poltico-ideolgica a escala planetaria. Muy buena parte de nuestras apreciaciones sobre esa realidad son los productos prefabricados que esas usinas culturales elaboran, cada vez con mayor sutileza, con mayor esmero.

La evolucin de los medios de comunicacin ha estado siempre asociada a las distintas revoluciones tecnolgicas, as la imprenta precedi al motor de vapor, la radio a la televisin, el ferrocarril a los automviles, el telgrafo al telfono, etc. De igual forma la expresin oral precedi a los manuscritos mediante el pergamino que poda mostrar texto y miniaturas ilustradas. Primero se transmitan sonidos, luego sonidos e imgenes. Hasta llegar al nuevo medio de transmisin de informacin, a saber: internet. Ha sido un medio que empez transmitiendo slo texto, luego imgenes, sonido, hasta llegar al lugar que ocupa en la actualidad.

La televisin: un ejemplo de diosa todopoderosa en la comunicacin

Para entender este poder que detentan los medios, nos vamos a permitir hacer un pequeo recorrido por el medio de comunicacin que ms ha impactado a escala global en la poblacin: la televisin. Sin dudas, ella es uno de los inventos que ms ha influido en la historia de la humanidad. Su importancia es tremendamente grande, dado que influye en los cimientos mismos de la civilizacin: es la expresin mxima de los medios masivos de comunicacin, por tanto es parte medular de la cultura, de esta sociedad que llamamos ahora sociedad de la informacin y la comunicacin. Lo es, de hecho, en forma cada vez ms omnipresente, ms avasallante. Sin temor a equivocarnos podemos decir que el siglo XXI ser el siglo de la cultura de la imagen, de la pantalla, cultura que ya se entroniz en las pasadas dcadas del siglo XX y que, tal como se ven las cosas, parece afianzarse cada vez con ms fuerza sin posibilidad de retroceso. El no piense, mire la pantalla! parece haber llegado para quedarse. Hoy da esa pantalla ya no es slo la televisin; ah tenemos tambin la de los telfonos celulares, la de las agendas electrnicas, las sofisticaciones de plasma lquido que nos invitan por todas partes a quedar anonadados. En definitiva: la imagen nos va envolviendo cada vez ms siguiendo el modelo televisivo.

Cuando la televisin se masific se inici tambin el debate sobre si, por fin, este medio encarnara el sueo de educacin al alcance de toda la poblacin, informacin veraz y objetiva sobre la realidad mundial, cultura para todos, programas de debate, aporte a las ciencias y a las artes. Pero ya con varias dcadas de desarrollo parece que ninguno de estos ideales se ha realizado (quiz a travs de ningn medio sucedi, pero con la televisin menos an).

A medida que pasa el tiempo la televisin es ms criticada pero, al mismo tiempo, ms consumida. Prcticamente desde su aparicin misma no fue un medio informativo y educativo sino que se constituy en objeto de entretenimiento para terminar siendo el centro de todo hogar moderno. De la misma manera en que no se piensa dos veces si se compra una cocina o una cama cuando una pareja de recin casados estrena residencia o cuando un joven se independiza, tampoco se puede dejar de pensar en comprar un televisor. Hoy da, incluso, en los hogares de clase media ya es obligado ms de un aparato. Este objeto se ha convertido en una parte esencial de la vida de todos los seres humanos, ricos y pobres, urbanos o rurales, varones o mujeres, jvenes o adultos. Se calcula que actualmente estn funcionando no menos de 2,000 millones de aparatos televisivos, y la tendencia es seguir creciendo.

La televisin construye un mundo virtual muy especial. La fuerza de las imgenes hace que a menudo reciban un estatus de realidad superior a la realidad misma. En las modernas sociedades masificadas, aglomerndose enormes cantidades de seres humanos pero estando paradjicamente muy separados unos de otros dados los patrones de individualismo y consumismo hedonista que la sociedad actual ha impuesto es ms fcil para la mayor parte de la gente encontrar un dinosaurio que un vecino, dijo sarcsticamente Alain Touraine [1] , al mirar todas esas personas las mismas imgenes en forma simultnea, la televisin consigue ser el referente ms potente de validacin y estandarizacin de la realidad. El punto de partida para entender esto es la dificultad que el sistema nervioso en su conjunto tiene para distinguir las imgenes de la realidad de las imgenes virtuales o de representacin de la realidad. Por eso lloramos viendo una pelcula de ficcin o nos emocionamos con los anuncios de bebidas. El cerebro ha ido evolucionando en los organismos ms complejos, incluida la especie humana, basndose en la credulidad de lo que ve. Todo el mundo sabe que aadir una imagen a una noticia cualquiera le confiere un carcter de ms veracidad. Las informaciones icnicas producen en el cerebro la sensacin de ser algo intrnsecamente creble. A lo largo de la evolucin no ha sido necesario desarrollar la capacidad de discriminar las imgenes virtuales de las reales, puesto que las primeras no existan o eran poco relevantes (espejismos, reflejos en el agua). La aparicin de la realidad virtual cambi en muy buena medida la historia humana.

La memoria an tiene ms dificultades para distinguir la procedencia de las imgenes mentales que posee. De dnde me viene la idea que tengo de la nieve viviendo en el trpico, de mi experiencia o de las pelculas que he visto? Y la idea de la Edad Media, de mi imaginacin, de los textos que he ledo o de las imgenes que he visto? Y la idea de un sindicalista? La de los indgenas? Y la de la guerra? Cmo llegamos a los conceptos de los buenos y los malos? (los primeros, siempre blancos; los segundos: negros, indios, musulmanes). Es necesario insistir en esto: la televisin influye ms sobre la humanidad que todo el arsenal nuclear. La televisin crea la realidad cultural en la que nos desenvolvemos, hoy da con ms fuerza que la familia, las iglesias o la escuela formal.

La dificultad para distinguir entre imgenes reales y virtuales, junto con el aislamiento social y la cantidad de tiempo dedicado a ver la televisin (en promedio: dos horas diarias un adulto y cuatro horas y media un nio) borra las fronteras entre realidad y ficcin e invierte el referente para conocer quines somos, cmo es la realidad y cul es el mundo deseable. Por supuesto, a los crculos que detentan el poder esto les viene como anillo al dedo. Por eso, seguramente, se dio el crecimiento exponencial de la televisin como pocos, o como ningn otro avance cientfico del siglo XX. Y en esa lnea se hallan todos los dispositivos audiovisuales; el internet ya se perfila como, sino que ya es, uno de los ncleos principales en torno al que se tejer la vida para el siglo XXI.

Para mantener la atencin, el negocio televisivo transforma todo lo que trata en espectculo, en show, para decirlo en la lengua dominante. El discurso poltico, el conocimiento, el conflicto, el temor, la muerte, la guerra, el sexo, la destruccin pasan a ser fundamentalmente espectculo, comedia, show farandulesco. El espectador es acostumbrado a ver el mundo sin actuar sobre l. Al separar la informacin de la ejecucin, al contemplar un mundo mosaico en el que no se perciben las relaciones, se crea un estado de aturdimiento, indefensin y modorra en el que crece con facilidad la parlisis social. Como tecnologa de implantacin de imgenes en el sistema nervioso central, la televisin permite hablar directamente al interior de la subjetividad de millones de personas y depositar en ella imgenes (que difcilmente se pueden modificar) capaces de lograr que la gente haga lo que de otra manera nunca hubiera pensado hacer. (No olvidemos la ley de Galbraith (1958): se publicita lo que no se necesita [2] ). Cmo conseguir suprimir las numerosas maneras diferentes de comer que haba en los distintos territorios y culturas y sustituirlas (en una tercera parte del planeta) por unas hamburguesas o un vaso de bebida gaseosa? Slo una tecnologa como la televisin es capaz de lograrlo con la eficacia mostrada en el escaso margen de pocas generaciones, cosas que no logr ninguna iglesia ni ningn partido poltico. Aunque la televisin se invent en los aos 20 del pasado siglo, se desarroll como tecnologa de implantacin masiva de imgenes coincidiendo con el perodo de mayor bonanza y acumulacin capitalista tras la segunda guerra mundial, liderada por la gran potencia hegemnica de ese entonces: Estados Unidos.

Hacia una cultura de la imagen

La cultura audiovisual que la televisin, y hoy da los otros medios digitales (videojuegos, internet), han ido creando una cultura donde se invierte la evolucin de lo sensible a lo inteligible, alterando la relacin entre entender y ver, distorsionando en buena medida la comprensin del mundo, dificultando la capacidad de abstraccin, y por tanto, de actuar sobre la realidad. La humanidad no es ms tonta desde que ve televisin, sin dudas; pero es ms manejable, ms manipulable. El primado de la imagen lo permite.

El video-dependiente trmino medio, de televisin o de las nuevas tecnologas que entronizan la imagen es decir: cada vez ms gente en el planeta tiene menos sentido crtico que quien no depende casi exclusivamente de las imgenes como fuente de conocimiento, de quien lee y piensa reflexivamente, crticamente. Es mucho menor el esfuerzo de ver que el de leer. Consideremos cmo es dejarse llevar por imgenes: se suceden unas a otras, el orden est fijado, se trata fragmentariamente cada tema y no hay espacio para reflexionar (es decir: para darle vueltas al asunto, para examinar el contexto global en que se produce un acontecimiento, integrarlo con otros aspectos de la realidad con los que interacta, darse el tiempo para pensar en futuras acciones en relacin al material recibido por los sentidos). Pero de todos modos es incorrecto achacar nuestros males y esta cultura light del no piense y mire pasivamente al avance tecnolgico. Las nuevas tecnologas modelan las problemticas y perfilan cambios en la constitucin subjetiva, sin dudas; sin embargo el poder de creacin, de innovar, de formar y participar en los procesos de transformacin social sigue siendo exclusivamente responsabilidad nuestra, y como siempre, el vnculo interpersonal es el factor determinante en el desarrollo y uso de las potenciales capacidades intelectuales. La tecnologa nos condiciona, pero el proyecto antropolgico de base (poltico, si preferimos decirlo de otro modo) es el que decide cmo y para qu se usa ella. En otros trminos: la ciudadana sigue siendo lo fundamental, ms all de la tecnologa que se utilice.

Vale aclarar muy enfticamente que la culpa de los males del mundo no es de la televisin ni de los medios de comunicacin en general, de esta tendencia al consumo de imgenes, de los medios digitales (televisin y toda la parafernalia que le sigue, el internet, la pantalla de los telfonos celulares inteligentes y de los medios que podrn venir en un futuro en esta lnea). Tambin ellos, como instrumentos de enorme penetracin, pueden servir para otros fines: para ampliar nuestro conocimiento, para mejorar nuestra condicin. Tambin la televisin, o los medios de comunicacin en general, pueden ser un arma liberadora. De todos modos, las experiencias conocidas hasta la fecha abren algunos interrogantes.

Esto nos lleva a replantear la cultura de la imagen que est en la base de toda esta proliferacin de medios masivos que cada vez van imponindose ms. Como dijo Zbigniew Brzezinsky (1968) [3]: En la sociedad actual el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fcilmente en el radio de accin de personalidades magnticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las tcnicas ms eficientes para manipular las emociones y controlar la razn. En otros trminos: los medios de comunicacin al servicio de los proyectos dominantes, de los poderes fcticos.

La humanidad no es ms tonta desde que ve televisin, se deca ms arriba, pues el ncleo del problema no est en el consumidor sino en el productor. Lo que se busca enfatizar ahora es que ese productor de imgenes es cada vez ms tambin un gran poder poltico. En los aos 60 del pasado siglo el padre de la semitica, el italiano Umberto Eco, deca que quien detente los medios de comunicacin detentar el poder [4]. Evidentemente, viendo cmo marchan las cosas actualmente, no se equivocaba.

Vale la pena aqu recordar lo dicho por el nazi Joseph Goebbels, padre de la manipulacin meditica moderna: A quin debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? Debe dirigirse siempre y nicamente a la masa! (...) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el lmite de las facultades de asimilacin del ms corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige [nio de seis aos?]. () La facultad de asimilacin de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de frmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el ltimo de los oyentes sea tambin capaz de captar la idea [5].

No hay ninguna duda que la inmediatez y unidireccionalidad de los mensajes audiovisuales, de los que la televisin es el principal exponente, junto al cine, la foto, el internet o los videojuegos, gener una cultura de la imagen que hoy pareciera muy difcil, si no imposible, revertir. En la dinmica humana la conducta reiteradamente repetida termina creando hbito (algunos puntos fuertes poco numerosos se imponen a fuerza de frmulas repetidas enseaba el ministro de Propaganda del Tercer Reich. Igual que la intuicin de Eco, tena razn). La cultura de la imagen que hace aos viene repitindose con fuerza creciente ya cre un hbito en todas las capas sociales en estas ltimas generaciones, y hoy por hoy pareciera imposible desarmarla. Pero en esa cultura anida un lmite intrnseco, quiz imposible de ser franqueado: no importa el tipo de programa televisivo que se presente, siempre el mirar la pantalla no permite una actitud crtica como s posibilita, por ejemplo, la lectura. De todos modos, esa cultura de la imagen no parece que vaya a desaparecer. Por el contrario, lleg para quedarse, y ya ha formado un nuevo sujeto, que ser con el que habr que contar de aqu en ms.

La actual cultura meditica (audiovisual en lo fundamental) es la que cada vez ms viene condicionando el pensamiento poltico. Por eso el comunicador social tiene una cuota de poder tan importante en sus manos: spalo o no, es un vehculo de capital influencia por el que se va creando la ciudadana, la opinin pblica, la ideologa. Pensamos poltica e ideolgicamente en trminos pasivos lo que el espectculo meditico nos presenta, sin mayores cuestionamientos: que los musulmanes son todos unos fanticos terroristas, que los narcotraficantes constituyen el nuevo demonio que mueve la poltica en nuestros narco-Estados latinoamericanos, que las temibles maras son el principal problema de Centroamrica, que Osama Bin Laden manejaba buena parte del mundo desde una tenebrosa cueva en las montaas de Afganistn, que estamos mal porque los polticos corruptos se roban todo. Y tambin, sin formulaciones crticas al respecto, que la democracia es un bien en s mismo, que los pases exitosos son tales porque han abrazado la democracia. Nuestro pensamiento, recordmoslo una vez ms, muchas veces se moldea por poderes hegemnicos que imponen lo que se debe pensar. En el mbito acadmico eso es descarnadamente cierto tambin, aunque debera ser el lugar de la crtica por excelencia. La cultura de la imagen lo barre todo: el copia y pega pareciera haber llegado para quedarse. Y no son sino eso los noticieros que nos llenan la cabeza de informacin: copia de lo que se muestra en las pantallas de los dispositivos digitales y repeticin acrtica?

El actual mundo globalizado, la aldea global como se le ha dado en llamar (McLuhan), en forma creciente es regido por un pensamiento nico, en muy buena medida vehiculizado por los medios masivos de comunicacin, y en especial los audiovisuales. En trminos polticos o dicho de otro modo: en trminos de ciudadana esa globalizacin viene a uniformar puntos de vista, a tener parmetros universalmente compartidos. Ahora bien: si se habla de globalizacin debe entenderse bien de qu se trata.

Retos actuales ante el nuevo escenario de la comunicacin digital y global

Se entiende por globalizacin el proceso econmico, poltico y sociocultural que est teniendo lugar actualmente a nivel mundial por el que cada vez existe una mayor interrelacin econmica entre todos los rincones del planeta, por alejados que estn, gracias a estas tecnologas que han borrado prcticamente las distancias permitiendo comunicaciones en tiempo real, siempre bajo el control de grandes corporaciones multinacionales. En realidad, la globalizacin propiamente dicha comienza con la expansin del naciente capitalismo de Europa cuando sale a conquistar el mundo, all por inicios del siglo XVI. Ah verdaderamente comienza a hacerse global, mundial, planetario en sentido estricto, todo el sistema econmico, y por tanto, su impronta poltico-cultural. Conquistadores europeos, con mano de obra esclava africana, sojuzgan a pueblos americanos, sentando las bases para una homogenizacin de toda la aldea global. Pero es recin ahora, con el final de la Guerra Fra, que el sistema capitalista puede sentirse abiertamente triunfador y dueo de toda la escena mundial. Ahora es cuando puede decirse que la globalizacin triunf.

Esa globalizacin que se vive actualmente (econmica, poltica y cultural) es el caldo de cultivo donde las nuevas tecnologas de la informacin y la comunicacin son el sistema circulatorio que la sostiene, haciendo parte vital de la nueva economa global centrada bsicamente en la comunicacin virtual, en la inteligencia artificial y en el conocimiento como principal recurso, todo lo cual permite el nuevo capitalismo financiero, hiper concentrado en poqusimas manos, superando a los Estado-nacin modernos.

Las nuevas tecnologas digitales, ms all de la explosin con que han entrado en escena y su consumo masivo siempre creciente, no benefician por igual a todos los sectores. En Amrica Latina la presencia o el desarrollo de una SIC [sociedad de la informacin y la comunicacin] est ms ligada a la consolidacin de grandes consorcios multinacionales del audiovisual que a la incorporacin de la convergencia a los procesos productivos. Esto ltimo se ha polarizado en un sector capaz de desmaterializar la economa, en tanto que sobrevive otro gran sector que permanece al margen de los cambios tecnolgicos y contina trabajando dentro de un esquema de produccin clsico, ayudado de herramientas que tambin podramos definir como clsicas. En nuestros pases slo un sector de la poblacin (muy probablemente el que acumula el consumo tecnolgico de distintas generaciones), es la que se ha incorporado efectivamente al proceso de produccin ligado a la informacin y el conocimiento [6] .

La repetida insistencia en relacin a las maravillas de las nuevas tecnologas digitales de la informacin y la comunicacin, en realidad puede tener mucho de espejismo manipulado desde los grandes centros de poder que se benefician de ellas, de su comercializacin y de su uso como mecanismo de control a escala planetaria. El hecho de que en cierta forma la utilizacin de las tecnologas de la informacin y la comunicacin pueda facilitar las cosas en ciertos aspectos para las grandes mayoras, no es efectivo si no se terminan con los problemas estructurales, con las brechas sociales enormes que siguen siendo el paisaje cotidiano: el hambre, la exclusin crnica, el analfabetismo, las enfermedades curables, el racismo. Pese a este portento de las tecnologas de la inteligencia artificial, el hambre sigue siendo uno de los principales problemas del mundo. Siglo de la hiper tecnologa y nos seguimos muriendo a causa del hambre! Simplemente bochornoso.

No est demostrado que por el hecho de utilizar alguna de las nuevas tecnologas digitales se elimine automticamente la exclusin social o se termine con la pobreza crnica. De todos modos, sabiendo que estas herramientas encierran un enorme potencial, es vlido pensar que no disponer de ellas propicia la exclusin, o la puede profundizar. Visto que la red de redes, el internet, es la suma ms enorme nunca antes vista de informacin que pone al servicio de la humanidad toda una potente herramienta de comunicacin, no acceder a l crea desde ya una desventaja comparativa con quien s puede acceder. De todos modos, el desarrollo propiamente dicho, el aprovechamiento efectivo de las potencialidades que abren las nuevas tecnologas comunicacionales, no se da por el slo hecho de disponer de una computadora, de hacer uso de las redes sociales o de un telfono celular de ltima generacin, o de una consola de videojuegos, tan a la moda hoy da. Los videojuegos, valga agregar, que cada vez comienzan a ser jugados desde las ms tempranas edades (2 o 3 aos), bastante poco amigables para los adultos los que no han crecido en esta cultura ciberntica funcionan como verdaderas propeduticas informales para el acercamiento amistoso y ldico a los aparatos electrnicos. [] Ese tiempo invertido los acerca sin reparos mayores a la manipulacin de aparatos de tecnologa digital [7] . Despus de varios aos de acostumbramiento, ya desde nios, los jvenes encuentran como algo absolutamente natural, y ms an: imprescindible, el mundo de las tecnologas de la informacin y la comunicacin. El consumismo est ya puesto en marcha, y la obsolescencia programada har que cada cierto tiempo haya que reemplazar el equipo en cuestin. Obviamente todos estos aparatos podrn ser bonitos, pero no dejan de ser instrumentos, tiles, herramientas. La diferencia fundamental no la hacen los instrumentos, sino los sujetos que los utilizan.

Lo que s hace la diferencia es la capacidad que una poblacin pueda tener para aprovechar creativamente estas nuevas formas culturales. Si el internet ha transformado la vida, como tan insistentemente dice cierto pensamiento dominante (desde una perspectiva ms mercadolgica que crtica, terminando por constituirse en mito, en manipulacin meditica), ello permite descubrir el porqu de esa tenaz repeticin: est claro que alimenta muy generosamente a quienes lucran con su comercializacin.

En realidad, con el comercio expandido por todo el orbe naci la globalizacin. Hoy asistimos a su entronizacin cultural, basada en muy buena medida en tecnologas que unen el mundo a velocidades vertiginosas, pero como se dijo en alguna ocasin: la globalizacin comenz la madrugada del 12 de octubre de 1492, cuando Rodrigo de Triana pronunci su grito de tierra!

Entre los conos de esta globalizacin se inscribe tambin el mercado como punto mximo del desarrollo y la democracia como expresin superior de la organizacin poltica. Los medios masivos de comunicacin, cada vez ms globalizados y concentrados, juegan un papel clave en la expansin de este fenmeno y de sus mitos. Hoy da, la ciudadana (ciudadana global, ciertamente) es moldeada cada vez ms por ellos.

Ese proceso de homogenizacin poltico-cultural y el papel que en l pueden jugar los medios masivos de comunicacin, se perfilaba ya algunas dcadas atrs; as, por ejemplo, el Informe McBride de UNESCO del ao 1980 lo expresaba explcitamente: La industria de la comunicacin est dominada por un nmero relativamente pequeo de empresas que engloban todos los aspectos de la produccin y la distribucin, las cuales estn situadas en los principales pases desarrollados y cuyas actividades son transnacionales. () Se deben adoptar medidas encaminadas a ampliar las fuentes de informacin que necesitan los ciudadanos en su vida cotidiana. Procede emprender un examen minucioso de las leyes y reglamentos vigentes para reducir las limitaciones, las clusulas secretas y las restricciones de diversos tipos en las prcticas de informacin. () Con harta frecuencia se trata a los lectores, oyentes y los espectadores como si fueran receptores pasivos de informacin [8].

Sin dudas, el rol de los medios abre interrogantes sobre su aporte a la consolidacin de la democracia genuina. Como dice Marcial Murciano: El papel de rbitro que siempre ha mantenido el Estado en la moderna democracia se reduce y el mercado, ordenado ahora por los nuevos lderes empresariales, no asegura ninguno de los principios redistributivos que la democracia contempornea debe asegurar al ciudadano que ahora debe situarse en un plano local y mundial al mismo tiempo. Probablemente ms que en ningn otro perodo de nuestra historia reciente se hace necesario abrir un nuevo debate poltico-cultural sobre la posicin de dominio y control de los actores econmicos sobre el sistema de los medios, en el nuevo contexto de la democracia participativa y la globalizacin. Sin dudas son tiempos de nuevas exigencias para las polticas de comunicacin democrtica [9].

Ms all de todo el despliegue cientfico-tcnico con que nos movemos como sociedad globalizada que entr en la modernidad todos tenemos telfono celular, el internet es un hecho, todos directa o indirectamente consumimos petrleo es eso el progreso? en el mbito ideolgico-poltico seguimos apegados a mitos, a frases hechas, a estereotipos: qu diferencia la creencia de cualquier mito popular (fantasmas, hadas mgicas, personajes mitolgicos, etc.) de los mitos en torno a la democracia? Y los medios masivos de comunicacin, en vez de ser crticos al respecto, los alimentan generosamente.

La tica del comunicador

Un comunicador social dispone de un acceso y poder de convocatoria sobre la poblacin como no lo tienen otros profesionales. Quiera que no, es un formador de opinin, de ciudadana. Hoy, con la importancia definitoria de los medios de comunicacin en nuestras sociedades masificadas, es un agente vital en la reproduccin de pautas socio-culturales. O, tambin, un agente fenomenal para el cambio de esas pautas.

Si bien es cierto que la actual cibercultura abre la posibilidad de una cierta liviandad, de un pensamiento icnico muchas veces nada reflexivo, tambin da la posibilidad de acceder a un cmulo de informacin y a nuevas formas de procesar la misma como nunca antes se haba dado, por lo que estamos all ante un fabuloso reto.

La cultura digital que ha llegado con una fuerza avasalladora, sin precedentes, presenta un gran desafo: obviamente, en tanto tecnologa, no es ni buena ni mala. Plantearlo en esos trminos es sumamente reduccionista. Pero no se puede dejar de considerar cmo funciona, quin la maneja, qu papel juega para los grandes poderes globales como negocio y como mecanismo de control social. O tambin como contra-mensaje, como contra-poder. La posibilidad de construir ah un espacio alternativo est servida. Se trata de ver cmo hacerlo.

No debe dejarse de tener en cuenta que se han abierto ciertos canales para una relativa democratizacin de la informacin. En cierto sentido, todos podemos dejar nuestra marca en la red de redes, decir, transmitir, denunciar, hacer evidentes ciertas cosas. Pero hay que cuidarse de no caer en la ilusin de creer que los cambios sociales son slo cuestiones de modernizacin tecnolgica. La tecnologa, si no est al servicio de la causa del Ser Humano como especie, sigue siendo un mecanismo de dominacin. La comunicacin social y todo su creciente arsenal tecnolgico deben servir para fomentar desarrollo genuino, para afianzar la democracia de base, para buscar el bienestar para todos, y no estar al servicio de ninguna opresin. Si no es as, se termina convirtiendo en cmplice (o en actora principal!) de la explotacin. Es por eso que decamos que los comunicadores ya no son el cuarto poder: constituyen uno de los principalsimos poderes dominantes del mundo.

Ahora bien: el comunicador social no es neutro; de hecho, desempea un papel muy importante en la conformacin de ciudadana, y siempre est tomando partido, tiene una posicin, est ubicado con los pies sobre la tierra. Es imposible pedir objetividad como generalidad, como un bien en s mismo. La objetividad no existe en ningn aspecto de la vida, ni del periodismo de ningn lugar del mundo. En tantos seres sociales formados por una historia, un contexto y una mirada del mundo particular, nica e irrepetible, resulta imposible creer que puede haber una mirada objetiva sobre un hecho, acontecimiento o relato, afirma Natalia Locco [10] . En todo caso, siguiendo a Victoria Camps: lo que el buen informador debe proponerse, no es tanto ser objetivo cuanto creble [11].

Ah estriba el asunto crucial de su misin profesional: ser serio, tico, tener sentido crtico, saberse agente formador de las grandes multitudes a quien se dirige. El conocimiento tcnico, por ms excelente que sea, no es ninguna garanta de una buena prctica, de un buen ejercicio profesional. Para ello es imprescindible contar con un proyecto humano, social, poltico en su sentido ms amplio.

En relacin a lo anterior Ignacio Ramonet expresa: En estos tiempos de globalizacin neoliberal, la informacin se ha convertido en uno de los problemas principales de la democracia () Se puede hacer un paralelismo con lo sucedido con la alimentacin. Haba escasez de alimentos y sigue habiendo en algunos pases, luego la revolucin agraria permiti producir en abundancia. Hoy sabemos que muchos de los alimentos son txicos, pueden envenenarnos (el caso de la "vaca loca" por ejemplo). Lo mismo sucede con la informacin; est contaminada. Hay que crear una ecologa de la informacin para limpiarla, para que se respete la verdad, para mejorar la calidad informativa y as mejorar la calidad de la democracia [12].

Debe quedar claro que nadie tiene el poder absoluto para cambiar todo un entramado social o para impedir sus cambios en forma terminante. Las transformaciones, las mejoras en la calidad de vida, las mutaciones son procesos complejos, largos, muy arduos. Cada quien aporta su grano de arena al respecto. Quienes abrazan la profesin de comunicar tienen, sin duda, un privilegio especial: su accionar influye de un modo ms profundo que otros en ese proceso. Por eso hay que tener muy claro los principios ticos con los que deben manejarse. Ms all de la imperiosa necesidad de trabajar para asegurar la propia subsistencia, la disyuntiva que se plantea es: se trabaja para continuar con este sistema o para proponer otro?


 

Bibliografa

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Notas

[1] Touraine, A. La transformacin de las metrpolis. Versin digital disponible en: http://www.carlosmanzano.net/articulos/Touraine02.htm

[2] Galbraith, J. La sociedad opulenta. (2008). Barcelona: Editorial Ariel.

[3] Zbigniew Brzezinsky, The Technetronic Society, en Encounter, Vol. XXX, No. 1 (enero de 1968).

[4] Eco, U. (1968) Para una guerrilla semiolgica. Artculo reproducido en el libro de Eco, La estrategia de la ilusin, Lumen/de la Flor, 1987. Barcelona.

[5] Goebbels, J. En un artculo publicado el 30 de abril de 1928 en Der Angriff, rgano de prensa del Nacional Socialismo.

[6] Crovi, Diana. Sociedad de la informacin y el conocimiento. Entre el optimismo y la desesperanza. UNAM. Mxico, 2002.

[7] Urresti, M. Ciberculturas juveniles. La Cruja Ediciones. Buenos Aires, 2008.

[8] UNESCO. Un solo mundo, voces mltiples. Comunicacin e informacin en nuestro tiempo. Fondo de Cultura Econmica. Mxico, 1993

[9] Murciano M. (2005) Nuevos conglomerados mediticos y libertad de expresin: grupos de comunicacin, democracia y poltica de comunicacin. En CICom: Comunicacin, democracia y ciudadana. Centro de Investigacin en Comunicacin, Escuela de Comunicacin, Universidad de Puerto Rico. Puerto Rico.

[10] Locco, N. En Sabina Finck: El dilema de la objetividad. Versin digital en: http://catedragauna.com.ar/el-dilema-de-la-objetividad/

[11] Camps, V. En Rodrguez, B.: Una informacin libre es tan necesaria como el agua o el aire para los seres vivos. Versin digital en: http://www.barahonainformativo.com/2012/01/una-informacion-libre-es-tan-necesaria.html

[12] Ramonet, I. Una reflexin sobre los medios y la democracia. Versin digital disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=118309



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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