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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2014

Cuando se aproxima el 40 aniversario de cada en combate del secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria
La primera entrevista de Miguel Enrquez

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


La primera entrevista de Miguel Enrquez como secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria - MIR - se public en Punto Final N 53, del 23 de abril de 1968. Es un documento histrico sobre una lnea de pensamiento revolucionario, coherente y audaz, que el joven dirigente cumplira hasta las ltimas consecuencias.

Cuando se aproxima el 40 aniversario de su cada en combate, Punto Final considera de gran inters reproducir esa entrevista. Se public bajo el ttulo Jefe del MIR saca la cara con una foto en portada del hasta entonces desconocido dirigente. Cabe agregar que en esa poca el gobierno democratacristiano del presidente Eduardo Frei Montalva impulsaba una poltica represiva que apuntaba al MIR, con el pretexto de combatir actos terroristas.

La entrevista permiti a Miguel Enrquez trazar una clara frontera entre terrorismo y revolucin. Sus conceptos permanecen vigentes y enriquecen el pensamiento revolucionario.

 

La represin policial de los presuntos actos de terrorismo apunta en especial contra el MIR. Esta organizacin, relativamente nueva, ha cobrado importancia a travs de focos de rebelda juvenil, y pas a un primer lugar en la Universidad de Concepcin, donde junto al Partido Socialista logr desalojar a la Democracia Cristiana de la Federacin de Estudiantes. A partir de ese instante, el MIR ha estado en forma permanente bajo el fuego propagandstico de la reaccin y ahora sus militantes son acosados por la polica. Se ha intentado pintarla como una organizacin terrorista y aparece evidente el propsito gubernamental de aplastar lo que estima un movimiento revolucionario en ciernes.

PF busc al mximo dirigente del MIR, a su secretario general, a fin de presentar el pensamiento autntico de esta organizacin que figura a diario, deformada, en las columnas de la prensa derechista. Hasta ahora, Miguel Enrquez Espinosa, secretario general del MIR, 24 aos, recin casado, prximo a recibirse de mdico, haba eludido toda publicidad personal. Fue elegido en un congreso celebrado en Santiago a fines del ao pasado. Era el jefe de la corriente joven de esa organizacin, que logr apreciable representacin en el nuevo comit central del MIR. Estudi medicina en la Universidad de Concepcin y pertenece a una familia en la que figuran varios polticos, como Humberto e Ins Enrquez, tos suyos, senador y diputada del Partido Radical, respectivamente. Su padre es mdico y profesor universitario. Ha hecho algunos viajes, por ejemplo a China Popular, Per, Cuba y Argentina. Fue dirigente de la Juventud Socialista en Concepcin y se margin en 1963: planteaba la radicalizacin de la campaa electoral del FRAP.

 

El siguiente es el dilogo de PF con el secretario general del MIR, Miguel Enrquez:

Qu participacin tiene el MIR en los atentados terroristas?

Ninguna. Sin embargo, nos gustara dar nuestra opinin. Se ha pretendido descalificar sin ms trmite al terrorismo. Nosotros sostenemos que es un arma susceptible de usarse en el combate social, pero subordinada a dos factores: a) ceida a una poltica revolucionaria, o sea, el terrorismo es repudiable segn sea la poltica que sirva. Nadie puede sino rechazar -por ejemplo- el asesinato de ms de dos mil personas, familiares o amigos de guerrilleros, por la organizacin terrorista de derecha MANO en Guatemala; y b) la etapa de la lucha en que se emplea el terrorismo: nadie se escandaliza, y por el contrario todo el mundo aplaude, las acciones terroristas del FLN sudvietnams contra la embajada de Estados Unidos en Saign o los casinos y hoteles de soldados yanquis. A ese nivel el terrorismo se presenta como un arma legtima de un pueblo que lucha por su liberacin desde hace ocho aos.

Considerando estos aspectos, puedo afirmar categricamente que el MIR no ha participado en los hechos que hoy sirven al gobierno para atacar a la Izquierda revolucionaria. Aunque algunos de esos actos tienen una orientacin poltica correcta, el mtodo no corresponde a la etapa que vive el movimiento revolucionario en Chile. Aunque est absolutamente clara nuestra lnea poltica y nuestra actitud frente a esta clase de terrorismo, el gobierno pretende complicarnos en forma maosa.

Por qu cree Ud. que se pretende implicar al MIR, siendo como es una organizacin poltica joven, sin prensa, parlamentarios, etc.?

Nos parece que el motivo es claro. El MIR ha sido elegido como cabeza de turco para llevar adelante una campaa de terrorismo ideolgico. Esa campaa se viene expresando a travs de la prisin de Carlos Altamirano, la sistemtica intimidacin del movimiento obrero, etc. Tiene como propsito golpear a los sectores ms avanzados de la Izquierda y encerrar a los trabajadores en los marcos del corral eleccionario de 1969-70. En una declaracin pblica que el MIR entreg el 8 de abril, dijimos que se intenta confundir a la opinin pblica al presentar como una misma cosa repudiable los conceptos de terrorismo, lucha armada e ideas revolucionarias. Se quiere legitimar nicamente todo lo que afirma al rgimen y la institucionalidad, esto es, dar patente exclusiva de validez al gastado juego poltico tradicional, obstaculizando el impetuoso desarrollo de la Izquierda revolucionaria. El MIR sostiene que la nica respuesta a esta maniobra poltico-policial es no retroceder ni andar dando todo tipo de explicaciones, sino, al contrario, proclamar el derecho a la existencia y desarrollo de las ideas revolucionarias y de sus organizaciones. A los pueblos les asiste el derecho legtimo de levantar la lucha armada como va para la conquista del poder.

Cul es el origen del MIR? Cules son las caractersticas de su militancia?

El MIR surgi en 1965 de la fusin de varias pequeas organizaciones de ex militantes socialistas, comunistas, trotskistas y pekinistas. En la actualidad, el MIR capta su militancia fundamentalmente en sectores sin pasado poltico. En 1965, era un reducido grupo intelectual-estudiantil cuyo trabajo esencial era la propaganda. Al ao siguiente ya se convirti en un vasto, aunque todava difuso, movimiento en escala nacional. Sin embargo, en 1967-68 ha llegado a ser una organizacin poltico-revolucionaria bien estructurada, slida, coherente y orgnica. Ha experimentado un vertiginoso desarrollo entre los estudiantes y pobladores. Su penetracin es creciente en el sector obrero y empieza a brotar con fuerza entre los campesinos. En algn sentido ha sido una verdadera sorpresa comprobar cmo son bien acogidos nuestros planteamientos entre los trabajadores del campo y la ciudad.

Cmo se justifica la presencia del MIR en un pas donde existen dos fuertes partidos de Izquierda, como el PC y el PS?

Yo dira que corresponde a una necesidad poltica de esta poca en toda Amrica Latina. La agudizacin de las relaciones agresivas del imperialismo yanqui con nuestro continente, y la impotencia de la Izquierda tradicional para responder a ese desafo, han hecho surgir toda una nueva Izquierda revolucionaria. Algunos ejemplos: el MIR, ELN y VR en Per; el MIR y las FAR en Venezuela; Accin Popular y Poltica Operaria en Brasil, etc. En Chile la Izquierda tradicional tampoco ha sido capaz de dar una salida revolucionaria a las aspiraciones de las masas. Prueba de ello es que despus de treinta aos y en oportunidades con cerca de la mitad del electorado de su parte, los obreros y campesinos chilenos siguen ms pobres y explotados que antes. Es indudable que no se perfila a partir de esos partidos polticos una salida categrica a esta situacin.

Hasta qu punto es cierta la crtica que se hace al MIR en el sentido que se trata de una organizacin de jvenes estudiantes y pequeo-burgueses?

La pregunta es adecuada, pero permtame contestarla en un plano terico si se quiere, luego histrico, y enseguida concreto. Estamos claros que la lucha revolucionaria se libra, por una parte, entre obreros y campesinos que enfrentan a la burguesa y el imperialismo. Pero no aceptamos que slo la clase obrera tenga un lugar en el combate social. En caso alguno. En un plano terico, por as decir, muy pocos marxistas deterministas siguen definiendo la clase social a partir del lugar que el individuo ocupa en la produccin. Ello, es sabido, slo define un conglomerado humano, no una clase. Ms bien hoy se sostiene, como lo dijo Marx, que el lugar que ocupa el individuo en la produccin es fundamental, pero lo que a partir de ella lo hace miembro de una clase social es su prctica poltica, o sea, el papel que juega el individuo en la lucha social. De all que en la revolucin tengan cabida por igual obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales. Esto sobre la base que ni el estudiante ni el intelectual constituyen clase social, y que slo tendrn un papel en el proceso revolucionario en la medida que se integren al combate que libran las clases motrices de la revolucin, obreros y campesinos, y tras los intereses de esas clases.

En un plano histrico: muchos revolucionarios de origen pequeo-burgus, o al menos no obrero ni campesino, han tenido destacada actuacin en las revoluciones socialistas: Lenin, Trotsky y casi toda la direccin bolchevique eran intelectuales y pequeo-burgueses. En la direccin de la revolucin china: Mao Tse-Tung provena de la pequea burguesa agraria y muchos de sus compaeros eran estudiantes, ex militares del ejrcito reaccionario, o an hijos de mandarines. En la revolucin cubana: Fidel Castro era hijo de un terrateniente, y casi toda la direccin era tambin de origen pequeo-burgus. Y por ltimo, el ms destacado y heroico de los lderes revolucionarios latinoamericanos, Ernesto Che Guevara, era mdico. El papel combatiente de los estudiantes en Amrica Latina, incluyendo Chile, nadie puede desconocerlo. La Izquierda tradicional slo puede echar en cara al MIR la juventud de sus dirigentes. Porque la mayora de la direccin de esos partidos es tambin pequeo-burguesa, aunque ms vieja que la nuestra. Contestando, ahora, la pregunta en lo concreto: de que somos jvenes, es un hecho, y corresponde a una realidad general en la Izquierda revolucionaria latinoamericana. En cuanto a nuestra extraccin social, tambin hay algo de cierto. El MIR naci hace tres aos, fundamentalmente en las universidades y parte de su actual direccin est integrada por dirigentes estudiantiles o que hasta hace poco lo fueron. Sin embargo, de hecho, desde 1966, viene cambiando progresivamente la composicin de clases en nuestra organizacin y hoy el panorama es distinto. Surgen cuadros obreros y de pobladores, como asimismo estamos actuando con relativa eficacia en el frente campesino.

Muchos hablan en Chile de hacer la revolucin, qu es lo que el MIR plantea? En qu se diferencia del FRAP?

Quisiera aprovechar de aclarar que nuestras diferencias con la Izquierda tradicional no estriban nicamente en la cuestin de los mtodos, o de las vas para la conquista del poder. Discrepamos tambin en los objetivos. La pregunta, entiendo, se orienta al carcter que el MIR cree que tomar la revolucin en Chile. Esto podra definirse por la realidad econmico-social del pas y por la conciencia poltica de las masas. Para nosotros, Chile es un pas semicolonial, atrasado y de desarrollo capitalista desigual que combina rasgos del sistema. Por ejemplo, hay un capitalismo urbano muy desarrollado -industrial y minero fundamentalmente-, y bastante atraso en el campo. Sostenemos que el poder en Chile lo detenta una alianza del imperialismo con la burguesa nativa. Ambos constituyen un complejo social y poltico indisoluble. De all que planteemos el carcter socialista de la revolucin chilena, esto es, antimperialista y anticapitalista a la vez. Creemos -y conviene recordar lo que al respecto ha dicho Fidel Castro-, que no hay cabida en una estrategia revolucionaria para alianzas con una presunta burguesa nacional y antimperialista, que por lo dems no existe en Chile. El Partido Comunista, en cambio, sostiene que existe en el pas un feudalismo agrario y una burguesa nacional y antimperialista susceptible de aliarse a obreros y campesinos. Pretende por ello imprimir a la revolucin un carcter nacional-antimperialista-antifeudal y popular. Bajo una supuesta direccin de la clase obrera se desarrollara el capitalismo nacional, es decir, habra que perfeccionar el rgimen para engendrar las fuerzas que lo abatirn. El MIR sostiene, en cambio, la necesidad de hacer aicos el rgimen y sentar de inmediato las bases para la construccin del socialismo. Para ellos, entonces, no debe lucharse directamente contra el capitalismo. Para nosotros, lo fundamental es empujar a la clase obrera de la ciudad y el campo. Los comunistas luchan por un gobierno popular y democrtico. Nosotros por un gobierno revolucionario de obreros y campesinos. Ellos por una reforma agraria, nosotros -como fue en Cuba- por una revolucin agraria anticapitalista. Ellos por una reforma universitaria, nosotros por una revolucin universitaria. De las concepciones que el PC tiene sobre el carcter de la revolucin en Chile, surgen las posibles alianzas con un Partido Radical o una Democracia Cristiana que podran traducirse en el plano electoral en la postulacin de un Baltra o un Tomic, y es aqu donde se comprende porqu el PC desarrolla toda su vida poltica sumido en la institucionalidad.

Sin embargo, es consenso poltico generalizado que en Chile existe un orden institucional democrtico. Cree Ud. posible el desarrollo de una revolucin armada en el pas?

En primer lugar, quienes sostienen esto -los partidos polticos conocidos- son justamente quienes usufructan y dependen de esta institucionalidad. Es ms, si entendemos que fueron las propias clases dominantes las que configuraron este rgimen institucional a su imagen y semejanza, justamente para mantenerse como tales, es evidente que ellas lo difundirn y sostendrn con todas sus fuerzas. Por dcadas la base social que sustenta a todos los partidos polticos, incluso los de Izquierda tradicional, est constituida por clases medias urbanas. La vida institucional y democrtica en este pas se desarrolla bajo la anuencia y presin poltica casi exclusiva de ellas, y ese sector social es justamente el que ms usufructa de esta muy relativa institucionalidad.

Es tambin difcil hablar de institucionalidad en Amrica Latina, continente en el que el imperialismo se muestra cada vez ms agresivo y dispuesto a romper las normas del juego cuando se le ocurra. Estados Unidos se arroga el derecho de invadir el pas que desee, cuando quiera. Por otra parte, la lucha armada es un sustrato permanente en la vida poltica continental, ya sea en la forma de golpes militares o de guerrillas revolucionarias. Hay quienes sostienen que Chile es una excepcin. Se equivocan. Por encima de la esencia del rgimen chileno, que es la utilizacin constante de la violencia reaccionaria, en este momento la institucionalidad est siendo cuestionada a cada instante, tanto por las clases dominantes como por los obreros y campesinos. El gobierno democratacristiano desarrolla una poltica cada vez ms represiva, cede cada vez ms al imperialismo en lo econmico, poltico y militar, cada vez muestra con mayor desenfado amenazante el poder castrense que lo respalda, cada vez se desarrollan ms los grupos ultraderechistas. Eso est sealando que la burguesa se aproxima al lmite de sus posibilidades de juego institucional y que est dispuesta a echar mano a toda clase de recursos para la defensa de sus intereses.

Desde otro ngulo: las masas comprenden que las vas legales les son cada vez ms estrechas. Las huelgas se alargan ms o se hacen ms difciles, se gana menos y es mayor la represin. Ha llegado a mirarse como rutina que un paro nacional tenga no menos de cinco o seis vctimas. Los obreros y campesinos estn siendo impelidos a romper el orden establecido. Aumentan las huelgas ilegales, las ocupaciones de tierras, fbricas y locales escolares, etc. As, pues, tambin las masas se encuentran sin salida, cada vez ms pobres, ms explotadas y reprimidas. Por eso ellas ven tambin limitadas sus posibilidades dentro del juego poltico tradicional. No otra explicacin tiene el crecimiento de la Izquierda revolucionaria en este pas. Sostenemos, y lo estamos palpando a cada instante, que al margen del intil y ya fracasado juego poltico tradicional, se desarrolla una corriente subterrnea entre obreros, campesinos e intelectuales, cuya esencia es la bsqueda de nuevos caminos que, rompiendo la institucionalidad, forjen modelos orgnicos y polticos necesarios para el inicio y desarrollo de una autntica revolucin en Chile. Slo a partir de ese punto podr plantearse una estrategia y tctica de lucha armada en nuestro pas.

Si es as, qu plantea el MIR frente al proceso electoral que se avecina?

Asistimos a un periodo de ajuste y reagrupacin de fuerzas, previo al proceso electoral 1969-70. Gran parte de los hechos polticos diarios encuentran all su explicacin. Primero que nada, en general, el MIR no cree en el camino electoral. Dar en ese plano las batallas polticas es darlas en territorio enemigo, es consumirse orgnica y polticamente en un camino infructuoso y ya fracasado, es afirmar la institucionalidad y es, por ltimo, domesticar a las masas, crendoles falsas ilusiones y ensendoles a esperar todo de una ley y un orden que, en realidad, aseguran su explotacin. Ms an, por encima de los principios, creemos que a raz de la crisis econmica del pas, expresada tambin en una inflacin galopante que para obreros y campesinos no constituye simple argumento poltico-tcnico, sino que se traduce en cuestiones de realidad vital como hambre, enfermedad, cesanta, fro, etc., sumado todo esto a las frustraciones electorales recientes y al fracaso de algunas ftiles luchas reivindicativas que se desarrollaron siempre en el terreno legal, se est operando un cuadro nuevo en la conciencia poltica. Se trata de un proceso de radicalizacin que cuestiona los mtodos y los objetivos de lucha tradicionales y que se traduce en escepticismo y desesperanza en el camino electoral. Los partidos polticos viven en otro mundo, influidos por el cabildeo del Congreso Nacional y por grupos profesionalizados en politiquera y parlamentarismo. Por eso, ahora estn embarcados en preparar una estrategia electoral para 1969-70. Necesariamente, para ingresar a la rueda del circo electoral, los partidos de Izquierda retroceden desde posiciones ms radicales que levantan en periodos alejados de las elecciones. As vemos la aprobacin que dio el PC al proyecto de reajustes del gobierno, la discusin que se abre acerca de una futura colaboracin de clases que lleve a la Presidencia a un Baltra o a un Tomic a la cabeza de un paquete pluripartidista heterogneo. Todos los partidos, incluyendo al Demcrata Cristiano, ajustan sus monturas para el galope electoral, y se cargan a la derecha. Ese proceso de derechizacin de los partidos est en contradiccin con el inadvertido proceso en sentido contrario que desarrollan las masas. Los partidos polticos tradicionales, especialmente los de Izquierda, quieren resolver esta contradiccin canalizando la izquierdizacin masiva de los trabajadores por el atajo electoral.

Creemos que lo conseguirn, pero slo parcialmente; las masas evidentemente votarn pero ya no con la fe y el sentido que le dieron a la eleccin de 1964, donde sumidas en una vorgine electoral creyeron estar transformando el rgimen. Ahora votarn por un gobierno que lo haga menos mal que el actual. Slo esperan algunas reformas, algunas leves mejoras que siquiera alivien la catica situacin nacional.

Estas caractersticas, ms el fracaso del FRAP para constituirse en alternativa del derrumbe democratacristiano, han dejado un enorme vaco en el plano poltico. Esto posibilita an ms el desarrollo de una Izquierda revolucionaria y abre una perspectiva cierta de configurar una nueva alternativa poltico-revolucionaria a fin de sentar las bases y emprender definitivamente una va revolucionaria para la conquista del poder.

La muerte del comandante Che Guevara y el fracaso inicial de las guerrillas bolivianas ha sellado, segn muchos, la suerte del camino guerrillero en Amrica Latina. Qu opina Ud. de ese planteamiento?

Por razones obvias, slo podr contestar limitadamente. La guerra de guerrillas como mtodo de lucha slo podr ser dejada de lado si se cuestionan vlidamente algunas de sus premisas fundamentales: 1) la necesidad poltica de la lucha por el poder; 2) la lucha armada como va para la conquista del poder; y 3) la correlacin de fuerzas entre el movimiento revolucionario y el imperialismo y la burguesa que, en definitiva, imponen la forma de la guerra revolucionaria. Como nada de esto est cuestionado, creemos que la lucha guerrillera muy por el contrario de haber fracasado, permanece vigente para todo el continente latinoamericano. Naturalmente no soy yo el indicado para formular una crtica idnea a las estrategias y tcticas de los distintos movimientos revolucionarios de Amrica Latina. Pero s puedo decir, en general, que la guerra de guerrillas de por s no es una frmula mgica que opere al margen de las condiciones histricas y sociales. Ella debe adecuarse a condiciones que son muy peculiares en cada pas.

Hablando de Chile, todo el que se plantee una forma de lucha armada guerrillera como estrategia fundamental, debera considerar, segn creo: a) la necesidad de una organizacin poltica previa que permita realizar un trabajo ideolgico que homogenice un pensamiento coherente, y logre la adecuada colaboracin y coordinacin entre revolucionarios; b) para bien o para mal, Chile no es Bolivia ni Ecuador. Cuenta con 30 aos de vida poltica muy desarrollada, una Izquierda tradicional poderosa, un elevado nivel de organizacin y conciencia de las masas, de lo cual se desprende la importancia que tomarn en Chile, antes y durante el proceso revolucionario, las ideas polticas claramente expresadas, la propaganda y la agitacin; c) es necesario tambin considerar como fundamental la creacin de cordones umbilicales orgnicos con obreros y campesinos, que permitan desarrollar una mediana influencia en las masas. No se trata, desde luego, de diluirse en los ocho millones de habitantes, sino de penetrar planificadamente en determinados frentes de masas, en las zonas rurales, en las organizaciones de pobladores y estudiantes, y en ciertas reas industriales y mineras; d) el inicio de una tal lucha armada debera corresponder a la situacin poltica dada del pas en el momento adecuado, desarrollndose paralela y vibrando con ella; e) en el plano guerrillero propiamente tal, deber ser probablemente rural pero desde el punto de vista tctico con gran desarrollo de la lucha en las ciudades; f) tendr que actuar en correspondencia con todo el proceso revolucionario latinoamericano, o sea, como postulaba el Che, ser continental.

A pesar de esta formulacin general, tenemos muy claro el drama que hoy vive la Izquierda revolucionaria en general, el drama de la formulacin de lneas programticas y estratgicas adecuadas, que en algunas ocasiones han estado desprovistas de una traduccin concreta y tctica en lo inmediato. Eso es lo que a sectores desorientados los arroja al terrorismo, al sectarismo y a la atomizacin. Creemos que el MIR est haciendo una experiencia valiosa. En medida importante ha roto ese crculo vicioso y vive al margen del conventilleo poltico que en el pasado hizo inocuos los intentos de agrupar a los sectores revolucionarios. El MIR se perfila como un polo sano de reagrupacin de fuerzas y ya ha dado los primeros pasos, que posibilitarn una revolucin en la que todos los verdaderos revolucionarios tendrn cabida.

 

 

 

 

Re-Publicada en Punto Final, edicin N 811, 22 de agosto, 2014

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