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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-08-2014

Ahora. Sin pretextos

Julio Anguita
Rebelin


La Historia es fecunda en momentos en los que un pueblo, un grupo humano o una personalidad, han tenido en sus manos la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos o de profundizar con xito en lo que su esfuerzo, aunado con el azar de la coyuntura histrica, le ha ofrecido. Pero tambin son numerosas las veces que la indecisin, hija de tantos padres, ha abortado la culminacin de la empresa con la que los dioses se han visto obligados a recompensar la lucha, la constancia, el sacrificio y la sed de justicia de tantos y tantas.

Anbal, vencedor de los romanos en Cannas (216 a.C.), tuvo la posibilidad de entrar en Roma que, apenas sin defensas, hubiese sido para el cartagins la prenda de su victoria definitiva en la guerra y un cambio total en el decurso histrico. El propio Tito Livio (59 a.C.-13 d.C.), historiador romano, reconoci que la indecisin del general victorioso, y su renuncia consiguiente a coronar su xito, significaron una ocasin perdida. Aos despus, rehechos los ejrcitos romanos, Escipin el Africano infringi a Anbal en Zama (202 a. C.), la derrota que puso fin a la segunda guerra pnica y con ello al poder de Cartago.

Constituye objeto de reflexin entre historiadores conocer y explicar las razones que llenaron de dudas al cartagins y le produjeron la consiguiente indecisin que al final supuso su derrota. No es descabellado suponer que se sinti preso de lo que hoy en da denominamos miedo escnico. Roma, la odiada y vencida Roma, estaba ah, a un paso. Sin embargo, el odio haba magnificado al adversario hasta los lmites del respeto supersticioso. No poda ser posible que la realidad coincidiese con los deseos tan largamente alimentados por su padre, Amlcar. Le falt ese punto de osada genial que siglo y medio despus exhibiera Julio Csar al decidirse a pasar el Rubicn.

La indecisin es un estado de padecimiento mental en el que los sentimientos, las dudas y las razones estn fuertemente confrontados entre s. Y ello, que constituye una experiencia dolorosa cuando el conflicto se circunscribe a lo estrictamente personal, se convierte en tragedia social si la indecisin afecta a fuerzas sociales y polticas a quienes los acontecimientos que por otra parte ellos han protagonizado, les otorgan la capacidad de explotar un triunfo. En ste ltimo caso, el de la indecisin ante la asuncin de las consecuencias de la propia obra, son dos las razones que, a mi juicio, los protagonistas deben considerar para acabar con la parlisis y la frustracin derivada de ella. La primera no es otra que la conciencia de los sufrimientos, esfuerzos, luchas y anhelos de aquellos y aquellas que desde distintas opciones y visiones han originado la situacin presente. Y la otra consiste en tener en cuenta la causa comn. Una causa que desde instancias plurales y varias no es otra que el acabar con un estado de cosas injusto e hiriente y, adems, tomar el protagonismo en el diseo, aplicacin y desarrollo de una realidad alternativa.

Pudiera ser que la supuesta indecisin no fuera tal y la situacin de aparente inaccin obedeciera a clculos sobre las posibilidades de acceder en solitario a una parcela de representacin en los escenarios y mbitos del hasta ayer adversario. En tal caso no estn de ms las palabras de Cervantes por boca del ms universal de sus personajes. Dice D. Quijote:

Hoy es el da ms hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstculos ms grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo ms fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa ms fcil, equivocarnos; la ms destructiva, la mentira y el egosmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos ms peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones ms gratas, la buena conciencia y el esfuerzo para ser mejores en ser perfectos; y sobre todo la disposicin para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estn.

 

Las elecciones del pasado 25 de Mayo han visualizado un hipottico y posible escenario poltico y social tenido por casi imposible hasta ahora, la fuerte prdida de votos del bipartidismo. Recordemos la subida de IU, la consecucin de escao por parte de Primavera Europea (Equo, Comproms, Chunta Aragonesista y otros) y la irrupcin fulgurante de Podemos. Las alarmas se encendieron ya que la traslacin de esos resultados a unas elecciones generales, dibujaba el declive del sistema poltico de la segunda Restauracin Borbnica, la Transicin. Porque, adems, aquellos resultados venan precedidos por una serie de movilizaciones sociales y manifestaciones polticas de carcter alternativo y novedoso. Por primera vez las urnas empezaban a adecuarse a la calle. La lucha poltica y social de una parte de la izquierda institucional se vio dimensionada a otros mbitos de actitud crtica y analtica ejercidos bsicamente en la cotidianeidad social. El 15-M, las Mareas, la Plataforma contra los desahucios, las acciones de los perjudicados por los fraudes bancarios, las marchas y campamentos por la dignidad, los permanentes posicionamientos de las organizaciones ecologistas contra las polticas de agresin al medio ambiente y la atmsfera de crispacin ciudadana ante tanta corrupcin, tuvieron su corolario en la jornada del 22-M. Una ocasin memorable que no slo demostr la capacidad de autoorganizacin de la ciudadana sino que mostr su voluntad de volver a hacerlo con mayor fuerza, organizacin y alcance logstico.

Desvincular lo anterior de los resultados electorales constituira una gravsima equivocacin que tirara por la borda tantas luchas y tantos sacrificios personales y colectivos. El conjunto social que poco a poco se ha ido concretando como base de su constitucin en contrapoder de la mayora, no puede autoamputarse de uno de sus dos instrumentos de avance en la construccin de la alternativa: la lucha social y la poltica; Y ambas con la mayor unidad posible. Lo contrario sera suicida.

A los tres meses de aquellas elecciones sus resultados y sobre todo sus enseanzas, parecen olvidados. Tanto por unos como por otros. La incesante lista de casos de una corrupcin que es la esencia del sistema, las vsperas electorales con sus nervios y prdida de capacidad analtica junto con la campaa contra Podemos en particular y contra los portadores de propuestas alternativas en general, como IU y otros, estn generando una atmsfera de olvido. Y peor que eso, la prdida de referencias y memoria. Pero volvamos al 25 de Mayo.

El bipartidismo es muchsimo ms que el ejercicio del poder institucional por el PP, el PSOE y los apoyos, cuando interesan, de las fuerzas conservadoras nacionalistas. El bipartidismo es, esencialmente, el mecanismo poltico a travs del cual el Poder ejerce su hegemona. Dentro del espacio constituido por los intereses de ese Poder, estn permitidos los debates, las confrontaciones partidarias, las declaraciones acres de unos contra otros y las especulaciones permanentes sobre cul de los dos pilares del sistema va a ganar las prximas elecciones. Todo est permitido menos un par de cosas. La una es el cuestionamiento de los fundamentos del sistema. Es el caso de la llamada poltica de Estado: OTAN, UE. Troika, Reformas laborales, fiscalidad regresiva, inaccin contra una corrupcin de la que se participa o, sin ir ms lejos, la reforma del artculo 135 de la Constitucin; y as un largo etc. La otra prohibicin estriba en que no haya otra fuerza poltica que aparezca como tercer sujeto poltico en igualdad con los otros dos. Y muchsimo menos si ese tercero o cuarto aparecen como alternativa parcial o total al sistema. La jaura meditica ser implacable. Todo vale.

Por eso constituye un error seguir planteando desde la izquierda alianzas estratgicas con uno de los componentes del bipartidismo, el PSOE; es pedir peras al olmo. Otra cosa son las coyunturas tcticas inmediatas y en cuestiones locales o generales que no afecten al ncleo duro del sistema o expliciten las diferencias y pugnas entre los miembros del bipartito y en las cuales, la eleccin de alcaldes por ejemplo, se debe participar para avanzar y ganar posiciones sociales y polticas. Quiero decir que intentar construir una alternativa al sistema teniendo como socio a un integrante del bipartito, no slo es un error sino un caso de miopa culpable.

Como dije anteriormente las movilizaciones y posteriores elecciones europeas demostraron que el bipartidismo poda ser derrotado. Poda, pero nada ms, Se abra una brecha en el muro otrora inaccesible e inexpugnable. El problema para la Alternativa es entrar, sustituir y ejercer con la mayora ciudadana el protagonismo en el cambio. El bipartidismo sigue estando fuerte, el Poder ya ha diseado, con la abdicacin de Juan Carlos, una nueva reedicin del pacto constitucional que intente protagonizar los siguientes decenios de la vida econmica, social, poltica y cultural espaola.. El Gobierno goza de los apoyos del Poder y se beneficia tambin de la entente con la otra columna poltica del sistema en las ya comentadas polticas de Estado. Puede rehacerse. Sin embargo carece de tres soportes fundamentales: credibilidad, legitimidad de ejercicio y tiempo. Sin embargo ste ltimo soporte puede recuperarlo en la medida en que [email protected] lo dilapidemos y no sepamos explotar el factor sorpresa. No obstante alguien puede preguntar: A quin te refieres cuando dices [email protected]?

[email protected] somos [email protected] que priorizamos la aplicacin de los DDHH por encima de cualquier otra consideracin econmica, social o poltica. Y junto a esos derechos priorizamos tambin los del planeta Tierra. [email protected] somos [email protected] que nos consideramos [email protected] y [email protected] de tanta corrupcin y de tanta injusticia social. [email protected] somos quienes estamos en permanente actitud de sumar fuerzas, aunar proyectos, coordinar luchas y sobre todo, [email protected] somos [email protected] que trabajamos para que la mayora social se erija en contrapoder democrtico. Y si alguien demanda una visualizacin de siglas y nombres, [email protected] somos, por una parte, los que dialogamos sobre el Qu hacer? en Crdoba los das 7 y 8 de Marzo de este ao: ATTAC, Equo Frente Cvico, IU, Podemos y Stop Deshaucios. Particularmente tambin considero de [email protected] a las otras organizaciones, colectivos, plataformas y fuerzas sociales o polticas que, teniendo una ejecutoria de lucha, decidan dar el paso para constituirse en referente colectivo de la Alternativa. Y entre ellas, de manera destacada, a las que me he referido ms arriba como confluyentes en el 22-M.

El Poder y su manifestacin poltica, el bipartidismo, tienen un discurso con el que golpean una y otra vez a la opinin pblica: Europa, la crisis, los mercados, la recuperacin y el empleo, la primaca de lo privado sobre lo pblico, el orden democrtico, etc. Bien es verdad que su discurso ms rotundo lo constituyen los hechos consumados. Y si hay alguna distona entre ellos, no es otra que el silencio sobre las corrupciones propias y la denuncia de las del otro u otros integrantes del sistema.

La historia nos ensea que en las confrontaciones sociales y polticas con voluntad de dirimir y superar una situacin, la confrontacin es total, a todos los niveles. Y si el adversario tiene un discurso, [email protected] debemos oponerle otro. Si el adversario se refugia en las leyes indiscutibles de la economa, [email protected] debemos ofrecer otra alternativa econmica que palie y acabe con los destrozos de la economa oficial. Si ellos se refugian en los resultados electorales, [email protected] debemos aglutinar a la mayora social para que ella dirima el conflicto. Todo ello, claro est, si [email protected] al sentirnos integrantes de esa mayora queremos verla constituida en contrapoder.

Es urgente que [email protected] nos sintamos ligados por algo ms que las coincidencias en calles, concentraciones, protestas y acciones varias. Todo ese mundo, plural, vario y a veces disperso que somos, no puede seguir apareciendo como el catalizador del inconformismo y la accin cvica subsiguiente. Seguramente nos ganaremos simpatas, apoyos morales y complicidades. Pero se trata de superar eso transformndolo en adhesiones comprometidas con una propuesta que oponer al discurso oficial.

Creo que ha llegado el momento de que esa fuerza a la que he denominado [email protected] se reconozca y la reconozcan por algo ms que la unin de los disconformes. Nos falta una propuesta que, a mi juicio, se compone de tres partes: programa, discurso y lenguaje didctico. S, porque es evidente que cada organizacin de todas las que nos vemos en las movilizaciones tiene propuestas, programas y discurso. La cuestin estriba en que cada uno de ellos se subsuma en uno comn que sea la identificacin del [email protected] ms all de la protesta. Un programa comn que para nada suprima, margine u olvide al de cada uno. Un programa, mnimo comn que la opinin pblica comience a reconocer como la contrapropuesta capaz de aglutinar a la mayora. Imaginemos que cada organizacin es capaz de compartir con las dems una partitura, una meloda. Esa partitura sonar, nica, aunque interpretada por cada instrumento. Unidad y pluralidad.

Conozco muchas de nuestras propuestas y he llegado a la conclusin de que sera muy fcil elaborar 10, 15 20 puntos comunes que abordando las necesidades perentorias de la mayora, concitase en torno a ellos las adhesiones e incorporaciones para construir una identidad que oponer al discurso oficial. Propuestas de aplicacin inmediata, posible, generadoras de la necesidad evidente de otros pasos y otras medidas en el proceso de ir construyendo la Alternativa. Cada fuerza o colectivo podra exponer o defender sus propuestas pero priorizando la propuesta que constituye la identidad compartida. Se trata, en definitiva, de tener claro que un programa es mucho ms que un listado de deseos.

En situaciones como sta la importancia del programa comn no puede hacer olvidar la necesidad de un discurso tambin comn. Un discurso que para que sea fcilmente compartido debe ceirse a las cuestiones ticas y morales que estn pidiendo solucin. El discurso de la ejemplaridad, la persecucin implacable de la corrupcin y de las prcticas atentatorias contra el erario pblico y las nuevas formas de hacer poltica forman parte de un discurso y de unas medidas que deben conformar el conjunto de valores de la mayora, tanto en el poder como en la oposicin. Y digo poder porque en mi universo mental no cabe la demanda de votos o apoyos para que alguien gire a la izquierda o a los cambios sociales; esa poca por suerte ya acab. Ahora se trata del poder para ejercerlo con la mayora.

Y queda una ltima cuestin que no por ello es la menos importante. Muchas veces el lenguaje de consignas, quejas y agravios hace perder, por su agresividad y formulacin esquemtica, el inters, la curiosidad o la comprensin. La comunicacin es extraordinariamente importante. Se trata de persuadir, convencer, explicar y hacer lo aparentemente difcil, cercano, accesible, compartido. Esta fase de la lucha debe significarse por la preeminencia de las razones que conduzcan a que la mayora se constituya como tal.

Significa todo lo anterior que estoy proponiendo una candidatura electoral nica? En el momento en que escribo estas lneas no lo veo probable. Otra cosa son los deseos y las esperanzas. Sin embargo, la ausencia, por ahora, de esa fase de conjuncin electoral, no es bice para la defensa comn del discurso comn en momentos puntuales, el que haya varias candidaturas; cada una de ellas puede presentarse como garanta de que el programa se va a aplicar (adems de los puntos especficos de cada uno) y de que se seguir trabajando por la unidad a mayores niveles. Pudiera ser que ante la inmediatez de unas prximas elecciones parte del [email protected] se organice entre s y con amplia participacin ciudadana con el objetivo de acceder a las instituciones para demostrar que hay otras formas de hacer poltica. Bienvenidas sean esas experiencias inmediatas. Sin embargo no conviene olvidar, para el futuro, la meta de conseguir una fuerza social cohesionada sin detrimento de su pluralidad.

A esa tarea debemos dedicar todos nuestros esfuerzos; la ocasin es propicia. La lucha debe continuar y as desembocar en otro 22-M, tambin pacfico, con otros objetivos y otra estrategia que conduzca al cambio radical: social, poltico y de valores.

[email protected] que no participaremos en procesos electorales, por decisin firme del Frente Cvico, seguiremos trabajando por esa unidad y las formas en que social y polticamente se manifieste. Desde esa opcin hacemos un llamamiento para que lo que han representado el 22 de Marzo y el 25 de Mayo no sea flor de un da y pase a ser un dato ms en la larga lista de las ocasiones perdidas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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