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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2014

La cultura de la violacin

Concha Solano
Rebelin


Volva del trabajo a casa. La misma ruta de siempre, con mi bicicleta. Circulaba por el carril bici por una avenida donde se encuentra ubicada parte de la Universidad de Valencia. Con eso quiero decir que en el mes de agosto est poco o nada transitada. Era uno de esos das y a las tres y poco del medioda no haba ni un alma. Iba con mi bicicleta pensando en mis cosas cuando giro la vista y observo junto a un coche a un hombre que tena la bragueta bajada y se masturbaba vidamente mientras me miraba pasar. Algo en m brot, una rabia visceral como nunca se haba manifestado en situaciones similares, que no han sido pocas. Mi reaccin tambin aument si la comparo con otras respuestas que he tenido ante el mismo hecho. Ayer haba algo ms. Fren mi bicicleta en seco, tanto que casi me caigo de morros ya que la parte trasera se levant por encima de mi. Me dirig hacia l, lo mir a la cara y comenc a gritar socorro como si ese acoso, ese abuso sexual fuera una agresin, una violacin. Y es que lo era. En ese preciso instante me estaban violando a m y todas nosotras, otra vez, tantas veces. Todos los das nos violis a todas y cada una de nosotras continua e incesantemente, cuando nos miris lascivamente, cuando nos lanzis improperios mal llamados piropos cada vez que ocupamos el espacio pblico y os viene en gana, cuando os masturbis a nuestra costa en plena calle. que para eso es vuestra y para eso estamos nosotras all, para ser violentadas de una manera u otra, adems de un largo etctera de situaciones que soportamos da a da sin nuestro consentimiento, porque s, porque vosotros tenis esas y otras prerrogativas sobre nosotras. Tanto es as que lo veis, se ve como natural y todo. Segu gritando y al ver que no haba nadie ni nadie poda orme salvo l, que enfund su armamento en la bragueta y l en su coche, supongo que sorprendido por mi "desproporcionada reaccin" ante un hecho tan cotidiano, le volv a mirar, esta vez a los ojos, y con toda mi ira le advert, "la prxima vez te corto la polla, cabrn".

Y es que este da ha sido un da duro para todas nosotras, como si algo que hasta ahora haba estado velado y que todas intuamos se hubiera manifestado de repente, aunque es cierto que con previo aviso, la crnica de una muerte anunciada. Ya llevan tiempo advirtindonos del espejismo de la igualdad, nos quieren hacer creer con sus acciones y leyes que nuestros cuerpos no nos pertenecen , que estn decididos a disciplinarnos a toda costa. Ejemplos no faltan, contrarreforma de la ley del aborto, ordenanzas municipales que regulan los cuerpos de las mujeres en el espacio pblico cuando hay "apariencia de prostitucin". Hemos recibido todas una noticia que nos ha dejado en estado de shock, un varapalo que va a hacer historia y estoy segura que habr un antes y un despus. Ha sido la gota que ha colmado el vaso. Hoy sabemos que estamos fuera, que el sistema heteropatriarcal y sus instituciones tienen la intencin de proteger y perpetuar esta cultura de la violacin. Hoy tenemos la amarga certeza de que estamos solas en esta guerra, que no hay aliados posibles y que solo nos tenemos a nosotras mismas.

El mircoles la jueza titular del Juzgado nmero 2 de Mlaga archiv el caso de una denuncia interpuesta por una mujer por una violacin mltiple, cinco contra una porque, segn sus propias declaraciones "las pruebas practicadas y las declaraciones tomadas no demuestran que haya delito". No s muy bien de cuales de los delitos que yo identifico en este caso habla la seora jueza, si de la agresin sexual, el robo con intimidacin o por filmar la agresin. Este caso nos muestra que no estamos tan lejos de la tan ejemplarizante sentencia de la minifalda, aunque quizs ya nos hemos pasado tres pueblos y que el mensaje viene a ser el mismo. El discurso que subyace es idntico, las mujeres no debemos andar solas por las calles y mucho menos por la noche porque esto supone una provocacin que justifica que seamos violadas, por transgredir la norma, por no quedarnos en casa como deben hacer las buenas mujeres, pero no solas, o salir sin un hombre que nos proteja. Nos est diciendo que nosotras somos las responsables de ser violadas, que si se nos ocurre denunciar los hechos seremos condenadas culpables por promiscuas, por no seguir las recomendaciones del ministerio del interior para evitar ser violadas, como evitar el contacto con desconocidos, no ir sola por la calle, sobre todo por la noche, tambin nos conmina a entablar conversacin con el agresor con el objeto de disuadirle, o sea, ser amable, aunque eso luego se vuelva en nuestra contra, como ha ocurrido en este y otros muchos casos, en los que se alega que no se ha opuesto la debida resistencia, o evitar subir en un ascensor con un extrao, no sabemos bien el motivo, si para protegernos a nosotras mismas o al pobre hombre que, encerrado en un ascensor con una extraa peligrosa, se expone a que haya " una chica con ganas de buscarte las vueltas, se arranque el sujetador o la falda y al salir del mismo grite que la han intentado agredir segn palabras del alcalde de Valladolid, el seor Francisco Javier Len de la Riva. Esta paranoia se hace extensible incluso a nuestro domicilio privado, a nuestra casa, que en el caso de vivir sola, algo que por lo visto tambin es peligroso segn este protocolo, nos advierte de la necesidad de no poner nuestro nombre de pila en el buzn, correr las cortinas para evitar miradas indiscretas o encender las luces de diferentes estancias para que los violadores en potencia supongan que no estamos solas. Esta ltima advertencia es especialmente curiosa si se tiene en cuenta que las estadsticas muestran y demuestran todo lo contrario, que el peligro muchas de las veces est dentro, no fuera y que la mayor parte de las violaciones se producen en el propio domicilio de la vctima, no en polgonos industriales. Nos est diciendo que si estamos solas somos vulnerables. Volvemos al cuento del lobo y la nia, al hombre del saco. Me pregunto si este protocolo estar elaborado por hombres, por mujeres, por ambos y en qu porcentaje y apostara a que han sido hombres, todos o en su mayora. Nada dice de estrategias o tcnicas de autodefensa, prefiere recluirnos en casa y no solas.

Y es que estamos inmersas en una cultura que promueve la violacin de las mujeres, que nos ensea a nosotras a protegernos para no ser violadas pero que ensea promueve e incentiva con todos los medios a su alcance que los hombres puedan violarnos. Todo un entramado minuciosamente articulado se encarga de estructurar este discurso, desde las declaraciones de polticos, las leyes, la administracin de justicia, el cine, la televisin, la publicidad, la literatura, las discogrficas o los medios.

El papel de los medios tambin ha contribuido a legitimar esta cultura de la violacin. El tratamiento de esta noticia me duele y son muchos los interrogantes que se agolpan en mi mente y en mis vsceras. Nada de lo ledo me cuadra, los datos que nos muestran son contradictorios, pero hay cosas que no puedo llegar a comprender.

Supongamos que soy yo, como podra ser cualquier otra la que est trabajando en una caseta de feria. Supongamos que vienen cinco clientes y que, segn algunos testigos "soy amable con ellos" (entiendo que es lo que se pretende de alguien que trabaja cara al pblico). Supongamos que despus de mi jornada laboral sigo con ellos charlando y tomando algo. Vayamos ms all. Supongamos que la fiesta se alarga hasta la madrugada, que me pongo cachonda y les invito o acepto que vayamos al polgono industrial a seguir la fiesta, desoyendo, claro est, la instruccin del ministerio del interior de no hablar con extraos. Supongamos que consiento todo el rato, supongamos que consiento tener sexo con dos de ellos como ha afirmado el que dice que le rob el mvil y el bolso. Supongamos que consiento que me filmen para que luego puedan utilizar esa filmacin para cualquier fin que se les ocurra. Supongamos que consiento que me roben el bolso y el mvil. Supongamos que en un momento determinado de la noche digo NO, es decir, dejo de consentir. Supongamos que ellos se molestan y que encima me roban, como ha declarado uno de los chicos "robaron el bolso y mvil de la chica al disgustarse con ella porque slo quera mantener relaciones con los otros dos".

Me aterra la idea de que la propia filmacin de esta historia fuera utilizada como prueba de la defensa. Me pregunto si se film con el consentimiento de ella y con qu objeto lo estaban filmando. Y tambin me pregunto si, segn se ha dicho, se trataba de dos videos de menos de un minuto, cmo la seora jueza puede concluir que de ellos "no puede derivarse ningn indicio de acusacin debido a que no se muestra ningn tipo de forcejeo por parte de ella", como si tuviramos que estar forcejeando todo el rato para poder demostrar que la agresin no es consentida. Tambin me sorprende que se tenga en cuenta las declaraciones de testigos que afirman que ella estuvo con ellos tomando algo, como si eso probara que posteriormente ella no fue violada. Bajo mi punto de vista, si todo esto es cierto, el mensaje implcito es que eso es lo que ocurre si damos signos de promiscuidad, el mismo tratamiento y el mismo mensaje que encontramos en los casos de agresiones sexuales o asesinatos de trabajadoras sexuales.

Otro aspecto que me ha llamado la atencin es el tema del informe del forense y las contradicciones a la hora de dar la noticia. El pas el 18 de agosto deca que "los mdicos certificaron la violacin", mientras que el 20 de agosto el mismo diario dice que "la causa incluye un informe mdico forense que descarta la violacin" cuya fuente, en este caso, es el letrado de la defensa. Segn otras fuentes," la mujer fue examinada en el hospital por un mdico forense, que confirmaba que la joven sufra un desgarro vaginal y que la agresin sexual haba sido consumada".

La cuestin es que se le ha dado la vuelta a la tortilla y ahora es ella la culpable ya que el hecho de que la seora jueza archive la causa por falta de pruebas contundentes se ha interpretado como que la denuncia es falsa. Y as, los pobres muchachos que, segn sus propias declaraciones se encuentran destrozados por todo lo que ha ocurrido y aseguran que han recibido "maltrato psicolgico" o "amenazas por parte de la polica", que les han querido   "destrozar la vida", "que "tienen miedo y vergenza de salir a la calle", que "n o hay derecho, hay justicia para la mujer y tambin tiene que haberla para el hombre". Este estado de nimo se muestra claramente en la fotografa en la que aparecen tres de ellos sonrientes y en actitud de victoria, uno de ellos con los brazos extendidos o en los vitoreos y vivas que recibieron al salir del juzgado. Tanto es as que estn pensando en emprender acciones legales contra ella.

Todo este asunto me ha provocado un gran malestar. Opino que es necesario que digamos basta y seamos intransigentes ante cualquier forma de abuso de poder por parte sistema heteropatriarcal. Construir, tanto individual como colectivamente mecanismos de ataque y defensa desde todos los mbitos de nuestras vidas, en las relaciones afectivas, sociales o amistosas, en casa, en el trabajo, en la calle, en tu cama o en un polgono industrial. Se trata, bajo mi punto de vista, de ocupar el espacio y los espacios que nos corresponden, el primero de ellos nuestro cuerpo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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