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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2014

Tres tesis sobre las coyunturas actuales de la competencia imperialista
Crisis e imperialismo

Wolfgang Mhl
Gegenstandpunkt



1. El negocio capitalista mundial despus de seis aos y medio de crisis financiera

Es que cierto logro no se les puede impugnar a las potencias econmicas mundiales, los EE UU y la UE: generando y concediendo crdito por decisin soberana en cantidades ilimitadas han conseguido detener la desvalorizacin de deudas bancarias y de sus propias deudas soberanas, rescatar su solvencia y la de su economa, y apoderar a la banca a retomar sus actividades especulativas. Han puesto en circulacin una masa inmensa de recursos lquidos que ni se derivan de una acumulacin de capital, ni se emplean para crear un crecimiento sostenido; recursos que por lo tanto no estn ni pueden ser justificados econmicamente, que no representan ms que simples dficits pblicos y que tienen su valor nicamente por disposicin estatal. Con tal empleo de su fuerza, las grandes potencias capitalistas sostienen la economa mundial: financian por decreto la marcha del capitalismo mundial.

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En el sptimo ao de la gran crisis financiera vuelven a escucharse noticias prometedoras: los centros de la economa mundial, los EE UU y la UE aqu incluso los ms dbiles de los pases del euro, por fin vuelven a registrar cierto crecimiento econmico. Y la crisis de la deuda soberana europea tambin parece superada: hasta Grecia consigue vender en el mercado bonos a intereses aceptables. El mismo peso como las buenas noticias, no obstante, lo tienen las reservas que acompaan todos los xitos comunicados. En el centro de las reflexiones crticas figura el reparo de que todos los avances positivos se deben nicamente a los bancos centrales en EE UU, Europa y Japn con su poltica del dinero barato, emitido en abundancia y prcticamente sin intereses. As que se considera bueno que los ttulos recientemente an calificados de bonos basura vuelvan a despertar el inters de los especuladores. Pero la nica razn para ello es la abundancia de dinero barato que no encuentra mejores alternativas de inversin; y las que se aprovechan solo se califican de buenas porque el Federal Reserve compra enormes cantidades de bonos del estado, y porque el Banco Central Europeo a su vez reconoce todos los bonos del Tesoro en euros como vlidas garantas y promete comprarlos en cantidades ilimitadas; y esto es a su vez malo. Positivas salen las noticias que emiten los mercados de valores donde las cotizaciones van a la alza, indicando crecimiento; el hecho de que lo hagan solo debido a la superabundancia de liquidez en el mercado y a los bajsimos tipos de inters, no es nada bueno, incluso despierta temores ante nuevas burbujas, que algunos escpticos ya ven creciendo en los sectores inmobiliarios alemn y estadounidense. Que no se haga notar la temida inflacin pronosticada como consecuencia del incremento de dinero por parte de los grandes bancos emisores, esto al menos es una buena noticia; tanto peor es que no se registre prcticamente ninguna subida de precios, por lo cual quiz estemos ante una deflacin, una cada de precios que, segn se explica al pblico, es peligrosa porque inicia una espiral descendente sin freno donde se refuerzan mutuamente una actitud moderada en las compras, debido a que se especula con una cada de precios, y precios que realmente caen. Etctera.

Lo que los expertos registran como un desarrollo positivo con aspectos negativos ms o menos graves, tanto una superacin de la crisis con riesgos an existentes como una perduracin de la crisis con prometedores rayos de esperanza, revela mucho sobre la situacin contradictoria a la que los capitalistas financieros y polticos de finanzas han llevado su capitalismo global. De hecho, no es que haya carencia de aquel tododecisivo recurso vital de la economa capitalista mundial: el crdito, siempre accesible para operaciones de prstamo de toda clase, est disponible en abundancia. Su fuente, no obstante, y este es el problema, son los bancos emisores estatales y no los bancos comerciales, que en tiempos normales generan crdito a base de los negocios capitalistas que gestionan, financiando as la acumulacin capitalista y obteniendo del xito de la misma nuevos medios financieros dispuestos para continuar el acrecimiento de la acumulacin, crculo que les hace crecer a los bancos mismos. Los bancos emisores de las grandes potencias econmicas no cumplen su tarea normal de acreditar, garantizar y respaldar la generacin autnoma de crdito y dinero crediticio genuina del sector financiero procediendo a refinanciar parte de ella por medio de dinero de curso legal, confirmando as su carcter de negocio impecable y actividad econmica polticamente deseada. En lugar de eso, hacen las veces de los generadores de crdito privados (los que se abstienen por motivos econmicos) y se encargan de suministrar dinero a la economa, porque esta sin este no funciona. La sobreabundancia de liquidez producida por los bancos centrales de los EE UU, de la UE y del Japn, es el sustituto considerado oficialmente imprescindible y con clara autorizacin oficial de aquel crdito que normalmente genera la banca, pero que de momento no, porque ella manifiestamente no ve ninguna posibilidad de impulsar con l crecimiento alguno que lo justifique econmicamente. Con lo cual queda claro que el uso que se est haciendo de esta tremenda cantidad de dinero creado en los grandes bancos centrales no cumple de ninguna manera con el criterio de crecimiento capitalista. No surge un crecimiento sostenido que hiciera superflua dicha emisin de dinero de los bancos emisores o que la redujera a la medida normal en su relacin reglamentada con las actividades de los bancos. Tampoco consiguen estimular dicho crecimiento, el sabido crculo productivo de generar crdito y valorizar capital, los competentes guardianes del dinero, que detectan la razn para su carencia donde ellos disponen de herramientas de intervencin, a saber el precio y la cantidad de dinero a prestar: los tipos de inters son prcticamente cero, la cantidad de dinero accesible tiene dimensiones no restringidas, y no obstante el crecimiento no arranca.

Lo que s arranca gracias a los intereses mnimos y la inmensa cuanta de dinero del banco central son negocios de otro tipo: aquellos que consisten en hacer acrecentar dinero y enriquecerse sin que haya crecimiento capitalista.
Forma parte de estos negocios el ya mencionado auge en los mercados de valores, que no refleja un crecimiento general de las empresas cotizadas en las bolsas, sino un apuro general: la falta de mejores oportunidades de inversin para la liquidez existente, y el dinero a tan bajo precio. Lo que aumenta, no es ms que el valor del capital ficticio (el mero representante de las empresas en las bolsas); este aumenta exclusivamente por la demanda especulativa hacia este tipo de inversiones, y solo debido a que estas inversiones en efecto hacen que aumenten los precios. Un caso ejemplar es la carrera de una plataforma virtual para la autoprostitucin de las masas y la recreacin de una comunicacin rudimentaria, que se ha convertido en una empresa cuyo valor burstil supera el de establecidas firmas automovilsticas; y eso debido a un modelo empresarial comercializar los datos de sus clientes y ofrecer el acceso de estos datos a firmas que esperan incrementar sus ventas haciendo uso de publicidad individualizada y cerca del cliente que de por s da ms bien testimonio de los apuros de la competencia empresarial por cada comprador individual que ndice de un crecimiento del poder adquisitivo y de mercados en expansin. Mucho dinero tambin se invierte en adquisiciones de empresas y en fusiones; el negocio con la organizacin de tales actividades supuestamente est proporcionando mayores ganancias que en aos anteriores a los gestores de los correspondientes servicios financieros. Con este tipo de inversiones, las empresas no crecen mediante la acumulacin, ni mucho menos como parte activa de un acrecentamiento general del capital en funciones, sino mediante la fusin de capitales ya existentes; y cuando este tipo de crecimiento por vas de centralizacin se pone de moda, se manifiesta que empresas acostumbradas al xito, con su dinero lquido y el crdito que gozan, no encuentran oportunidades para enriquecerse aprovechando crecientes actividades econmicas por vas de una acumulacin propia. Estn luchando por salvar sus bienes de la inactividad capitalista; y esta lucha es su manejo ofensivo en una situacin de superacumulacin general del capital. En comparacin a estas ltimas actividades hasta parece serio y de gran porvenir el nuevo auge de gas natural y petrleo en los EE UU: la impetuosa expansin del negocio con la explotacin de nuevas fuentes de energa mediante la tecnologa del fracking. De hecho, la oportunidad de ganar dinero en este sector se aprovecha enseguida y a tan gran escala que la oferta del recurso energtico extrado aumenta ms rpidamente que la venta, la que se pretende realizar en el resto del mundo, sin miramientos a que este ya est bastante bien abastecido, y a que hasta ahora y en un futuro cercano faltan las vas de transporte necesarias. La consecuente cada del precio frustra inmediatamente algn que otro clculo y arruina a un buen nmero de inversores. No se trata tampoco de un crecimiento precisamente sostenido si la especulacin, nada ms arrancada, sobrecarga y asfixia el negocio al que especulan.

Algo parecido tambin ha sucedido en el negocio con los as llamados mercados emergentes. En su bsqueda por investments rentables, los inversores de dinero pasaron algn tiempo valindose de las naciones emergentes con economas en vas de convertirse en capitalismo real la India, Brasil, Indonesia, Surfrica... como suministradoras de crecimiento capitalista, colocando all tanto crdito que el valor de las monedas de estas naciones subi tanto que puso en peligro el negocio de stas con la exportacin; hizo eco la crtica de que en su lucha por cuotas de mercado mundial las grandes potencias en crisis haban abierto una carrera por la devaluacin monetaria y una guerra de divisas. Entretanto se ha retirado tanto capital especulativo de aquellos pases que estos ya lamentan una recesin y una cada del valor de la moneda nacional. La razn que se alega para ello es que se espera un cambio en la poltica monetaria del banco central estadounidense, a saber una reduccin y paulatina extincin de la compra de bonos sobre todo del Tesoro hasta entonces en una dimensin de 85 mil millones de dlares al mes, y adems una cuidadosa subida de los tipos de inters del Federal Reserve por encima de la marca del cero por ciento. Y esto dice mucho sobre el clculo que antes predominaba y el que ahora predomina en la comunidad internacional de los inversores. Al parecer, lo decisivo para la especulacin con el crecimiento capitalista en la periferia de la economa mundial no era la confianza en un sostenible y duradero auge en aquellos pases, sino ms bien la desproporcin entre los medios de inversin disponibles o sea de bienes monetarios que precisan valorizarse para seguir representando capital-dinero y una falta de oportunidades de valorizacin en los centros de la economa mundial. En consecuencia, lo que registraba crecimiento en los pases emergentes y lo que aprovechaban los especuladores no era tanto la actividad econmica en estos pases (aunque esta, motivo de alegra para los responsables, de hecho aument), sino la valoracin de los investments que deba su subida a las inversiones especulativas mismas. Esta especulacin se interrumpe, y con ella el auge en los pases invadidos, en cuanto se prevn los ms mnimos indicios de un rdito digno de mencin para inversiones en ttulos financieros de las potencias mundiales del capital. No puede ser, empero, la dimensin del rdito esperado lo que hace que los inversores retiren su capital-dinero acrecentado. Lo que distingue las inversiones financieras en los EE UU, los pases del euro y los dems estados capitalistas de categora, sigue siendo no un abundante rendimiento de intereses, sino la calidad de sus emisores: la seguridad ante el vaivn especulativo que el crdito y el dinero crediticio de los pases del dinero mundial prometen al menos en mayor grado que todos los dems. Para los inversores al parecer el auge ya lleva tiempo suficiente; aspectos de seguridad les dan motivo a preocupaciones de que podran llegar o ya haber llegado a crear una burbuja; y muy pronto la profeca tiene como consecuencia su propio cumplimiento: el crecimiento revela siendo una exageracin y la acumulacin, una superacumulacin en la medida en que los inversores salvan su capital de las consecuencias.

Por consiguiente cuentan con encontrar la seguridad para su capital-dinero en los bonos de aquellos estados cuyos bancos centrales emiten el recurso comercial que se usa a nivel mundial. Son mayoritariamente este tipo de ttulos los que absorben la sobreabundante liquidez, hasta se compran bonos de pases de la eurozona que hasta hace poco estaban prcticamente en bancarrota y cuyos bonos basura durante un tiempo estuvieron poniendo en peligro la solvencia financiera de bancos con demasiados de estos ttulos acumulados en sus libros. Y esto sin que hubiera mejoras esenciales en la situacin econmica de los emisores; ninguno de los pases registra auge alguno, ni mucho menos uno en una medida que pudiera justificar la crecida y creciente deuda pblica con un crecimiento apropiado del capital nacional. Estas deudas solo defienden su cualidad de capital-dinero en proceso de valorizacin y con ella su valor, segn se escucha en las noticias, porque los competentes bancos centrales lo garantizan con sus intervenciones en el mercado de obligaciones y a travs de su garanta de compra, encargndose de un buen volumen de ventas mediante su poltica del dinero abundante y barato. De esta manera los estados con establecida moneda mundial convierten sus propias deudas de modo directo en capital-dinero, a saber haciendo que su banco central las recompre o las endose y les d as su reconocimiento como capital-dinero, figurando por ltimo los estados mismos como sus propios acreedores; en este mismo acto justifican la emisin de medios de pago por parte de su banco central, ya que ste para el caso ha llegado a adquirir o endosar deudas pblicas ya reconocidas por l mismo como capital-dinero. Sin justificacin econmica alguna, nicamente por el empleo de su soberana monetaria, los estados se dotan de recursos financieros; y surten al negocio financiero de ttulos de valor y mucho dinero barato para que lo invierta en estos investments; por puro decreto, pues, estn financiando tanto las enormes deudas suyas como a la vez el sector crediticio, incapaz ste de continuar de otra manera su actividad normal, el crculo de generar crdito y valorizar capital. Los institutos financieros por su parte, que siguen sin registrar un auge que comprobara la dignidad de crdito de sus deudores estatales de acuerdo a los acostumbrados criterios de su especulacin, se enganchan en la autofinanciacin circular de los estados con establecido dinero mundial, reconociendo con tal prctica la autoridad estatal como fundamento de su negocio, como sustituto idneo de un crecimiento capitalista, propio de la actividad de empresas privadas, y precario hasta la fecha. Mientras perdure esta situacin, aprovechan lo que el poder estatal les ofrece. Y cuando lo que cuenta es la autoridad de este ltimo la fiabilidad de la garanta soberana sobre el valor capitalista de deudas que econmicamente son insostenibles, los mercados financieros no dejan dudas con respecto a la jerarqua de las potencias capitalistas.
Bajo esta crtica perspectiva, el inters de los especuladores se dirige (solo) al mayor y ms potente de todos los pases emergentes, China, que quiz ya haya dejado formar parte de esta categora de pases. Su dinero del pueblo cuenta como candidato el nico a nivel mundial al ascenso al rango de una moneda mundial junto al dlar estadounidense, al euro, y hasta por encima del yen japons. As lo ven al menos los gerentes de los centros financieros establecidos en Europa, que compiten encarnizadamente entre s por que Pekn los escoja como centro para la adquisicin y comercializacin de crditos en Renminbi (Frankfurt ha terminado ganando). Los comerciantes de dinero del mundo, al parecer, consideran llegada la hora para el inicio de tal negocio; ellos al menos estn convencidos de que la moneda china debe su valor como fiable representante de la riqueza capitalista al volumen y las tasas de crecimiento de la valorizacin interna del capital, y que ya no deriva ms de inversiones extranjeras y de su inmensa reserva en dlares. El hecho de que el Renminbi a diferencia del euro y sobre todo del dlar estadounidense diste mucho de inundar los mercados financieros mundiales en dimensiones ya ajenas al volumen de la economa nacional, y de pasar a dominar as el mercado monetario internacional, significa por lo visto para el comercio internacional de divisas que esta moneda an contiene mucho potencial y que no caben dudas de que la especulacin con un crecimiento mundial de mayores proporciones del capital-dinero chino rentar. Para este clculo, empero, no importa solo el tamao de la economa china, sino sobre todo el hecho universalmente advertido y tomado en consideracin de que la direccin poltica china no acepta que el gobierno estadounidense se inmiscuya en su poltica monetaria, replicando a los correspondientes intentos de EE UU con la exhortacin a que le ponga ms cuidado al valor de sus treasuries (bonos del Tesoro): no es solo la fuerza del capitalismo chino lo que distingue la Repblica Popular de los dems pases emergentes, sino la soberana con la que su gobierno lo domina.
El criterio de la fuerza poltica del deudor estatal y emisor de dinero es de suma importancia para los perspicaces especuladores en los mercados mundiales de dinero, no solo en tiempos de crisis. Solo porque siempre tiene validez, es que ahora este criterio se hace tan importante que hasta pasan al segundo plano la exigencia de un rdito aceptable y un crecimiento que justifique econmicamente el endeudamiento del poder poltico que lo gobierna.

2. La competencia de las grandes potencias econmicas mundiales por el dinero del mundo


Los gobiernos de las grandes potencias econmicas saben que el rescate de parte suya de devaluadas deudas bancarias y dudosas deudas estatales mediante la generacin estatal de todava ms crdito y la conversin de este crdito en liquidez por parte de su banco central representan medidas soberanas de emergencia contra la agravacin descontrolada de la crisis; el hecho de que el sector financiero aproveche los crditos baratos de los bancos centrales para todo menos la financiacin de un auge sostenido, no obstante, les inquieta. Ya que con la generacin de liquidez pensaban no solo detener el colapso de su economa monetaria, sino bien impulsar un crecimiento capitalista que hiciera productiva la liquidez soberanamente creada, que justificara econmicamente las deudas acumuladas en detrimento del presupuesto nacional y que reforzara as la validez de su respectiva moneda crediticia como materia indispensable del negocio mundial y representante de la con ella creada riqueza capitalista. Hacen del apremio de gestionar la crisis la virtud de la batalla en la competencia: contra el resto del mundo, pero sobre todo unas contra otras, las potencias mundiales del crdito en crisis pugnan por un crecimiento que testifique la productividad de la fuerza que aplican para que siga en marcha el capitalismo mundial.

Para ese fin Europa y EE UU tienen cada uno su respectiva estrategia:

- Los EE UU como emisores del recurso comercial empleado a nivel mundial estn inundando el mundo con dlares no cubiertos, exigindole por lo tanto al mundo comercial que siga reconociendo su moneda crediticia como soporte de valor y siga usando sus deudas como capital-dinero, todo esto cuando a toda vista el crdito contina desvalorizndose y las deudas estatales incrementndose sin fin. Anuncian que esta poltica del dinero barato continuar hasta que el nmero de parados haya cado debajo de un determinado nivel, poniendo as en claro la finalidad del asunto: se trata de reavivar el crecimiento econmico nacional, y esto de tal grado que el crdito vuelva a generarse y valorizarse por s solo, o sea por el inters propio de las empresas privadas. Una poltica de re-industrializacin del pas y de renovacin del negocio energtico va destinada a recuperar el dominio americano sobre el mercado mundial. A fin de reorientar el negocio mundial al provecho nacional, el gobierno est promoviendo adems su poltica de asociacin a nivel transpacfico y transatlntico. Apuesta por que la inundacin del mundo con dinero crediticio estadounidense finalmente resulte en su empleo rentable por parte del capital-dinero norteamericano.

- Alemania como potencia econmica lder de la eurozona y campeona mundial de exportacin combina la multiplicacin improductiva de deudas y liquidez en euros debida a la crisis con una rigurosa batalla en la competencia por justificar econmicamente el crdito generado y la incuestionable solidez de la moneda que lo representa. Su recurso en esta batalla son sus exportaciones exitosas, que afirma haber conseguido mayoritariamente en el mercado mundial, fuera de la eurozona; con este xito la nacin reclama ser el modelo ejemplar a la que corresponde definir las normas para sus socios, o sea imponer a nivel europeo la postura y con ello el estatus de lugar privilegiado de inversin en la competencia por el capital del mundo. Con su batalla poltica por equilibrios presupuestarios y contra la generacin de crdito improductivo de parte de sus socios europeos, el Gobierno alemn pone en claro qu importancia vital reviste para l el poder de la moneda crediticia supranacional.

Para las potencias econmicas mundiales de ambos lados del Atlntico, el arma decisiva en su lucha por la justificacin econmica del crdito, que multiplican y mantienen en vigor por decreto soberano, y por la validez mundial de su dinero crediticio est en su potencia de decretarles a otros soberanos de rango las condiciones que tienen que acatar frente a sus presupuestos nacionales y a la gerencia poltica de su economa nacional. En condiciones de crisis, la competencia de las naciones con moneda mundial resulta siendo una lucha de poder que se libra por el estatus de la reconocida potencia lder y la subordinacin de las dems.

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Las grandes partidas negativas que ha producido la crisis financiera la anulacin de considerables cantidades de capital-dinero privado, los inmensos volmenes de ttulos ms o menos carentes de valor conservados en bancos malos bajo direccin y garanta estatales, la multiplicacin de la deuda soberana (en crecimiento en medida de los intereses vencidos aunque los ministros de hacienda consigan un saldo presupuestario primario), y sobre todo la bsqueda infructuosa de la banca de oportunidades de inversin que prometan un uso pasablemente exitoso del abundante crdito disponible: ninguna de estas partidas negativas ha desaparecido solo porque sean contabilizadas correctamente y hayan dejado de ser objeto de inters pblico. La esperanza por una vuelta al crecimiento, que viene acompaando prcticamente desde su comienzo la obra destructiva de la crisis financiera, hasta ahora no se cumple. Es por eso que a los guardianes estatales de las monedas en las que se lleva a cabo la economa mundial, no les queda otro remedio: emitiendo dinero crediticio gratis y en cantidades inmensas, y garantizando adems el valor de bonos del Tesoro, han de mantener en vigor la mentira fundacional del capital financiero, la ecuacin deudas son capital-dinero, a pesar de que la crisis la est rebatiendo continuamente, y de garantizar que siga en marcha la economa monetaria mundial. Les toca entonces a ellos ponerse a sustituir el crculo productivo de estar generando y valorizando crdito, que la economa privada no pone en marcha, por su improductivo acto soberano.
Para los polticos de economa de las grandes potencias en crisis, sin embargo, eso no es ningn motivo para renunciar a aquella mentira fundacional que se deben a s mismos en calidad de salvadores de su magnfico sistema econmico: que todo lo que emiten por decreto como recursos financieros para que la economa mundial siga en marcha, al fin y al cabo tambin sea justificado econmicamente provocando en algn momento un crecimiento real en las actividades capitalistas. Es todo lo contrario: es precisamente porque hacen los fuertes en contra del crecimiento dbil del capital nacional e internacional, generando crdito a su propia cuenta nacional y facilitando dinero crediticio en su respectiva moneda nacional, que insisten con ms razn en que sus creaciones al menos en mayor grado que las de los dems poderes soberanos merecen ser reconocidas como fuente, resultado e intachable representante de una riqueza capitalista realmente creciente. El hecho de que el empleo de su soberana monetaria sea improductivo en trminos capitalistas, se traduce para los gerentes polticos en el imperativo de garantizar que el empleo que ellos hacen de su soberana monetaria resulte en todo caso ms productivo que el que consigan hacer sus rivales sobre todo los rivales predominantes en la economa mundial. Con sus polticas presupuestaria, de gestin del dficit, monetaria y econmica, cada una de las grandes potencias pretende monopolizar a su favor las actividades econmicas a nivel mundial para que sea el suyo el crdito nacional y el dinero crediticio que los protagonistas econmicos utilizan por puro inters propio, considerndolos lo relativamente mejor y absolutamente ms fiable que de momento existe en materia de capital-dinero a nivel mundial, y haciendo de ambos un uso productivo.

En este sentido el gobierno alemn presenta su pas como la nacin lder de la UE y como incuestionable potencia ancla de la eurozona, trazando por un lado una clara lnea divisoria entre Alemania y sus dbiles vecinos. Proclamando un equilibrio fiscal como resultado de su clculo presupuestario, pone en claro que al menos el gobierno alemn no hace deudas improductivas, que usa el euro nicamente para proyectos exitosos, y que por lo tanto no solo tiene derecho a pagar menos intereses que otros pases de la eurozona para refinanciar sus deudas acumuladas, sino que a diferencia de stos puede responder con xito por s solo del valor de sus deudas y de su euro. Lo mismo pretende demostrar con un balance positivo del comercio exterior, que contribuye considerablemente a la fuerza econmica nacional manifestada en el presupuesto: no acepta que sus socios critiquen sus exportaciones exitosas, que, segn dicen, la economa alemana habra conseguido a costa de ellos; cita el equilibrio intraeuropeo de su balance comercial como prueba de que no es la debilidad de sus competidores europeos, sino el xito alemn en los mercados mundiales (sobre todo en China y en EE UU) lo que constituye el slido fundamento de las cualidades del capitalismo alemn, de la nacin como sede de inversin del capital mundial, y por consiguiente de su crdito y de su euro como dinero mundial. En este asunto, nadie olvida los crticos alemanes de la poltica europea de Berln no paran de insistir a voces en ello que los dficits econmicos de muchos pases socios, y sobre todo del gran vecino francs, se saldan en el mismo euro, debilitando la moneda comn. Es por eso que el gobierno alemn no se limita a demarcar ofensivamente sus xitos nacionales de la mala gestin econmica de otros miembros de la Unin. Recalca por el otro lado su firme voluntad de cuidar de la unidad de la eurozona; claro, siguiendo el modelo alemn. Con todo su poder proclama el xito nacional de Alemania en la competencia y su equilibrio fiscal como prueba de que es posible lograrlo, y que por consiguiente tambin tiene que ser posible para los dems, afirmndolo as como norma obligatoria para el resto de la Unin. Exige supervits en las cuentas comerciales, sin complicarse la vida con reflexiones de cmo han de lograrse. Y en su calidad de imprescindible garante del valor de las deudas que los socios contraen y el BCE monetiza con tanta generosidad, insiste en equilibrios presupuestarios a toda costa. No hay apuros nacionales, ni mucho menos sociales, que justifiquen un dficit; desde la perspectiva de Berln solo prueban irrefutablemente que los crditos gastados en ello son completamente improductivos. Hay que ahorrar, por muy evidente que esto resulte en una contraccin econmica en los pases deudores. De este modo Alemania se distingue como la potencia lder de Europa, que no repara en empobrecer a sus vecinos, siempre y cuando que esto sirva (o mejor dicho: porque sirve, segn los clculos de Berln) para recuperar la solidez econmica del euro-crdito ya desgastado en exceso y la apreciacin internacional de la moneda comn emitida en tal abundancia. La prueba sobresaliente para un fiable fundamento capitalista de las deudas y de los euros, con los que Europa financia su supervivencia en la crisis, consiste al fin de cuentas en que Alemania se destaca lo suficientemente poderosa como para prescribir a sus socios de forma vinculante las condiciones para la poltica fiscal y econmica, o sea para el empleo de la soberana que estos ejercen sobre su respectivo capitalismo nacional.

El gobierno estadounidense celebra las ms recientes cifras de ventas de las empresas automovilsticas norteamericanas como prueba de que la economa nacional ha dejado atrs la crisis. Declara la explotacin de nuevas fuentes de energa mediante la tecnologa del fracking como el comienzo de un auge que pondr patas arriba al mercado mundial de energa, volviendo a someterlo al control americano, y adems como garante del xito de la re-industrializacin de los EE UU despus de aos de exportacin de puestos de trabajo a China. Bien es verdad que una vuelta as a los xitos del pasado lleva bastante tiempo en la agenda, o sea que en serio no se ha conseguido. Y cuando el Federal Reserve considera oportuno gastar ya no 85, pero s ms de 30 mil millones de dlares al mes para comprar hipotecas y bonos del Tesoro, siguiendo inundando los mercados, no ha terminado en absoluto el esfuerzo de poner deudas estatales y su conversin en capital-dinero realizado por parte del FED en lugar de la actividad de los agentes privados de generar crditos para el crecimiento, o sea que por lo visto no ha terminado en absoluto la crisis del capitalismo nacional. El gobierno, sin embargo, deduce de esta situacin nada menos que la tarea de completar la recuperacin interna con intervenciones en el curso de las actividades econmicas a nivel mundial. Para su proyecto de una zona transpacfica de libre comercio (Trans-Pacific Partnership, TPP) incluyendo a muchas naciones, pero excluyendo a China hasta nuevo aviso, parte de la conviccin de que habra oportunidades en esta regin para mucho ms comercio que reanimara la coyuntura, pero que no se explota, o incluso se pierde a favor de China, mientras que los vecinos cercanos y lejanos de la Repblica Popular no queden integrados en un exclusivo y vinculante acuerdo estratgico con los EE UU, un acuerdo que garantice todas las libertades para el potencial competitivo del capital americano; adems habra, segn esta conviccin, ms y mejores oportunidades de negocios en China, en caso de que y solo en este caso la Repblica Popular se viera obligada a someterse en aras de sus propias relaciones comerciales al rgimen del acuerdo transpacfico que va dirigido precisamente contra las particularidades y reservas chinas. An mayores dimensiones tiene la reorganizacin de las relaciones comerciales con la UE a la que aspiran los EE UU con su proyecto de la Asociacin Transatlntica para el Comercio y la Inversin (T-TIP, por sus siglas en ingls). En l se plantea reconsiderar el conjunto de las reglamentaciones estatales capaces de perjudicar de alguna manera el poder competitivo y la libertad de competir del capital para crear de ambos lados del Atlntico Norte un campo de accin unitario para las empresas ms poderosas y pujantes. Destaca dentro de este proyecto una oferta al bando europeo que impacta sobre todo en el gobierno alemn; al menos la canciller alemana le coge gusto a la idea: segn ella se presenta (quizs por ltima vez) la gran oportunidad de que la UE y los EE UU cooperen en el proyecto de poner al resto del mundo ante la alternativa de sumisin o exclusin, dictando as para toda una poca las condiciones para las actividades econmicas del mundo (lo que ya no se consigue en la Organizacin Mundial del Comercio, OMC); y eso antes de que los pases emergentes, que ya van creciendo preocupantemente rpido, le den vuelco a las relaciones de poder econmicas, rehuyan el mando de la libertad de la competencia occidental o incluso empiecen a definir condiciones y prescripciones para las potencias econmicas tradicionales. Compadreando con sus competidores de igual mentalidad, el gobierno estadounidense pretende crear un orden mundial para el comercio que someta el capitalismo mundial al rgimen de las mayores y, por lo tanto, ms eficientes empresas, orientndolo inevitablemete esta es la premisa de EE UU mucho ms y de manera mucho ms vinculante al provecho de la economa estadounidense. Nos abstenemos de decidir en qu medida la experiencia de la crisis habr contribuido a este proyecto los puntos en el programa de la proyectada OTAN econmica en s no son nada nuevos; en todo caso el gobierno norteamericano parte de la conviccin de que la perspectiva de un crecimiento general a nivel mundial, del que todos los participantes puedan beneficiarse en forma nacional, no basta para crear un canon de reglas que satisfaga a los EE UU. Para imponer tales condiciones comerciales a nivel mundial y para fijarlas de una manera que la crisis no las pueda afectar, considera necesario negociar acuerdos que precisan ms que perspectivas prometedoras y habilidades diplomticas. Las negociaciones con los estados del Pacfico y an ms con la UE son pruebas para el poder estadounidense de obligar a estados soberanos a aquellos de categora a que acepten un rgimen hecho a la medida de las necesidades nacionales de EE UU. La recompensa sera una slida superacin de la crisis que convertira el crdito-dlar en una inversin para una sostenida acumulacin capitalista a nivel mundial, y la deuda soberana de EE UU en capital-dinero absolutamente irrefutable. Lo que el proyecto requiere es la fuerza superior: suficiente como para comprometer al resto del mundo y sobre todo a los grandes aliados competidores a respetar el derecho estadounidense al xito econmico.

Resumiendo se ve que la esencia de la poltica anticrisis de ambas potencias que compiten por el liderazgo del capitalismo mundial, los EE UU y Alemania como centro de la eurozona, lleva ambas, cada una a su manera, a pasar al imperialismo: sacando la conclusin a partir de los apuros por superar econmicamente el crecimiento dbil de su capital y la ineficacia capitalista de su dinero crediticio, de que hay que quitar los obstculos que, segn su parecer decisivo, representan los dems soberanos con su mala gestin econmica, y, a fin de cuentas, ejerciendo su soberana sobre un trozo del capitalismo mundial reservado para el merecido xito de la acumulacin del capital representado en dlares o euros respectivamente. La voluntad poltica de aprovechar econmicamente el mundo entero tiene que mostrarse capaz de extorsionar eficazmente el resto de los estados; no solo en la crisis, pero esto solo lo hace ms esencial an que sea capaz de ello en la crisis.

3. La batalla por el control de los estados soberanos del mundo
o: novedades acerca de la amistad germano-americana

La rivalidad entre los EE UU como potencia lder de Occidente y Alemania como potencia lder de Europa y de la eurozona en particular obedece a su propia lgica, con y sin crisis financiera. Est caracterizada por contradicciones por ambas partes: por el lado americano est el fastidio de que Alemania como socio dcil resulte tan til en la medida como este pas es capaz de actuar como una potencia imperialista autnoma; por el lado alemn rige el inters complementario de aprovecharse funcionalmente del imperialismo americano al cual apoya interesadamente en base de su reconocida superioridad con el fin de obtener ms competencias para la fijacin de directrices imperialistas.

Los EE UU sostienen su estatus como el guardin decisivo del orden econmico mundial esencialmente identificando, definiendo y tratando debidamente a perturbadores del orden y a sujetos problemticos. En este asunto y cuando emplean sus medios de fuerza para eliminar los obstculos, persiguen siempre el fin superior de integrar a rivales, hacer tiles a socios, impresionar al resto y marginar al que se sustraiga. La cooperacin de Alemania les importa particularmente, porque esta nacin ha logrado conquistar, en la esfera ms importante de influencia americana, el rango de una potencia reguladora por derecho propio, estando en la capacidad de frustrar eficazmente los intereses americanos, no solo en esta regin, o, justamente por la misma razn, de apoyarlos de igual manera.

Alemania tradicionalmente hace doble juego con el poder mundial americano: en su calidad de valioso aliado y potencia lder entre los aliados europeos de los EE UU, se aprovecha de las reglas de las relaciones interestatales impuestas por la fuerza para fijar su dominancia en Europa, basada en su potencia econmica con la que realiza una conquista pacfica del continente, y, por igual, su influencia a nivel mundial; emprende as su ascenso al rango de competidor del poder econmico mundial de EE UU y se mantiene a la vez interesadamente a distancia de las actividades y las exigencias de la potencia estratgica americana, cuya eficacia, al mismo tiempo, constituye la base imprescindible del imperialismo alemn.

La crisis econmica agudiza para ambos bandos la contradiccin entre la colaboracin necesaria y la incompatibilidad acerca de las respectivas atribuciones de liderazgo, y con ello agudiza el antagonismo fundamental de los intereses entre los EE UU y Alemania. Este antagonismo se manifiesta y se convierte en objeto de la poltica obedeciendo perfectamente la lgica imperialista donde en casos particulares surgen cuestiones respecto del rgimen de control sobre otros estados y, sobre todo, acerca del uso de la fuerza militar por su parte. La lista de estos casos no solo se va haciendo cada vez ms larga; tambin los conflictos y las colisiones entre el fin y el mtodo de la intervencin americana y el afn de provecho y dominacin de la potencia central de la UE se van haciendo cada vez ms explosivos. En la crisis de Ucrania los EE UU se dedican a contener y debilitar a Rusia y, al mismo tiempo, a restablecer la perdida disciplina en la alianza transatlntica; Alemania precisa para la ampliacin de su Europa hacia el este el respaldo del poder estratgico americano, e igualmente de que Rusia la tolere, y se esfuerza por salvar la autonoma de su imperialismo dependiente.[ * ]

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A quienes se hayan credo la sentencia de que el comercio pacfico es el contrario de la fuerza y el chantaje, que mercado es incompatible con lucha, y que las relaciones comerciales capitalistas son una obligacin objetiva al entendimiento pacfico entre las naciones o sean cuales fueren los ensalzamientos ideolgicos de la milagrosa unidad de mercado y sociedad civil, la poltica alemana respecto a Ucrania les abrir los ojos. Pues el gobierno actual no solo reprocha a Rusia usar resueltamente el comercio con gas natural como arma poltica sea cuando Rusia vende a precios rebajados que enredan al cliente ucranio en una dependencia poltica, sea cuando exige el pago de las deudas pendientes que ponen bajo presin a un rgimen que no est a favor de Mosc. El gobierno alemn mismo (en ello es portavoz de la UE en conjunto) declara abiertamente que las sanciones econmicas son el recurso adecuado para castigar la integracin de Crimea en la Federacin Rusa en la perspectiva occidental, una agresin militar o incluso blica y las revueltas y la guerra civil en el este de Ucrania, que se le imputan al Kremlin como intervencin violenta, y para obligar a Putin a la retirada. Segn afirma pblicamente el gobierno alemn, justamente el gran volumen y la calidad de las relaciones comerciales germano-rusas le dan un arma excelente para causar al vecino malo ms dao que una confrontacin militar (que los notorios atizadores al parecer ya estn tomando en consideracin), y muchsimo ms dao que la confrontacin que de hecho ya se est llevando a cabo. Los efectos negativos para la propia economa se calculan como los sacrificios imprescindibles de una guerra; la poltica econmica se hace cargo de minimizar los efectos perjudiciales y de elaborar respuestas estratgicas. Contrario a lo que afirman los atizadores profesionales de la opinin pblica democrtica y lo que recriminan los homlogos de la Europa del este a los estrategas de Berln por su respuesta civil a la invasin rusa, la poltica oficial alemana no ve en su actuacin seales de debilidad: lo que tiene a disposicin en contra de Rusia, dice, tiene un potencial que su adversario no aguantar. Desistiendo de la hipocresa interesada que reside en este tipo de declaraciones: se pone en claro para qu sirven los negocios transfronterizos en manos de un poder estatal con ambiciones en la poltica mundial. El hecho de que tiene en ellos un instrumento para quebrantar la voluntad de soberanos ajenos, le resulta lo ms normal del mundo, y no despierta ni los ms mnimos escrpulos; simplemente forma parte de los servicios que un capitalismo exitoso cede a la soberana que con tanto xito se ha puesto a su servicio. Alemania al menos ha conseguido conquistar por esta va el rango de potencia lder de Europa; esta leccin en todo caso, se la deben aprender los vecinos descontentos del este de la UE.

Quienes por el otro lado se hayan credo que la fuerza armada como instrumento para imponer exigencias nacionales contra naciones extranjeras sea de alguna manera ajena a la democracia, o que demcratas solo consideren emplearla como el ltimo medio para el noble fin de liberar a pueblos oprimidos de sangrientos tiranos, habrn pasado (particularmente en las ltimas dcadas) pocos meses sin decepciones. La potencia lder del occidente libre y democrtico al menos no conoce reparos en este asunto menos en cuanto a la relacin entre el problema autnomamente definido y el esfuerzo que considera oportuno. Los EE UU tampoco hacen un gran secreto de sus operaciones secretas y de sus actividades subversivas, porque su inters en apropiadas relaciones de poder (que es a priori idntico con los magnficos valores occidentales) justifica cualquier empleo de drones, cualquier provocacin, aprovisionamiento y sacrificio de tropas ajenas y bandas, cualquier leading from behind y desde luego cualquier ataque areo con intencin disuasiva; y porque quieren que el mundo lo sepa, para que est consciente de ello.

Cuando a pesar de ello se lee en algunos comentarios alemanes sobre la crisis de Ucrania (tambin y particularmente en los oficiales) que el empleo de la fuerza armada para modificar el mapa poltico no solo es malo e inaceptable cuando lo hace el bando equivocado, sino una recada en las felizmente superadas malas costumbres del siglo pasado con sus guerras mundiales, esto atestigua ciertamente y en primer lugar una parcialidad imperturbable que hace posible ver en cada provocador prorruso una vuelta del Ejrcito Rojo, y olvidar la importancia de los aviones de combate que la OTAN est trasladando ostensiblemente al Bltico y los navos de guerra estadounidenses enviados al Mar del Norte, nada ms tomados en cuenta. El trmino (acuado con clara intencin antirrusa) de la nueva era en la que las alteraciones de fronteras son cosas del pasado abarca un mensaje adicional: pone en claro que contra un adversario que se sirve de mtodos de anteayer quiz solo ayuden los mismos instrumentos que las potencias avanzadas del siglo XXI curiosamente siguen teniendo en abundancia y que segn el jefe de la OTAN no deben tirar a la basura, sino volver a multiplicar.

La mencin contrafctica de un cambio de era, que supuestamente ya ha dejado atrs el arsenal clsico del imperialismo, manifiesta adems y sobre todo una posicin poltica que el gobierno alemn defiende con gran esfuerzo: en una situacin de confrontacin con Rusia, que l mismo provoc pero que ha dejado de tener bajo control (sobre todo desde que su gran socio transatlntico la est agudizando), lucha por seguir con su imperialismo de una conquista pacfica, impulsada mediante la dominacin econmica del continente, y que pretende insertar los estados socios y una periferia cada vez ms amplia en un orden jurdico vinculante que convierta Europa no solo en un mercado comn, sino en un territorio coherente bajo una dominacin esencialmente definida por Berln. Esta razn europea de Alemania choca en Ucrania con que Rusia no est dispuesta a dejarse conquistar su propia zona de influencia poltica y econmica; este es uno de los aspectos que el gobierno de Merkel realmente le toma a mal a su homlogo Putin. Pero Alemania sobre todo se ve confrontado por parte de EE UU y muchos estados socios del este de la UE con el programa de no solo seguir debilitando a Rusia, sino identificarla como adversario cuyo poder se tiene que neutralizar definitivamente y cuya influencia se tiene que eliminar irreversiblemente. Los EE UU y sus satlites de la OTAN en el este de la UE quieren poner Rusia ante la alternativa de o retirarse de Ucrania y Crimea inclusive es decir de rendirse ante un Occidente que reclama como suya la periferia rusa o ser aislada polticamente y eliminada como competidor respetable; para ello ya no se conforman con amenazar con la fuerza militar, sino que ya estn orientando los restos del poder ucranio en Kiev hacia las confrontaciones venideras. Tal procedimiento ya no es aprovechable para la ampliacin de la influencia germana como lo ha sido tantas veces la militancia americana en el pasado, o sea como una palanca de chantaje para ofertas alemanas que reorienten y restrinjan pacficamente al bando contrario. Es incompatible con el imperialismo del siglo XXI de Berln; y es ruinoso para toda la poltica europea y mundial de Alemania, porque la echa atrs al fundamento real y tcitamente aprovechado de su potencia civil al liderazgo que no tiene bajo su control. En este asunto la potencia mundial pone en claro que toda la fuerza de chantaje econmica y la coaccin no-militar que Alemania logre ejecutar sobre otros soberanos se basa en ltima instancia completamente en que las soberanas del mundo respeten el poder y la disposicin de EE UU a la disuasin militar y al castigo disuasivo de comportamientos insubordinados cuando haga falta. Los EE UU confrontan Alemania con el hecho de que en ltima instancia solo puede realizar su imperialismo particular como socio de EE UU y promotor de su rgimen militar en el que se basa el orden mundial.

A esto se enfrenta el gobierno alemn con toda fuerza. Demuestra absoluta conformidad con el castigo de Rusia protagonizado por EE UU y aprovecha cualquier oportunidad para insistir en que para l una equidistancia hacia Rusia y EE UU (que realmente nadie ha reivindicado) es absolutamente impensable; al mismo tiempo insiste en su camino de la negociacin que mantiene abierta la oportunidad para Rusia de evitar el aislamiento absoluto avisado y realizado. No porque simpatizara tanto con Putin: se esfuerza por que el caso Ucrania no se convierta en una embarazosa confesin pblica de cunto el liderazgo alemn depende de las normas que establece la superpotencia occidental. Est luchando por defender la mentira fundacional de su imperialismo; y en esta lucha tiene al menos un argumento a su favor que Washington tampoco puede pasar por alto sin ms: para que la reclamacin estadounidense de que los estados del mundo sean orientados en provecho de EE UU reclamacin respaldada por un tremendo poder militar disuasivo se haga realidad en forma de un orden comercial del mundo, universalmente reconocido y fiable, los EE UU precisan aliados y que sean aliados fuertes que no solo se dejen meter en coaliciones de la voluntad formadas ad hoc, sino que soporten de manera duradera y fiable la alternativa de sumisin o marginacin que Washington pone de caso en caso al orden del da para reorientar a los elementos que se desvan. Ahora que el gobierno estadounidense pasa a anular, hasta en las relaciones con la nueva Rusia, el principio del acuerdo poltico a nivel mundial (principio que durante un tiempo quiso restablecer en la poltica exterior), necesita tanto ms de aliados fuertes, y en Europa precisa la disposicin de Alemania a la cooperacin en este proyecto.

Es que con toda su superpotencia, el imperialismo estadounidense abarca el riesgo de socavar con su militancia sus propias condiciones de xito. La causa por la que la fuerza de EE UU se hizo productiva para su poltica mundial reside no en ltima instancia en que ha impuesto condiciones al inters propio de los estados en las que restricciones iban unidas con oportunidades de xito. Las confrontaciones que abra la potencia mundial de occidente siempre representaban al mismo tiempo una invitacin extorsionista a otros soberanos de buscar un posicionamiento internacional para su poder al lado de EE UU, fortaleciendo as tambin el poder frente a su pueblo y definindose fiablemente como parte del mundo occidental. Y la capacidad estadounidense de definir, a base de este tipo de alianzas, las reglas para la competencia por la explotacin capitalista del mundo prcticamente a nivel mundial despus de la rendicin de la Unin Sovitica con su sistema econmico alternativo tiene su fundamento y su fin en que los estados del mundo se encuentren obligados, pero tambin dispuestos a aprovechar y por lo tanto tambin a respetar estas reglas. Los EE UU mismos han empezado a desconfiar en estas reglas; cuando instan para llegar a acuerdos con socios seleccionados en los que pretenden establecer como norma general la desconsideracin de los intereses de competidores ms dbiles, entonces anulan lo que era uno de los pilares de su xito imperialista: un orden comercial del mundo en el que todos los estados no solo se encontraban sometidos, sino que se sometan por inters propio, colaborando en la imposicin y el desarrollo del orden comn. Cuando adems los EE UU se esfuerzan por aprovechar el conjunto de las relaciones econmicas entre estados soberanos que se establecieron a base de este orden comercial para perjudicar las soberanas molestas (y en los casos cada vez ms numerosos y delicados desde Irn hasta Rusia ya no se trata de una lucha contra otro sistema, como en la Guerra Fra contra la Unin Sovitica, sino de una resuelta interrupcin de los negocios capitalistas entre participantes de la economa mundial capitalista que son tiles el uno para el otro), entonces destruyen directamente la fiabilidad de todos los convenios y reglas que precisa esta economa mundial. Y cuando finalmente intentan obligar a sus aliados ms importantes, los grandes beneficiados del orden existente, a enemistades que resultan para estos socios en ms o incluso la pura dependencia del podero militar estadounidense y en la correspondiente sumisin, entonces ponen a poderes soberanos, cuya disposicin a la cooperacin necesitan ms que nunca precisamente por distanciarse del orden mundial existente y para sus esfuerzos por un nuevo rgimen sobre las soberanas del mundo, ante la necesidad de reconsiderar si (y no solo cmo) su propia razn de estado sigue siendo compatible con los intereses imperialistas de la potencia mundial.

La idea de que los aliados y por lo tanto tambin los grandes rivales y el resto de las soberanas del mundo en ltima instancia no tengan ninguna alternativa, es la mentira fundacional del imperialismo estadounidense. Desde luego, no hay dudas de que la sabr defender (tambin en Kiev, sin que ningn ucranio se lo haya pedido).


Traduccin del anlisis de la edicin GegenStandpunkt 2-14
Contacto: Editorial GegenStandpunkt
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Alemania
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