Portada :: Europa :: Las bombas de Oriente Medio explotan en Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2005

Derecho de matar

Frei Betto


Usted sale rpido de la cama, se viste con premura, sale corriendo para el trabajo. Usted le prometi a la vieja dama inglesa que terminara antes del almuerzo la revisin completa del sistema calefactor de la vivienda. Ahora es el momento propicio, en pleno verano europeo. Ella no sabe de dnde vino usted. No sabe que lleg de una tierra mucho ms caliente, en el Valle del Ro Dulce, donde se considera fresco estar a 30 grados a la sombra. Por eso, usted conserva la costumbre de vestir de saco. Puede ser que, al regreso, la temperatura baje y usted no puede correr el riesgo de enfermarse, y por eso perder das de trabajo; de su oficio depende una familia brasilea en el interior de Minas Gerais.

De repente usted escucha un estampido seco, le arde la nuca como si aflorase un tumor en sus hombros, trata de entender qu ocurre -tiempo suficiente para que, todava de pie, siete tiros le alcancen en la cabeza. Usted cae muerto.

La gentil dama inglesa quedar a la espera del tcnico que prometi terminar de revisar la calefaccin. Impaciente, le dir al fondo vaco de su tacita de t, mientras aprieta con sus dedos el asa de porcelana, que tampoco se puede confiar en esos extranjeros, que no quieren trabajar, basta con adelantarles dinero para comprar las piezas de repuesto y ya no se les ve la cara. Aburrida, cansada de esperarlo, la vieja seora enciende la televisin, su compaera de soledad, y ve la noticia del atentado abortado gracias a la habilidad de la polica britnica. Antes de que la bomba amarrada al cuerpo fuera explotada los policas dispararon ocho tiros contra la cabeza del terrorista an no identificado. La gentil seora se siente aliviada, protegida, a pesar de la estafa de aquel joven extranjero, con cara de rabe, que no cumpli la promesa de revisar el sistema de calefaccin.

La cara es de rabe y tiene gesto de terrorista. Por qu lleva chaqueta en pleno verano? Fue lo que pens el oficial al ver aquel sujeto corriendo en direccin al metro, vistiendo una prenda de abrigo en una maana tropical de Londres. Y su mirada a los compaeros de oficio bast para sentir que los otros dos tambin intuyeron el peligro. Y sintieron igualmente el cosquilleo de la abultada recompensa prometida por el jefe de polica a quien evitase un ataque terrorista. Ese tipo no es ingls. Mucho menos escocs o irlands. Se ve por el rostro que es afgano o saudita. Si no actuamos rpido, en pocos minutos veremos la estacin del metro explotando como una mina repleta de dinamita y pedazos de cuerpos desparramados por todas partes.

La vida, los sueos, el amor y el trabajo de Jean Charles de Menezes cesaron en la boca del metro. Siete balas alojadas en el cerebro y una en el hombro. Terrorista matado disparndole a la cabeza. Primero, para no detonar los explosivos atados a su cuerpo. Segundo, para eliminar esa mente diablica que programa la muerte colectiva de inocentes y sacrifica la propia vida por una causa sin futuro.

Sin futuro, pero no sin pasado. El bienpensar occidental nos acostumbr a encarar los efectos sin preguntarnos por las causas. Qu es lo que hace a Bin Laden y sus compinches tan abominables? Ms que sus mtodos criminales, es el no tener en sus manos un estado poderoso. Si estuvieran sentados en la elegante silla de un jefe de estado nadie los acusara de terroristas.

Hemos sido entrenados para tener horror de la accin imprevisible, inesperada, ilegal, que desafa la lgica y desmoraliza todos los diagnsticos estratgicos. Si ellos estuvieran acomodados en un saln oval, dando la seal verde para que dos bombas atmicas fueran arrojadas sobre las tranquilas poblaciones de Hiroshima y Nagasaki, o firmando el decreto que autoriza a la CIA a desestabilizar democracias sudamericanas, a desencadenar la Operacin Cndor, aprisionar, torturar y matar a miles de jvenes idealistas a quienes les encantan los Beatles y aspiran a inmundo ms justo, nadie dira que se trata de terroristas.

Han odo hablar de Ahmad Abdullah? Es un muchacho de al-Qaim, pequea ciudad situada al oeste de Bagdad. l tambin sali corriendo por las calles. Vena radiante de la escuela. Llevaba en sus manos el boletn de final de curso. Quera enserselo a sus padres, pues haba sacado buenas notas y haba aprobado. Una bala de mortero disparada por un soldado made in USA le interrumpi los pasos. Le afect el estmago, el hgado y el pncreas. Una rfaga de ametralladora hizo ondular sus cabellos lisos, negros, que adquirieron un tono escarlata. Tena apenas diez aos de edad.

Asesinar en Iraq, en Guantnamo, en Afganistn, no es crimen. Es legal, no provoca horror, se tapa con eufemismos que avergenzan la libertad y la democracia. El derecho de matar goza de la proteccin cmplice de nuestra omisin, esa extraa ceguera que nos impide abominar tambin el terrorismo de estado.

Traduccin de J.L.Burguet


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