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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2014

El porqu del fracaso de la guerra contra el terror emprendida por Washington

Patrick Cockburn
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Carlos Riba Garca.


Cmo asegurar un amenazante Califato

Introduccin de Tom Engelhardt

Pensad en el nuevo Califato del Estado Islmico (EI), el antiguo Estado Islmico de Iraq y Siria (ISIS, por sus siglas en ingls), como un regalo que George W. Bush y Dick Cheney hacen al mundo (con la ayuda de los sauditas y otros financistas del extremismo en el Golfo Prsico). Qu extrao es que tengan tan poco crdito por su surgimiento gracias al hecho de que el proyecto de Oriente Medio, tal como fue pensado por la Europa de las potencias coloniales tras la Primera Guerra Mundial, ha sido anegado por una ola de sangre.

De no haber sido por la decisin de George y Dick de realizar un paseo militar por Iraq; de no haber agitado el espantajo de la destruccin nuclear y no haber proclamado que el rgimen de Saddam Hussein estaba de algn modo vinculado con al-Qaeda y por lo tanto con el atentado de las Torres Gemelas; de no haber enviado decenas de miles de soldados estadounidenses a una Bagdad incendiada y saqueada (son cosas que pasan), desbandado el ejrcito iraqu, construido bases militares por todo el pas y dejado llevarse por sus fantasas de eterna dominacin del principal centro de produccin de petrleo del planeta, independientemente de las tensiones tnicas y religiosas existentes en la regin, el ISIS habra sido una posibilidad muy improbable. Fueron ellos quienes provocaron el impulso que rompi el equilibrio de poder existente en el lugar y crearon el vaco que un movimiento como el ISIS estaba tan horrorosamente bien preparado para llenar.

Con todo, es importante echar una mirada retrospectiva. En septiembre de 2001, cuando Geoge y Dick lanzaron su guerra total contra el terror para aniquilar as explicaron entonces las redes terroristas o, como ellos preferan decir, desecar la cinaga, en hasta 60 pases, haba algunas bandas yihadistas desperdigadas por el mundo, y al-Qaeda tena un par de campos de entrenamiento en Afganistn y algunos seguidores por ah. Hoy da, despus de las invasiones de Afganistn e Iraq y la intervencin del poder areo en Libia, despus de aos de bombardeos con drones (o con aviones tripulados) en todo Oriente Medio, los grupos yihadistas son una amenaza en Yemen y en Pakistn, se extienden por frica (en coincidencia con las unidades militares estadounidenses), y el ISIS se ha hecho con importantes zonas de Iraq y Siria, hasta la misma frontera con Lbano, y contina expandiendo su dominio asesino a pesar de la renovada campaa estadounidense de bombardeo que en el largo plazo solo conseguir fortalecer a ese movimiento.

Hay alguien que haya informado de esta pesadilla mejor que el periodista Patrick Cockburn del peridico britnico Independent? Segn mi parecer, no. Desde hace aos, l es la persona que tiene la mirada ms aguda del desarrollo de los acontecimientos en la regin. En coincidencia con la publicacin de un nuevo libro sobre Oriente Medio, vuelve a hacer una de sus raras apariciones en TomDispatch (la ltima fue en 2008). Este mes aparece su ltimo e imprescindible libro, The Jihadis Return: ISIS and the New Sunni Uprising. Hoy, este sitio web presenta un pasaje del primer captulo del libro, que cuenta por qu la guerra contra el terror ha fracasado (y el porqu de la insistencia de Washington en invadir algn lugar, que podra ser Arabia Saudita). Se incluye tambin una introduccin escrita especialmente para TomDispatch. Nuestro agradecimiento para su editor, OR Books.

 

La subestimada conexin saudita

[El texto que sigue es un pasaje del primer captulo del nuevo libro de Patrick Cockburn, The Jihadis Return: ISIS and te New Sunni Uprising, incluido aqu gracias a la editorial OR Books. La primera parte es una nueva introduccin escrita para TomDispatch.]

Hay algunos aspectos extraordinarios de la actual poltica estadounidense en relacin con Iraq y Siria que, sorprendentemente, estn llamando muy poco la atencin. En Iraq, Estados Unidos est realizando ataques areos y enviando asesores e instructores para tratar de contrarrestar el avance del Estado Islmico de Iraq y Siria (ms conocido como ISIS) en Erbil, la capital de Kurdistn. Presumiblemente, Estados Unidos hara lo mismo si el ISIS rodeara o atacara Bagdad. Pero la poltica de Washington en relacin con Siria es exactamente la contraria; en este pas los principales adversarios del ISIS son el gobierno sirio y los kurdos sirios en los enclaves del norte. Ambos son atacados por el ISIS, que se han apoderado de cerca de un tercio del territorio, incluyendo la mayor parte de las instalaciones de produccin de petrleo y gas.

Pero la poltica de Estados Unidos, de Europa, de Arabia Saudita y de los estados rabes del Golfo es el derrocamiento del presidente Bashar al-Assad; tambin lo es la poltica del ISIS y los dems yihadistas que estn combatiendo en Siria. Si cayera Assad, se beneficiara el ISIS, ya que est derrotando o absorbiendo al resto de la oposicin armada del gobierno sirio. En Washington y en todas partes se supone la existencia de una oposicin siria de carcter moderado ayudada por EEUU, Qatar, Turqua y los saudes. Sin embargo, esta oposicin es cada da ms dbil. Pronto, el nuevo califato se puede extender desde la frontera iran hasta el Mediterrneo, y la nica fuerza que podra hacer que esto no sucediera es el ejrcito sirio.

La realidad de la poltica estadounidense es apoyar al gobierno de Iraq pero no a Siria contra el ISIS. Pero una de las razones de que el ISIS haya crecido tan vigorosamente en Iraq es por su capacidad de extraer recursos y combatientes de Siria. Ahora, el consenso entre los polticos y los medios en Occidente es que no todo lo que ha ido mal en Iraq se debe al primer ministro Nouri al-Maliki. En los dos ltimos aos, polticos iraques han estado dicindome que era inevitable que el apoyo extranjero a la revuelta sunn en Siria terminara desestabilizando tambin su pas. Eso es lo que est pasando ahora.

Mediante sus contradicciones polticas en estos dos pases, Estados Unidos ha asegurado el fortalecimiento del ISIS en Iraq con combatientes procedentes de Siria, y viceversa. De momento, Washington ha conseguido que no se le culpabilice por el crecimiento del ISIS haciendo que todas las crticas recaigan sobre el gobierno iraqu. En los hechos, ha creado una situacin en la que el ISIS puede sobrevivir y bien podra prosperar.

El uso de la marca al-Qaeda

En general, el fuerte aumento de la fuerza y la importancia de la organizacin yihadista en Siria e Iraq no han sido reconocidos por los polticos y los medios de Occidente hasta hace muy poco tiempo. Una razn de peso para esto es que los gobiernos occidentales y sus fuerzas de seguridad tienen una visin muy estrecha de la amenaza yihadista y la atribuyen solo a los grupos controlados por la al-Qaeda central, o corazn de al-Qaeda. Esto les permite mostrar un imagen mucho ms optimista de sus xitos en la as llamada guerra contra el terror que lo que puede verificarse sobre el terreno.

De hecho, la idea de que los nicos yihadistas que deben preocupar son aquellos que tienen la bendicin oficial de al-Qaeda es ingenua y engaosa. Ignora el hecho de que, por ejemplo, el ISIS ha sido criticado por Ayman al-Zahuahiri, el jefe de al-Qaeda, por ser excesivamente violento y sectario. Despus de conversar con un jefe intermedio de los rebeldes yihadistas sirios sin afiliacin directa a al-Qaeda en el sureste de Turqua a comienzos de este ao, una fuente me dijo que todos ellos, sin excepcin, expresan su entusiasmo por los ataques del 11-S, y esperan que lo mismo pueda ocurrir en Europa.

Grupos yihadistas cercanos a al-Qaeda han sido etiquetados de moderados despus de que sus acciones fueran consideradas como de apoyo a los objetivos polticos de Estados Unidos. En Siria, los estadounidenses respaldaron un plan diseado por Arabia Saudita para construir un frente sur con base en Jordania que sera contrario al gobierno de Assad y, al mismo tiempo, hostil con los grupos rebeldes al estilo al-Qaeda en el norte y el este. La intencin es que la poderosa pero supuestamente moderada Brigada Yarmouk, de la que se informa de que hay planes para que reciba misiles antiareos de Arabia Saudita, sera la columna vertebral de esta nueva formacin de combate. Pero existen numerosos vdeos que muestran que frecuentemente la Brigada Yarmouk ha combatido codo a codo con la organizacin JAN*, afiliada oficial de al-Qaeda. A partir de esto, es posible que, en el fragor de la batalla, estos dos grupos compartieran municiones y que Washington estuviera permitiendo que armamento avanzado llegase a manos de su enemigo mortal. Algunos oficiales iraques confirmaron que ellos han capturado armas sofisticadas que estaban en manos de combatientes del ISIS en Iraq, armas que en su origen haban sido proporcionadas por potencias extranjeras a grupos sirios considerados como contrarios a al-Qaeda.

El nombre de al-Qaeda siempre se ha aplicado con mucha flexibilidad en la identificacin del enemigo. En 2003 y 2004, en Iraq, mientras creca la oposicin armada iraqu a la ocupacin anglo-estadounidense, los oficiales de EEUU atribuyeron a al-Qaeda la mayor parte de los ataques sufridos, a pesar de que muchos de ellos haban sido realizados por grupos nacionalistas y baasistas. Propaganda como esta ayud a que cerca del 60 por ciento de los votantes estadounidenses antes de la invasin de Iraq se convenciera de la existencia de una conexin entre Saddam Hussein y los responsables de los atentados del 11-S, independientemente de la ausencia de cualquier prueba en ese sentido. En el mismo Iraq, y sin duda en todo el mundo musulmn, esas acusaciones beneficiaron a al-Qaeda, porque le atribuyeron un papel exagerado en la resistencia contra la ocupacin anglo-estadounidense.

Precisamente, en 2011, la tctica opuesta muy al estilo de las public relations fue empleada por los gobiernos occidentales en Libia, donde cualquier similitud entre al-Qaeda y los rebeldes respaldados por la OTAN en su lucha contra Muammar Gaddafi fue minimizada. Slo fueron considerados peligrosos aquellos grupos yihadistas que tenan un vnculo operacional directo con el corazn de la al-Qaeda de Osama bin Laden. La falsedad de la ficcin de que los yihades en Libia contrarios a Gaddafi eran menos peligrosos que aquellos que estaban en contacto directo con al-Qaeda fue expuesta con crudeza si bien trgicamente en septiembre de 2012, cuando el embajador estadounidense Chris Stevens fue asesinado en Bengazi por los yihades. Estos yihades eran los mismos que haban sido ensalzados por los gobiernos occidentales y los medios por su desempeo en el alzamiento contra Gaddafi.

Al-Qaeda imaginada como la mafia

Ms que una organizacin, al-Qaeda es una idea, y esto viene siendo as desde hace mucho tiempo. Durante un periodo de cinco aos a partir de 1996, al-Qaeda ha tenido cuadros, recursos y campos de entrenamiento en Afganistn, pero fueron eliminados despus de la derrota del Talibn en 2001. Desde entonces, al-Qaeda se ha convertido sobre todo en una convocatoria, un conjunto de creencias islmicas centradas en la creacin de un estado islmico, la imposicin de la sharia, el regreso a las costumbres del Islam, la sumisin de las mujeres y la guerra sagrada contra otros musulmanes, particularmente los shies, a quienes se les considera unos herejes merecedores de la muerte. En el centro de esta doctrina guerrera, el nfasis est puesto en el sacrificio personal y el martirio como smbolos de la fe religiosa y el compromiso. Esto ha resultado en la utilizacin de creyentes sin entrenamiento, pero fanticos, para realizar atentados suicidas con explosivos que tienen un efecto devastador.

El inters de Estados Unidos y otros gobiernos siempre ha sido el que al-Qaeda sea visto como una organizacin poseedora de una estructura de mando y control parecida a un mini-Pentgono, o como la de la mafia en EEUU. Esta es una imagen que resulta reconfortante para el pblico porque los grupos organizados, por demonacos que puedan ser, pueden ser perseguidos y eliminados, bien mediante la crcel o bien mediante la muerte. La realidad de un movimiento en el que cada adherente ha sido reclutado por l mismo y que puede aparecer en cualquier lugar geogrfico es mucho ms alarmante.

Hace 12 aos, el agrupamiento de militantes realizado por Osama bin Laden, que no se llam al-Qaeda hasta despus del 11-S, era solo uno ms de los muchos grupos yihadistas. Pero hoy sus ideas y sus mtodos predominan entre los yihades debido al prestigio y la publicidad que le signific la destruccin de las Torres Gemelas, la guerra de Iraq y la demonizacin que de l hizo Washington cuando lo declar el origen de todos los males de Estados Unidos. En esos das, disminuyeron las diferencias entre las creencias de los yihades, ms all de su vinculacin formal con la central de al-Qaeda.

No debe sorprender a nadie el hecho de que los gobiernos occidentales prefieran la imagen de fantasa de al-Qaeda, ya que eso les permite vanagloriarse de una victoria cuando consiguen asesinar a alguno de sus miembros o aliados ms conocidos. A menudo, a los eliminados se les asigna un rango cuasi militar como jefe de operaciones para realzar la significacin de su deceso. La culminacin de este aspecto tan publicitado como irrelevante de la guerra contra el terror fue el asesinato de bin Laden en Abbottabad, Pakistn, en 2011. Eso le permiti al presidente Obama pavonearse ante el pblico por ser el hombre que haba presidido la cacera del lder de al-Qaeda. Sin embargo, en la prctica esa muerte ha tenido un impacto muy pequeo en los grupos yihadistas al estilo de al-Qaeda, cuya mayor expansin empez a darse a partir de entonces.

Ignorar el papel de Arabia Saudita y de Pakistn

La decisin clave que permiti la supervivencia de al-Qaeda, y ms tarde su expansin, se tom en la horas que se sucedieron inmediatamente despus del los atentados del 11-S. Casi todos los aspectos significativos del proyecto de estrellar aviones contra la Torres Gemelas y otros edificios icnicos de Estados Unidos condujeron hacia Arabia Saudita. Bin Laden era integrante de la elite saud y su padre haba estado estrechamente asociado con la monarqua de Arabia Saudita. El informe oficial del 11-S, citando a su vez un informe de la CIA de 2002, dice que al-Qaeda se financiaba gracias a una variedad de donantes y fundaciones, principalmente de los pases del Golfo y particularmente de Arabia Saudita.

Los investigadores del informe sealan repetidamente que su acceso era limitado o negado cuando se trataba de obtener informacin en Arabia Saudita. Aun as, aparentemente el presidente Bush nunca consider siquiera la posibilidad de hacer responsables a los saudes de lo sucedido. La salida de importantes sbditos saudes, entre ellos familiares de bin Laden, de Estados Unidos fue facilitada por el gobierno estadounidense en los das que siguieron al 11-S. Muy significativamente, las 28 pginas del Informe de la Comisin del 11-S referidas a las relaciones entre los atacantes y Arabia Saudita fueron eliminadas y nunca se publicaron, a pesar de que el presidente Obama prometi que se hara; se esgrimi la justificacin de la seguridad nacional.

En 2009, ocho aos despus del 11-S, un cable de la secretaria de estado de EEUU, Hillary Clinton, desvelado por el WikiLeaks, se quejaba de que los donantes de Arabia Saudita constituan la principal fuente de financiacin de los grupos terroristas sunnes de todo el mundo. Pero a pesar de esta admisin de carcter privado, Estados Unidos y Europa siguieron mostrndose indiferentes ante los predicadores saudes cuyo mensaje que llegaba a millones de televidentes satelitales, seguidores de YouTube y de Twitter, llamaban al asesinato de los shies por su hereja. Estos llamados se hacan mientras las bombas de al-Qaeda asesinaban a los habitantes de los barrios shies de Iraq. En un subttulo de otro cable del Departamento de Estado del mismo ao se poda leer: Es el anti-shismo la poltica exterior de Arabia Saudita?. Hoy da, cinco aos despus, los grupos apoyados por los saudes ostentan el rcord de extremo sectarismo contra los musulmanes no sunnes.

Pakistan, o ms bien la inteligencia militar pakistan bajo la forma de Inteligencia Interservicios (ISI, por sus siglas en ingls), es el otro padre de al-Qaeda el Talibn y de los movimientos yihades en general. Cuando el Talibn fue deshecho por el bombardeo estadounidense de 2001, sus fuerzas en el norte de Afganistn fueron atrapadas por fuerzas anti-Talibn. Antes de su rendicin, centenares de miembros de la ICI, instructores militares y asesores fueron evacuados apresuradamente por aire. A pesar de la clarsima evidencia del patrocinio ICI del Talibn y en general de los yihades, Washington se neg a enfrentar a Pakistn, dejando as el camino expedito para el resurgimiento del Talibn despus de 2003, algo que ni EEUU ni la OTAN han sido capaces de revertir.

La guerra contra el terror ha fracasado porque no se ha dirigido contra los movimientos yihadistas como un todo ni ha apuntado contra Arabia Saudita y Pakistan, los dos pases que han alimentado el yihadismo tanto en su condicin de creencia como de movimiento. Estados Unidos no lo hizo porque esos dos pases eran aliados importantes y no quiere malquistarse con ellos. Arabia Saudita es un importantsimo mercado para la industria blica estadounidense y los saudes han cultivado en ocasiones, comprado la amistad de influyentes miembros de su establishmet poltico. Pakistn es una potencia nuclear con una poblacin de 180 millones de habitantes y un poder militar estrechamente vinculado con el Pentgono.

El espectacular resurgimiento de al-Qaeda y sus filiales se ha dado a pesar de la enorme expansin de los servicios de inteligencia estadounidenses y britnicos y de sus respectivos presupuestos despus del 11-S. Desde entonces, Estados Unidos, seguido de cerca por Gran Bretaa, ha combatido guerras en Afganistn e Iraq y adoptado polticas propias de estados policiales, como la prisin sin proceso judicial, la tortura y el espionaje de sus propios ciudadanos. Los gobiernos han llevado adelante su guerra contra el terror diciendo sin rodeos que los derechos del ciudadano deben sacrificarse en aras de la seguridad para todos.

Frente a estas tan discutibles medidas de seguridad, los movimientos contra los cuales estn dirigidas estas medidas no han sido derrotados; muy por el contrario, se han hecho ms fuertes. En los tiempos del 11-S, al-Qaeda era una organizacin pequea y bastante ineficaz; a comienzos de 2014, los grupos al estilo de al-Qaeda eran numerosos y vigorosos.

En otras palabras, la guerra contra el terror, cuyas lneas maestras eran las adecuadas para un paisaje poltico como el del mundo de 2001, ha fallado sin paliativos. Hasta la cada de Mosul, nadie se haba apercibido de ello.

 

Notas:

* El autor sin duda se refiere al grupo Jabhat al-Nusra. (N. del T.)

Patrick Cockburn es corresponsal en Oriente Medio de Independent; antes de eso, trabaj para el Financial Times. Ha escrito tres libros sobre la historia reciente de Iraq y un ensayo, The Broken Boy; junto con su hijo, ha escrito un libro sobre la esquizofrenia: Henrys Demons. En 2005, gan el Premio Gelhom; en 2006, el Premio James Cameron; y en 2009, el Premio Orwell de Periodismo. Su prximo libro, The Jihadis Return: ISIS and the New Sunni Uprising, solo est disponible en OR Books. Este pasaje (con una introduccin escrita para TomDispatch) ha sido extrado de ese libro.

Fuente original: http://www.tomdispatch.com/blog/175884/



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