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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2014

Un sistema nuevo

Jaime Richart
Rebelin


En la cultura occidental todas las generaciones vienen estando atrapadas en su poca. Prcticamente hasta el siglo XX, nadie universalmente conocido razonaba y publicaba sin la nocin Dios. Podra arremeter de manera furibunda contra la Iglesia, pero no prescinda, explcita o implcitamente, de dicha nocin. Y el que osaba hacerlo, lo pagaba con la locura o con la vida. Pues bien, con el capitalismo y con los bancos ocurre lo mismo. Se pide o se exige depurar el sistema capitalista, pero no se propone otra frmula que no sea ms capitalismo con ms bancos beatficos, los cuales no existen. Ni con leyes ni sin leyes. El Inters es el rey y la desigualdad el motor. Los dirigentes que intentan algo diferente lo pagan asimismo con el fracaso o con su vida.

Occidente est pidiendo a gritos un nuevo sistema. El capitalismo ya no sirve. El capitalismo es un sistema de organizacin de la sociedad basado en la primitiva idea de que la sociedad en su conjunto slo puede prosperar si las diferencias naturales entre los individuos que la componen son superadas por el esfuerzo de cada individuo por separado, siendo la suma de esfuerzos individuales lo que genera prosperidad para todos.

En una primera fase, esta premisa puede aceptarse. Pero no en una fase de evolucin social ms avanzada. Pues lo que en principio fue un estmulo y motor de progreso, la iniciativa privada, acaba convirtindose con el tiempo en una continuidad cmoda de los descendientes del individuo que realiz el esfuerzo digno de ser retribuido. Esa continuidad cmoda da lugar a la invencin de las finanzas. El individuo ya no realiza esfuerzo creativo alguno. Simplemente especula y maquina. Su imaginacin y su creatividad no generan riqueza para todos sino que van dirigidas exclusivamente a vislumbrar la oportunidad. Ya no hay riesgo en el capitalismo de la fase posterior. O por mejor decir, el riesgo se reduce a la apuesta en el casino. Nada que ver con las justificaciones del capitalismo industrial en cuya virtud el riesgo justifica el beneficio. Toda la teora se viene abajo y su soporte y razn de ser se sita prcticamente en la fuerza, manu militari, manu politiae, cuando acaba la fase de bonanza.

Pues bien, en estas condiciones generales en las que otros pases del mismo sistema los capitalistas tratan de prolongar el rgimen capitalista que se desmorona no abusando de sus ventajas, los capitalistas espaoles y los polticos que les respaldan ahondan en cambio ms y ms aquellas diferencias naturales; diferencias naturales convertidas ya en diferencias plenamente sociales, institucionalizndose la pobreza no ya como un estado del individuo de circunstancias, sino como algo establecido por razn del rol que en la sociedad el individuo ocupaba cuando el cataclismo provocado por la arquitectura financiera sobrevino.

Algunos hablan de la casta refirindose a una porcin de individuos que han propiciado o han permitido ese cataclismo y se han beneficiado de l. Pero en un sentido ms amplio la situacin general est muy cerca de la distribucin de las capas sociales por castas, en el sentido sociolgico de grupo que forma una clase separada de los dems por cualquier razn. En Europa tambin. Pero sobre todo en Espaa, donde a paso acelerado se van perfilando cada vez con ms nitidez dos castas especialmente: la de los que lo tienen todo y la de los que no tienen nada, la de los poseedores y la de los desposedos, siendo la distancia entre unos y otros cada vez ms insalvable.

Aunque se trata de pases del sur de Europa y principalmente de Espaa, estamos ante un franco retroceso de la civilizacin. No porque se haya frenado el consumo, que bien frenado est, sino porque la pobreza y la exclusin social forman parte muy acusada del panorama general en el que los dirigentes polticos, bancarios e institucionales no sufren ni comparten las consecuencias del mismo cataclismo. Grandes masas de poblacin han de contentarse con poco o con nada, pero ellos siguen percibiendo el mismo monto de retribuciones del Estado por su condicin de polticos. La incivilidad, en situaciones que se creyeron superadas para siempre, ha tomado carta de naturaleza comandada por cresos y polticos. Y todo cuanto intente hacerse que no sea para conseguirse un estrechamiento de la distancia en holgura y bienestar entre pobres y ricos es muy grave proceso involutivo. Porque aunque siempre haya sido as, la percepcin general es que cada vez es ms hiriente el agravio comparativo, y que el enriquecimiento injusto y el expolio extensivo, como la conquista, son avatares ya propios slo de la barbarie aunque en este tiempo la barbarie vaya acompaada de mucha tecnologa. En suma, urge acabar con el pensamiento y la accin neoliberales, una vez probado y comprobado que es otra argucia del capitalismo para sucederse a s mismo y para enriquecer ms a unos y abrir las puertas a otros puados ms de nuevos ricos del globo. Y mientras tanto Espaa empobrece de manera irreversible y parte de su poblacin sucumbe, fsica o moralmente, por causas directas o colaterales.

No se sabe cul acabar siendo el sistema de reemplazo, pero parece inevitable que cualquiera que sea pasar por una socializacin generalizada de los servicios bsicos. Y, llmese como se llame la pirueta, el desafo estar en revertir el mximo poder poltico y econmico al Estado. En todo caso, evitemos llamarlo comunismo que tan malas resonancias tiene para los que hasta ahora han dominado el mundo; evitemos llamarlo socialismo por razones parecidas. Pero hay que encontrar a todo trance la frmula que evite que la Europa Vieja, Espaa y el planeta sigan en manos de los acaparadores de la riqueza, de los depredadores y de los dedicados a la explotacin en beneficio propio de los bienes y frutos colectivos. Pertenece a esa accin una sumaria y urgente reeducacin que propicie el desarrollo del nuevo sistema. A fin de cuentas todo lo mejor que el conjunto de la sociedad ha disfrutado hasta ayer, haba sido generado por el Estado y ha salido del Estado. Me refiero a ese Estado que ahora en Espaa muestra una patente obsecuencia frente a los intereses de grupos nacionales emparentados muy de cerca con intereses internacionales y que, por el contrario y para compensar aquella debilidad, se hace fuerte frente a los ms dbiles estrujando o suprimiendo derechos ciudadanos adquiridos, justo para impedir que esos inconmensurables intereses se vean mermados o afectados negativamente.

En todo caso la clave del cambio no est en la macroeconoma, por ms que las cifras, la contabilidad y los balances manejados por economistas y polticos se impongan a la fuerza dentro del expolio practicado y las maniobras especulativas de un capitalismo financiero feroz (lo que significa una concentracin cada vez ms masiva del dinero en pocas manos), sino sobre todo en los principios humanistas, cristianos y razonables que sitan al individuo aislado en el centro de atencin y preocupacin por parte del Estado. La clave, ms all de la poltica y la economa, est en el plano sociolgico y antropolgico: en el ideal que planteaba Voltaire: que no haya nadie que sea tan rico que pueda comprar a otro, ni tan pobre que se vea en la necesidad de venderse...

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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