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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2014

A 41 aos del bombardeo de la Moneda
Salvador Allende en la perspectiva histrica del movimiento popular

Sergio Grez Toso
Rebelin


El historiador britnico Eric Hobsbawm sostiene que en todos nosotros existe una zona de sombra entre la historia y la memoria, entre el pasado como registro generalizado, susceptible de un examen relativamente desapasionado y el pasado como una parte recordada o como trasfondo de la propia vida del individuo. Y precisando su idea Hobsbawm agrega que para cada ser humano esta zona se extiende desde que comienzan los recuerdos o tradiciones familiares vivos [...] hasta que termina la infancia, cuando los destinos pblico y privado son considerados inseparables y mutuamente determinantes. La longitud de esta zona puede ser variable, as como la oscuridad y vaguedad que la caracterizan. Pero siempre existe esa tierra de nadie en el tiempo. Para los historiadores, y para cualquier otro, siempre es la parte de la historia ms difcil de comprender [1] .

Pienso que Hobsbawm tiene razn. Algo similar a lo que l describe me ocurre con la figura de Salvador Allende. Aunque varias generaciones nos separaban, alcanc a ser su contemporneo y a vivir con la ingenuidad de la infancia, primero, y luego con la pasin de los aos adolescentes, el tiempo del apogeo de su carrera poltica, que fue tambin el del punto mximo alcanzado por el movimiento popular en Chile en sus luchas por la emancipacin.

Mi contemporaneidad con Allende y compromiso personal en la causa de la izquierda y del movimiento popular son obstculos adicionales que ponen a prueba mi juicio de historiador. Sin contarme entre quienes que niegan la posibilidad de hacer historia del tiempo presente, aquella de la cual hemos sido actores o al menos testigos, debo reconocer que an hoy, a tres dcadas y media del golpe de Estado y de la muerte de Allende, la emocin me embarga al evocar su persona y al escuchar el metal tranquilo de su voz.

No postulo que la historia (en el sentido historiogrfico o conocimiento sistemtico que tenemos acerca de los hechos del pasado) deba carecer absolutamente de emocin y de pasin, pero la sociedad espera que los historiadores tengamos un juicio lo ms objetivo, justo y verdadero posible acerca de los acontecimientos histricos. Creo que sobre la historia de Chile de la segunda mitad del siglo XX (y de seguro bastante ms atrs) mi mirada tendr siempre la impronta de alguien comprometido con uno de los bandos en lucha, aun cuando por honestidad intelectual y personal haga los mximos esfuerzos por ponderar las evidencias histricas, que, como es sabido, pueden ser acumuladas para apoyar interpretaciones muy dismiles acerca del devenir de una sociedad o de un grupo humano a travs del tiempo.

Cmo abordar entonces desde un punto de vista ensaystico al personaje histrico Salvador Allende?

Creo que en mi caso lo ms conveniente es recurrir a la larga duracin que sobrepase con creces su vida, insertndola en el transcurrir general del movimiento popular en Chile. De esta manera, tomando cierta distancia de las contingencias que enfrent el personaje y que son, precisamente, aquellas que pueden empaar mi visin, quiero aportar un grano en la comprensin del papel de Allende y, al mismo tiempo, de algunos fenmenos de nuestra historia.

Me propongo sostener tres premisas:

1) Salvador Allende encarn mejor que nadie desde mediados de la dcada de 1930 y hasta su muerte en 1973 la continuidad histrica y la lnea central de desarrollo del movimiento popular.

Como es sabido, las races de este movimiento se hunden hasta mediados del siglo XIX cuando algunos contingentes de artesanos y obreros calificados levantaron un ideario de regeneracin del pueblo en base a una lectura avanzada y popular de los postulados liberales. El mutualismo y otras formas de cooperacin fueron la expresin prctica de este proyecto de carcter laico, democrtico y popular. Con el correr del tiempo, el desarrollo del capitalismo y la llegada de las ideologas de redencin social provocaron desde fines de ese siglo el ascenso del movimiento obrero y con l una metamorfosis de la doctrina, las formas de organizacin y de lucha de los sectores populares. Desde comienzos del siglo XX el ethos colectivo del nuevo movimiento se sintetiz en la aspiracin (ms radical) de la emancipacin de los trabajadores y se expres en el surgimiento del sindicalismo y la adopcin por parte del movimiento obrero y popular de los nuevos credos de liberacin social del anarquismo y el socialismo. Con todo, a pesar de la mutacin en un sentido de mayor radicalidad (de la cooperacin a la lucha de clases), un tronco de tipo ilustrado, regenerativo y emancipador represent una cierta continuidad entre esas dos fases o momentos del movimiento popular [2] .

Salvador Allende hizo sus primeras experiencias polticas cuando el movimiento popular se aprestaba a transitar por los cauces institucionales que no abandonara hasta que el golpe de Estado de 1973 lo interrumpiera brutalmente. As, despus de ms de una dcada de convulsiones sociales y polticas, a mediados de los aos 30, el movimiento popular y la izquierda, dando su brazo a torcer, optaron mayoritariamente por incorporarse al juego poltico institucional, retomando despus de algunas veleidades rupturistas- un transitar ms evolutivo, pacfico, parlamentario y reformista, que era, en definitiva, el que siempre haban escogido los trabajadores toda vez que las clases dirigentes se los haban permitido.

Desde este gran viraje (segn la acepcin de Toms Moulian) de mediados de los aos 30 que inaugur la poltica de Frente Popular, la izquierda y el movimiento popular asociado a ella, opt clara y mayoritariamente por aceptar las reglas puestas por el Estado de compromiso proclamado por la Constitucin de 1925, pero que recin por esos aos empez a hacerse realidad [3] . Allende, como esa sabido, jug un papel destacado en esta nueva estrategia ya sea como ministro de Estado, parlamentario, dirigente partidario y ms all de sus cargos formales- en tanto lder poltico popular. El Frente Popular, luego el Frente del Pueblo, el Frente de Accin Popular y, finalmente, la Unidad Popular, fueron los hitos aliancistas a travs de los cuales la poltica de la izquierda y del movimiento popular se hicieron realidad. Esto fue, en sntesis, el contenido ms esencial del allendismo como sentimiento y corriente poltica de masas. En este sentido, la accin y la persona de Allende persistente hasta el ltimo de sus das en un camino de unidad- fueron la expresin ms paradigmtica de una va y de una estrategia para alcanzar el ideal de la emancipacin popular.

2) Salvador Allende encarn la dialctica no resuelta de reforma o revolucin.

An cuando el apego de Allende a la va parlamentaria y a las reglas del juego del Estado de compromiso fueron permanentes, la izquierda y el movimiento popular en los ltimos aos de la vida de este lder se vieron envueltos en un debate y en una encrucijada no resuelta que anul los esfuerzos que en distintos sentidos se hicieron para dar conduccin al movimiento y una salida al impasse poltico. Es el empate catastrfico entre las dos vas la rupturista revolucionaria y la moderada revolucionaria del cual nos ha hablado Toms Moulian en su Conversacin interrumpida con Allende [4] . A 35 aos de distancia, la disyuntiva reforma o revolucin? pierde los contornos que en la dcada de 1970 nos parecan tan ntidos. Si bien la revolucin con empanadas y vino tinto preconizada por Allende, en esencia la va electoral reforzada por la movilizacin popular, mostr sus lmites en un contexto internacional de gran polarizacin, la revolucin tal como la concebamos entonces, ya no es posible y -ms an- ni siquiera deseable.

La cada de los muros, la terciarizacin de las economas, los cambios tecnolgicos y de las estructuras sociales en Chile y el mundo, la emergencia de nuevas problemticas y de un mundo unipolar dominado por un gran Imperio, amn de un sinnmero de razones que apuntan mayoritariamente a la consolidacin del modelo de dominacin, hacen de la revolucin segn el esquema clsico, un fetiche puramente nostlgico ms all de la eficiencia tcnica (a estas alturas bastante hipottica) de sus mtodos para asaltar el poder.

La oposicin entre la va reformista electoral y la va revolucionaria armada no es ya un punto de quiebre al interior de la izquierda y del movimiento popular, pero s lo son, por ejemplo, la adhesin o el rechazo al modelo neoliberal y a la dominacin imperial. A la luz de este nuevo dilema, la poltica de Allende adquiere renovada relevancia histrica. Su reformismo rupturista o reformismo revolucionario nos parece hoy da -incluso a sus crticos de izquierda de entonces- el sumun a lo que podramos aspirar en estos tiempos de globalizacin neoliberal. Curiosa paradoja de la historia: lo que antes era considerado altamente insuficiente llega a ser el bien mayor. El allendismo del perodo de la Unidad Popular fue la expresin de una tentativa abortada por resolver en una sntesis dialctica la disyuntiva entre reforma o revolucin que el contexto histrico de los aos 70 -ahora lo percibimos con claridad- no permita solucionar. Con todo, a pesar de verse atrapado en ese callejn sin salida, Allende en el da de su muerte, y con su muerte, intent dejar una herencia poltica de contenido reformista revolucionario.

3) En la historia del movimiento popular el golpe de Estado de 1973 representa un quiebre total, un puente roto que no se ha vuelto a reparar.

En su mensaje de despedida Salvador Allende vaticin que otros hombres superaran ese momento gris y amargo. Esos nuevos hombres retomaran la senda interrumpida de la izquierda y del movimiento popular. Los herosmos, sacrificios y reencantamientos militantes de la lucha de resistencia contra la dictadura parecieron reanudar la marcha del movimiento popular. El combate contra la opresin de la tirana se inscriba perfectamente en la perspectiva general y de muy larga duracin- en pro de la emancipacin del pueblo. Pero la infinita transicin a la democracia que vino enseguida, los acomodos y reacomodos de la clase poltica, la decepcin y desmovilizacin popular, demostraron que slo por un efecto de espejismo el movimiento popular haba parecido rearticularse duraderamente al calor de las protestas de la dcada de 1980. En realidad, una vez que el enemigo visible se metamorfose tras el discurso de reencuentro y reconciliacin nacional, el movimiento popular perdi su norte, quedando en evidencia que el ethos colectivo de la emancipacin de los trabajadores que lo haba animado durante tanto tiempo, se haba extraviado o difuminado en medio del derrumbe ideolgico que acompa al fin del llamado campo socialista y en el empeo criollo por recuperar la democracia.

Cul es el ethos colectivo del mundo popular en el Chile actual? Hay un cuerpo de ideas bsicas que articule sus demandas? Se manifiesta una aspiracin comn como fue en la poca de Allende la conquista de un gobierno popular- que cristalice en un objetivo poltico fcilmente identificable las distintas reivindicaciones sectoriales? Y si esto no es as, sin ese corpus mnimo de ideas y anhelos compartidos, es posible concebir la existencia de un movimiento popular?

La verdad es que los sectores populares han desaparecido en tanto sujetos polticos, quedando reducidos a la categora de clientela que oscila entre las alternativas de administracin progresista del modelo o gestin populista de derecha del mismo. El mercado ha reemplazado a las formas orgnicas de sociabilidad que hicieron posible la existencia de un movimiento popular que tuvo expresiones sociales y polticas, una de cuyas vertientes histricas ms caudalosas y persistentes fue el allendismo. Es por ello que, al margen de las aoranzas, en trminos polticos reales no hay allendismo actualmente en Chile (porque podra haber allendismo sin Allende como ha existido en otras partes peronismo sin Pern o gaullismo sin De Gaulle). Por las mismas razones no ha surgido un lder popular de la talla de Allende ni nada que se le parezca. Allende como hombre poltico y esto es de Perogrullo- fue el producto de un tiempo, de una relacin entre una personalidad descollante y un movimiento social y poltico del cual l fue intrprete y expresin.

Para que vuelvan a abrirse las grandes Alamedas (que an permanecen cerradas) se necesitarn de otros hombres que estimulen el desarrollo de fuertes movimientos sociales, hombres y mujeres capaces de retomar el hilo conductor del movimiento popular en una perspectiva de futuro y no de mera evocacin nostlgica. Mientras esto no ocurra, el legado poltico de Allende continuar siendo un capital inmovilizado, un icono desprovisto de significado histrico concreto y de operatividad poltica real.



  Dr. en Historia, profesor del Departamento de Ciencias Histricas de la Universidad de Chile. La primera versin de este texto fue publicado en 2003.

[1] Eric Hobsbawm, La era del imperio, 1875-1914, Buenos Aires, Crtica, 1998, pg. 11.

[2] Sergio Grez Toso, De la regeneracin del pueblo a la huelga general. Gnesis y evolucin histrica del movimiento popular en Chile (1810-1890), Santiago Ediciones de la DIBAM RIL Ediciones, 1998; Una mirada al movimiento popular desde dos asonadas callejeras (Santiago, 1888-1905), en Cuadernos de Historia, N19, Santiago, diciembre de 1999, pp. 157-193; Transicin en las formas de lucha: motines peonales y huelgas obreras en Chile (1891-1907), en Historia, vol. 33, Santiago, 2000, pp. 141-225; Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de la Idea en Chile (1893-1915), Santiago, Lom Ediciones, 2007.

[3] Toms Moulian, Violencia, gradualismo y reformas en el desarrollo poltico chileno, en Adolfo Aldunate, ngel Flisfich y Toms Moulian, Estudios sobre el sistema de partidos en Chile, Santiago, FLACSO, 1985, pgs. 13-68. La idea del gran viraje de la izquierda est expuesta ms especficamente en pgs. 49 y 50.

[4] Toms Moulian, Conversacin interrumpida con Allende Santiago, LOM Ediciones Universidad ARCIS, [1998].

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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