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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2014

El problema de la Eurozona

Juan Francisco Martn Seco
Repblica.com


La Eurozona vuelve de nuevo al estancamiento. La recesin de Italia, el escaso crecimiento de Alemania y la parlisis de Francia, la han precipitado a la zona cero. En realidad, hace mucho que no sale de ella. Desde 2008 ha sufrido dos recesiones y son contados los trimestres en los que su crecimiento ha sido positivo. De poco vale el triunfalismo de instituciones y polticos, tales como los del Gobierno espaol, anunciando a bombo y platillo una recuperacin que an est muy lejos, o trucando las estadsticas de paro mediante puestos de trabajo a tiempo parcial o la de figuras como la de los autnomos inscritos en la SS con tarifa plana, que en gran medida es paro encubierto. La realidad se termina imponiendo, y en Espaa la realidad se llama balanza de pagos. Hace aproximadamente un mes que lo anunciaba desde estas pginas bajo el ttulo La levedad de la recuperacin.

Conviene recordar que esta crisis comenz en EEUU con las hipotecas subprime y que, sin embargo, el pas americano hace ya bastante tiempo que sali de ella o al menos lleva una temporada larga con tasas positivas de crecimiento y generando empleo, mientras la Eurozona se encuentra estancada y sin que se vislumbre la escapatoria. No es hora ya de que los economistas, los gobiernos y las instituciones europeas se pregunten seriamente cul es la verdadera causa de esta parlisis? Acaso no ha llegado el momento de que dejemos de marear la perdiz con explicaciones banas y de poner de una vez los puntos sobre las es? La razn de que la Eurozona -y con ella, no nos engaemos, Espaa- no termine de salir de la crisis no puede ser otra distinta que la que nos aboc a ella: la Unin Monetaria (UM).

Hay analistas econmicos que ven el problema, pero se niegan a aceptar la conclusin, les da vrtigo reconocer que el cncer se encuentra en el euro. De ah que se esfuercen en sealar como causa la diferente poltica practicada por el Gobierno norteamericano con respecto a la que se ha seguido en la Eurozona. Tienen razn, pero deberan ir ms all y preguntarse el porqu. Obama recapitaliz el sistema bancario, reestructur parte de la deuda privada, instrument un ambicioso plan de expansin fiscal e hizo que la Reserva Federal lo monetizase, evit la deflacin y consigui la depreciacin del dlar, con lo que se reactiv el crecimiento. Pero EEUU es una nacin y la Eurozona no, ya que se trata ms bien de un haz de pases heterogneos sin vinculacin fiscal y presupuestaria y con intereses muy diferentes. Unos son deudores, otros acreedores. Es impensable, por tanto, que la UM practique la misma poltica que EEUU, eso sin contar con que carece de los mecanismos de ajuste interregional que cualquier Estado y, por tanto, tambin EEUU, tiene.

Se da por hecho que detrs de la crisis espaola se encuentra el excesivo endeudamiento de la empresas y de las familias, la avaricia, incompetencia y frivolidad de los bancos espaoles, que concedieron crditos de manera imprudente y de los bancos extranjeros, sobre todo alemanes y franceses, que prestaron a los espaoles para formar la burbuja inmobiliaria, y la negligencia de los gobiernos y del Banco de Espaa que permitieron con total pasividad, cuando no con triunfalismo, que tales situaciones se produjeran. Todo ello es cierto, pero no es menos cierto que nada de esto habra podido ocurrir sin pertenecer a la moneda nica. Ante la existencia del riesgo de tipo de cambio, los bancos extranjeros no hubiesen prestado a los espaoles esas enormes cantidades, y en todo caso los mercados habran atacado a la peseta, y forzado la devaluacin, como ya ocurri a principios de los noventa, mucho antes de que el dficit de la balanza por cuenta corriente llegase al 10%.

Nadie culpa a Merkel de la crisis econmica, pero s de que su poltica est haciendo imposible la salida. Su gestin, se dice, ha sido nefasta desde 2009 y es la principal responsable de la segunda recesin que han sufrido Espaa y Europa en 2012, as como del estancamiento actual. Merkel, en su papel de defensora de los acreedores y ahorradores alemanes, ha forzado que todo el ajuste se haga en los pases deudores con cargo a los contribuyentes. El resultado ha sido desastroso para los pases del Sur, que tienen ahora un porcentaje de deuda pblica y privada sobre el PIB mayor que en 2007. La canciller alemana ha vetado cualquier poltica fiscal expansiva y ha impuesto a los deudores medidas brutales encaminadas a garantizar el cobro a los acreedores. As mismo, ha impedido que el Banco Central Europeo realice una poltica ms agresiva, con lo que ha evitado la depreciacin del euro.

Todo esto es verdad, nadie puede negar la responsabilidad del Gobierno alemn obstaculizando la salida de la crisis, pero tampoco se puede negar la culpabilidad del resto de los gobiernos europeos, especialmente de los del Sur, al firmar el Tratado de Maastricht y dar su aquiescencia a una unin contra natura que iba a introducir a las economas de sus pases en una trampa de difcil solucin. Fueron incapaces de requerir entonces -habra sido el momento- contrapartidas presupuestarias y fiscales (exceptuando los fondos de cohesin, totalmente insuficientes), que compensasen los desequilibrios que antes o despus se presentaran. Y ni siquiera tuvieron la precaucin de exigir que en caso de ajuste su coste no corriese nicamente a cargo de los pases deudores, sino tambin de los acreedores, mxime cuando ya haban sido testigos de los problemas ocasionados en el Sistema Monetario Europeo y de cmo la obligacin del ajuste recay en exclusiva sobre los pases deficitarios en la balanza por cuenta corriente. Tampoco se opusieron a que el BCE naciese con un estatuto que lo configuraba como un engendro y que dejaba a los gobiernos nacionales en completa indefensin frente a los mercados. Ahora no vale quejarse de lo perversa que es la canciller alemana. Si acta as es porque no hay nada en los Tratados que la obligue a comportarse de manera distinta.

El problema de la Eurozona se encuentra, s, en la poltica impuesta por Merkel, en el comportamiento del BCE y en la pasividad e indolencia de los mandatarios del resto de los pases, ms preocupados por situar en los puestos clave de las instituciones europeas a sus paniaguados que de la poltica que se va a seguir; pero sobre todo radica en la contradiccin intrnseca en el proyecto de Unin Monetaria. En realidad, al no haberse acompasado con una integracin fiscal, presupuestaria y poltica, no hay un solo euro sino diecisiete distintos, uno por cada pas, y cada uno de ellos debera tener un tipo de cambio diferente de acuerdo con sus circunstancias econmicas.

Desde luego, el BCE ha sido un ejemplo de sectarismo y de incompetencia en sus actuaciones, pero me temo que, aun cuando hubiese sido dechado de sabidura y buen hacer, su misin no hubiese resultado sencilla, y desde luego no lo va a ser en el futuro con diecisiete pases que precisan de diecisiete polticas distintas y de otros tantos tipos de cambio diferentes.

Algunos comentaristas insisten en que la devaluacin no es la panacea y en que el tipo de cambio no arregla todo. Sin duda, pero desde luego no parece que haya solucin posible mientras el tipo de cambio real no coincida con el nominal. La forma lgica de hacerlos converger es depreciando o apreciando la moneda. Hay quien pretende conseguirlo moviendo los cientos de miles de costes y de precios internos, incluyendo los salarios y el tipo de inters, lo cual es bastante difcil, por no decir imposible. Qu pensaramos de aquellos que estando en una casa instalados en una habitacin distinta de la que deberan ocupar, en lugar de trasladarse ellos a la correcta pretendieran que fuese la casa toda la que se moviera?

http://www.attac.es/2014/09/02/el-problema-de-la-eurozona/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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