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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2014

De lo pintado a lo vivo

Julio Anguita Gonzlez
Mundo Obrero


Hoy, en Espaa, la contradiccin principal o fundamental se establece entre el Poder y su expresin poltica, el bipartidismo y la mayora social.

Raimondo Montecuccoli (1609 1680) genio militar de su poca y autor de brillantes tratados sobre la guerra, expres sus crticas a aquellos generales que ante una situacin blica de caractersticas novedosas o poco comunes, solan acudir a los textos de estudios militares de tipo acadmico para indagar en ellos qu hubieran hecho en semejante situacin Alejandro Magno, Pirro, Anbal o Julio Csar. Por otra parte y partiendo siempre de que la realidad es concreta, difcilmente repetible y anclada en necesidades inmediatas, Montecuccoli afirmaba que en la guerra hacan falta tres cosas: dinero, dinero y dinero.

A simple vista podra considerarse como contradiccin el que un estudioso de las cuestiones blicas desechara los saberes acumulados sobre ella para cambiarlos por una aparente y frvola improvisacin. Nada de eso, lo que Montecuccoli deca era que los saberes, las teoras, los principios, las experiencias acumuladas, deben servir de gua pero, en absoluto convertirse en un catecismo o en manual de recetas. La realidad del momento exige respuestas pertinentes.

Siglos despus, el genio revolucionario de Lenin reiteraba que la verdad era concreta y no abstracta o que el rbol de la teora era gris pero el de la vida era verde. Lenin en abril de 1917 acepta de los alemanes (previo permiso del soviet de Petrogrado), viajar en tren desde Suiza hasta Finlandia para ayudar a la causa de la revolucin haciendo campaa contra la guerra, y no abandonando en ningn momento el objetivo fundamental, por mucho que los alemanes quisieran utilizarlo para ganar el conflicto armado a la Rusia zarista. Puede considerarse como traidor a Lenin? Puede ser motejado de populista desideologizado a Lenin porque, dirigindose a la poblacin rusa de campesinos y soldados, no hablase de la lucha de clases o de la izquierda y fijase el objetivo de la Revolucin, en aqul momento, en aquella coyuntura, en aquella fase, en tres ideas: paz, pan y tierra? Poda considerarse a Lenin un iluminado o visionario cuando asumi que en aquella hora y en determinadas cuestiones, las masas iban por delante del propio partido?

Antonio Gramsci postul la necesidad de una respuesta popular ante una situacin de extrema gravedad planteando la necesidad de una ideologa-mito que no deba presentarsecomo una fra utopa ni como una argumentacin doctrinaria, sino como la creacin de una fantasa concreta que acta sobre un pueblo disperso y pulverizado para rescatar y organizar su voluntad colectiva. Ntese como el objetivo central es conseguir la cohesin de una mayora social sin especificar adscripcin ideolgica alguna.

Enrico Berlinguer planteaba su propuesta de Compromiso Histrico como un designio de transformacin de la sociedad y del Estado por medio de un movimiento unitario y democrtico en el cul sean protagonistas, en condiciones de igualdad, todas las fuerzas populares. Curiosamente, y por aqul entonces el dirigente del Partido Socialista de Italia, Bettino Craxi, planteaba como alternativa la unidad de la izquierda para desalojar del poder poltico a la Democracia Cristiana.

Muy recientemente (28 de Agosto del 2014) ha aparecido en Rebelin un artculo de Marta Harnecker: Para construir una sociedad socialista se requiere de una nueva cultura de izquierda, que consta de 59 epgrafes. Por cuestiones de espacio me limito a recomendar su lectura y muy especialmente los puntos 56, 57, 58 y 59.

No creo que ninguno de nuestros lectores considere sospechosos de derechizacin o traicin a los comunistas anteriormente citados. Hay en ellos una curiosa coincidencia que atraviesa sus textos y sus proyectos. Una coincidencia que sigue estando de actualidad y se expresa en tres lneas de anlisis y propuesta:

1. El valor fundamental de saber en qu fase y en qu momento de la lucha social se est. El valorar la coyuntura, actuando en consecuencia. Lenin la defina como el punto nodal en el que se condensan todas las contradicciones. En consecuencia los planteamientos para la accin y la organizacin deben atenerse a esa realidad. En ningn momento plantean cuestiones de principios o de purezas de sangre ideolgicas o polticas. Se atienen a lo expuesto en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels cuando afirmaban que los comunistas no eran diferentes a las dems organizaciones obreras pero que se diferenciaban en una sola cuestin: tener presente el objetivo final en todas y cada una de las acciones diarias. Suficiente.

2. Derivado de todo lo anterior se desprende la necesidad de evaluar, distinguir y actuar entre las contradicciones y los aspectos primarios o secundarios de las mismas. Hoy, en Espaa, la contradiccin principal o fundamental se establece entre el Poder y su expresin poltica, el bipartidismo y la mayora social. Una mayora social en la que la izquierda de carn, ideas o sentimientos no es mayoritaria aunque anhela soluciones para sus problemas a la vez que rechaza la corrupcin mafiosa y la degradacin de los poderes del Estado. Esta contradiccin principal tiene un aspecto secundario interesante: la tensin preelectoral entre PP y PSOE que se manifiesta en crticas u oposicin a determinadas propuestas como, por ejemplo la eleccin de alcaldes que plantea el gobierno. Se debe actuar en esta contradiccin o algunas otras sin olvidar jams quienes son los antagonistas en la contradiccin principal.

3. El protagonismo, por encima de cualquier otra consideracin, de las masas organizadas. Unas masas que en cada poca histrica tienen un componente diferenciado a tenor de los procesos de produccin, los niveles culturales o sociales y sobre todo, como consecuencia de la creciente proletarizacin de sectores, grupos y sujetos menores del proceso productivo. Todo ello proporciona un pie forzado que nunca debe olvidarse: la pluralidad. Este ingente y abigarrado conjunto que constituye la mayora, est atravesado de manera consciente o inconsciente, por contradicciones secundarias (muchas veces exclusivamente ideolgicas) que si no se ubican en su lugar terminan por devenir en rupturas. El remedio contra ello es el Programa (que no es un listado de deseos) y la manera de elaborarlo. Esa era la razn que informaba la extinta elaboracin colectiva de IU. Un Programa que, a tenor de su idoneidad para resolver problemas hace que muchos colectivos y personas notoriamente refractarios a la izquierda terminen como el personaje de Molire, hablando en prosa pero sin saberlo.

Con la vista puesta en la coyuntura histrica que nos ha tocado vivir. Con la necesidad ms que urgente de una respuesta mayoritaria que cambie el curso de las cosas. Con el momento nico que se vive tras el 22 de Marzo y el 25 de Mayo. Con la conciencia de que si esta oportunidad se desaprovecha no se levantar cabeza en dcadas. Es tan difcil poner el acento en lo mucho que compartimos unos y otros y, en consecuencia, establecer un nexo programtico comn que haga posible lo que soara Antonio Gramsci?

Cualesquiera que, por una parte, pongan el acento en cuestiones de pedigr ideolgico (refugio fcil para la inaccin), vivan sempiternamente en la cultura de la sospecha que el franquismo hizo recaer sobre los comunistas o se refugien en la torre de marfil de su inmarcesible momento de gloria, estn objetivamente despreciando una oportunidad histrica. Las organizaciones viven para las causas y no las causas para las organizaciones.

Para mayor abundamiento en lo que quiero decir y proponer, me remito a lo publicado enMundo Obrero digital del 26 de Agosto bajo el ttulo de Ahora. Sin pretextos.

Fuente: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=4157


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