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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2014

Por qu marchamos

Eddie Bautista, LaTonya Crisp-Sauray y Bill McKibben
TomDispatch.com

Traducido del ingls por Carlos Riba Garca


Una marcha por nuestro futuro

Introduccin de Tom Engelhardt

Fue el 12 de junio de 1982. Mi hija todava usaba el andador y mi hijo todava no haba nacido, cuando mi esposa y yo, seis amigos y otro nio en su andador nos sumamos a una manifestacin (estimada en un milln de participantes) en la ciudad de Nueva York, la mayor protesta antinuclear de la historia, Todos los adultos de nuestro grupo habamos crecido en un mundo de incierto futuro que transitaba un camino de una sola direccin: por primera vez, Armagedn se haba convertido en un acontecimiento posible en el siglo. El final de los tiempos ya no era una opcin divina sino nuestra, muy nuestra. Pareca que no haba error posible: despus de 30 aos de Guerra Fra, la escalada nuclear de las dos superpotencias haba desembocado en lo que nos era presentado como destruccin mutua asegurada, con todo lo grfica que la expresin puede sonar en relacin con el fin de la civilizacin; esto por supuesto, tiene su acrnimo que, al menos para nosotros, en lugar de una sigla pareca ms un sarcasmo: MAD (loco, en ingls. N. del T.).

En 1979, una cuasi-catstrofe en la planta nuclear de la isla Three Mile, Pennsylvania, ayud a plasmar otra aparicin del movimiento antinuclear. Al principio, este movimiento estaba centrado en un poder nuclear pacfico; despus en medio de una renovada carrera armamentstica de las potencias en la amenaza de una posible destruccin a escala planetaria como consecuencia de una conflagracin MAD. En el clima de ese momento, nos veamos a nosotros mismos viviendo con la sensacin de que el mundo poda ya no ser nuestro ni de nadie durante muchsimo tiempo.

El primer artefacto nuclear haba sido detonado en el campo de pruebas de White Sands, Nuevo Mxico, el 16 de julio de 1945, justo cuatro das antes de que yo llegara a la vida, con toda su carga de temores por el fin del mundo y de sueos entretejidos en mi vida. Fue as que, con una hija propia, sent que lo ms correcto era que yo estuviera en esa gigantesca manifestacin, marchando cerca de un importante grupo de hibakusha supervivientes de las bombas atmicas arrojadas contra Hiroshima y Nagasaki, quienes, gracias al arma de la victoria de Estados Unidos, haban encontrado un sitio en la era nuclear.

En 1991, solo nueve aos ms tarde, la Unin Sovitica, la otra superpotencia, habra de desaparecer. Si entonces me hubierais contado, con un Muro de Berln convertido en escombros y ningn enemigo a la vista, que casi un cuarto de siglo ms tarde con dos de los compaeros de la marcha de 1982 ya fallecidos la mayor parte del resto de nosotros estaramos planeando un encuentro para volver a marchar, nofuera a ser que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos se quedaran sin un mundo en el que vivir, ciertamente mi sorpresa habra sido muy grande. Mi sorpresa no habra sido menor al saber que Estados Unidos y Rusia todava conservan, actualizan y mejoran sus monstruosos arsenales nucleares en los que se almacenan suficientes armas como para destruir varios planetas del tamao de la Tierra, ni al enterarme de que ese tipo de armas continan proliferando en todo el mundo, ni al saber como lo sabemos ahora, ya que conocemos el fenmeno llamado invierno nuclear que incluso un modesto conflicto nuclear regional entre India y Pakistn podra derivar en un acontecimiento de inimaginable horror para la humanidad. De haber sabido esto, sin duda me hubiera preguntado adnde haban ido a parar los tan llevados y trados beneficios de la paz del periodo posterior a al Guerra Fra.

Se me hubierais contado que hoy estara con mi esposa planeando encontrarme el 21 de septiembre de 2014 con mis viejos amigos, mi hijo, mi hija, mi yerno y mi nieto en la ciudad de Nueva York para esta vez manifestarnos contra la segunda muy posible apocalipsis ocasionada por la actividad humana, y que eso ya estara ocurriendo en una suerte de cmara lenta, me habra quedado pasmado. 

Y sin embargo, las cosas son as. Por eso, estar en la Marcha Popular Contra el Cambio Climtico, y no estara en ningn otro sitio ese da. En algn momento del futuro, no debera ser triste decirlo, que el mayor logro de la humanidad fue el aprovechamiento al mximo de dos fuentes de energa el tomo y los combustibles fsiles capaces de destruir la base misma no solo de nuestra vida sino tambin la de la mayor parte de la vida existente en la Tierra. Qu extrao, y posible, epitafio para la humanidad: Lo que estamos quemando nos quema tambin a nosotros.

Cerca de mis 70 aos, este mundo no ser mo durante mucho tiempo ms; la cuestin no es mi vida o mi planeta, pero solo me basta mirar a mi nieto para saber qu es lo que est en juego, para saber que este mundo en el que vivimos no es el mundo que l y sus pares se merecen. Dejarle el calentamiento global como herencia podra ser el crimen ms grande de la historia; esto significa que quienes llevan adelante el enorme negocio de la energa (y con ellos sus socios de los pases productores de crudo) sern los mximos criminales.

Ninguna marcha por s sola, por supuesto, modificar la corriente tal vez debera decir los gases de efecto invernadero de la historia, pero es necesario empezar de alguna manera en algn sitio (y no parar despus). Para hacer esto, debemos convencernos de que la capacidad destructiva del ser humano no es lo mejor que podemos ofrecer y recordarnos nuestra capacidad de protestar, de tener esperanza, de soar, de actuar y de decir NO a los criminales de la historia y S a los nios por venir.

Un paso al frente por un planeta en peligro

El domingo 21 de septiembre una enorme multitud marchar en el centro de Manhattan. Por cierto, ser la mayor manifestacin contra el cambio climtico de la historia de la humanidad, y una de las ms grandes protestas polticas en muchos aos en Nueva York. Ms de 1.000 grupos por la justicia medioambiental, de tipo confesionales o sindicales estn coordinando la marcha de modo que no haya necesidad de llamar a un solo polica. La marcha est diseada para que sea un fuerte y claro recordatorio para nuestros gobernantes que ese da estarn reunidos en Naciones Unidas para discutir sobre el calentamiento global y decirles que el movimiento de los ciudadanos del planeta ha puesto el foco en nuestra supervivencia y en su pattica inaccin.

Los pocos organizadores de la marcha (entre los que me cuento), podemos transmitir algo de por qu marcharemos; unas palabras que pensamos que pueden ser compartidas por muchos de quienes se reunirn en la rotonda de Coln (NY) para dirigirnos al centro de Manhattan.

Marchamos porque el mundo ha dejado atrs el Holoceno: los cientficos nos dicen que ya hemos elevado la temperatura del planeta en alrededor de 1 C y estamos en camino de alcanzar los 4 5 C hacia el final del siglo XXI. Marchamos porque el huracn Sandy inund el metro de Nueva York con agua de mar para recordarnos que hasta una de las ciudades ms poderosas del mundo ya es vulnerable al paulatino aumento del nivel del mar.

Marchamos porque aunque sabemos que el cambio climtico nos afecta a todos, tambin sabemos que ese impacto no es sentido del mismo modo por todos: aquellos que ms han contribuido a esta crisis son lo menos afectados, en Estados Unidos y en todo el mundo. Las comunidades que estn en la primera lnea del calentamiento global ya estn pagando un alto precio, en algunos casos perdiendo su propia tierra, la tierra donde viven. Para el oso polar, esto no es justo.

Pero como los osos polares no se pueden manifestar, nosotros lo hacemos tambin por ellos, y por el resto de la creacin, que vive envenenada y al borde de lo que los bilogos llaman la sexta extincin de alcance planetario, algo sin parangn desde que un enorme asteroide se precipit sobre la Tierra hace 66 millones de aos.

Y marchamos por las generaciones futuras, por nuestros hijos, por nuestros nietos y por los hijos de nuestros nietos, cuya vida est siendo sistemticamente empobrecida y degradada. Es la primera vez que un siglo est destruyendo las expectativas de vida de los prximos mil aos, y esto nos desquicia tanto que decidimos marchar.

Tambin marchamos con esperanza. Vemos en todo el mundo algunos buenos ejemplos de la presteza con que podramos hacer la transicin a las energas renovables. Sabemos que si ha habido das en este verano en los que Alemania gener cerca del 75 por ciento de su electricidad usando energas renovables, tambin podramos hacerlo todos nosotros, especialmente en los pases ms pobres de las regiones ecuatoriales que necesitan ms energa desesperadamente. Y tambin sabemos que las energas renovables, por necesitar mucha labor humana, aportarn muchos ms puestos de trabajo que la industria del carbn, del gas y del petrleo, basadas sobre todo en los grandes capitales.

Y marchamos con cierta frustracin: por qu nuestras sociedades no han respondido en 25 aos a las serias advertencias de los cientficos? No somos ingenuos; sabemos que la industria de los combustibles fsiles es el 1 % del 1 %. Pero algunas veces pensamos que no debera ser necesario que nos manifestemos. Si nuestro sistema funcionara del modo que debera funcionar, hace tiempo que el mundo habra realizado las acciones obvias recomendadas por los economistas y gurs polticos, empezando por fijar gravmenes fiscales acordes con el dao causado para financiar una enorme transicin de magnitud similar a la del Plan Marshall a las energas limpias.

Pero marchar no es todo lo que hacemos. Tambin abogamos y recomendamos; trabajamos para instalar paneles solares; promocionamos un trnsito sustentable. No obstante, somos conscientes de que la historia nos muestra que generalmente es necesario manifestarse, ya que es muy raro que la razn prevalezca por s misma (y tambin sabemos que a veces salir a la calle para marchar no alcanza; hemos estado en la crcel y es probable que volvamos a estar).

Estamos cansados de ganar en las discusiones y de perder en las luchas. Por eso, marchamos. Nos manifestamos por las playas y por los barrios. Y por esos veranos en los que la brisa tibia llega al atardecer. Marchamos porque Exon gasta cada da 100 millones de dlares para buscar ms hidrocarburos, a pesar de que los cientficos nos dicen que ya tenemos muchas ms reservas de crudo y gas natural de las que podemos quemar sin hacernos dao. Nos manifestamos por quienes estn demasiado dbiles por el dengue o la malaria para estar con nosotros en la marcha. Marchamos porque California ha perdido unos 240.000 millones de metros cbicos de agua subterrnea debido a una feroz e interminable sequa y porque los glaciares del Himalaya el techo del mundo estn desapareciendo. Nos manifestamos porque en abril los investigadores nos dijeron que la capa de hielo antrtico en la parte occidental de la Tierra de Palmer ha comenzado a derretirse de manera irreversible, porque el hielo que cubre Groenlandia puede seguirle muy pronto y porque ms pronto que tarde el agua proveniente de esos hielos inundar los litorales martimos del mundo y buena parte de sus grandes ciudades.

No marchamos porque haya alguna garanta de que eso funcionar. Si furamos jugadores, es posible que dijerais que solo tenemos una modesta esperanza de darles una paliza al podero financiero de los barones del petrleo y el gas, y al gobierno a ellos subordinado. Obviamente, es demasiado tarde para detener el calentamiento global pero no es demasiado tarde para ralentizarlo, y tampoco es demasiado tarde para simplemente echar una mirada sobre lo que estamos perdiendo: un mundo de enorme belleza, complejidad y equilibrio que ha cobijado y alimentado a la humanidad durante muchos miles de aos.

Hay un mundo tambin un futuro por el que vale la pena manifestarse. La verdad sea dicha: la nica pregunta que cabe hacerse es por qu alguien no marchara el 21 de septiembre.

Eddie Bautista es director ejecutivo del New York City Environmental Justice Alliance . LaTonya Crisp-Sauray es secretaria de grabaciones de la Transport Workers Union Local 100 . Bill McKibben es fundador de 350.org y miembro regular de TomDispatch.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175894/



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