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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2014

De intelectuales, artistas y poltica

Juan Carlos Monedero
Rebelin


Regreso de correr. Han sonado en este rato varias canciones de Sabina. Forma parte de mi biografa musical. Alguna vez he tenido -aos ha- el lujo de compartir noche y msica con l, con la verja ya bajada, en algn bar de Madrid. La amistad con Luis Pastor brind esa posibilidad. Recuerdo esa noche como un regalo. Luis Pastor se preguntaba hace poco a dnde han ido los cantautores. Luis no se ha marchado a ningn lado. Ah sigue. El que yo escuche mucho a Sabina no tiene implicaciones polticas en mis convicciones. Por ejemplo, que l vaya a tocar a Israel justo cuando el ejrcito de ese pas est masacrando a palestinos no modifica un rengln mis posiciones sobre el conflicto en ese lugar olvidado de los dioses. Tampoco cuando hace guios a la monarqua o pide el voto para ste o aqul partido. Claro que me alegr cuando muchos artistas coincidieron con mis posiciones contra la guerra de Irak (sabiendo que estaban arriesgando mucho en un pas donde se confunde lo pblico y lo privado), de la misma manera que no lo hice cuando otros muchos decidieron dar su apoyo a Zapatero.

Lo que agradezco profundamente es esa tarea permanente del mundo de la cultura que genera pueblos cultos y crticos. Nos hacemos ciudadanos preguntndonos cosas. Y las preguntas nacen, casi siempre, de cosas que te tocan el corazn antes que la cabeza. Despus de tres aos estudiando economa, no hubiera llegado a ciencias polticas y sociologa de no ser por el dilogo vital que tena con las cosas del arte (y que la ciencia lgubre econmica no brindaba). Con Los fusilamientos del tres de mayo poda explicar mi pas pero no me vala para los balances contables. No quera renunciar a esa riqueza. La misma mirada crtica me llev, sin embargo, a querer entender ese interrogante permanente que es Espaa. Y empec a ver que la Transicin haba dejado mucho que desear y que la cultura, como la universidad, como el periodismo, como la poltica, no estaba siempre a la altura. Haba ciudadanos que esperaban a la puerta de los juzgados a polticos corruptos para aplaudirles. Los intelectuales y artistas firmaron un apoyo cerrado al PSOE en 1982 y muchos de ellos hicieron otro tanto en el referndum de la OTAN en 1986. El PSOE manejaba la televisin pblica -la nica que haba- con mano de hierro y no te dejaban salir en ella si no les apoyabas. Una cancin de Javier Krahe crtica con la OTAN tuvo que caerse del enorme concierto de Sabina que retransmiti la TVE. Tenemos el pas que tenemos. O creemos que somos radicalmente diferentes a la casta que nos gobierna? Estamos ahora mismo dilucidando esa pregunta. Yo estoy esperanzado de que vamos a concluir que ya no somos como ellos y por eso les vamos a echar.

Siempre he procurado diferenciar los muchos mundos del arte, saber que el tiempo poltico de la cultura no se mide por el tiempo poltico de los partidos y que es ms fcil que en una cancin, en un poema o una partitura, en un ensayo o en una novela, en una pelcula, en una obra de teatro o en un cuadro est adelantado el futuro que deseamos antes que en los decretos que emanan de gobiernos y parlamentos. El mundo de la cultura adelanta el mundo que deseamos y lo hace posible. Lo hemos dicho muchas veces: el socialismo no se decreta, y quien crea las condiciones para que las leyes afiancen esa vida mejor es la cultura y sus autores. Nuestro querido Gramsci saba que si no se gana la batalla de crear un nuevo sentido comn, de nada sirve que asaltes el palacio de invierno. Es verdad que no basta quedarse en las ideas y las expresiones culturales y artsticas. En algn momento, esa nueva manera de leer el mundo reclamar polticas pblicas, leyes, quiz una nueva Constitucin.

Podemos ha nacido para hacer posible lo imposible. La fuerza que nos dan las encuestas ha llevado a que nos intenten derribar como sea. Cualquier cosa que digamos o hagamos es reinterpretada de la peor manera posible. Somos objetivo militar a batir, y se intenta que digamos lo que pueda generar protestas y enfado de personas o colectivos. Aunque no tenga nada que ver con lo que pensamos. Que a veces metemos la pata? Claro! Y no hay ningn problema en reconocerlo cuando as sea. Pero el grueso de los ataques tienen otras intenciones. Forma parte de la guerra sucia de la vieja poltica. En mi caso concreto, nunca he dicho que los artistas no puedan opinar de poltica. Estara bueno. Es una mentira que nace de un desafortunado titular de una agencia de prensa. En fin Quien quiera ser honesto debe escuchar el argumento completo, no solamente la frase con la que arranca un comentario. No solamente el mundo del arte tiene derecho a hacer poltica, sino que sin el mundo del arte no va a haber cambio poltico. Pero que nadie nos obligue a que nos interesen lo mismo las novelas de Vargas Llosa que sus incursiones en la poltica. Y lo mismo ocurre con gente que ha ganado un espacio en la opinin pblica con su profesin y desde ah salta a otros mbitos con desigual fortuna. Gilberto Gil fue ministro de cultura de Lula en Brasil. Y mereci todos los elogios. Otros artistas, por ejemplo en Espaa, estn de diputados (y sujetos a muchas crticas y tambin celebraciones). Insisto: la poltica no pertenece a ningn grupo de expertos. Todo lo contrario. Estamos hartos de los profesionales de la poltica. Pero lo contrario tampoco es cierto. Que por estar fuera de la poltica o de su reflexin profesional tienes siempre la razn. Hay ngulos que convendra limar. Por supuesto que Norma Duval o Bertn Osborne pueden encabezar la lista de firmantes de un manifiesto del PP. Lo que preocupa es que tengan el poder de orientar el voto de nadie solamente porque tienen reconocimiento en su profesin.

De nuevo con Gramsci: todos somos intelectuales. Todos trabajamos con la inteligencia. Un profesor no es ms que un fontanero o un tramoyista (doy fe de que es bastante fcil que sea al revs). Pero unos tienen la funcin de intelectuales y otros no. Es una cuestin de profesin. En las profesiones uno se especializa. Todos sabemos de poltica y en democracia todos debemos tener el derecho a defender de manera pblica nuestras ideas. Por eso, las cartas al director son una de las secciones ms valoradas de un peridico que se precie. Y en las cartas escribe el pueblo llano (aunque los profesionales de la poltica quieran copar tambin ese mbito). Son un reflejo de la sociedad, a no ser que estn manipuladas, claro. En cualquier caso, no todos los comentarios son iguales. Basta echar una ojeada a twiter. O tienen el mismo valor todos los comentarios en las redes? Hay gente que piensa mucho lo que escribe, que lee libros y revistas adems de peridicos, que reflexiona, que duda. Y otros que sueltan lo primero que se les pasa por la cabeza. De ah que los partidos sean intelectuales colectivos que ayudan a tener criterio general pues nosotros solos no llegamos a todo. A no ser que se conviertan en empresas maximizadoras de voto sin ideologa. Igual debiera ocurrir con los peridicos, aunque se han convertido en buena medida en empresas de medios de comunicacin y confunden ms que aclaran.

En conclusin, todos hacemos poltica y todos tenemos el derecho a expresar nuestras opiniones. Es de desear, en cualquier caso, que quien influya con sus posiciones polticas sea coherente. Tener derecho a opinar no significa que te tengan que aplaudir cada vez que cuentes lo que te viene en gana. Cada ciudadano tiene derecho a expresar lo que le da la gana, pero lo que dices puede carecer de inters (algo a lo que estn sujetas tambin estas lneas). Especialmente cuando tu capacidad de influir no viene de que seas un especialista en el campo sobre el cual opinas, sino porque has tenido reconocimiento en tu mbito profesional. Cualquier actor o actriz esperan el aplauso del pblico pero tambin esperan los dardos o abrazos de los crticos. Vivimos en sociedades saturadas audiovisualmente y le damos una importancia absurda al hecho de ser famoso. Si un afamado cirujano o un reconocido bailarn o un cotizado actor o una dicharachera tonadillera dice una tontera poltica, claro que tiene derecho a decirla, pero no deja de ser una tontera. El que insistamos en que la poltica no es, ni por asomo, lo que hacen los polticos no nos debe hacer perder de vista estas cosas.

No todos los pueblos hacen los mismos esfuerzos por estar informados. En Espaa, an tenemos mucho que avanzar en esa direccin. Ojal leyramos tanta prensa como nuestros vecinos. Es impresionante la coherencia poltica que tuvo Labordeta. La coherencia poltica de Lluis Llach. Sin compartir sus posiciones, Willy Toledo es coherente, igual que lo es Wyoming, Alberto San Juan o Luis Eduardo Aute (con quienes comparto ms cosas). La lista sera interminable. Otras personas muy conocidas son, sin embargo, mucho menos coherentes en sus posiciones polticas. Opinan de asuntos colectivos como si lo hicieran de su ltimo trabajo artstico. Y no estn a la altura. Y como tienen mucha relevancia, es importante recordarles que han opinado desde la ignorancia. Como muchos polticos, qu duda cabe. Puedes presentar un telediario y aprovechar tu fama para luego vender un champ. Son saltos con sus riesgos.

En mi mbito concreto de trabajo, la universidad pblica, tenemos abierta una profunda crtica sobre el triste papel de la academia en la construccin de una democracia alternativa. A m no se me ocurre decir que a la sociedad le queda mucho y que la universidad, en cambio, est para tocar campanas. Asumo como propias las crticas a la universidad. Y creo que no ayuda nada la defensa corporativa de la universidad. Es evidente que ni todos los universitarios estamos a la altura ni lo contrario. Como le ocurre a cualquier colectivo. Incluidos los artistas. Ninguna generalizacin hace justicia. Pocos recuerdan quin ha sido el ltimo premio nacional de novela, o de ensayo, o de poesa. Ojal que esa gente fuera la que tuviera el reconocimiento social como para que los partidos les pidieran encabezar sus manifiestos. Nos queda mucho. Prefiero a Angelina Jolie ayudando a nios que pidiendo el voto para el Tea Party. Pero en asuntos de poltica norteamericana, me quedo con Chomsky o Zinn. Ojal vayamos construyendo en Espaa una cultura popular, plural y crtica, expresada horizontalmente por toda la sociedad y defendida por cada ciudadana y ciudadano -que haga imposible,por ejemplo, un espectculo como el toro de la Vega- y que termine con cualquier corporativismo que nos ayude a desterrar, con Gil de Biedma, esa maldicin que hace que la historia de Espaa siempre tenga que terminar mal. Si Podemos alcanza posiciones de gobierno, ojal que el mundo de la cultura no le entregue ningn cheque en blanco para que no repitamos los errores de otros momentos de nuestra aterida democracia. Asumamos que la crtica es precisamente quien construye una esfera pblica virtuosa. Y poco a poco, ir quitndonos todas esas herencias que nos impiden volar.

Blog del autor: http://www.comiendotierra.es/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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