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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2014

El Acuerdo Transatlntico de Comercio e Inversin (TTIP), un espaldarazo al fracking

Samuel Martn-Sosa y Luis Rico
Ecologista


La Comisin Europea est allanando el camino a la industria de los combustibles fsiles para que contine su actividad contaminante sin trabas. Incluso se revocan directivas que limitaban el uso de los combustibles ms sucios para facilitar su entrada en el mercado europeo de la mano de los acuerdos comerciales con Canad y EE UU que se estn negociando.

En marzo de este ao Barack Obama visit Bruselas en el marco de la cuarta ronda de negociacin del Acuerdo Transatlntico de Comercio en Inversin (TTIP, por sus siglas en ingls) y los lderes europeos, vidos de una energa que no producen, mostraron su ferviente deseo de que facilitara la importacin de GNL (gas natural licuado) de Estados Unidos, y as disminuir la dependencia respecto a Rusia [1]. Sin negar la posibilidad, pero quizs imbuido de ciertas dosis de realismo [2], el presidente americano les aconsej que de forma paralela desarrollaran sus propios recursos de gas no convencional en Europa.

El propio Obama declar a comienzos de 2012 que el auge del fracking iba a garantizar a EE UU suministro de gas para 100 aos [3] y los ltimos datos de la Administracin de Informacin de la Energa muestran como el gas de esquisto ya representa el 40% del total del gas. Por ello son cada vez ms las voces que claman por incrementar la exportacin de gas a Europa, principalmente desde el sector de la energa fsil, cuya continuidad tras el pico del petrleo depende de la comercializacin de los combustibles fsiles no convencionales. Hacerse con el mercado europeo resulta fundamental para las empresas del sector, por volumen de venta y por el hecho de que el combustible puede venderse a un precio muy superior al que alcanza hoy en EE UU.

Sin embargo, ni la introduccin del gas de esquisto en el mercado europeo, ni el desarrollo de los recursos propios del continente est siendo tarea fcil. La exportacin de gas requiere licuarlo, transportarlo en barcos y regasificarlo. Aparte de ser un sinsentido climtico por las enormes emisiones aadidas, ninguno de los dos lados del Atlntico dispone an de las infraestructuras necesarias para hacerlo de forma masiva [4].

Resistencia ciudadana

Pero la mayor dificultad, como reconoce la propia industria, se encuentra en vencer las resistencias que genera el fracking [5]. La larga dcada de auge del gas de esquisto en EE UU se ha saldado ya con un reguero de casos de contaminacin [6], agujeros por todo el territorio abiertos de forma frentica para conseguir mantener la produccin, y un desolador panorama en algunas zonas rurales donde la paz social ha sido destruida. La oposicin a la prctica de la fractura hidrulica ha ido surgiendo con fuerza pero tarde, cuando la actividad estaba ya sobre el terreno, de forma que ha pillado a los ciudadanos con el pie cambiado. Numerosos municipios, algn condado, y hasta el Estado de Vermont han prohibido la prctica, mientras que los ciudadanos de Nueva York mantienen la presin sobre el Gobierno del Estado para que no levante la moratoria.

La experiencia estadounidense ha sido clave para que la reaccin frente al fracking en Europa haya sido temprana. Las plataformas y asambleas de oposicin se han multiplicado con rapidez desde 2011, de forma que, cuando an no hay ni un solo pozo en explotacin comercial en toda Europa, existe ya un denso tejido de resistencia por numerosos pases, formado por ncleos muy locales de gran autonoma pero con una fluida comunicacin entre ellos y un gran sentido de la solidaridad [7]. Esta resistencia se ha traducido en que diversos pases europeos han echado el alto a la tcnica, ya sea en forma de prohibiciones o moratorias, explcitas o de facto (en Francia, Bulgaria, Holanda, Irlanda o Alemania). En el Estado espaol 7 Comunidades Autnomas y ms de 400 municipios han establecido algn tipo de mecanismo para evitar el fracking [8]. En ocasiones, como ha ocurrido en Francia, las moratorias han sido desafiadas en procedimientos judiciales ordinarios, que hasta la actualidad han validado dicha manera de proteger el medioambiente [9].

El TTIP, una nueva oportunidad para la fractura hidrulica

La posibilidad de alcanzar un acuerdo comercial entre la Unin Europea y Estados Unidos ha abierto una nueva ventana de oportunidad para la implantacin del fracking. En primer lugar, el Tratado podra allanar el camino burocrtico para la entrada de gas en Europa. Actualmente las exportaciones americanas de gas deben ser evaluadas y se autorizan con cuentagotas, obstculo que podra ser salvado con el TTIP [10], ya que el Tratado prev incluir una clusula por la que el Gobierno estadounidense estara obligado legalmente a aprobar automticamente las exportaciones sin ni siquiera evaluar su impacto.

Por otro lado, el Tratado, adems de las reducciones de aranceles y de mayor liberalizacin comercial, apunta a una armonizacin legislativa entre ambas potencias [11]. Dado que el poder corporativo a ambos lados del Atlntico est realizando una enorme presin para influir en las negociaciones, hay razones de peso para temer que esta armonizacin sea a la baja, socavando los derechos ambientales y sociales de la ciudadana europea y estadounidense en aras de los beneficios empresariales. No en vano, una de las principales demandas de la industria es la eliminacin del Principio de Precaucin en la Unin Europea, que ha permitido proteger a la poblacin europea de algunas sustancias y actividades peligrosas para el medioambiente y las personas [12].

Este temor se agrava con el comportamiento de la Comisin Europea, que est intercambiando ms informacin con la gran industria que con el propio Parlamento Europeo o los Estados miembros. La asistencia de los negociadores del Tratado a las sedes de los lobbies corporativos es permanente, incluso en plenas rondas de negociacin [13]. El acceso de los grupos de presin corporativos a las negociaciones es directamente proporcional a la falta de transparencia de estas: tras la cuarta ronda an no se conoce ningn borrador de texto, ni actas de lo sucedido en las reuniones y muchos de los documentos publicados, tras requerimiento de los movimientos sociales, han sido fuertemente censurados [14].

La inclusin de un captulo sobre proteccin de las inversiones ampla las posibilidades de que la fractura hidrulica sea una realidad en Europa. Mediante el mecanismo de Solucin de Diferencias entre Inversores y Estados (SDIE), las empresas extranjeras podran desafiar cualquier medida legislativa no solo mediante la justicia ordinaria, sino reclamar indemnizaciones ingentes ante tribunales privados poco transparentes [15] regidos por una pequea cmara de rbitros sujetos a enormes conflictos de intereses [16], como ha reconocido la propia Comisin Europea [17]. Un alarmante ejemplo de dicho mecanismo y de las amenazas que este supone para las polticas antifracking tuvo lugar cuando la empresa Lone Pine reclam 250 millones de dlares canadienses a Canad por la moratoria al fracking que declar el Estado de Quebec en 2011 y 2012. Con el SDIE, decisiones como las de los tribunales franceses sobre la moratoria al fracking podran ser desafiadas nuevamente.

El SDIE ha generado tanta polmica que, ante la presin popular, la Comisin Europea se ha visto obligada a lanzar una consulta europea sobre su inclusin en el TTIP, aunque la complejidad y el nivel de tecnicismo que conlleva la propia consulta deja claro que se trata principalmente de un lavado de imagen y no tanto un esfuerzo de participacin ciudadana.

Por lo tanto, si los deseos del poder corporativo se materializaran, el TTIP supondra ms fracking todava en EE UU y bien podra ser la llave de expansin de la fractura hidrulica en Europa, allanando el terreno para las empresas multinacionales de la energa, exonerando del cumplimiento de leyes ambientales, diluyendo los requisitos europeos para las sustancias qumicas, y sorteando las prohibiciones mediante el recurso al SDIE all donde haya gobiernos que se resistan [18].

Donde dije lucha contra el cambio climtico digo TTIP (y CETA)

En su pgina de preguntas y respuestas sobre el TTIP, la Comisin niega que dicho tratado vaya a suponer una reduccin de los estndares ambientales. Admite que puede resultar en un aumento de las emisiones de CO2 provocada por el comercio pero, en un alarde de precisin cientfica y poltica ficcin considera que estas y otros problemas como el aumento de los residuos o la prdida de biodiversidad se vera ampliamente compensado por los beneficios del incremento del comercio de bienes y servicios medioambientales. Cuesta creer en esta premisa no demostrada, ms cuando los impactos ambientales de las negociaciones ya se estn notando. De hecho, mirando la foto global del acuerdo en ciernes y del Tratado de Libre Comercio UE-Canad (CETA por sus siglas en ingls), se entienden mejor algunos movimientos contra las polticas de contencin del cambio climtico que ha realizado la UE en los ltimos tiempos.

Cuando la Comisin Europea anunci su paquete de clima y energa 2030 en enero pasado [19], estaba en realidad diciendo muchas cosas de forma implcita. El gran objetivo del paquete era el compromiso de reducir las emisiones de CO2 en un 40% para 2030. Y no solo es un objetivo bastante raqutico en realidad, habida cuenta de la urgencia y magnitud de los retos climticos, sino que la ausencia de otras medidas daba mucha informacin sobre la postura de la UE. A diferencia del paquete 20/20/20 [20], donde se establecan objetivos vinculantes para las emisiones pero tambin para las renovables, repartido por pases, y para la eficiencia energtica, en el paquete 2030 se olvida la eficiencia, y el objetivo que se establece para renovables es solo del 27% para todo el conjunto de la UE, con lo que se podr cumplir solo aprovechando el esfuerzo ya hecho en renovables por parte de unos pocos pases sin necesidad de que cambien radicalmente las polticas en el resto. Con esto la CE se pliega a las demandas de pases como Reino Unido, que se ha lanzado a la carrera de la bsqueda de gas de esquisto en su territorio, del que dos terceras partes es considerado susceptible de ser convertido en licencia de exploracin [21] y, con esta expectativa, un objetivo de renovables por pases estorba.

Como tambin estorba una directiva que regule el fracking en la UE. Cuando todo pareca indicar que dicha directiva estaba ya incluso redactada [22] para responder a las lagunas regulatorias que la propia Comisin haba detectado en los informes que haba encargado, al anunciar el paquete 2030, el ejecutivo comunitario decepcion todas las expectativas y dio el cambiazo: en lugar de una directiva propona una serie de recomendaciones no vinculantes y fiaba el buen desarrollo del fracking a las buenas prcticas de las empresas [23], cindose a los intereses de la industria.

De igual manera que tambin estorbaba la Directiva de calidad de combustibles, cuya continuidad tras 2020 tena que ser anunciada con el paquete 2030. La directiva, que gravaba los combustibles segn las emisiones relativas a su ciclo de vida y pretenda garantizar la reduccin de las emisiones procedente del transporte motorizado, dejar de existir [24]. Las razones parecen claramente apuntar a la llegada masiva de arenas bituminosas de Canad tanto desde aquel pas como a travs de EE UU [25]. Los planes pretenden pasar de los 4.000 barriles diarios importados en 2012 a una cifra de 700.000 en 2020 [26] y el Gobierno canadiense, mientras negociaba el CETA, critic activamente la Directiva por la discriminacin que supondra para sus exportaciones [27].

Los combustibles fsiles no convencionales presentan un comportamiento climtico reido con unos objetivos de reduccin ambiciosos [28]. Esto permite interpretar el anuncio del paquete 2030 por parte de la Comisin Europea como la eleccin de un modelo energtico claro, basado en la importacin y el desarrollo de estos combustibles sucios, incompatible con una poltica climtica ambiciosa y plegado a los intereses de la industria fosilista. Pero sobre todo, es un gesto de aproximacin para allanar el camino a los tratados de libre comercio con EE UU y Canad.


Samuel Martn-Sosa y Luis Rico son miembros d Ecologistas en Accin

Notas

[1] http://www.theguardian.com/world/20...

[2] http://www.resilience.org/stories/2...

[3] http://www.whitehouse.gov/the-press...

[4] http://ecowatch.com/2013/05/10/fugi...

[5] http://www.controlrisks.com/OurThin...

[6] http://fractura-hidraulica.blogspot...

[7] http://www.ecologistasenaccion.org/...

[8] http://municipioslibresdefracking.org/

[9] http://www.rtve.es/noticias/2013101...

[10] http://action.sierraclub.org/site/D...

[11] K ucharz y Rico, 2013. Un acuerdo Trasatlntico (y corporativo). Ecologista, 79.

[12] Bizzarri, 2013 A Brave New Transatlantic Partnership. Seattle to Brussels Network

[13] http://corporateeurope.org/trade/20...

[14] http://corporateeurope.org/trade/20...

[15] Rico y Kuchaz, 2013. Tratados bilaterales de inversiones. Ecologista, 79.

[16] Eberhardt y Olivet, 2012. Cuando la injusticia es negocio. CEO y TNI.

[17] Comisin Europea, 2013: Factsheet on Investor-State Dispute Settlement

[18] http://www.eldiario.es/desalambre/i...

[19] http://europa.eu/rapid/press-releas...

[20] http://ec.europa.eu/clima/policies/...

[21] http://sociedad.elpais.com/sociedad...

[22] http://www.euractiv.com/energy/shal...

[23] http://tinyurl.com/m5fknsh

[24] http://www.carbonbrief.org/blog/201...

[25] http://www.euractiv.com/sections/en...

[26] http://tinyurl.com/n2xx29u

[27] http://www.cbc.ca/news/politics/ott...

[28] Las arenas bituminosas emiten al menos un 14% ms CO2 que el petrleo convencional http://www.scientificamerican.com/a...



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