Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: El Imperio recurre al Califato: el Estado Islmico
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2014

El mundo rabe y el nuevo desorden mundial

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


El nmero de septiembre de la prestigiosa revista francesa Esprit aborda el detallado anlisis de lo que llama de manera elocuente nuevo desorden mundial. Se podrn compartir o no acercamientos concretos a algunos conflictos regionales, pero es difcil negar los dos presupuestos que, a juicio de los colaboradores de la publicacin, explican este desorden cuya expresin ms evidente son la situacin de Ukrania y la del Prximo Oriente. Esos dos presupuestos son,

1) la decadencia rapidsima de la hegemona estadounidense (y, desde luego, europea), que habra durado apenas una generacin (1989-2003) y que no habra sobrevivido al aventurerismo criminal de Bush en Iraq, y

2) la incapacidad de las llamadas potencias emergentes (en torno al grupo BRICS) para ofrecer alternativas, tanto en el plano -digamos- civilizatorio como en el puramente pragmtico de la resolucin global de conflictos.

La globalizacin econmica, cuyas crisis muy destructivas para las poblaciones han obligado, en todo caso, a acuerdos y negociaciones entre Estados capitalistas, no ha ido acompaada de una globalizacin poltica capaz de evitar o amortiguar los conflictos, ni siquiera de manera injusta, como ocurra bajo el fenecido sistema de bloques en el siglo pasado.

Entre la decadencia estadounidense y la falta de alternativas, ningn acontecimiento ha acelerado y revelado mejor ambos procesos que las fracasadas revoluciones rabes y el surgimiento desde su seno -el de su fracaso- del Estado Islmico, una organizacin militar y no slo terrorista -por recordar las declaraciones recientes de un responsable del Pentgono- que no cuenta con el patrocinio o apoyo de ningn Estado, que bsicamente se autofinancia y que se ha hecho fuerte justamente all donde la ausencia de Estado (resultado de invasiones extranjeras o dictaduras criminales) acelera la fermentacin de sangrientos impulsos de inmediatez comunitaria.

En todo caso, la aceptacin de estos dos presupuestos muy ajustados -a mi juicio- a la realidad excluye de cualquier anlisis geopoltico sensato tanto a los que, desde la derecha, siguen justificando y alentando el papel humanitario y estabilizador de los EEUU contra los Estados canallas como a los que, desde la izquierda, siguen leyendo cada situacin como el resultado de un plan de los EEUU, y frente a ese plan siempre victorioso, ven en Rusia, China o Irn (o en la Siria de Bachar Al-Asad!) un potencial ms desinteresado o ms emancipatorio.

Como digo, las revoluciones rabes que comenzaron en Tnez en 2011 han revelado y acelerado la decadencia imperial de EEUU y nada lo prueba mejor que los casos de Libia y de Iraq-Siria.

Hace unos das el eurodiputado de Podemos Pablo Iglesias haca una valiente, imponente y casi refrescante denuncia en el parlamento de Bruselas para recordar con razn que, desde el ao 2000 y hasta marzo de 2011, Gadafi fue nuestro hijo de puta en la regin (contratos petroleros, poltica migratoria, venta de armas) y que, si luego se aprob en el Consejo de Seguridad de la ONU la resolucin 1973 que abri paso a los bombardeos de la OTAN, no fue, desde luego, para proteger a una poblacin hasta ese momento abandonada a su suerte. Pero habra que aadir enseguida que la participacin de EEUU en esa aventura fue ms bien distante y rezongona, que el papel ms activo lo asumi Francia y que all, junto al pragmatismo petrolero, haba razones polticas nacionales relacionadas sin duda con el financiamiento electoral del expresidente Sarkozy. Tambin hay que recordar que Rusia y China, al igual que la UE y EEUU, tenan contratos petroleros con Gadafi y que no se opusieron a la resolucin 1973: su asbtencin, cuando podan haber utilizado el veto, era una forma de autorizar la intervencin desmarcndose cautelosamente de sus inciertos efectos. Nadie, pues, defendi a Gadafi, pero nadie defendi tampoco al pueblo que se haba rebelado contra l (ni al que presuntamente apoyaba al dictador). La intervencin precipitada de la OTAN, espoleada por Francia, tena como objetivo -aparte de la liquidacin fsica de Gadafi- la evitacin de que fueran los propios rebeldes los que derrocaran la dictadura (como explica el gran historiador anti-imperialista Vijay Prashad). De hecho, el plan occidental consista en dar continuidad al rgimen a travs de un Consejo Nacional Libio, compuesto sobre todo de desertores liberales, que mantuviese los acuerdos energticos y migratorios con la UE.

Ese plan ha fracasado, y no slo porque Libia ha visto reducida su produccion de petrleo en un 90%, sino porque la llamada somalizacin del pas deja poco margen de intervencin a los EEUU (y de la UE). Hoy casi nadie se ocupa de Libia, pero cuando se hace es para zanjar sumariamente el caos reinante como resultado de un conflicto entre liberales e islamistas. La realidad es mucho ms rica y, si se quiere, ms inquietante. Como sabemos ahora mismo hay dos gobiernos en Libia. Uno con sede en Toubrouk, a 1.600 km al este de la capital, encabezado por Abdala Athani, que atribuye su legitimidad electoral a las elecciones del mes de junio y que en realidad se apoya en el oscuro coronel Haftar que, el pasado mes de mayo, dio un golpe de Estado -en la linea de Sisi en Egipto- contra los Hermanos Musulmanes. Haftar, desertor del ejrcito de Gadafi en los aos 70, se form luego en EEUU, pero su retrica nacionalista y anti-islamista ha atrado asimismo a partidarios del antiguo rgimen. Este gobierno, el llamado liberal, es apoyado por Arabia Saud, Egipto y los Emiratos (que, segn denunci la administracin Obama, bombardearon territorio libio en agosto).

El gobierno instalado en Trpoli, el denominado islamista, presidido por Omar Al Hasi, nace en realidad de la operacin Amanecer de Libia que, en nombre de la revolucin, desencaden contra Haftar la milicia de Misrata, la ms poderosa sin duda de todas las que se combaten en el pas. Esta operacin, que tcticamente apoy en Benghasi a los islamistas radicales de Ansar Acharia, se alej luego de ellos para formar un gobierno que, por razones comerciales e histricas, est claramente dominado por los Hermanos Musulmanes y su partido Justicia y Construccin, cuyo lder, Mohamed Sawan, es natural de Misrata. Tercera ciudad del pas, Misrata no slo cuenta con el prestigio de sus mrtires sino con su actividad comercial -en torno al puerto- y sus lazos econmicos y polticos con Qatar y Turqua, pases que apoyan al Congreso General Nacional de Trpoli (ver, por ejemplo, este enlace).

Libia, por tanto, se ha convertido en otro campo de batalla de la guerra regional entre la alianza Arabia Saud/Egipto y los Hermanos Musulmanes (apoyados por Turqua y Qatar). EEUU (y la UE) han ido siempre a remolque sobre el terreno y tienen dificultades incluso para tomar partido. Lejos de ser dueos de la situacin, puede decirse que el concretsimo caos libio, con sus relaciones de fuerza internas, es la prueba evidente de que los que bombardearon y mataron a Gadafi han quedado -por el momento- bastante fuera de juego.

En el caso de Siria e Iraq, sucede lo mismo, salvo porque all el juego -un juego que ya no dominan- les obliga a intervenir militarmente de nuevo. La calculada timidez del apoyo estadounidense a la revolucin siria contra Bachar Al-Asad, incluso tras el uso de armas qumicas en Ghouta (casus belli ideal para una intervencin que nunca se quiso), contrasta sin duda con la celeridad con que la administracin Obama aprueba hoy el envo de armamento a los kurdos y a los rebeldes que antes ignor y que combaten tambin contra el EI. Y, por supuesto, contrasta con la diligencia de los nuevos bombardeos de Iraq, pactados con todas las potencias de la zona, incluidos Siria e Irn (con la excepcin de la renuente Turqua). EEUU no apoy a los sirios que protestaban contra la dictadura, pues trataba de debilitar el rgimen de Damasco sin derribarlo, y el resultado es el EI y el apocalipsis regional. Su complicidad en la gran conspiracin contra las revoluciones rabes no slo le obliga hoy a negociar con sus enemigos en condiciones menos favorables sino a involucrarse militarmente en una aventura que acelerar su prdida de protagonismo e influencia en la regin.

Si en Siria el responsable directo de la irrupcin del EI es Bachar Al-Asad (y Obama el responsable indirecto), el responsable directo de todo lo que ocurre en Iraq es sin duda EEUU: los cientos de miles de muertos, la destruccin del Estado y sus infraestructuras bsicas, la guerra sectaria, la entrada en el pas de Al-Qaeda y despus del EI. En cuanto al responsable indirecto es sin duda Irn. Pero nada va a solucionar Obama con bombardeos sobre posiciones yihadistas. Todo lo contrario. Como he escrito otras veces, a falta de democracia (que nadie quiere para la zona), las intervenciones imperialistas y las dictaduras alimentan y legitiman los movimientos islamistas radicales. Imperialismos, dictaduras y yihadismos son las fuerzas del pasado contra las que se levantaron hace tres aos los pueblos de la regin. El mundo rabe vuelve a estar gobernado por fuerzas que en realidad estn muertas; es decir, por zombis que se apoyan entre s, mientras se alimentan de los vivos, y que, por muy muertos que estn, pueden seguir gobernando durante aos o incluso siglos toda la zona -si no triunfa la revolucin de los pueblos que todos, a derecha e izquierda, abandonaron en 2011-.

Entre tanto, no estara mal que salisemos a las calles a manifestarnos al mismo tiempo en favor de los sirios e iraques que quieren democracia, dignidad y justicia social y en contra de los bombardeos estadounidenses. Frente al EI -da la impresin- la beligerancia anti-imperialista de los que apoyaban a Gadafi y hoy apoyan a Damasco, Tehern y Mosc ha bajado muchos grados. En cuanto a los que atizan la islamofobia y la confrontacin de culturas y reclaman ms y ms bombardeos, ms OTAN y ms guerra anti-terrorista, son en realidad los padrinos de los yihadistas que dicen combatir.


Santiago Alba Rico. Filsofo y columnista.

Fuente original: http://www.cuartopoder.es/tribuna/el-mundo-arabe-y-el-nuevo-desorden-mundial/6293


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter