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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2014

Confluencias

Javier Echeverra Zabalza
Rebelin


Vivimos un momento en el que constantemente se habla de confluencia. Parece como si todo el mundo la deseara. Sin embargo, ese trmino es ambiguo y con l se quieren significar a veces cosas muy diferentes.

En la base de esta inquietud est, sin duda, el hecho de que hemos entrado en una coyuntura poltica que suscita esperanza, pero a la vez incertidumbre, ansiedad y miedos. La perspectiva electoral de 2015 y las posibilidades de cambio que encierra suscita muchas expectativas y ejerce una fuerte presin a todo tipo de actores, colectivos e individuales. Tenemos abierta una oportunidad que no la imaginbamos antes de las elecciones europeas y queremos aprovecharla. Pero los objetivos e intereses de los diferentes actores sociales y polticos no son coincidentes y la tarea no es nada fcil.

Sectores cada vez ms amplios nos vamos haciendo conscientes de lo que est pasando y de lo que est en juego, a pesar de la potente maquinaria poltica y meditica que nos machaca diariamente para tratar de ocultar la realidad que vivimos. Como deca Xavier Domnech ya en 2011, el sistema est sufriendo una crisis de hegemona brutal, como nunca desde los aos treinta del siglo XX. Y cuando se dice sistema se alude a la parte econmica del capitalismo, pero tambin a su parte poltica y cultural.

Por una parte, el capitalismo est mostrando su cara ms brutal, justo en un momento en que sabemos que tenemos recursos suficientes para vivir todo el mundo con dignidad. El hambre, la pobreza, la desigualdad y la desesperacin se van extendiendo y profundizando a ritmos agigantados. Nos plantean constantemente dilemas absurdos para meternos miedo y para que aceptemos sus polticas de expolio como mal menor. Nos dicen que, si no queremos paro, tenemos que aceptar precariedad y pobreza; que, si no se aplican sus reformas de precarizacin, recortes y privatizaciones, no podremos salir de la crisis; que, si no se apoya a la banca, grandes empresas y fortunas, no invertirn, abandonarn el pas e iremos al desastre econmico... Es decir, est claro que el capitalismo est aprovechando esta crisis para expoliar los derechos y recursos que tenamos conquistados. Nos estn abocando a una sociedad autoritaria, enormemente desigual, con amplios sectores pasando hambre e insostenible social, econmica y ecolgicamente. Y la gente se est dando cuenta, a pesar del bombardeo de manipulacin a la que est sometida.

Por otra parte, la crisis de legitimidad y hegemona no es slo del sistema; se ha extendido tambin con fuerza a la izquierda institucional. Hemos visto que, en lugar de defender los intereses de la ciudadana, estas fuerzas se han pasado a defender los intereses del sistema. Es significativa una frase que dijo Montilla en 2010: La democracia tiene un lmite: el lmite que marcan los mercados. Es decir, la socialdemocracia se ha visto en una encrucijada que le ha situado ante el dilema de defender los intereses de la ciudadana o los de los mercados, y ha optado por estos ltimos. Esta supuesta izquierda no tiene ms margen de maniobra en estos momentos para diferenciarse de la derecha que los discursos retricos y los gestos de artificio; el nico margen que le queda es el que le deja la dictadura de los mercados: ninguno. Y la consecuencia ha sido, lgicamente, que su legitimidad se ha desmoronado, porque la gente nos hemos dado cuenta de que la alternancia bipartidista no supone ningn cambio importante.

Pero tambin quienes propugnamos un cambio de verdad tenemos un gran dilema: la historia nos dice que, en situaciones como la que vivimos, si no construimos una herramienta poltica suficientemente potente como para conseguir un cambio socioeconmico, poltico y cultural profundo, la alternativa ser el fascismo, el autoritarismo y la miseria. Por eso son tan importantes en estos momentos los procesos de confluencia. Unos procesos de confluencia que necesariamente requieren la participacin y organizacin de todo tipo de gentes, organizadas o no.

Pero volvamos al principio. No hay un tipo nico de confluencia. Puede haber confluencias de diferente naturaleza y nivel. Por ejemplo, hay confluencias a ms corto plazo y con objetivos ms limitados, que pueden tener fines movilizadores, electorales (pre y/o post) o todo a la vez. Pero tambin puede haber confluencias estratgicas a ms largo plazo y con objetivos ms ambiciosos, tanto ideolgico-polticos como organizacionales. Todas son necesarias y su interrelacin es primordial para que se potencien entre ellas. Pero es muy importante no confundirlas y aprender a pedir a cada una lo que puede dar. Se puede pecar de coyunturalismo, pero tambin de excesiva ambicin. En todos los procesos de cambio aparecen agentes con objetivos y formas de actuacin diferentes, y la posibilidad de xito reside en gran medida en cmo se conjugan estos intereses y objetivos; y, lo ms importante, en las actitudes propiamente dichas de esos actores. De ah que, en momentos como este, sean tan importantes valores como la transversalidad, la inclusividad, la colaboracin, el poner el acento en ganar juntos frente al imponerse al otro, etctera.

En mi opinin, la confluencia que urge en estos momentos es la que se plantea como objetivo conseguir una mayora social y poltica suficiente como para lograr un cambio que permita que se tomen medidas urgentes para que todas las personas podamos vivir dignamente, para detener y revertir las medidas del expolio ciudadano, para defender y profundizar la democracia, para que se investiguen y depuren las responsabilidades econmicas y polticas de la lite financiero-econmica y poltica, y para que se empiecen a poner las bases para construir una sociedad enfocada al bienestar de las personas y a la sostenibilidad de la vida. Hay muchas confluencias y hay que trabajar en todas ellas, pero cada cual tiene sus caractersticas, ritmo, componentes y urgencias.

Por ltimo, creo que no tendramos que perder de vista una tarea fundamental para ganar la mayora social, tarea que es no slo poltica sino sobre todo ideolgica y cultural. Me refiero al trabajo encaminado a profundizar la crisis de hegemona del sistema y a esforzarnos por implantar una nueva. El sentido comn que nos han inculcado nos dice que este es el mejor sistema posible y que cualquier otro nos llevar a la debacle. Y nos amenazan con la reproduccin de experiencias estalinistas, maostas, castristas... Como si los nicos totalitarismos de la historia hubieran sido esos. Adems, eso nos lo dicen gentes que han bendecido sanguinarias dictaduras pasadas y presentes, entre las que se encuentra una muy cercana en el espacio y en el tiempo y cuyos efectos todava sufrimos. Es preciso que el sentido comn de sectores sociales cada vez ms amplios se base en entender que este sistema nos lleva al desastre social y ecolgico, en comprender que se puede construir otro mucho ms humano y sostenible, y en interiorizar que, para eso, es vital la participacin social y poltica de la ciudadana.

Javier Echeverra Zabalza, miembro de Attac Navarra-Nafarroa

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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