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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2014

Uruguay
La mscara

Jorge Zabalza
The Guardian


El mundo conoce el matrimonio igualitario, la despenalizacin del aborto, la legalizacin de la marihuana, el discurso en las Naciones Unidas del presidente ms pobre del mundo, los goles de Surez....los rasgos ms bellos de la bella mscara con que se presenta Uruguay. La intencin de este artculo es aproximar el lector al modelo productivo uruguayo, a sus consecuencias sociales y a la cuestin de los derechos humanos. Apenas son algunos datos que indican, a quien le interese, por dnde explorar y descubrir la cara ms fea de la realidad uruguaya, la que oculta su mscara de presentacin.

El modelo productivo

En el breve lapso de los ltimos diez aos, el cultivo de la soja transgnica pas de ocupar escasas 20.000 hectreas a ms de un milln y medio, casi el 10% de la tierra cultivable del Uruguay. Aunque es el principal producto de exportacin, no se le agrega valor alguno: el 95% se enva a granel para ser industrializada en China y Europa. El Ministerio de Economa contabiliza como exportado el grano que atraviesa los portones de la Zona Franca de Nueva Palmira: el 80% de la cosecha de soja sale a travs de ese enclave extranjero sin pagar impuestos.

Segn el Censo Agropecuario, el volumen de agrotxicos que consume Uruguay se multiplic casi que por 5 (de unas 4.000 toneladas pas a casi 19.000); por las mismas razones, la importacin de fertilizantes se duplic (de 243.000 toneladas a 556.000). Las otrora naturales praderas del Plata hoy estn baadas en las sustancias qumicas que requiere la soja transgnica. Suman cientos las denuncias por intoxicaciones de personas y contaminacin de los ros y arroyos.

Como el cultivo de la soja no requiere mano de obra, se expulsa de la tierra a sus habitantes: entre el 2000 y el 2011 el nmero de asalariados rurales sufri una reduccin del 26,5% y la poblacin dedicada a las tareas agrcolas disminuy en un 43,7%. Como la rentabilidad es mayor si se cultiva en grandes extensiones, la expansin de la soja aceler el proceso de concentracin de la propiedad de la tierra, grandes. Uruguay va camino a ser un gigantesco y despoblado latifundio.

Cmo ha sido posible una transformacin tan profunda del campo uruguayo? La expansin de la soja en todo el Cono Sur es el gran negocio de la Monsanto, Cargill y otras corporaciones transnacionales que especulan con la produccin de alimentos en el mundo. Se benefician tambin los llamados pools de siembra, empresas de bandera argentina, cuyo ejemplo paradigmtico son Los Grobo, propiedad de Gustavo Grobocopatel, el rey de la soja del MERCOSUR.

Los inversores llegan a estas playas, atrados por las leyes de inversiones y de zonas francas que les entregan gratuitamente el rico patrimonio nacional, pero tambin por las promesas y guios del presidente Mujica. Antes de iniciar su mandato, en un almuerzo de trabajo en el Hotel Conrad de Punta del Este, Mujica pidi a los empresarios extranjeros que vinieran al Uruguay y les prometi que gozaran de prerrogativas y nadie los castigara con impuestos como las detracciones que los exportadores de soja pagan en la Argentina. Cinco aos despus, al ir a pedir a los capitales finlandeses que vengan por favor a construir otra planta de pasta de celulosa, el presidente Mujica opina pblicamente que es un sacrificio que hace para crear puestos de trabajo. Sin embargo, las propias cifras de su gobierno demuestran que por cada hectrea que la forestacin roba a la ganadera, se expulsa cinco asalariados rurales del campo y se los enva a vegetar en la periferia de Montevideo. En proporcin a su poblacin y territorio, gracias a las genuflexiones de sus gobernantes, Uruguay est orgulloso de ser el pas de Amrica Latina que recibi la mayor cantidad de inversin extranjera directa, orgullosos de ser una nacin dependiente del sube y baja del precio internacional de los commodities en la bolsa de Chicago.

El modelo se completa con una Deuda Externa cuyo monto absoluto crece cada da y que determina aspectos esenciales de nuestra vida: los gastos en la educacin pblica, la construccin de viviendas accesibles al pobre y en la atencin de la salud son restringidos para pagar intereses y amortizaciones a los acreedores. No se salda la deuda social pero se honra la deuda externa, que nos somete a los vaivenes de la tasa de inters fijada por la Reserva Federal de los EEUU.

Nos hicieron un pas deformado por la inversin extranjera y condenado de por vida al pago de la Deuda. No es esta la revolucin agraria de Jos Artigas en 1815, ni la patria socialista por la que murieron tantas y tantos en los aos '70; ni siquiera es el Uruguay Productivo que definieron las bases frenteamplistas antes del 2005. Quin determin este destino para nuestra patria? Fue algn Congreso del Frente Amplio? No, de ninguna manera. Es obra de Danilo Astori, Tabar Vzquez y Jos Mujica, operadores polticos de los capitales transnacionales que transformaron la matriz productiva del Uruguay.

Consecuencias sociales.

En base a los datos del impuesto a la renta recaudado por Impositiva, el Instituto de Economa de la Universidad de la Repblica logr determinar que el 1% de los uruguayos ms ricos, unas 23.000 personas, se apropian de la misma parte del ingreso nacional que el 50% ms pobre, alrededor de 1.150.000 personas. Ese dato se completa con la noticia de que, en estos meses del 2014, las ganancias de los bancos privados han sido las mayores de los ltimos cuatro aos. Tambin creci la rentabilidad de los negocios de exportacin e importacin, del agronegocio, de la produccin de carne vacuna y ovina, la especulacin inmobiliaria, el transporte de carga y el turismo. El crecimiento de la economa uruguaya, su desarrollo y el modelo agroexportador, estn administrados para enriquecer an ms a los ms ricos. A pesar de la imagen de redistribucin que vende el gobierno, en estos diez aos la concentracin del ingreso nacional ha sido la ms regresiva e injusta de los ltimos cien aos.

Esa regresin ha producido un agravamiento de la injusticia social. Veamos un par de datos que convalidan esa afirmacin: la Universidad de la Repblica puso en conocimiento del pblico que la cifra real de nios menores de 6 aos que nacan pobres era del 49,2%, casi el doble del 27,3% que contabilizaban los organismos gubernamentales. En los mismos das la prensa se enter que ms de 100.000 jvenes ni trabaja ni estudia, hecho que las estadsticas oficiales pretendan ignorar. Por otra parte, a pesar de los consejos de salarios y de la proteccin sindical, la mitad de los asalariados se mantiene por debajo de los 16.000 pesos. Al definir la pobreza por una lnea de ingresos monetarios, que en julio de 2014 se fij en 9.800 pesos, para el gobierno no son pobres estos asalariados, sin embargo, sus ingresos que no cubren la tercera parte de las necesidades bsicas. La pobreza es un fenmeno cultural y no solamente de ingresos insuficientes: en Uruguay viven bastante ms de un milln de pobres, la tercera parte de la poblacin, cuya cultura es una forma empobrecida de pensar y de sentir, marginada de la estructura del conocimiento y la educacin, que para sobrevivir emplea cdigos muy diferentes a los empleados por quienes estn incluidos en la vida del consumo y el escaparate. La pobreza endmica, cuatro o cinco generaciones de uruguayos pobres, es consecuencia irremediable del modo de reproducirse el capital y, en el Uruguay, crece en la misma medida que aumentan las inversiones de las corporaciones transnacionales. La instalacin de una fbrica de pasta de celulosa aumenta en tres o cuatro puntitos el PBI (al decir de Mujica) pero se alimenta manteniendo salarios bajos, infantilizando la pobreza y dejando a la juventud sin futuro.

Por otra parte, tambin es cierto que un sector de trabajadores aument su consumo y su confort a nivel de la clase media. El progresismo instal consejos donde se fija el monto del salario por acuerdo entre trabajadores y empresarios con participacin del Ministerio de Trabajo. La medida estableci una instancia institucionalizada para la lucha salarial, una especie de lucha permitida que se tradujo en crecimiento del nmero de sindicatos y de la cantidad de trabajadores afiliados y que mejor sensiblemente los ingresos de aproximadamente una tercera parte de los trabajadores uruguayos. Esa transferencia de poder adquisitivo fue un impulso decisivo para la expansin del consumo y, por consiguiente, del crecimiento del PBI en Uruguay. Sin embargo, el bienestar de una parte no puede servir para ocultar la situacin real de la gran mayora de los trabajadores.

La poblacin empobrecida ha sido empujada hacia los barrios que rodean Montevideo, zonas que parecen trasplantadas del frica pobre y estn cuidadosamente separadas de las zonas donde los ricos viven como en el Primer Mundo. Pese a que la CEPAL y The Economist felicitan al gobierno de Jos Mujica por sus logros, la brecha entre los ms ricos y los ms pobres ha tomado dimensiones escandalosas. El Uruguay est recorriendo el camino que ya recorrieron Europa y los EEUU... algn da el Mujica deber rendir cuentas por su hipocresa de crearse una imagen de presidente ms pobre del mundo y favorecer la concetracin de ingreso y de la riqueza.

Doble moral

Ms del 10% de los montevideanos vive en asentamientos irregulares. Es una poblacin condenada por el sistema: las lites la identifican como amenaza a su seguridad y le declararon una guerra preventiva. Su existencia pasa a ser la justificacin del gasto en las ms modernas tecnologas de vigilancia, control y represin. Por acuerdo entre ambos gobiernos, se permiti la intervencin de asesores de EEUU en la instruccin de los policas y guardias carcelarios del Uruguay. Los conocimientos que vienen del appartheid estadounidense se suman a las enseanzas ya impartidas por la polica israel, experta en el control de la nacin palestina. No es de extraar entonces que se haya vuelto sistemtico el abuso y la violencia policial contra los barrios de la periferia, ni que se torture en las crceles para adolescentes.

El modelo productivo crea marginacin y exclusin social que la polica se encarga de controlar reprimiendo. El significado profundo del fenmeno es el abandono de los mecanismos pacficos para resolver conflictos sociales y la opcin por el ejercicio institucional de la violencia. Los partidos polticos permanecen pasivos frente a los torturadores y el gatillo fcil. De continuar en ese rumbo, ms temprano que tarde, se comenzarn a violar sistemticamente los derechos humanos.

La actual violencia policial no est desligada de la impunidad que disfrutan los criminales que cometieron delitos de lesa humanidad entre 1968 y 1985. En el Pacto del Club Naval (1984), que permiti el retorno a la vida parlamentaria y electoral, los mandos militares exigieron no ser castigados por sus delitos. La impunidad se volvi el programa poltico del partido militar y embanderados con ella, transitan esta democracia que se les impuso. La firmeza de sus reclamos dobleg la voluntad de las lites e impuso las polticas de olvido y perdn que determinan el clima ideolgico actual. La Verdad y la Justicia desaparecieron del debate electoral en la actual campaa; no preocupa a ninguno de los cuatro partidos que compiten por escaos parlamentarios. Dicho contexto ha provocado un retroceso en la investigacin y condena judicial de los culpables de delitos de lesa humanidad. Pese a los recomendaciones internacionales de ser diligentes en las causas de derechos humanos, el gobierno y el Poder Judicial parecen haberse comprometido a encubrir los militares acusados de desapariciones forzosas, asesinatos, violaciones y torturas. Esa impunidad crea un clima subjetivo de doble moral que favorece el resurgimiento del abuso y la violencia policial en los barrios, as como la tortura, vejmenes y persecuciones a los adolescentes privados de su libertad. En esta cuestin es donde la apostasa muestra sus facetas ms pervertidas... tal vez se pueda calificar como debilidad humana que Mujica, Fernndez Huidobro y otros ex-guerrilleros que los acompaan, abandonen las filas de la lucha por el socialismo y se vuelvan operadores de las grandes corporaciones transnacionales; tal vez hasta se pueda comprender que sean indiferente a las condiciones de pobreza en que viven ms de la tercer parte de los uruguayos y hayan cruzado la trinchera para firmar acuerdos militares con el Pentgono y tomar whisky con los reyes del imperio como Obama, Soros y Rockefeller; pero excede toda capacidad de compresin y despierta ganas de matarlos el doblez tico y moral que los lleva a proteger los torturadores y asesinos del terrorismo de estado, a los que mataron, desaparecieron, violaron y torturaron a sus compaeras y compaeros, a los que ellos mismos haban convocado a dar la vida por la emancipacin social. Abjuraron de sus principios, de sus sentimientos ms profundos, aquellos que se volvan lgrimas ante la noticia de la muerte del hermano querido... Son apstatas y, si logran sobrevivir a sus consciencias, sern recordados por la historia como los Malinche del siglo XXI. Imperdonables.

Campaa electoral

Los carros y caballos de los clasificadores de residuos ocupan el centro de la ciudad y los montevideanos se enteran de que existe un mundo desconocido allende los muros invisibles de la marginacin. La Suprema Corte de Justicia deja en libertad a los asesinos del maestro Julio Castro, uno de los desaparecidos emblemticos, y los uruguayos cobran consciencia de que la hipocresa institucionalizada protege a los criminales de lesa humanidad. Aparecen en la pantalla los nios y las mujeres de una zona rural mostrando sus manchas en la piel agredida por el glifosato o el agua potable se enturbia por la contaminacin del ro, y los montevideanos se dan cuenta que el agronegocio es agresin, enfermedad y muerte. Aunque los medios masivos reiteren hasta el cansancio que ha bajado la pobreza y la indigencia, a los votantes el sueldo no les alcanza para llegar a fin de mes y ven como hay gente viviendo de la basura, limpiando parabrisas los semforos y durmiendo en la calle. La gente sabe que son un desastre los institutos de enseanza donde concurren sus hijos aunque Tabar Vzquez repita que la educacin va bien. Los votantes tal vez ni se enteren de las crticas que recibe el gobierno desde la izquierda radical, pero se desalientan con la evidente contradiccin entre las promesas soadas y los diez aos de gobierno. Los hechos ensean ms que mil discursos o artculos en las redes sociales. ...Por qu un gobierno que afirma haber terminado con la pobreza, deja de ser apoyado con entusiasmo por la militancia? Cmo puede ser? El Frente Amplio triunf ampliamente en las elecciones nacionales del 2004, cuando el carismtico Tabar Vzquez convocaba a hacer temblar las races del neoliberalismo. Diez aos ms tarde puede verse que no temblaron las races ni nada; la clave del fenmeno desilusin hay que buscarla en la ausencia del terremoto prometido. Es la misma historia de Rodrguez Zapatero, Hollande y la socialdemocracia europea. El mismo proceso de desencanto que parece estar ocurriendo en Brasil.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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