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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2014

EE.UU. en Siria
Esquizofrenia

Editorial de La Jornada
La Jornada

El gobierno de Barack Obama mantiene, en lo fundamental, las estrategias belicistas, intervencionistas y disociadas de sus predecesores


El gobierno de Estados Unidos anunci ayer que bombarde posiciones de las organizaciones fundamentalistas Al Qaeda y Estado Islmico en la provincia siria de Alepo. Fuentes independientes afirmaron que en esos ataques, perpetrados con misiles crucero, cazabombarderos y drones, murieron unas 70 personas. Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos rabes Unidos, Qatar y Jordania prestaron la cobertura poltica y diplomtica para las primeras incursiones, al incluirse en una coalicin que, segn el presidente estadunidense, Barack Obama, tiene entre sus filas a unos 40 pases, aunque por ahora el nico socio de Washington del que se ha confirmado su participacin en la escalada es el Ejrcito del Aire francs.

De entrada, cabe sealar que no hay elementos para creer a priori que los fallecidos hayan sido, al menos en su totalidad, combatientes de las organizaciones mencionadas. Es pertinente recordar los numerosos precedentes en los que las fuerzas estadunidenses han lanzado ataques areos en Afganistn y Pakistn contra formaciones terroristas que resultaron ser bodas o fiestas populares, y que han dejado miles de vctimas civiles.

Por otra parte, si bien Obama se abstuvo de incurrir en cualquier cortesa para el gobierno sirio, al cual no solicit autorizacin alguna para efectuar los ataques, stos contribuyen, objetivamente, a fortalecer al rgimen de Bashar Assad, en la medida en que debilitan a los grupos ms beligerantes que se le enfrentan con las armas. Y no se puede olvidar que hace justamente un ao, en septiembre de 2013, Obama estuvo a punto de ordenar ataques militares en contra de las autoridades de Damasco, y que fue contenido mediante una negociacin de ltimo minuto protagonizada por el presidente ruso, Vladimir Putin.

Por aadidura, Washington se coloca ahora, en el escenario de Medio Oriente y el golfo Prsico, en el bando del que ha declarado su archienemigo, Irn, para el cual Al Qaeda y el Estado Islmico son adversarios naturales.

Semejante realineamiento es expresin, en primer lugar, de una falta de conocimiento y comprensin del entorno regional, de la improvisacin y de la falta de estrategia y de objetivos claros. Por lo dems, constituye una vuelta ms en el crculo vicioso en el que Estados Unidos ha estado entrampado desde hace dcadas: respaldad, financiar y armar a grupos irregulares extremistas que terminan por convertirse en una pesadilla para la seguridad nacional de Washington. As ocurri con los combatientes islmicos que combatan la invasin sovitica de Afganistn, pertrechados y entrenados por el Pentgono y la CIA, y quienes posteriormente conformaron la primera generacin de dirigentes y militantes de Al Qaeda. Otro tanto sucede ahora con el Estado Islmico, el cual formaba parte de la coalicin de facciones que busca hasta la fecha deponer por las armas al gobierno de Damasco. Si el ao pasado Washington respaldaba incluso con armamento al conjunto de esas formaciones, ahora ataca a dos de ellas y facilita de esa manera la persistencia de Assad en el poder.

A lo que puede verse, los crculos del poder estadunidense no calcularon que el gobierno de Assad en Siria es un factor de contencin secular frente a los integrismos armados, un papel muy semejante al que desempe Saddam Hussein en Irak hasta que los propios estadunidenses destruyeron su rgimen, lo capturaron y lo entregaron a sus enemigos locales para que stos lo ejecutaran. En consecuencia, Irak se ha visto hundido en una guerra civil sin trmino y las organizaciones fundamentalistas han adquirido un poder que habra resultado impensable bajo la dictadura del partido Baaz.

En suma, el gobierno de Barack Obama mantiene, en lo fundamental, las estrategias belicistas, intervencionistas y disociadas de sus predecesores de Ronald Reagan a George W. Bush en Medio Oriente. Y ello no puede dar frutos positivos para los pases de la regin, para la estabilidad y la paz mundiales ni para el propio Estados Unidos.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/09/24/opinion/002a1edi


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