Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2014

Con motivo del 69 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU
La cuestin palestina y las Naciones Unidas, la ilegalidad de la existencia de Israel

Ernesto Gmez Abascal
Alahednews


Hace 67 aos, durante la II Asamblea General de la entonces recin nacida Organizacin de Naciones Unidas, el delegado de Cuba, Dr. Ernesto Dihigo, se opuso con argumentos contundentes e irrebatibles al Plan de Particin de Palestina, el cual tomara cuerpo despus con la aprobacin de la Resolucin 181 (II). Cuba estuvo entre los 13 pases que votaron en contra y fue uno de los dos pases no islmicos que mantuvieron esa posicin.

Aquel hecho dio lugar a la primera guerra rabe-israel y provoc la creacin del conflicto del Medio Oriente que se mantiene hasta nuestros das. El Estado Palestino no se lleg a crear y an hoy, su aceptacin como miembro de plenos derechos en la Organizacin, todava es rechazada por un pequeo grupo de pases, especialmente por Estados Unidos y Gran Bretaa, causantes originales de un conflicto que ya dura ms de medio siglo y que en estos momentos conoce una peligrosa expansin blica terrorista, estimulada precisamente por estas potencias imperialistas, que persisten en su empeo de dominar toda la regin, controlar sus enormes recursos energticos y apoyar a la entidad sionista por ellos patrocinada, en su criminal poltica expansionista y genocida, tal como ocurri recientemente en Gaza.

Por su importancia y completa actualidad, reproducimos los aspectos ms importantes del discurso y los argumentos del delegado cubano:

Seor Presidente y Seores Delegados:

De modo muy breve deseamos exponer las razones por las cuales la Delegacin de Cuba se ve obligada a votar en contra del plan de particin de Palestina por la Comisin Ad Hoc.

Hemos seguido con inters los debates, analizando los argumentos de unos y otros, a fin de llegar a la conclusin que nos pareciera ms justa. Cuba ha demostrado su simpata hacia los hebreos y el aprecio por sus cualidades, pues ha admitido en su territorio a miles de ellos, que hoy viven entre nosotros libres y tranquilamente, sin discriminaciones ni prejuicios, pero no podemos aqu votar conforme a sus deseos, porque consideramos que la particin de Palestina es contraria al derecho y a la justicia. En primer trmino, la base inicial de toda reclamacin es la Declaracin Balfour, causante de todo el problema que hoy tenemos ante nosotros; y la Declaracin Balfour, a juicio nuestro, carece por completo de valor legal, pues el gobierno Britnico ofreci en ella una cosa de la cual no tena derecho a disponer, porque no era suya. Mas, aceptando su validez, lo que ahora quiere hacerse va mucho ms all de sus trminos, pues ella prometi a los hebreos un Hogar Nacional en Palestina, dejando a salvo los derechos civiles de la poblacin rabe, pero no ofreci un Estado Libre, cuya creacin forzosamente afectar esos derechos que se trat de salvaguardar.

Es tambin contraria a derecho la particin si nos atenemos al mandato conferido por la Liga de las Naciones. Cabra preguntar si la Liga de las Naciones poda, en justicia, hacer lo que hizo, o sea, ordenar el establecimiento de un Hogar Nacional Judo, con las graves consecuencias demogrficas y polticas que han tenido, en una tierra ajena sin el consentimiento de sus habitantes.

Pero aun admitiendo lo hecho, la particin que estudiamos va contra los trminos de ese mandato, que su Art. 6to, orden que no fueran afectados los derechos y la posicin de la poblacin no hebrea de Palestina, y mal puede sostenerse que esos derechos no resultan perjudicados cuando va a arrebatarse a los nativos ms de la mitad de su territorio y varios cientos de miles de rabes quedarn sometidos al gobierno hebreo y colocados en una situacin subordinada all donde antes eran dueos.

En tercer lugar, el proyecto es tambin contrario a derecho, a nuestro juicio, porque va contra la libre determinacin de los pueblos, que era principio esencial del Pacto de la Liga, aqu se est disponiendo de la suerte de una nacin, privndola de su suelo nacional, del suelo que ha tenido durante muchos siglos, sin que se haya consultado para conocer su opinin. Y si del Pacto de la Liga pasamos a la Carta de las Naciones Unidas, encontraremos que va a cometerse idntica violacin, porque el principio de la libre determinacin de los pueblos se encuentra reconocido en el prrafo 2do. del Art. 1ro. con carcter general, y reiterado en el prrafo (b) del Art. 76 para los pueblos no autnomos al decir que la administracin fiduciaria (equivalente al mandato de la Liga) deber tener en cuenta Los deseos libremente expresados de los pueblos interesados.

No nos convence el argumento, dicho por alguno, de que Palestina no es un Estado y, por tanto, no tiene el carcter de sujeto de Derecho Internacional, pues, en todo caso, esos preceptos no hablan de Estados, sino de pueblos, y no cabe duda de que el palestino lo es.

Hemos proclamado solemnemente el principio de la libre determinacin de los pueblos, pero con gran alarma vemos que cuando ha llegado el momento de aplicarlo, nos olvidamos de l.

Tal sistema nos parece funesto. La Delegacin de Cuba est firmemente convencida de que la paz verdadera y el mundo de justicia de que tanto hablaron los lderes de la Segunda Guerra Mundial, no depende de que ciertos principios fundamentales se inscriban en las convenciones y tratados y all queden como letra muerta, sino de que llegado el instante oportuno, se cumplan por todos y para todos, grandes y pequeos, dbiles o fuertes.

Por qu no se ha procedido de modo democrtico en este caso consultando la voluntad de todo el pueblo de Palestina?Es que se ha temido que el resultado de la consulta fuera contrario a lo que de todas maneras de quera hacer? Y si esto es as Dnde estn los principios y donde la democracia que continuamente invocamos? No terminan ah nuestras dudas legales. En el curso del debate, se han impugnado las facultades de la Asamblea para acordar la particin. Se ha contestado que, conforme a los Arts. 10 y 11 de la Carta, la Asamblea puede hacer recomendaciones sobre todo problema que est dentro de los lmites de ese documento o que se relacione con el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. Sin discutir ahora si el problema de Palestina est dentro de esos lmites o si constituye una amenaza para la paz internacional, no podemos dejar de advertir que una cosa es hacer una recomendacin y otra muy diversa es adoptar un plan que afecta la integridad territorial de un pueblo que su posicin jurdica y poltica, y encomendar la ejecucin del proyecto a una Comisin de la propia Asamblea.

Tampoco nos parece que pueda sostenerse que ese proyecto es una mera recomendacin, pues toda recomendacin lleva implcita la posibilidad de que no sea aceptada y el plan aprobado tiene, sin duda alguna, carcter coactivo, como lo prueba el hecho de que, por una de sus disposiciones, ser considerada como amenaza o violacin de la paz o acto de agresin, conforme al Art. 39 de la Carta, cualquier tentativa de alterar por la fuerza el arreglo contemplado en la resolucin. Se trata pues, de algo que se impone por la fuerza, no de una mera recomendacin y como este, a juicio nuestro, infringe la Carta, no podemos votar a favor del proyecto.

Porque tenamos todas esas dudas legales, fue que votamos en la Comisin a favor de que previamente se consultara a la Corte Internacional de Justicia, para que pudiramos avanzar sobre terreno firme. La consulta fue rechazada por la mayora, lo que consideramos un error no justificado por la demora que ella hubiera causado, pues ms vala haber esperado unos meses que lanzarnos a una accin que tantas dudas ofrece, aparte de que la negativa de acudir a la Corte pudiera dar la impresin de que la Asamblea rehus buscar soluciones conforme al derecho. Por otro lado, consideramos que el proyecto es, adems, injusto.

El pueblo rabe ha tenido ininterrumpidamente durante muchos siglos, el territorio de Palestina, y por los datos oficiales que se nos han presentado, al terminar la Primera Guerra Mundial, constitua casi el 90% de toda la poblacin del pas. Por medio del Reino Unido, como potencia mandataria, y el cumplimiento de lo resuelto por la Liga, abri sus puertas a una inmigracin extranjera, ofrecindole un lugar en que pudiera vivir y desenvolver su existencia conforme a sus deseos, con libertad religiosa y sin discriminaciones humillantes, y ahora esos individuos pagan la generosa hospitalidad de quienes les acogieron, quitndoles por la fuerza la mitad de su suelo natal.

Hemos dicho inmigracin extranjera de modo consistente, pues con todo respeto hacia la opinin de los hebreos, ellos son, a juicio nuestro, extranjeros en la tierra de Palestina. En efecto, durante los debates de la Comisin se adujeron datos para probar que los antepasados de un gran nmero de los hebreos que ya han ido o que aun quieren ir a Palestina, jams estuvieron en esa regin; pero aun en el caso de que los remotos antecesores de todos ellos hubieran nacido all, es indudable que abandonaron dicha tierra hace tanto tiempo, para establecerse en otros pases, que sus descendientes han dejado de pertenecer a Palestina, del mismo modo que nosotros, hombres de Amrica, nacidos de emigrantes que vinieron de todos los rincones de la Tierra, no podemos considerarnos con ningn derecho a la patria de nuestros padres en el viejo continente.

El ntimo y ferviente anhelo de los hebreos de volver a Palestina, tal vez por tradicin, tal vez por razones msticas u obsesin religiosa, es algo que puede tener toda nuestra consideracin y simpata sentimental, pero no constituye, en nuestra opinin, un ttulo para que se les entregue lo que no les pertenece, muchos menos si para ello hay que despojar por la fuerza a otro con ms derecho.

Asimismo consideramos injusto el proyecto, porque es la imposicin del criterio de una minora sobre una mayora enorme, en contra de un principio cardinal de la democracia. En el caso actual, esa minora, no queriendo someterse al criterio de los ms, pretende poner casa aparte, pero llevndose una porcin del territorio del pueblo que lo admiti en su seno.

(.)

No se nos diga que a veces hay que aceptar una solucin poltica aunque sea injusta, pues sobre la injusticia nunca podr asentarse la paz y la cordialidad entre los pueblos.

Respecto a los refugiados, judos o no judos, que hoy se encuentran en campos de concentracin, problema sobre el cual se ha insistido por los partidarios del proyecto, Cuba expres que deba resolverse con un criterio de buena voluntad por parte de todas la Naciones Unidas, aceptndolas proporcionalmente, segn las condiciones peculiares de cada pas; pero entiende que no puede imponerse a Palestina que ella lo resuelva sola, sobre todo si se tiene en cuenta que es ajena por completo a las causas que han determinado el desplazamiento de todas esas personas.

Por esas razones, tendremos que votar en contra del plan de particin, como ya lo hicimos en la Comisin, y una vez formado nuestro criterio, nos consideramos en el deber de manifestarlo por medio del voto, mantenindolo con firmeza, a pesar de las gestiones y presiones que se han hecho en torno nuestro.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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