Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: El Imperio recurre al Califato: el Estado Islmico
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2014

Notas para el debate sobre la situacin en Medio Oriente

Franois Sabado
Viento Sur


Cul es la responsabilidad del imperialismo americano?

Pocas veces nos encontramos ante una situacin tan dramtica y complicada para descifrar, ante una situacin nueva, en la que toda la regin se encuentra sumergida en la guerra y el caos. Una regin en la que predominan la emergencia de la barbarie encarnada por el Daesh (Estado Islmico), la fragmentacin de Estados como Irak, Siria y Libia (ser Lbano el prximo?) y poblaciones masacradas por un rgimen dictatorial como en Siria. Una regin actualmente sometida a la intervencin occidental.

La intervencin actual de los imperialismos occidentales no se puede comparar a la intervencin de 2001 en Afganistn o en 2003 en Irak en la que se conquistaba el territorio, se perseguan objetivos econmicos como el petrleo y se intervena con tropas terrestres sobre el terreno. Parece que no existe un plan preestablecido para la intervencin actual, que no estn definidos los objetivos de guerra, que se ha intervenido precipitadamente. Es cierto que la situacin va a evolucionar y que el encadenamiento de las devastaciones que se vayan produciendo modificarn las polticas de unos y otros.

La responsabilidad histrica y poltica de los EE UU y de las potencias occidentales es enorme. Por otra parte, en una perspectiva a largo plazo, la expansin de la barbarie de corrientes como el Daesh y Al Qaeda, tambin encuentran una explicacin en el fracaso o la quiebra de los regmenes nacionalistas rabes. La invasin americana en Irak de 2003 destruy el pas y desestabiliz toda la regin. Ahora bien, actualmente, el anlisis de la situacin y la poltica que se deriva de ella no se puede reducir a la denuncia del imperialismo occidental. La situacin actual no se puede comprender sin tener en cuenta la imbricacin de mltiples conflictos y guerras que se acumulan a la intervencin occidental y el juego de potencias mundiales, como Rusia, o regionales, como Arabia Saud, Irn o Turqua.

Sealemos algunos de ellos:

La fragmentacin del Estado iraqu y los conflictos entre su gobierno corrupto dominado por los chiitas y el Daesh que aglutina a una parte de las tribus sunitas y a fragmentos del antiguo ejrcito de Saddam Husein. Conflicto que adquiere una tercera dimensin con el ataque de los yihadistas contra los kurdos y sus organizaciones.

En Siria, la guerra entre la dictadura de Bachar el Assad y las facciones islamistas entre las que se encuentra el Daesh pero tambin el ASL (Ejrcito libre sirio) es expresin de la dinmica de la rebelin popular inicial,que aunque debilitada contina existiendo an en una serie de ciudades y pueblos. Tambin hay que sealar las maniobras de la dictadura con el Daesh o al Nostra (Al-Qaeda) en sus intentos para quebrar la rebelin democrtica.

Las intervenciones y maniobras de potencias regionales como Arabia Saud, Qatar o Turqua, que han armado a los yihadistas e incluso, directamente, a las bandas del Daesh contra el rgimen sirio. Rgimen que, por otra parte, cuanta con el apoyo de Irn y de las milicias de Hezbollah. Milicias que en ms de una ocasin le han salvado el pellejo.

La agresin israel contra la banda de Gaza, fruto de la extrema derechizacin de la poltica y de la sociedad israel. Las organizaciones de los colonos representan la punta de lanza de esta extrema derecha sionista. El rechazo del gobierno israel a cualquier negociacin y a compromisos serios con los palestinos forma parte del caos contrarrevolucionario de la regin.

Esta conexin de los conflictos es el resultado de la intervencin destructora de las potencias imperialistas pero, tambin, del debilitamiento y prdida de peso de los imperialismos en la regin, que ofrece ms autonoma y espacio a las mltiples fuerzas contra-revolucionarias.

Hagamos memoria sobre la presencia y la fuerza del imperialismo americano desde principios de los aos 90 hasta finales del 2000 en toda la regin, con los puntos fuertes de la intervencin en Iraq y Afganistn, y comparmosla con la situacin actual.

Los EE UU han retirado la parte fundamental de sus tropas de Irak y estn comprometidos en la retirada en Afganistn tras una derrota poltica y militar. Un retroceso que ha adquirido un eco mayor como consecuencia de las rebeliones democrticas en los aos 2010. Esta derrota provoc las dudas y los cambios de posicin del imperialismo que hemos conocido en este ltimo perodo: intervencin indirecta en Libia, donde los gobiernos de Francia y del Reino Unido se situaron en primera lnea; frecuentes cambios de posicin sobre Egipto (apoyo a Mubarak, despus a los Hermanos Musulmanes y ahora a Sissi); vacilaciones en torno a Siria, donde Washington, si bien denuncia el rgimen, se ha preocupado en no debilitarlo para que pueda contener las aspiraciones democrticas de su pueblo y, tambin, la presin islamista.

Ms en concreto, el rechazo de las potencias occidentales a ayudar a la rebelin democrtica es una de las razones mayores de ha dado alas a los yihadistas, primero en Siria y luego en Irak.

Actualmente, en esta galaxia de contrarrevoluciones, el monstruo brbaro del Daesh se ha convertido en un monstruo muy importante, muy numeroso y demasiado armado para las potencias imperialistas: va demasiado lejos en el genocidio de las minoras (como los yazidis/1, los kurdos o los cristianos); va demasiado lejos en sus pretensiones de ocupar posiciones territoriales en Irak y Siria y en el acaparamiento de zonas petroleras. Se hace necesario contenerlo, debilitarlo y destruir sus capacidades militares. Por ello, tanto las potencias occidentales como las potencias regionales ms importantes, cada una por razones diferentes, ha decidido intervenir.

Pero el enemigo de los pueblos no est solo en la intervencin occidental sino tambin en la otra potencia imperialista, Rusia, que apoya al rgimen sirio. Y tambin en el resto de potencias regionales -los pases del Golfo- y los regmenes corruptos de la regin. De todos modos, actualmente el peligro ms importante es el Daesh, ese concentrado "islamo-fascista" de la barbarie en la regin, an cuando, seguramente, esta caracterizacin resulte parcial. Para definir nuestra solidaridad con los pueblos de la regin y, en particular, con sus pueblos oprimidos -sirio, kurdo- es preciso denunciar todas estas "contra-revoluciones", todos estos enemigos y no callarse frente a los "brbaros" o tratar de explicar sus actividades criminales nicamente como fruto de la intervencin imperialista occidental. Ellos tienen una responsabilidad especfica que decenas de miles de vctimas sufren en su propia carne.

Un Medio Oriente en el que dominan las contra-revoluciones?

La intervencin occidental y la de las potencias de la regin se explican fundamentalmente en funcin de la necesidad de aplastar "el monstruo Frankeistein" que escapa al control de sus progenitores: Arabia Saud, Qatar y otros regmenes de la regin. Pero para comprender esta situacin, desde el desarrollo del Daesh hasta "estas nuevas iniciativas" imperialistas, es necesario analizar la situacin en la que se encuentran las "revoluciones rabes". La nocin de proceso revolucionario a largo plazo no debe llevarnos a escatimar el anlisis de la coyuntura actual. An cuando se producen movilizaciones parciales y huelgas dispersas e incluso surgen nuevas movilizaciones como en Yemen, es obligado constatar que la situacin actual est polarizada por una confrontacin entre la "dictadura militar" y las "fuerzas islamistas" e, incluso, por enfrentamientos entre "facciones inter-islamistas" como en el caso de Libia. Ahora bien, la situacin tambin est determinada, desgraciadamente, por el enfrentamiento entre la dictadura militar de Sissi y los Hermanos Musulmanes en Egipto, por la guerra del dictador Bachar contra una rebelin actualmente hegemonizada por los islamitas en Siria, por el desmembramiento del Estado iraqu entre chiitas, sunitas y kurdos. Y en estos enfrentamientos, las fuerzas que dominan son las de la contra-revolucin, sea militar o islmica. Es tambin el reflujo de los procesos revolucionarios el que explica el momento escogido por Israel para intervenir en Gaza. El nico pas que escapa a una confrontacin de este tipo es Tnez, an cuando no haya que subestimar lo que representan fuerzas islamistas como Enhada. Tnez, que estuvo en el origen de las revoluciones rabes, ha podido, gracias a las movilizaciones populares sociales y democrticas y a la existencia de un movimiento obrero, de un movimiento sindical importante (a saber, la UGTT), contener a los islamistas. Un proceso revolucionario debe ser analizado a largo plazo; por ello, an cuando sea falso hablar del "invierno islamista o militar" tras haber anunciado "la primavera rabe", es innegable que la situacin actual muestra un impasse, e incluso una involucin, del proceso y que no se puede entender la configuracin actual sin analizar los fracasos de los procesos revolucionarios.

Qu solidaridad?

Est claro que nuestro opinin no puede quedar reducida slo a la lectura de la intervencin americana. A diferencia de las corrientes neo o post-estalinistas o a corrientes como el chavismo en Amrica Latina, nuestra posicin jams ha estado guiada por la defensa de un bloque de Estados contra otro, por el campismo. Nuestro punto de vista parte de los intereses sociales y de la defensa de los derechos de los pueblos oprimidos. Desde el principio de la rebelin popular en Siria, hemos rechazo cualquier visin "campista" que, en nombre de la lucha contra el imperialismo occidental, nos lleva a apoyar a Bachar al Assad junto a rusos e iranes. Desde el principio hemos intentado construir la solidaridad con el pueblo sirio contra la dictadura. Por ello hemos rechazado convocar manifestaciones slo contra el imperialismo americano en las que podamos encontrarnos con numerosos partidarios del rgimen de Assad.

Nuestra posicin debe partir de la solidaridad con la lucha de los pueblos y, en particular, de los pueblos oprimidos: los pueblos de Siria, Irak y del Kurdistn que luchan contra la dictadura de Assad y las bandas armadas del Daesh. En la crtica situacin actual, el objetivo es salvar esas vidas humanas y a esas sociedades.

Denunciamos la intervencin imperialista porque su objetivo no es ayudar a los pueblos sino defender sus propios intereses estratgicos, econmicos, polticos y militares en la regin. Los ataques americanos, que comenzaron sobre objetivos militares en zonas poco habitadas, comienzan ya a provocar vctimas entre los habitantes de ciertos pueblos sirios. Ms an, los rebeldes sirios y las fuerzas del PKK denuncian que, en determinadas zonas, no se da ninguna intervencin militar con el fin de proteger a la poblacin. Pero ms all de todo eso, cualquier intervencin extranjera no hace mas que el juego al Daesh que se presentar como el defensor de los rabes sunitas contra Occidente. Por ello, no damos ningn apoyo a ninguna intervencin militar extranjera que no est disociada de los intereses imperialistas. Debemos rechazar al mismo tiempo y sin ninguna ambigedad tanto al Daesh, como la dictadura de Bachar al Assad y todas las fuerzas reaccionarias de la regin.

En sentido inverso, debemos impulsar por todos los medios nuestra solidaridad con los pueblos vctimas de la barbarie. Esto pasa por la ayuda poltica, humanitaria, material y militante a los pueblos y a las organizaciones progresistas que lo exijan: actualmente, los sectores democrticos de la rebelin siria y de la resistencia kurda. Nuestra poltica ha de consistir en ofrece a los pueblos de la regin los medios para que obtengan la autodeterminacin, lo que exige el rechazo de toda subordinacin al imperialismo. Esta solidaridad pasa tambin, aqu y ahora, por la denuncia del racismo y de la islamofobia. Y el rechazo de la "unin nacional" que da cobertura a las polticas imperialistas.

As pues, podemos apoyar la posicin de los sectores progresistas sirios o kurdos que solicitan ayuda a nuestros gobiernos? Nuestro criterio es el de salvar vidas humanas y defender los derechos de los pueblos. Sin duda alguna.

Trotsky, en un texto titulado "Aprender a pensar. Una sugerencia amistosa a amigos ultraizquierdistas" escriba:

"En pocas de paz el proletariado rechaza y sabotea todos los actos y medidas del gobierno burgus? Incluso durante una huelga que abarca a toda una ciudad, los trabajadores toman medidas para garantizar el envo de comida a sus propios distritos, se aseguran de tener agua, que no sufran los hospitales, etc. Tales medidas no son dictadas por el oportunismo en relacin a la burguesa sino que conciernen a los intereses de la misma huelga, a la simpata de las masas de la ciudad, etc. Estas reglas elementales de la estrategia proletaria en tiempos de paz conservan tambin todo su rigor en tiempos de guerra.

Una actitud irreconciliable contra el militarismo burgus no significa nunca que el proletariado entre en lucha contra su propio ejrcito nacional" en todos los casos. Al menos, los obreros no interferiran a los soldados que estuviesen extinguiendo un incendio o rescatando gente ahogada durante una inundacin; al contrario, ayudaran hombro con hombro a los soldados y fraternizaran con ellos. Y el problema no es exclusivamente para casos de calamidades naturales. Si los fascistas franceses intentasen hoy un golpe de Estado y el gobierno de Daladier se encontrase forzado a movilizar sus tropas contra los fascistas, los trabajadores revolucionarios, mientras mantienen su completa independencia poltica, lucharan contra los fascistas al lado de estas tropas. As, en numerosos casos, los obreros se ven forzados no slo a permitir y tolerar, sino a apoyar activamente las medidas prcticas del gobierno burgus.

En realidad, en el noventa por ciento de los casos, los obreros ponen el signo menos donde la burguesa pone el signo ms. Sin embargo, en el diez por ciento, se ven forzados a poner el mismo signo que la burguesa pero con su propio sello, expresando as su desconfianza hacia ella. La poltica del proletariado no se deriva, de ninguna manera, automticamente de la poltica de la burguesa, poniendo slo el signo opuesto (esto hara de cada sectario un estratega magistral)." ( Lon Trotski, 20 de mayo de 1938)

Esta cita un poco larga tiene el inters de mostrarnos que, en cada ocasin, es necesario realizar el anlisis concreto de la situacin concreta. Nuestro "sello" es el de recordar en cada ocasin las responsabilidades del imperialismo, la desconfianza frente a su poltica, la necesidad de una poltica independiente de los movimientos sociales o de los movimientos de liberacin nacional, pero en la relacin de fuerzas actual y frente a la barbarie, puede haber "un diez por ciento" de ocasiones en el que estamos obligados a poner el "mismo signo" que nuestros gobiernos.

En cualquier caso, lo esencial es construir un movimiento de solidaridad independiente que rechace tanto las intervenciones militares imperialistas como la barbarie del Daesh. Dotar de todos los medios a la autodeterminacin de los pueblos de la regin, una tarea que debera asumir un movimiento obrero y progresista digno de ese nombre. Sin embargo, la situacin actual del movimiento obrero europeo hace difcil esta actividad que, por otra parte, es indispensable. Incluso a contra-corriente, y a pesar de nuestras dbiles fuerzas, debemos actuar en esa direccin.


Fuente original: http://www.vientosur.info/spip.php?article9433



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