Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-08-2005

La "multitud" en Colombia
De "El Cadver Insepulto" a la Multitud Posmoderna

Juan Carlos Garca
Rebelin

Sntesis de dos libros presentados en el Instituto de Pensamiento Liberal


La multitud son los gaitanistas

La intervencin del grupo de investigacin Presidencialismo y Participacin sobre reeleccin presidencial en Colombia, realizada en la sede del Instituto de Pensamiento Liberal el pasado 11 de agosto tuvo como contexto inicial la charla magistral del reconocido historiador Arturo Alape, a propsito de la presentacin de su novela El Cadver Insepulto (Seix Barral, 2005). El hecho que da inicio al desarrollo de su relato es el asesinato del caudillo Jorge Elicer Gaitn Ayala, ocurrida el 9 de abril de 1948; la misma fecha marca genealgicamente para el grupo de investigacin la ruptura poltica entre las clases subalternas y el bloque bipartidista en el poder: lo que tenemos de presente son nuevas velocidades y fuerzas antagnicas. Alape en sus distintos estudios sobre El Bogotazo -como se conoce al hecho violento que desata ese magnicidio- repasa cual investigador la emergencia de algo nuevo. Incluso en esta novela se refrenda, por parte del connotado historiador, lo que el grupo Presidencialismo y Participacin tambin a su manera afirma en el libro Seguridad y Gobernabilidad Democrtica. Neopresidencialismo y Participacin en Colombia 1991-2003 (Universidad Nacional, 2005): el 9 de abril en Colombia emerge la multitud. Su emergencia est signada por la sangre del director nico del Partido Liberal y lder del "pueblo" Gaitn Ayala, quien caa en la carrera sptima a la una y cinco de la tarde a manos de un bellaco desconocido: un tal Juan Roa Sierra, del que slo qued un cuerpo molido e irreconocible, enterrado das despus como cualquier N.N.

Pero qu entiende Alape por multitud? Para los presentes en el auditorio la multitud es algo extrao y esto obedece a la novedad de la palabra y a la incertidumbre de su definicin. Para el mismo Alape la multitud es un acontecimiento, pese a no tener la concepcin clara, lo que s es contundente es su afirmacin: "lo que surge el 9 de abril de 1948 no es el pueblo sino la multitud". Y multitud es para nosotros, la pluralidad de los muchos que asumen la poltica como su accin vital. Como lo anota de modo vivencial el historiador, el punto ms alto de la multitud est entre la una y las seis de la tarde de ese da, que se conoce tambin como el da del odio. Si recordamos las palabras del reconocido escritor, la multitud se volc al centro de la capital: en ese entonces Bogot contaba con 600 mil habitantes, hoy cuenta con cerca de 8 millones. Segn afirma Alape, la rabia espontnea de esta multitud desenfrenada no estaba enfocada hacia ningn lado. Era slo eso: rabia. Tanto que a las seis de la tarde la multitud iracunda ya estaba ebria, no de dolor sino de alcohol. Sin embargo, el centro histrico de la ciudad es arrasado, consumido por las llamas y por la embriaguez de "colgar" a los jefes de Partido Conservador en la Plaza de Bolvar.

Para el oyente result curioso escuchar un dato revelador: luego del asesinato de Gaitn, un tiempo despus, doa Berta Hernndez y Mariano Ospina llegan al palacio presidencial provenientes de una feria ganadera (!). La multitud gaitanista que se ha dirigido a la sede del rgimen no advierten la presencia del gobernante y su seora que ingresan por la puerta adyacente. Dice Alape: "si ellos los gaitanistas- se hubieran dado cuenta de que ah venan stos dos, otra historia hubiese pasado en Colombia". Porque lo cierto es que no pas nada: segn lo revela la historia, no hay cambio de poder, ni reforma ni revolucin. Lo que hay es sangre en las calles. La represin al desnudo, cuando no el oportunismo poltico.

Ejemplo de lo anterior es la traicin que los dirigentes del Partido Liberal cometen cuando se forma la Junta Revolucionaria integrada en lo poltico, entre otros, por Gerardo Molina y Diego Montaa Cuellar, y en lo militar por setecientos hombres fuertemente armados. Y, por supuesto, en las calles estaba la insurreccin sin cauce, sin organizacin alguna, de la que miles de annimos y miserables hombres hacan parte. Los jefes naturales del Partido ante el asesinato de Gaitn, entregan no su cuerpo impregnado de sangre sino la multitud gaitanista que reclama justicia. Y pactan con el rgimen de Ospina Prez su ingreso a la nmina oficial. As lo hizo quien, aparentemente, debera ser el sucesor de Gaitn, Daro Echanda. Con lo cual se sell el llamado "miedo al pueblo", que no era mayoritariamente liberal o conservador, pero s gaitanista. Es decir, la multitud.

Los reveladores datos histricos del profesor Alape incluso, lo irnico: el que ningn banco haya sido asaltado- conducen a preguntarnos por lo que la multitud debi hacer y no hizo. Total, lo que qued como reflejo de lo que sucedi en Bogot fue una cifra, la del horror: "entre 3 mil y 5 mil fueron los muertos". En el resto del pas la cosa fue de otro tono: ac, en Bogot, estaba el centro del poder poltico. No obstante, lo que la historia nos ensea es que con El Bogotazo se rompe la tradicin histrica de las clases subalternas: ahora la multitud se pregunta hasta dnde ella es un sujeto de poder real.

La guerra social del presente es obra de la multitud?

Vale sealar un punto importante. Alape tambin afirma que nuestra violencia actual es la continuacin de los hechos desencadenados por la violencia del gobierno Ospina (1946-1950), y de la multitud que con armas o sin ellas respondi hasta levantarse ante la brutalidad, o simplemente morir. Todo ello define lo que es lo poltico en Colombia y por qu estamos como estamos.

Cabe sealar otra realidad: la relacin entre el autoritarismo poltico, que desde el 9 de abril de 1948 se asent en Colombia, y las multifacticas formas de violencia que hoy la consumen y asolan. Es, justamente, la prctica de la relacin amigo-enemigo que con tanto ahnco defiende el terico Carl Schmit. Alape, en efecto, sigue esta misma lnea de interpretacin. Para l ese ejercicio se comprueba con el repaso al discurso poltico de los gobernantes, que no empieza -como aparentemente se cree- con Uribe Vlez sino que viene de mucho atrs. Record para ello los sealamientos pblicos que practic el "monstruo" Laureano Gmez en sus mejores momentos como poltico conservador.

Entonces, qu objeto tiene intitular una obra El cadver insepulto? Mejor an: qu contribuciones puede hacer esa obra a la interpretacin de la reeleccin presidencial en Colombia? Qu nos ensea Alape sobre la actualidad? Primero: pone de presente que no hemos salido del torbellino de violencia que Gaitn Ayala cuestion desde su Oracin por la Paz semanas antes de su sacrificio. Segundo: el ttulo revela de entrada que Colombia, o mejor, la multitud debe enterrar el cadver. Pero, cul cadver? El cadver de la violencia? El cadver de nuestros gobernantes autoritarios? O ser el cadver de las injusticias? Incluso puede ser el cadver de las desapariciones forzadas? Creemos que todo se resume en que debemos enterrar el cadver de la guerra. Tercero: sugiere la exposicin magistral del profesor Alape, junto con sus vivencias en el valle del cauca -por esas mismas calendas- que la muerte de Gaitn y sus consecuencias sangrientas lo marcaron para siempre. Y definieron el orden poltico de la dominacin; lo que llev a las clases subalternas, que al tiempo sufran la prdida de su lder, a hacer el trnsito obligado a la multitud proletarizada. Cuarto: la violencia empez desde arriba, desde las clases dominantes; la multitud no es quien hace la guerra, la sufre y la padece. Lo que anhela la multitud es justicia. Y quinto: aunque la guerra social es impuesta por el rgimen poltico -en los aos cuarenta fue con los chulavitas y sus asesinatos y despoblamientos selectivos- la respuesta de la multitud no se da por fuera de esos procesos blicos, puesto que la guerra se hace para mantener unas condiciones sociales de dominium de esa misma multitud que hoy aprende la leccin histrica.

As, pues, el libro de Arturo Alape, una novela sobre el 9 de abril, invita a hacernos una pregunta obligada: hasta dnde estamos convencidos de que la guerra hay que enterrarla? Porque la guerra hay que terminarla! Por eso, con firmeza, estamos convencidos de que lo ms revolucionario es acabar la guerra: la multitud de los pobres y miserables debe liquidar este dispositivo de seguridad. Reconozcamos desde ya que la guerra es el ambiente de la dominacin. Leamos sin cortapisa alguna lo que la coyuntura histrica revela: la continuacin de lvaro Uribe est atada a la continuidad de su guerra (as la llame "seguridad democrtica"). El taln de Aquiles del rgimen est en su misma fortaleza: que la multitud, heredera de Gaitn, asuma el reto.

No olvidemos: en Colombia slo hay multitud.

[email protected]

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter