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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2014

"Podemos" y la folletinizacin de la poltica: Pablo Gonzlez o Felipe Iglesias

ngeles Diez
Rebelin


Los ltimos acontecimientos polticos -la creciente conflictividad social, el ascenso de una fuerza poltica inexistente hasta las elecciones europeas, la abdicacin del rey Juan Carlos en su hijo y el despliegue del Escudo antimisiles estadounidense en la base militar de Rota-, evocan la mxima marxista de que los hechos y personajes de la historia aparecen primero como tragedia y luego como farsa [1]. Aunque en el Estado espaol tragedia y farsa parecen entrelazarse sin mediar apenas un suspiro y las farsas, ay las farsas! parecen darse de dos en dos.

El ascenso de Podemos no deja de recordarnos la meterica ascensin del PSOE, tambin en una poca en la que la conflictividad social iba in crescendo, lo viejo no acababa de morir, lo nuevo no acaba de nacer, la continuidad del rgimen estaba en cierta forma amenazada por la deslegitimacin del sistema poltico y los intereses geoestratgicos del imperio estaban poco confortables en un escenario tan inestable.

No soy la primera que, percibiendo las analogas, habla de una Segunda Transicin aunque la mayor parte de los discursos que interpretan los acontecimientos actuales en esa clave suelen hacerlo a modo de justificacin de la necesidad de renovar, de nuevo, el sistema poltico para garantizar la paz social, es decir, la estabilidad (econmica y poltica) que nos saque de la crisis y nos lleve, de nuevo, al imaginario paraso socialdemcrata: ms consumo, ms clase media, ms trabajo, ms... Son pocos los que trascienden el discurso exitoso de la renovacin del rgimen de la primera transicin, ni siquiera desde posiciones de izquierdas.

Las analogas, que no identidades, son muchas pero lo que interesa analizar es el grado de locura de una sociedad como la nuestra a la que se le ofrecen las mismas respuestas a idnticos problemas y espera resultados distintos.

Esta nueva entrega de Transicin cuenta con personajes renovados, ms jvenes, ms guapos y mejor preparados. Un guin fiel a las profecas de las encuestas del CIS (Centro de investigaciones sociolgicas) y en sintona con la cultura preformativa postmoderna de unos jvenes sobradamente preparados. No en vano, cuajada de jvenes profesionales en precario, la propuesta poltica de Podemos elabora un producto a la medida de los resultados de las investigaciones sociolgicas de la Facultad de Ciencias Polticas y Sociologa, utiliza las asambleas de los crculos a modo de grupos de discusin para su campaa de publicidad y los debates y crticas para ajustar el discurso y la puesta en escena. Del mismo modo, saca partido de mercancas tecnolgicas como Appgree [2] que monitorean las redes sociales y que ya mostraron su gran eficacia en crear ilusin participativa en el programa de televisin Gran Hermano.

Desde la eclosin de las movilizaciones que arrancaron en el 2003 con el No a la guerra hasta el estallido del 15 de Mayo del 2011, lo que est en juego en Espaa es la legitimidad del sistema poltico en su conjunto. No de un partido en concreto, ni de una casta poltica o econmica. La confluencia de una crisis de legitimidad poltica y la necesidad de un cambio de modelo econmico hacia mayores cuotas de explotacin dan lugar a que todas las fuerzas conservadoras se dirijan a garantizar la estabilidad. Especialmente en el mbito poltico que es donde se juega la legitimidad, es decir, la aceptacin o no del modelo de explotacin. Sin esa estabilizacin parece difcil controlar a una poblacin que histricamente se ha decantado bien por la revolucin bien por el fascismo. De modo que, en estos momentos, del mismo modo que ocurri en la primera Transicin, todas las fuerzas del mal se ponen a la tarea la estabilizacin o de la paz social.

Un sistema poltico, como un barco, puede desarrollar una estabilidad esttica (cuando las aguas estn tranquilas) o dinmica (cuando hay olas y viento). Cuando esas aguas son turbulentas, como en el momento actual, la mejor opcin parece ser cabalgar las olas, o las mareas. Esta opcin supone apropiarse del discurso, es decir, contar historias porque, en un mundo civilizado, todos saben que convencer es ms eficaz que vencer (reprimir). La dictadura franquista aun sin ser civilizada no renunci a contar historias a travs del NoDo, noticiero con el que recreaba un pas ficticio; Felipe Gonzlez no escatim en recursos narrativos prometiendo sacarnos de la estructura militar de la OTAN (aunque con lengua de serpiente). Ahora RTVE (Radio Televisin Espaola) toma el testigo del NoDo y el lder de Podemos nos cuenta que sin ser de izquierdas ni de derechas se pueden cambiar las relaciones de poder.

En el mundo de la poltica los relatos son los principales elementos de estabilizacin. Incluso si no son verosmiles basta con que se reconozca la sinceridad del que los emite o con apreciar que se trata de una buena actuacin. El cinismo se hace consustancial al discurso poltico, pero tambin al discurso acadmico, y especialmente al meditico.

Hoy la vida poltica est dominada por los storytelling o la folletinizacin que permite a la clase poltica (la consolidada y la aspirante) conjurar la amenaza de muerte que los pueblos dictan en su contra desde el mismo momento en que son elegidos. Apropiarse del relato, de la lectura de los acontecimientos, es el principal pilar de la dominacin. Pero tambin, la mejor forma de despejar las calles y llevar de nuevo a las personas al silln de su casa delante del televisor. Como dijera la delegada del gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes refirindose a Podemos-, si ya los antisistema han aceptado el sistema, bajar la conflictividad social y la gente no tiene por qu manifestarse.

Ciertamente la poltica contempornea es apenas otra versin del intercambio de mercancas, los polticos se venden como marcas (la imagen) y los electores se asemejan a los consumidores a los que se les venden los productos (partidos polticos) con relatos exitosos en folletos publicitarios (programas electorales). Ganar unas elecciones es pues tan complicado o tan sencillo como acertar en la campaa de marketing y conseguir los recursos necesarios para lanzarla. Esto lo saba ya Felipe Gonzlez y lo saben an mejor los jvenes expertos de Podemos.

Los estadounidenses son especialistas en esta folletinizacin de la vida poltica. No en vano las empresas de relaciones pblicas -que es el nombre que reciben las empresas de comunicacin que disean tanto campaas electorales como campaas de guerra-, junto con las empresas de armas son las que mueven ms dinero en el mundo. La competencia en el mercado de la poltica se disputa en el campo de la comunicacin y como han demostrado James Carville (director de la campaa de Bill Clinton), Kart Rove (el cerebro de Bush) y David Axelrod (conocido como el Narrador de Obama) la clave est en conquistar la narracin del mundo. [3] En este campo no cabe duda de que las enseanzas hollywood son dignas de tener en cuenta y nos sirven, a ttulo de hiptesis, para entender el xito electoral (presente y futuro) de Podemos y para comprender por qu, con el objetivo de la estabilidad necesaria, todas las fuerzas polticas se aproximan al patrn meditico de xito que ser tambin el del xito electoral, y que los publicistas estadounidenses resumen en: 1) Contar una historia, 2) ser breve, 3) ser emocional [4].

De la misma forma que en la primera Transicin el marketig electoral vino de la mano de Julio Feo, directivo de una empresa de publicidad norteamericana, los nuevos tiempos tambin tienen como referencia las campaas estadounidenses. En este caso, en la campaa de Obama de 2008 donde se consolidaron las claves de lo que ya son las campaas electorales de Europa, tal y como profetizaba el escritor Christian Salmon: dominio de la retrica, poder de escenificacin, arte del relato y nuevas tecnologas digitales.

En esta segunda entrega de la Transicin el nuevo partido, Podemos, extiende idnticas recetas: inevitabilidad de la aceptacin de las reglas del juego poltico, pragmatismo, desideologizacin (ni de izquierdas ni de derechas) y oportunidad. Slo resta por perfilar el difcil equilibrio entre la violencia que supone reconocer el conflicto y apostar por la paz social.

Es probable que la conflictividad social de finales de los setenta llevara el germen de una verdadera revolucin socialista as lo atestigua la inquietud de las instancias de poder, los viajes de Prado Coln de Carvajal (administrador privado del rey durante 20 aos) a EEUU, etc. En cualquier caso, en ese momento, como entonces, la contencin social implicaba un maquillaje poltico creble, una figura joven y un proyecto emocional. Se daba la necesidad de contener el conflicto social tanto por la derecha como por la izquierda. Por la derecha se neutralizara a los sectores fascistas con la figura del rey Juan Carlos elegido por Franco y personalmente interesado en la continuidad del modelo-, por la izquierda, el PSOE se presentara como la opcin ms realista para conjurar los demonios de una segunda guerra civil. El prncipe Felipe convertido en Rey supone ahora un intento, precipitado, por relegitimar la monarqua, la ampliacin del tratado de utilizacin de las bases de Rota y Morn se saca de todas las agendas mediticas para no mentar la bicha del No a la Guerra o No a la OTAN y los tecnoexpertos de Podemos despiertan, de nuevo, la ilusin de la renovacin poltica.

Siguiendo con las analogas, tras la eclosin de las movilizaciones masivas del 15M, las mareas, las marchas, el cuestionamiento de organizaciones sindicales, partidos polticos, etc. hacan vislumbrar la posibilidad de una ruptura de efectos imprevisibles. Sin embargo, las dificultades para que toda esa movilizacin se convirtiera en organizacin, la paradoja de una sociedad indignada pero no lo suficiente como para romper la baraja, han creado las condiciones propicias para el triunfo de una tercera va posibilista.

El votante-espectador quiere salir del shock pero sin coste, sin el inmenso esfuerzo de ser l el protagonista, el sujeto que es parte y toma partido, el sujeto que no elude el conflicto y asume riesgos. Felipe Gonzlez o Pablo Iglesias son figuras intercambiables de ese deseo. Como entonces, se establece el par ilusin-desafeccin. El pblico elude el conflicto real, prefiere verlo representado, de ah el xito de las Tertulias. Pero adems la magnitud de la crisis hace urgente que algo cambie.

Para unos, la situacin personal es ya crtica, para otros, los jvenes, presas del mal de la impaciencia y del mito edulcorado del mayo del 68 es la oportunidad que no se puede desaprovechar, es el aqu y ahora. La gente, dicen los promotores de Podemos, quiere ganar ya. Vivimos en un mundo virtual e instantneo. El aqu y ahora se imponen sobre la durabilidad de los cambios, lo que Bauman llama el sndrome de la impaciencia. Igual que ocurre con el consumo de la comida precocinada se compra lo que antes haba que hacer. Es decir, se opta por los atajos. La cultura postmoderna es la cultura del espectador, del mnimo esfuerzo y del camino ms corto.

Los jvenes contemporneos, educados y formados para desplegar las virtudes del consumidor (el consumo aparece como la tabla de salvacin de la economa) son caracterizados a la perfeccin por Bauman :Hoy, las ansiedades de los jvenes y sus consecuentes sentimientos de inquietud e impaciencia, as como la urgencia por minimizar los riesgos, emanan por un lado de la aparente abundancia de opciones, y por otro del temor a hacer una mala eleccin, o al menos a no hacer la mejor disponible; en otras palabras, del horror a pasar por alto una oportunidad maravillosa cuando an hay tiempo (fugaz) para aprovecharla [5]. Este es el tipo mayoritario de jvenes que se decantar por la nueva opcin electoral.

Por otro lado, en el caso de las generaciones que vivieron la primera Transicin emerge el sentimiento de su ltima oportunidad; conocen, porque la sufrieron, la experiencia del PSOE pero su momento vital les lleva a buscar-desear desesperadamente que ahora sea diferente. En este sentido Podemos funciona como un antibitico de amplio espectro proporciona alivio a varias generaciones.

No creo en las conspiraciones, ni que la realidad sea el resultado prefijado de quienes teniendo en sus manos los hilos del poder nos mueven como marionetas. Tampoco creo que los sujetos que, en determinado momento son convertidos en protagonistas, tengan un plan ms all de perseguir sus propios intereses, o tal vez sus deseos. Pero s se que, una mirada atenta y desprejuiciada nos permite encontrar un hilo narrativo, una explicacin coherente de por qu pasan las cosas, quienes son los ms interesados en que pasen de la forma en que pasan, cmo se promocionan y alimentan determinados procesos mientras que otros son bloqueados, silenciados y eliminados.

Por qu se vuelve tan relevante para la vida poltica y los medios de comunicacin espaoles un fenmeno como Podemos y por qu dejan de ser importantes las movilizaciones de miles de personas en todo el Estado el 22 de Marzo? Por qu es ms relevante cualquier actuacin meditica del lder de Podemos que el genocidio palestino? Preguntas como estas nos ayudan a encontrar la lgica interna que explica el devenir poltico-social ms all de los dimes y diretes del show tertultico.

Como seal tambin Marx en el 18 Brumario . Hoy, la sociedad parece haber retrocedido ms all de su punto de partida; en realidad, lo que ocurre es que tiene que empezar por crearse el punto de partida revolucionario, la situacin, las relaciones, las condiciones, sin las cuales no adquiere un carcter serio la revolucin moderna [6].

Crear un punto de partida no puede hacerse desde la aceptacin de las reglas del juego, tampoco desde la emocin etrea, ni siquiera desde la pura retrica, menos an desde la butaca de nuestro saln que es donde estn, en estos momentos, la mayora de los futuros votantes de Podemos. Esperemos que los cientos de mujeres y hombres comprometidos y bien intencionados que se han prestado a filmar, producir, actuar y participar de diversas formas en esta nueva entrega de la Transicin sean capaces de sobreponerse a la frustracin y la impotencia, y que en algn momento, ojal sea pronto, pueda retomarse la construccin de un punto de partida que, si pretende resolver los problemas planteados ser dando soluciones distintas, es decir, revolucionarias.

 


Notas

[1] K. Marx, 18 Brumario de Luis Bonaparte

[2] Pgina de Podemos para ensear a usar Appgree https://podemos.info/participa/herramientas/como-usar-appgree/ . Descargar Gran Hermano appgree: http://appgree.org/

[3] Christian Salmon, La estrategia de Sherezade. Pennsula, Barcelona 2011

[4] Christian Salmon, La estrategia de Sherezade, p. 45

[5] Z. Bauman y Gustavo Dessal, El retorno del pndulo. FCE, p. 45

[6] K. Marx, 18 Brumario de Luis Napolen Bonaparte, p. 12


ngeles Diez, Dra. en Ciencias Polticas y Sociologa, profesora de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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