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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2014

Tlatelolco, Tlatlaya, Iguala

Eduardo Nava Hernndez
Cambio de Michoacn


Todo indica que este 2 de octubre en Mxico no ser como muchos otros. Es segura la ya tradicional marcha (o marchas) con que los jvenes estudiantes de la ciudad de Mxico y de otras en el pas siguen recordando, en buena hora, la gesta democratizadora de sus antecesores en 1968 y el trgico desenlace al que lo condujeron los gobernantes en la matanza de Tlatelolco. Pero esta vez, la movilizacin juvenil bien podra estar cargada de mltiples y nuevos significados que no se reducen a la conmemoracin de los hechos del pasado sino enlazan a stos con el presente.

Se trata, s, del movimiento eruptivo del Politcnico que, en menos de una semana de movilizaciones, dentro de su institucin y en las calles de la capital, ha colocado contra la pared a las autoridades del instituto y puesto en cuestin la cacareada reforma educativa de Pea Nieto, esta vez en el nivel superior, que busca degradar el nivel de formacin profesional y centralizar mediante un reglamento ms rgido y autoritario, el control sobre el estudiantado. La inesperada movilizacin podra entroncar con la prolongada lucha de resistencia de los maestros de la CNTE; pero sobre todo, como ya lo est haciendo, con los estudiantes de otras instituciones de educacin superior bajo amenazas semejantes contra sus condiciones educativas, y con la ms amplia solidaridad del estudiantado nacional.

Las manifestaciones del 25, y sobre todo la del 30 de septiembre, por las calles de la capital, sumadas al paro en 42 de las 44 escuelas, han desbordado las peores expectativas que el gobierno se hubiera trazado en cuanto a la capacidad reactiva de los estudiantes y los han colocado a stas a la defensiva. Hasta ahora, el balance es muy favorable a los estudiantes y maestros politcnicos. Primero obligaron a la directora general Yoloxchitl Bustamante, a aplazar la aplicacin del nuevo reglamento de la institucin y el plan de estudios aprobado para la ESIA; despus, a que el secretario de Gobernacin saliera de sus oficinas a recibir y leer frente a los alumnos movilizados el pliego petitorio de 10 puntos que le presentaron, y se comprometiera a recibirlos este viernes 3 de octubre; y finalmente, a la probable renuncia, inicialmente negada por las autoridades de la SEP,de la propia responsable del IPN.

Pero si bien esos avances del movimiento pueden congregar a muchos jvenes a recordar con entusiasmo los sucesos de 1968 (y, por qu no, los de la huelga en el mismo Politcnico en 1956), la represin y la tragedia tambin dan motivacin a manifestaciones airadas y combativas para este 2 de octubre. La matanza de jvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, en la ciudad de Iguala en la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre ha presentado una vez ms el ngulo ms autoritario del rgimen poltico que, desde un pasado nunca del todo ido, se actualiza constantemente atacando a uno u otro grupo de la poblacin. El resultado de la agfresin armada de policas municipales y, al parecer, de una banda de pistoleros civiles que los acompaaba contra tres autobuses en que se transportaban los normalistas, as como otro en que viajaba un equipo de futbol, es de al menos 6 muertos, 17 heridos y varias decenas de desaparecidos.

El ataque a los normalistas de Ayotzinapa no es sino parte de un constante hostigamiento que se ha cebado sobre ellos desde diferentes esferas del poder poltico. Si hoy fue la polica municipal de Iguala, apenas en diciembre de 2011 fueron las policas estatal y federal las que los atacaron en Chilpancingo, sobre la carretera federal Mxico-Acapulco, con saldo de dos jvenes asesinados y varios ms heridos. En el extremo de la barbarie, a uno de los jvenes le extrajeron los ojos y fue desollado de la cara.

El golpe actual parece ser an ms contundente y coloca a los estudiantes guerrerenses en situacin de localizar primero a sus compaeros desaparecidos y restaar la hemorragia de sus heridas; pero pronto puede traducirse en coraje que genere un nuevo conflicto, sobre todo si las indagaciones no apuntan certeramente a los verdaderos responsables del ataque. Y los jvenes movilizados del Poli y de otras instituciones no debieran dejar de lado la exigencia de que se haga justicia a los normalistas guerrerenses arteramente atacados en lo que cobra visos de un verdadero crimen de odio sin precedentes.

Porque un ngulo ms de este siniestro polgono es la revelacin en los pasados das, por investigaciones periodsticas, de los detalles de la muerte de 22 jvenes en el poblado San Pedro Limn del municipio de Tlatlaya en el Estado de Mxico a manos del Ejrcito. Todos los indicios apuntan, a contrapelo de la inicial versin oficial de un abatimiento en combate a elementos de una banda de secuestradores y miembros de la delincuencia organizada, a que 21 de los muertos fueron en realidad asesinados a sangre fra despus de rendirse ante los soldados. Hoy, la Comisin Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y las autoridades mismas de los Estados Unidos demandan enrgicamente al gobierno de Pea Nieto que los hechos del 30 de junio pasado en Tlatlaya sean plenamente esclarecidos y castigados severamente, en su caso, los culpables. Lo que al interior de las fuerzas armadas se quiere presentar como un caso de indisciplina o desobediencia de un oficial y la tropa puede derivar en una crisis que involucre a mandos medios del ejrcito.

Dos masacres con pocos meses de diferencia, sumadas a un buen nmero ms de episodios de violencia a lo largo del gobierno de Enrique Pea Nieto, dan cuenta de un fenmeno nada casual. No por tratarse en un caso de un grupo de estudiantes y en el otro de supuestos delincuentes, ambos hechos se encuentran desligados. Dos elementos parecen darles un sustrato comn que no debiera pasar inadvertido.

Por un lado se encuentra la violencia criminal desatada desde el sexenio pasado con la guerra de Felipe Caldern contra la delincuencia organizada, nunca suficientemente preparada ni acompaada de las polticas y tcnicas indicadas para debilitar las verdaderas fuentes de poder de sta, pero que sac a las calles y carreteras del pas a las fuerzas armadas para cumplir tareas policiacas. Esa oleada de violencia e inseguridad no slo no ha terminado sino se ha incrementado bajo el gobierno de Pea Nieto, impotente para frenar la corrupcin de los propios rganos de seguridad pblica. Cuerpos policiacos enteros, municipales o estatales, se han visto penetrados o implicados con una u otra de las grandes bandas delincuenciales. La militarizacin de la vida civil y la virtual guerra entre fuerzas llamadas del orden y grupos delincuenciales ha dado lugar a un sinnmero de violaciones a los derechos humanos, muchas de ellas graves, que en el caso de las fuerzas armadas generalmente son encubiertas por los mansos superiores cuando no son stos sus responsables, o tratadas como meras faltas a la disciplina militar.

Pero tambin est el ambiente que se ha generado en el pas con el retorno del priismo al poder, acentuando las tendencias represivas y de control sobre la poblacin. A ello obedecen los intentos de censura y el hostigamiento contra medios de difusin crticos, el asesinato o intimidacin recurrentes a periodistas, las medidas extrajudiciales de intervencin previstas en las telecomunicaciones y las limitaciones impuestas en la ley a las radiodifusoras comunitarias, etctera. Se percibe en la sociedad un ambiente cada vez ms asfixiante en el que el ciudadano comn se encuentra permanentemente bajo sospecha para los centros de poder.

No es algo muy distinto de la paranoia que en 1968 llev a ver en la movilizacin de los estudiantes una amenaza contra el Estado y la estabilidad social y que condujo a la matanza en Tlatelolco. Hoy, el tema no son slo los estudiantes sino, como se vio en Tlatlaya y se refrenda en Iguala, Ciudad Hidalgo y Purpero, la percepcin que en los rganos de autoridad se tiene de la sociedad como variable que hay que controlar, y en particular de los jvenes como potencial amenaza contra la seguridad y el orden. Hagamos lo necesario para evitar que la trgica realidad de hoy nos conduzca a un abismo como al que hace 46 aos los gobernantes llevaron al pas.

 

Eduardo Nava Hernndez. Politlogo-UMSNH

Fuente: http://www.cambiodemichoacan.com.mx/editorial-10601



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