Portada :: Chile :: Miguel, a 40 aos de su caida en combate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2014

La pregunta de Miguel

Alvaro Ramis
Punto Final


La figura de Miguel Enrquez despierta dos tipos de reaccin. O se le descalifica en bloque, culpndole de un amplio conjunto de pestes polticas, o por el contrario, se la ensalza en un relato militante, que mezclando la hagiografa revolucionaria y el panegrico apologtico tiene poco que ver con la personalidad y el talante del fundador del MIR.

Miguel no era un santo ni un demonio, sino un revolucionario que propuso una serie de preguntas polticas fundamentales al pas, y estuvo dispuesto a debatirlas abiertamente durante toda su vida. Lejos del sectarismo o el dogmatismo, se le debe ubicar, dentro de la tradicin del pensamiento crtico latinoamericano, entre los que buscan una alternativa emancipatoria adecuada a las condiciones especficas de nuestros pueblos. En este aspecto, Miguel Enrquez es una figura actual. Sus preguntas siguen siendo gravitantes y exigen ser tomadas en cuenta, de forma profunda y consistente.

El problema fundamental que identific Miguel y el colectivo generacional que le acompa en la fundacin del MIR en 1965 era el siguiente: en Amrica Latina se haba hecho patente que la derecha histrica, agraria, conservadora y patronal, no dispona de un proyecto de desarrollo para la regin. Incluso el Estados Unidos de Kennedy y la Iglesia Catlica post-conciliar estaban de acuerdo en este diagnstico. Tal como lo haba demostrado el gobierno de Jorge Alessandri, la oligarqua ms rancia y casposa estaba a la deriva, dispuesta a agarrarse a cualquier cosmtico con tal de mantener un orden social anacrnico, que exiga una transformacin radical y urgente. En respuesta a esta crisis se alzaban dos programas de reformas, aparentemente antagnicos, pero que en el fondo posean amplias coincidencias de fondo: la revolucin en libertad democratacristiana, aliada a la Alianza para el Progreso norteamericana, y la va chilena al socialismo que postulaban los partidos Socialista y Comunista. En cada pas del continente esta dicotoma asuma sus propias especificidades, pero se replicaba en lo fundamental, de acuerdo al dualismo Este-Oeste de la guerra fra.

La intuicin fundamental de Miguel era que ambos proyectos tenan limitaciones estructurales que afectaban su viabilidad y deseabilidad. Ello no quiere decir que homologara ambas alternativas. Miguel y el MIR distinguan entre la derecha tradicional y el reformismo DC, y entre la DC y el proyecto del FRAP, que desembocara en 1970 en la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende. Pero su anlisis crtico le llev a descubrir en ambas alternativas una serie de contradicciones y aporas, inherentes a la naturaleza del orden internacional en el que estaban insertas y por sus propias insuficiencias de cara a las necesidades de las grandes mayoras, a las que defini como los pobres del campo y la ciudad.

 

LA INVIABILIDAD DE LOS REFORMISMOS

Para Miguel Enrquez los dos proyectos de reforma que se proponan a Chile en los aos sesenta no eran viables a largo plazo. Arraigaba este convencimiento en un anlisis muy detallado de las condiciones de la economa latinoamericana, situada en una relacin de dependencia respecto a los grandes centros de poder del capitalismo global. Tanto el programa de la DC como el de la Izquierda apostaban a lograr una alianza histrica con los sectores progresistas del empresariado nacional en orden a promover una modernizacin industrializadora que permitiera cambiar el patrn productivo, para desembocar en una versin nacional del Estado de bienestar europeo. Pero este programa presupona una serie de condiciones de posibilidad, que el MIR no lograba visibilizar, entre otras:

1. La inexistencia de un verdadero empresariado progresista, con vocacin industrializadora. Ms all de algunas individualidades, los empresarios nacionales se vean a los ojos de Miguel como endmicamente arraigados a una tradicin rentista, extractivista y agraria, incapaces de asumir el programa de sustitucin de importaciones que preconizaba la Cepal, que debera crear los empleos de calidad que podran incorporar a los excluidos del ciclo productivo.

2. A la vez, el mercado chileno era incapaz de absorber la nueva produccin nacional que se debera llegar a generar. La inexistencia de una verdadera clase media constitua un obstculo insalvable al proyecto reformista. La nica forma de sortear este problema radicaba en la consolidacin de un mercado ampliado, a escala latinoamericana, que por su dimensin pudiera absorber esa nueva oferta productiva.

3. Pero ese proyecto de integracin latinoamericana, basado en un cambio en la matriz econmica, era intolerable para Estados Unidos, que necesitaba mantener a la regin como proveedora de recursos naturales a bajo precio y como mercado natural para sus productos elaborados.

4. Este escenario implicaba que ambos reformismos terminaran por chocar de forma violenta e insalvable con la elite econmica y poltica nacional, reacia a abandonar su vocacin rentista en aras de un proyecto de cohesin social que despreciaba profundamente. Y tambin chocaba con el capital transnacional, que necesitaba que Amrica Latina permaneciera bajo la rbita de dominio norteamericano, en posicin de dependencia econmica y subordinacin poltica. El ciclo de cambios reformistas llevara inevitablemente a la necesidad de una ruptura abierta y decidida, y para liderar ese proceso construy y articul el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

 

LA INDESEABILIDAD DE LOS REFORMISMOS

Si los programas reformistas aparecan como inviables sin un momento de ruptura radical, tambin eran criticables porque no lograban superar el nudo del dilema latinoamericano. En el caso del reformismo DC, Miguel Enrquez adverta el germen de una modernizacin capitalista, tanto a nivel agrario como minero, que originara un nuevo ciclo de acumulacin en beneficio de los sectores ms cosmopolitas y mejor preparados del empresariado nacional. Y en el programa del FRAP y de la UP reconoca una voluntad redistributiva mucho mayor, pero que en el fondo mantena la continuidad con la dimensin desarrollista del proyecto DC, cambiando los socios occidentales por nuevos socios de la Europa del Este. Su intuicin era que se deba buscar de forma clara y decidida una orientacin socialista, que permitiera el protagonismo popular, y que evitara las trampas burocrticas y autoritarias en las que cayeron los pases del socialismo real.

Este aspecto representa la dimensin ms original y fecunda del pensamiento de Miguel. Se puede advertir su profundidad en la famosa declaracin El MIR y los sucesos de Checos l ovaquia, publicada a raz de la represin sovitica de la Primavera de Praga, en 1968. El texto formula una anlisis muy lcido del momento internacional para concluir diciendo: Repudiamos enrgicamente la intervencin militar sovitica en Checoslovaquia. Esta intervencin no fue en defensa del socialismo, que habra estado bien resguardado por los obreros y campesinos checos, sino en defensa de los intereses de la burocracia de la URSS y con un claro contenido contrario a los procesos de democratizacin socialista () Sabemos que este rechazo a la intervencin ser utilizado por la reaccin y el imperialismo. Esto es responsabilidad de la URSS. Ya se escucha el gritero de los imperialistas y sus secuaces radicales, nacionales, democristianos, etc., que rasgan sus vestiduras por el principio de no intervencin. Son los mismos que nada dijeron para las criminales intervenciones de Santo Domingo, Vietnam y Cuba. Pretenden as descalificar el camino socialista. No lo conseguirn. Es tarea de la Izquierda revolucionaria del mundo demostrar que este no es el socialismo por el cual combatimos, sino una desfiguracin heredada de los periodos ms negros de la primeras repblicas socialistas del mundo.

La verdadera democracia socialista aparece as como el horizonte poltico que busca Miguel. Se trata del criterio clave que le servir para juzgar polticamente la realidad. Cmo alcanzarlo? Es una pregunta que sigue abierta. Las vas y los mtodos en nuestra poca ya no son los que se podan plantear en los aos sesenta. Pero la pregunta fundamental sigue cuestionndonos: Cmo alcanzar un proyecto de emancipacin para los pobres del campo y la ciudad en Amrica Latina, que no sucumba ante las tentaciones del desarrollismo a ultranza, la burocratizacin y el autoritarismo? En todas estas preguntas, Miguel Enrquez sigue siendo un compaero de bsqueda y su pensamiento nos aporta criterios que desafan la conciencia de la Izquierda autocomplaciente.

Publicado en Punto Final, edicin N 814, 3 de octubre, 2014

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