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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2014

Nada por aqu, nada por all: ni de izquierdas ni de derechas?

Armando B. Gins
Rebelin


A la manida frase de que todos los polticos son iguales, le ha salido una respuesta posideolgica opositora: ni de izquierdas ni de derechas. Ambos eslganes se mueven dentro del sistema capitalista, aunque en teora quieren representar en el mbito social actitudes sociales radicalmente diferentes.

En el caso de Espaa, desde la transicin de la dictadura al rgimen actual, las izquierdas mayoritarias vienen esgrimiendo como autojustificacin de los lmites democrticos la coletilla se hizo lo que se pudo dada la correlacin de fuerzas existentes a la muerte de Franco.

Despus del triunfo del PSOE, la izquierda espaola perdi la virginidad, sus orgenes, sus costumbres, el pensamiento crtico, la utopa revolucionaria y el mpetu transformador. Europa nos homolog como democracia vigilada por la OTAN, EE.UU. y los mercados internacionales.

El nuevo statu quo se asent en la alternancia esttica de PP y PSOE, dejando resquicios testimoniales a las derechas nacionalistas de Euskadi y Catalua, con un diminuto espacio contestatario al PCE, ms tarde atrapado dentro de las siglas IU. A todo ello hay que aadir un diseo meditico cerrado, representando El Pas la modernidad socialdemcrata y el resto copado por grupos econmicos de la derecha (grandes empresas, poderes fcticos e iglesia catlica principalmente).

La transicin impidi una salida alternativa que propusiera un pas ms escorado a la izquierda y un Estado social ms vertebrado desde los intereses de la clase trabajadora. Los sindicatos tuvieron que adecuarse al nuevo escenario, reduciendo sus programas sociopolticos a la negociacin colectiva en recesin y a la defensa jurdica de cada conflicto concreto. Sus aspiraciones de cambio no tuvieron jams referente poltico poderoso.

Corrupcin capitalista

Mucho ha llovido desde entonces, pero el precipitado actual, adems de a razones internacionales que sobrepasan la casustica domstica exclusiva, hunde sus races en aquellos mimbres hoy en cuestin. La corrupcin actual no es un mero sntoma de descomposicin de un modo de hacer poltica o un desgaste institucional, idea doble que se quiere trasladar desde las elites para retomar el pulso hacia el futuro permaneciendo el sistema intacto, sino que la tan manoseada corrupcin es inherente al rgimen capitalista.

La crisis es capitalista y global, no un accidente ms o menos grave en su devenir histrico. Lo que sucede es que la izquierda espaola ha dejado de creer en s misma, no teniendo modelo efectivo que oponer al neoliberalismo de nuestros das. Tanto tiempo sintindose minora ideolgica y conviviendo con el adversario en disputas florentinas de saln han anulado su capacidad crtica para ver ms all del contexto de la realidad inmediata.

Hoy los sindicatos operan a la defensiva, sin horizontes donde llegar a ser, mientras tanto IU se ha acomodado a su condicin de outsider permanente que nunca despega hacia metas polticas ms ambiciosas. Desde 2008, el vendaval derechista a escala mundial ha puesto de manifiesto la escasa capacidad de movilizacin de las izquierdas clsicas adosadas al Estado del Bienestar capitalista tejido despus de 1945 tras la cada del nazismo.

Con la crisis que ahora estamos viviendo, el que todos los polticos son iguales favorece a las derechas y aclitos a su izquierda nominal porque tambin alcanza su efecto devastador a las izquierdas tradicionales que, al menos en sus discursos, aspiran a una transformacin ms acusada del sistema capitalista. Demasiado tiempo en las proximidades vicarias del poder corrompen a cualquiera, tal vez solo a unos pocos polticos venales de la izquierda, pero suficientes para encajar en ese imaginario popular, que ante la impotencia democrtica para hacer frente a los recortes, las reformas laborales y el desmantelamiento de lo pblico, se cobija en la igualdad corrupta de todos los polticos, sean del signo que sean.

La derechas siempre van a cosechar su parte masiva de votos (otros irn a la abstencin pasiva) gracias a la influencia hegemnica de sus medios de informacin y a la vieja dinmica amo-esclavo que en situaciones agudas de desencanto y crisis material y existencial siempre se decanta en una mayora suficiente por los representantes del poder establecido, aquellos que en la realidad objetiva tienen los resortes de dar y quitar: el cacique, el conseguidor de prebendas, el empresario, el jefe, el lder espiritual y figuras de corte semejante. Todos estos iconos son de derechas, cuando no reaccionarios, pero ellos tienen la sartn por el mango. Y a la izquierda, nada hay, porque la ideologa capitalista se ha encargado de volatilizar la conciencia de clase y el pensamiento crtico autnomo e independiente.

Populismos a la carta

La irrupcin de populismos y movimientos ciudadanos alternativos tiene su caldo de cultivo en este campo de batalla tan complejo, desplazando la categora de trabajador por vetusta y antigua y poniendo nfasis en el concepto ciudadano, donde todos los cualquieras annimos tienen un papel relevante si as lo desean. Se trata de una exaltacin individualista a ultranza sin races en la historia real, una suma de voces y luchas dispares que todava no han hallado un camino colectivo que otorgue cohesin a sus reivindicaciones particulares. De ah, que Podemos y otros movimientos ms locales se definan en negativo como ni de izquierdas ni de derechas.

Lo dicho anteriormente no significa que no existan causas objetivas para el nacimiento de esta nueva ilusin poltica. El espacio transformador de la izquierda ha quedado hurfano desde hace mucho tiempo y las estructuras partidarias tradicionales no han sabido ver lo que se vena encima. Por decirlo en trminos coloquiales, ya no tienen gasolina en su depsito ideolgico para alcanzar destinos de largo recorrido. La han dejado en la cuneta del posibilismo y del contacto permanente con el sistema imperante. Actualmente no tiene distancia para analizar la realidad con miradas crticas y rebeldes.

A los datos objetivos reseados cabra aadir otro aspecto muy importante. El hueco dejado por las izquierdas tradicionales no ha sido un vaco que se haya llenado desde la espontaneidad absoluta. El rgimen sabe muy bien (lase la derecha y los poderes econmicos) que una de sus bazas principales es dividir a la izquierda. Divide y vencers sigue funcionando a las mil maravillas. Por esa razn, ha aupado mediticamente a los altares a lderes de nuevo cuo con publicidad y alevosa manifiesta. No hace falta citar nombres, son de dominio pblico. La estrategia de la derecha es artera, pero muy efectiva.

Ni de izquierdas ni de derechas puede ser una tctica que a corto plazo pueda obtener resultados electorales convincentes, aunque cuesta creer que los adalides de tal estrategia lleguen a reunir una mayora pujante que trastoque los planes y proyectos del sistema capitalista. Es cierto que parten de un dato objetivo incontestable: la masa trabajadora no tiene conciencia de clase activa y est inmersa o colonizada por tics capitalistas muy slidos. El ideario capitalista penetra los tutanos y las mentes de la inmensa mayora. Esto es obvio e irrefutable.

Ante este panorama tan desalentador y propicio a aventuras polticas transformadoras originales, lo mejor es (sera) hacer de la necesidad virtud y aprovechar el tirn de oportunidad que ofrece la crisis para plasmar mayoras de conveniencia rpidas sin entrar en escabrosas discusiones ideolgicas de fondo. La jugada parece inteligente, sin embargo una pregunta surge de inmediato como puetazo en pleno rostro: son tan tontos los poderes hegemnicos y las derechas como para quedarse inmviles ante una argucia que podra despojarlos de sus posiciones consolidadas y su estatus preferente? En ese sentido, los populismos al alza que basan su programa en la indefinicin ideolgica diciendo a la gente lo que desea or sin desgranar su programa poltico, sus bases ideolgicas de partida y el modelo de sociedad que pretenden, ms bien parece ingenuidad y posibilismo esttico que un proyecto serio y duradero de transformacin de la sociedad.

Ciudadanos versus trabajadores

Da la sensacin a priori de que la categora ciudadano/a carece de peso especfico para nutrir ideolgicamente un programa poltico radical hondo y autntico. La suma de cualquieras individuales y dispersos en una hipottica igualdad de condiciones de partida no parece ser un nexo demasiado fuerte para formar un colectivo que tenga conciencia de s propia y con porvenir a largo plazo. Desalojar el concepto trabajador/a de la noche a la maana, sin sustento ideolgico previo y razonado, arroja interrogantes muy profundos sobre los populismos y movimientos nacientes o en ciernes.

Olvidar que todo el edificio capitalista se levanta desde la explotacin laboral es caer en la falacia posmoderna del relato individual biempensante. Los derechos no surgen de la nada ni de la espontaneidad inocente ni son obra de ticas formidables e irrefutables de orden natural. Para qu queremos derechos si no tenemos un trabajo digno? De dnde surgirn los derechos si no creamos riqueza social desde el trabajo personal y colectivo? El ser ciudadano/a es una entelequia evasiva mientras que ser trabajador/a es una realidad ineludible.

Ni de derechas ni de izquierdas y todos los polticos son iguales no son ms que frases hechas que eluden el conflicto social de mayor calado: la explotacin capitalista de la mano de obra ajena. Ah reside el quid crucial de la cuestin. En la plusvala capitalista residen todos los grmenes de injusticia y desigualdad. Todos los derechos constitucionales y liberales son mentiras y aagazas del poder instituido para encubrir esa realidad tan intangible y evanescente. De ah nace todo el tinglado capitalista.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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