Portada :: Chile :: Miguel, a 40 aos de su caida en combate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2014

Entrevista a Miguel Enrquez a 40 das del golpe de 1973
Que el gobierno Allende dialogue con los trabajadores

Mario Diaz Barrientos
Punto Final


Punto Final entrevist al secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, Miguel Enrquez, en una conversacin que gir, en su mayor parte, en torno al llamado al dilogo con el Partido Demcrata Cristiano que el 25 de julio de 1973 formul oficialmente el presidente de la Repblica. Asimismo, abordamos la visin que tiene el MIR sobre las caractersticas y perspectivas de desarrollo de la crisis que afrontaba la sociedad chilena.

Entrevista histrica, publicada en Punto Final N 189 / 31 DE JULIO DE 1973

En las ltimas semanas se ha planteado por parte de diversas fuerzas polticas la bsqueda, a travs de un dilogo, de un consenso mnimo como forma de resolver la crisis poltica y econmica por la que atraviesa el pas y de evitar la guerra civil. Cul es la apreciacin de ustedes?

La verdad es que lo que es denominado dilogo o bsqueda de un consenso mnimo ha sido un proyecto poltico y programtico que permanentemente, y desde que empez este periodo, han venido intentando los sectores reformistas de la Unidad Popular: un proyecto de conciliacin de clases antagnicas.

Este proyecto ha tenido distintas formulaciones, pero se ha enmarcado en dos grandes propsitos de accin: encarcelamiento de la poltica de la Unidad Popular en el estrecho marco de la institucionalidad burguesa y establecimiento de una suerte de alianza con una de las fracciones burguesas fundamentales.

Estos propsitos han tenido distintas expresiones, de acuerdo a las distintas fases en los ltimos aos, pero sus expresiones ms relevantes fueron: las garantas constitucionales de 1970, que no representaron otra cosa que la garanta por escrito del respeto al orden burgus; los intentos de acuerdos con los gremios empresariales de la gran industria, construccin y gran burguesa agraria, en el verano de 1971; el amparo que se intent dar a estos sectores en la poltica de gobierno durante los aos 71, 72 y parte del 73; el intento de acuerdo con el PDC, en junio de 1972; el compromiso orgnico que se pretendi sellar con el Estado capitalista, de octubre de 1972 a marzo del 73, con el gabinete UP-generales, etc.

Pero en un periodo de crisis del sistema de dominacin capitalista, como el que atravesamos, esto no es factible. Las clases patronales en su conjunto, ms all de las garantas que los sectores reformistas le ofrecan a una de sus fracciones, percibi claramente que lo que el ascenso de la clase obrera y el pueblo exigan no eran slo algunas reformas que, golpeando a una de las fracciones burguesas, permitiera la conservacin del orden burgus, sino que exiga transformaciones que amenazaban al conjunto de las clases dominantes como tales y al orden burgus mismo.

De esta manera, el movimiento de masas, sus luchas, su organizacin y conciencia, su actividad, impidieron la colaboracin de clases y rompieron las limitaciones que la conduccin reformista les pretenda imponer. El movimiento de masas no se limit a golpear a una fraccin de la gran burguesa agraria, sino que avanz sobre el conjunto de ella; no restringi sus movilizaciones a slo algunos monopolios industriales, sino que se propuso arrebatarle todas sus fbricas a la gran burguesa industrial. La clase obrera no confiri fuero a las grandes constructoras y distribuidoras, sino que luch por pasar a propiedad de todo el pueblo el conjunto de ellas. El movimiento de masas no se encarcel en la rigidez de la legalidad burguesa sino que, por medio de la accin directa de masas en ciudades y campos de Chile, arrebat a los grandes patrones sus bienes de produccin y comenz a crear sus propios rganos de poder.

El movimiento de masas no se limit con su accionar a impedir la colaboracin de clases. Presion y empuj al gobierno a ir ms all de donde algunos de sus sectores se proponan. El eje del gobierno, salvo algunos cortos periodos, tuvo como factor a dos grandes partidos obreros que, recibiendo los influjos de una base social de apoyo fundamentalmente obrera y popular, llevaron al gobierno, a despecho de las intenciones y resistencias de sus sectores reformistas, a legitimar lo que el movimiento de masas le impona. Con esto tambin la prctica poltica y social del gobierno contribuy al fracaso de la colaboracin de clases.

El periodo reciente ha tenido como eje el enfrentamiento social entre explotados y explotadores, trabajadores y patrones. Los intentos de desfigurar el carcter del enfrentamiento poltico y social, plantendolo en trminos de democracia-fascismo o patria-antipatria, para desde all generar garantas de colaboracin de clases, hasta aqu han fracasado y han terminado por dividir al pueblo y a la Izquierda. Si bien es cierto que la clase obrera, como clase vanguardia, necesita alianzas de clases, sus aliados no son los de arriba, sino los de abajo. Todo intento de alianza de la clase obrera con fracciones de la gran burguesa terminar aislando a la clase obrera de sus verdaderos aliados: los pobres del campo y la ciudad, los pobladores y los campesinos. Con ellos es que la clase obrera tiene que establecer su alianza revolucionaria.

Volviendo entonces a la pregunta: si ayer fracasaron los intentos de colaboracin de clases y slo dividieron al pueblo, hoy, agudizada y polarizada en extremo la lucha de clases, ser ms difcil an reincidir en este intento, y si ste se consumara, sus consecuencias seran funestas. El propsito fundamental expresado de evitar la guerra civil no ser logrado por este camino. Ms bien por esta va la guerra civil ser precipitada y en peores condiciones para las masas.

Vivimos momentos en los cuales dos grandes y poderosos bloques sociales se acechan, toman posiciones. Salimos recientemente de una intentona golpista, pero los golpistas, muchos de ellos con fuerzas an, permanecen impunes. Las fracciones burguesas fundamentales se proponen y maniobran pblicamente por el derrocamiento del gobierno.

Evidenciada, despus del intento golpista del 29 de junio recin pasado, la fortaleza de la clase obrera y el pueblo, y la decisin antigolpista de importantes sectores de la oficialidad y las tropas de las FF.AA., las clases patronales han sido obligadas a levantar una nueva tctica, la tctica del emplazamiento militar progresivamente y del chantaje poltico institucional, que les permita: primero, desarticular y dividir a la clase obrera y al pueblo, a la vez que enfrentar a las FF.AA. con el pueblo, y, despus, derrocar al gobierno y reprimir a los trabajadores, con un mnimo de resistencia.

La tctica propuesta por algunos sectores de la UP y del gobierno de ganar tiempo, abrir dilogo y establecer un consenso mnimo, independientemente de las intenciones de quienes la proponen, bajo presin y amenaza golpista, bajo chantaje y emplazamiento, lleva dentro de s un proyecto de colaboracin de clases, que provocar la divisin del pueblo y de la Izquierda, y por tanto el debilitamiento del campo de los trabajadores. En la actual coyuntura, esto implica la capitulacin del gobierno y despus su derrocamiento.

Con quin se dialoga? Con el PDC, un partido burgus y reaccionario, donde predomina el fresmo, que es pblicamente partidario de emplazar al gobierno y luego derrocarlo.

Para qu se dialoga? Para pacificar el pas, objetivo loable, pero difcil, si para ello hay que dar garantas y dejar a importantes sectores golpistas en la impunidad,

Qu se busca con el consenso mnimo? Si este significa la devolucin de grandes fbricas, pacificar a sectores patronales y enardecer a sectores trabajadores. Si es para promulgar la reforma constitucional Hamilton-Fuentealba, representa la capitulacin del gobierno frente a las clases patronales. Si es para decapitar y castrar el desarrollo del poder popular, significa sellar e impedir una salida revolucionaria.

Todos somos partidarios de que el gobierno dialogue, pero que dialogue con los trabajadores y no con los grandes patrones. No es posible que el ministro Briones, el ministro del dilogo,(1) llame a la directiva del PDC y se niegue a dialogar con los trabajadores del Cordn Vicua Mackenna, mientras ordena reprimir las manifestaciones callejeras en Barrancas.

Nadie desea la guerra civil. Si hay una forma de paralizar el golpismo, esa es impulsando una contraofensiva que, por su fuerza, lo aplaste y amarre en definitiva las manos a los golpistas. Toda tctica que ofrezca concesiones no tendr destino histrico, slo alcanzar a dividir al pueblo y a la Izquierda, y por esa brecha intentar irrumpir el golpismo.

El presidente de la Repblica pronunci el 25 de julio un importante discurso en el que llam al dilogo. Sus consideraciones anteriores las hace extensivas a la intervencin presidencial?

S. Con un agregado, que el Dr. Allende, adems, aprovech de hacer injuriosas y torpes afirmaciones y calificaciones acerca de las movilizaciones de masas recientes en Santiago y acerca de los revolucionarios de fuera de la Unidad Popular, que el diario La Segunda se apresur en aplaudir, si bien el Dr. Allende posteriormente hizo un llamado al dilogo con estos sectores.

No es cierto, como lo afirm el Dr. Allende, que en las movilizaciones de Cerrillos participaran elementos de oposicin. No es cierto que la movilizacin de Barrancas, en la que participaron miles de obreros y pobladores, haya constituido una provocacin irresponsable: fue dirigida por el Comando Comunal de Barrancas, por un organismo que es la forma superior de organizacin del pueblo que se est desarrollando en Chile, detrs de un programa publicado en los diarios en el que se exige: canasta popular, expropiacin de las grandes distribuidoras, asegurar el pan, la vivienda, la locomocin, el fortalecimiento de las organizaciones de defensa del pueblo, por la vigilancia del Comando Comunal sobre los grupos armados de la derecha, etc.

La nica provocacin que se vio, no parti de los trabajadores sino del ministro Briones que, en el da de ayer, dio la orden de reprimir las manifestaciones, lo que por suerte no se consum. Los modestos pobladores, no se dejan utilizar por nadie; ellos tienen clara conciencia de sus enemigos y no los confunden; los   que s se dejan utilizar por los cantos de sirena del emplazamiento, son los que ofrecen garantas y concesiones a sectores patronales, detrs de la ilusin de aplacarlos y en definitiva desarman a los trabajadores.

No nos parece que sea el momento de hacer torpes y desajustados recuerdos histricos que, injuriando a los revolucionarios, dan circo al golpismo. Si de recuerdos histricos se trata, no olvidemos otras experiencias como la de Brasil en 1964. No olvidemos que Joao Goulart, ante la amenaza golpista, abri infructuosamente el camino de las concesiones y, despus, ya tarde, cuando quiso resistir, slo contaba con los trabajadores y los revolucionarios. Termin abdicando y asilndose en un pas vecino para evitar el derramamiento de sangre. Su pueblo recin comenz entonces a sufrir y an sufre la ms sanguinaria y represiva dictadura gorila de Amrica Latina, reactualizando esa experiencia la lapidaria sentencia de un revolucionario francs del pasado: Quien hace revoluciones a medias, no hace sino cavar su propia tumba.

No creemos que sea el momento de abrir los fuegos internos en la Izquierda, menos an a travs de injurias. No hemos lanzado nosotros la primera piedra. La tarea es reagrupar a los revolucionarios y, hoy, como nunca, implementar la accin comn de toda la Izquierda.

Quienes propician la bsqueda del consenso mnimo lo hacen a partir de un anlisis de la correlacin de fuerzas y de all concluyen que es necesario el dilogo y ganar tiempo. Cul es su apreciacin de este factor?

Empecemos por lo ltimo. El problema de ganar tiempo fue planteado inmediatamente despus del 29 de junio, hace ya casi un mes. Este problema no necesita ser terico, tenemos una serie de experiencias, en este mes de respiro. Veamos si hemos ganado o perdido fuerza del 29 de junio pasado hasta hoy. Cundo tenamos ms fuerza? Ayer, con el golpismo replegado y en retroceso, u hoy con el golpismo asociado al emplazamiento, esperando mejores condiciones para caerle encima a los trabajadores? Cundo ramos fuertes, ayer con todas las fbricas y fundos tomados y la clase obrera y el pueblo en pie de guerra, u hoy con la clase obrera sometida a desalojos, allanamientos o discusiones acerca de la conformacin de las tres reas? Cundo tenamos ms fortaleza, ayer con el pueblo y las FF. AA. unidas contra el golpismo, u hoy con toda una maniobra en desarrollo que, a travs de la ley de grupos armados, est intentando generar roces y choques entre las fuerzas armadas y los trabajadores? Cundo haba ms fuerza, ayer con los golpistas y reaccionarios escondidos o dando explicaciones, u hoy insolentados, a la ofensiva, chantajeando y emplazando a los trabajadores y al gobierno?

Por ltimo, y lo ms grave: Cundo ramos ms fuertes? Ayer, unida la clase obrera y el pueblo, cerrando filas la Izquierda frente a la agresin patronal y golpista, u hoy comenzando la divisin y polmica en el seno del pueblo y de la Izquierda, abierta por los vacilantes.

El respiro y la tregua reciente no nos han dado ms fuerza, al contrario. Todo el que proponga ganar tiempo debe primero explicar su tctica reciente y debe explicitar para qu quiere ganar ms tiempo.

En cuanto a la correlacin de fuerzas. Creemos, al menos, que esta es ms favorable a la clase obrera y al pueblo hoy frente al golpismo que maana, despus de entregar concesiones a las clases patronales y frente a un emplazamiento progresivo. Las semanas recientes han evidenciado la fortaleza, el nivel de conciencia y disposicin de lucha de la clase obrera y el pueblo, y la fuerza de los sectores de la oficialidad, suboficialidad, clases y soldados antigolpistas de las FF.AA. Por ltimo, lo fundamental no es la medicin pasiva de la correlacin de fuerzas actual, sino la celrica acumulacin de fuerzas que puede generarse detrs de una tctica adecuada y audaz; y cunta fuerza puede perderse y se est perdiendo con una tctica vacilante y defensista.

Pero entonces, ustedes predican una tctica que precipite de inmediato el enfrentamiento armado?

No. Esa es la forma equivocada en la que se han planteado el problema los sectores vacilantes de la Izquierda. Sostenemos que es posible ganar tiempo. Pero no sobre la base de hacerlo a costa de perder fuerza propia; sino sobre la base de una tctica que permita rpidamente acumular fuerza, y con ella paralizar al golpismo para luego desarticularlo. Impulsamos una tctica que recoja como fuente fundamental de fuerzas al movimiento de masas y que reconozca que an es posible acumular ms fuerza entre la clase obrera y el pueblo. Una tctica que no retroceda ante las protestas y gritos histricos del golpismo y la reaccin, y que asuma con valor y decisin las tareas de llamar a los miembros de las FF.AA. a desobedecer las incitaciones al golpismo.

Esa tctica es la de la contraofensiva revolucionaria y popular que enarbolando el Programa Revolucionario del Pueblo, luchando por la democratizacin de las fuerzas armadas y desarrollando el poder popular, permita acumular rpidamente fuerzas. Una tctica que impulse la movilizacin de masas, y la accin directa de masas. Una tctica que culmine en un llamado por la CUT a un paro nacional que paralice al golpismo, desbarate el emplazamiento, permita fortalecer y multiplicar los Comandos Comunales y el poder popular, extender su desarrollo a provincias e incorporarse a pobladores, campesinos y estudiantes a los niveles de movilizacin a que ha llegado la clase obrera, que exija la adopcin de una serie de medidas inmediatas, que resuelvan los problemas de abastecimiento e ingresos de los trabajadores y de las FF.AA. y Carabineros, a costa de las ganancias capitalistas, que termine con la propiedad privada de todos los grandes fundos, fbricas, distribuidoras y constructoras y que, con la fuerza all acumulada, desarticule al golpismo, est donde est.

Una tctica que resista las concesiones, que pase al rea social todas las grandes empresas bajo direccin obrera e imponga el control obrero sobre el rea privada. Una tctica que permita la reagrupacin de los revolucionarios y la accin comn de toda la Izquierda. Una tctica, en definitiva, que termine con las vacilaciones y el defensismo, que paralice al golpismo. La nica tctica que permitir evitar la catstrofe y vencer. Todava es tiempo.

MARIO DIAZ BARRIENTOS: Fundador y primer director de PF. (*)

(1) Carlos Briones, socialista, ministro del Interior en el gobierno del presidente Allende.

Re-Publicado en Punto Final, edicin N 812, 5 de septiembre, 2014

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www.puntofinal.cl

  


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