Portada :: Chile :: Miguel, un nombre en las estrellas
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2014

El Antao encuentra el Ahora

Carmen Castillo Echeverra
La Monde Diplomatique - Chile


No me hace falta recordar la belleza de su rostro el da de su muerte. Miguel no se ha ido. Hoy me pregunto qu debo hacer con la vida de Miguel Enrquez, militante e intelectual revolucionario, no con su muerte.

 

Tal vez mi vivencia en esa casa ubicada en el nmero 725 de la calle Santa Fe, comuna de San Miguel sea un punto de partida.

Diez meses de vida y todo lo que uno puede esperar a lo largo de una vida, all lo viv. Cada accin de nuestros das, el menor gesto en ese lugar, realizado como si fuera el ltimo. Ni una componenda, ninguna ligereza, ninguna flaqueza que hubiera que reparar al da siguiente. No tenamos tiempo para eso. La belleza de la vida.

El espacio vibra de gestos cotidianos. El murmullo de los juegos infantiles, los ladridos del perro se mezclan al tecleado de la mquina de escribir, a un concierto o a una cancin. Entre la cocina, la limpieza y las tareas militantes percibo las pginas que Miguel voltea buscando una frase en libros que hubo que rescatar de sus escondites, camuflar y trasladar hasta sus manos. Miguel trabaja y para pensar convoca las experiencias histricas, los filsofos marxistas, los escritos revolucionarios, la literatura y la ciencia. En esa casa habitan junto a nosotros muchos muertos, no hay frontera entre ellos y nosotros. Nos ayudan a descifrar la mquina de matar de la dictadura, nos educan el odo y los ojos para comprender las voces bajas de la sociedad aplastada y dibujar una perspectiva ms all de la oscuridad.

Un verano, un otoo, un invierno y en la primavera, ese 5 de octubre, el soplo de su vida dej la casa y se fue hacia las nubes. Las nubes en perpetuo movimiento estn formadas de cristales de hielo minsculos, uno de ellos contiene mis horas compartidas con l, uno pequeito que se fusiona con aquellos de ese Nosotros, mltiple y potente que formbamos todos. Militantes del MIR insertos en los movimientos sociales hasta el golpe de Estado y cada clula en resistencia renaciendo de las cenizas del bombardeo a La Moneda, de la sangre de Salvador Allende.

No hubo para nosotros otra alternativa. Haba que luchar para salvar el futuro de nuestro pasado reciente, las conquistas sociales, la democracia, nuestra visin de la historia, nuestro sueo.

Miguel muere en combate, su AK empuada para vivir. No para morir.

Es un deber conmemorar sin fin el combate heroico, pero es necesario tambin nutrir nuestra memoria de los porqu, en toda conciencia y conocimiento de causa, el ser amado muri, l que no era ni victima ni inocente. Buscar aproximarnos al misterio de este hombre, un revolucionario, no convertir su ser en un clich formateado hroe, no reducir su experiencia de la libertad en accin, la libertad sin accin no existe, la libertad es la experiencia del deseo reconocido, elegido y perseverado de cambiar el mundo, el deseo es querer, querer ahora, a la palabra sacrificio.

Biografas de Miguel Enrquez se estn publicando o escribiendo. Una historia del MIR se encuentra en su fase de investigacin. Existen relatos, testimonios, poemas, canciones.

Yo, que no pude morir con l ni mor por su ausencia tengo que reinventar la herencia, restablecer la circulacin sangunea, entre ese pasado y mi futuro.

Si la memoria es un instrumento de reflexin y no de legitimacin, la nica manera a mi alcance de no desviar o secuestrar la herencia de Miguel, es perseverar en la accin poltica radical. La vida de Miguel y lo que su muerte contiene de vida, son una brjula que me ayuda a mantener el rumbo en medio de la tormenta de este nuevo siglo.

El encuentro entre el Antao y el Ahora es un movimiento continuo, dialctico, dira.

El presente de mi vida en Chile se ha ido poblando de amistades nacientes y para siempre. Es caminando en busca de las huellas de nuestro pasado, el MIR, donde mis pasos cruzaron los de mujeres y hombres que considero hoy mis amigos. Son jvenes y no tanto, tienen la postura del combatiente, aquel que dice no, un no rotundo a la desigualdad, la injustica, el simulacro de democracia, aquel que crea a la escala de su vida y all adonde esta, una forma de lucha y nuevos vnculos.

Nombro a algunos al correr de la pluma, pero son ya una multitud. Cada uno es un colectivo organizado, pequeo a lo mejor, pero tan potente en estos tiempos sombros de tirana econmica que vivimos.

Aliwn Antileo, Jos Huenchunao, en las tierras mapuches, Carlos Aguilar, Vernica y Luis en Atacama, ellos, exigiendo el derecho a existir y recuperar lo expoliado me abrieron, en los noventa, la puerta de regreso a mi pas.

A partir del 2003, cuando los viejos andbamos pensando como rendir homenaje a Miguel en ese octubre por venir, a 30 aos de su muerte, me fui entre otros, detrs de Pedro Pedro y Marcos Muoz, sobrevivientes del MIR, hacia las poblaciones de Santiago. Despuntaron junto a mujeres como Blanca en La Victoria quin condujo las protestas contra la dictadura en los ochenta o Luisa y Manuel Vergara en Villa Francia, clamando justicia y un mundo solidario, aparecieron, digo, algunos jvenes, nuestros hijos, El Bombero, El Punto, Abner, Tamara, El Tejo, Alondra Entre ellos revoloteaba Miguel, los miristas desaparecidos o asesinados, invisibles bajo los proyectores del consumo y el divertimiento, se erguan como un faro iluminando el camino de rebeliones, resistencias, construcciones de conciencia y voluntad.

A pesar de la fallida transmisin de mi generacin, en los territorios populares encontr tesoros de archivos audiovisuales, relatos, lgrimas y risas, brasas encendidas en el desierto de la modernidad. Supe que Borges tena razn contra mi melancola: Todo nos dice adis, todo se aleja, la memoria no acua su moneda, y sin embargo hay algo que se queda, y sin embargo hay algo que se queja.

Entre el 2006, revolucin de los pinginos y la explosin del 2011, son los muchachos quines crearon la sorpresa, abriendo bifurcaciones inesperadas, mostrando que la historia nunca est escrita de antemano. Ellos con sus marchas, sus ocupaciones de liceos y universidades, su grito exigiendo Educacin Pblica y Gratuita, irrumpen contra el tiempo lineal, fijo y vaco del liberalismo triunfante. Una brecha se abre, en pocas semanas, el 2011 pasamos de la demanda educacional a la demanda de nacionalizacin de los recursos naturales. Con ellas comenz la batalla por una nueva constitucin y una reforma tributaria.

Un viento fresco limpi el aire contaminado de bombas lacrimgenas y destruy el miedo. Las calles inundadas de banderas rojas y tambin negras, de consignas re actualizadas, la alegra de descubrirnos numerosos, la juventud y nuestra juventud, unidos, el eco de nuestros mrtires tomndose la Alameda como lo presagio Salvador Allende en su ltimo discurso.

En esos das, Gabriel Iturra, vocero de la ACES, me invita a participar en talleres. Seguirn los de cine popular organizados por Carolina y Jos Luis Seplveda y maana en Concepcin junto a Felipe Quezada. La sed de aprehender la vida de Miguel y nuestras experiencias. Esos momentos compartidos me rejuvenecen. A pesar de la historia oficial de los vencedores, del precio del libro y de la secuestracin de los medios de comunicacin esa generacin se ha forjado una cultura poltica solida y ha creado las herramientas indispensables para resistir al sortilegio del mercado y a la servidumbre voluntaria. As guiada por esos nuevos actores polticos, y pido disculpas a todos los que no nombro, fui vinculando mis pasos al caminar de los de abajo. Me estremece la dureza de sus vidas, me maravilla el coraje, la perseverancia, el humor, la astucia de cada uno.

Ese presente en lucha aclara mi pasado, es como si Miguel se volcara hacia esa energa naciente y que su ser tocado por esa irradiacin, nutriera la conciencia de los que se rebelan hoy. Esa energa, como lucirnagas en la noche, son las luchas mismas, no una sociedad utpica pre definida sino la utopa que las inspira.

Pero cmo transmitir nuestra historia a los que se reconocen en ella?

Humildad, rigor y mucho trabajo.

Pienso como mi amigo Daniel Bensad, filsofo y militante, fallecido a los 65 aos, que nuestra fidelidad testaruda a los compromisos radicales, democrticos, sociales, internacionales de los anos 60 no es para nada la inmovilidad de una juventud que no supo envejecer ni adaptarse. No abandonar no significa encerrarse en una ciudadela sectaria o en una postura recluida. Solo aprender, para nosotros que estbamos apurados, la lentitud de la impaciencia.

Sabemos que entre el antao y el ahora el mundo cambi, irremediablemente. Nuestra religin de la historia basada en el progreso continuo de la humanidad se derrumb y aunque siempre denunciamos el modelo sovitico, en sus ruinas quedaron muchas de nuestras ilusiones y certezas.

Para la generacin de los 60, el compromiso poltico organizado era una evidencia. Avanzbamos convencidos de librar la batalla final. La revolucin se concretara a la escala de nuestras vidas. A pesar de los golpes y la dictadura militar, nuestra visin perdur. Sin embargo a fines de los ochenta y en todo el planeta, muchos insolentes rebeldes, seducidos por los espejismos de una globalizacin feliz, renunciaron a cambiar el estado de las cosas y se sumaron a la fila de los vencedores.

Pero la proclamacin arrogante de el fin de la historia y en consecuencia la desaparicin de la lucha de clases (aunque nadie niega la existencia de los ricos y de los poderosos) no mejor la situacin de los pobres ni de los del medio. La bsqueda del consenso, despolitiz y destruy el tejido social. Chile es hoy uno de los pases ms desiguales del mundo.

El neoliberalismo impone sus reglas, brutales pero cubiertas de azcar, al conjunto del planeta. Eso lo sabemos todos. Solo logr comprender su funcionamiento leyendo a John Berger. John es escritor, tiene ms de 80 aos y su juventud atrae como un imn. Lo conoc gracias a los zapatistas que John visit en sus comunidades. Su inmensa obra no le impide publicar un folleto militante: En el entretiempo, reflexiones sobre el fascismo econmico. John propone un punto de referencia para describir el perodo en que vivimos: la prisin. No se trata de una metfora, dice, el encierro es real, pero para describirlo hay que pensar en trminos histricos. Su texto es preciso. El capitalismo financiero ha encarcelado al mundo. Utiliza a los gobiernos nacionales (y a sus polticos) como capataces de esclavos y a los medios mundiales como sus distribuidores de droga. Esta tirana cuyo nico fin es la ganancia y la incesante acumulacin, nos impone una visin: un diseo de la vida febril, precario, despiadado e inexplicable. Cmo podemos nosotros, prisioneros todos, por lo tanto todos camaradas, actuar como seres libres en esta nueva situacin? John entrega pistas inauditas por su claridad y sencillez.

Si la debilidad del poder, dice, es la ignorancia de lo que sucede en los rincones de la prisin, escuchemos las mltiples experiencias locales. Ninguna es considerada caduca, toda accin de sobrevida es respetada, y es una banalidad decir que la sobrevivencia depende a menudo de la solidaridad entre los prisioneros. El poder lo sabe, de all todos los mtodos para mantenernos en el aislamiento y as cortar la vida de cada persona de la historia, de la herencia humana, de la tierra y por sobre todo de un futuro comn.

Al interior de los muros de la prisin, las palabras pronunciadas por los guardianes estn desprovistas de sentido y ya no son tiles para reflexionar. Hay que arrojarlas fuera de nuestros pensamientos ms ntimos. Desprenderse de la palabrera de los carceleros, afirma John, saber que es mierda. Sus himnos, sus consignas, sus palabras vertidas en una letana cautivante, seguridad, progreso, democracia, identidad, civilizacin, flexibilidad, productividad, integridad, terrorismo, libertad, repetidas y repetidas con el fin de confundir, de distraer y calmar al conjunto de los detenidos.

El grado de lo aparentemente inexplicable aumenta de da en da. La poltica del sufragio universal pierde su sentido porque el discurso de los polticos nacionales no tiene conexin alguna con lo que hacen o puedan hacer. Las decisiones fundamentales del mundo de hoy las toman los especuladores financieros y sus agencias, seres innombrables y polticamente enmudecidos. Faltan palabras para nombrar o explicar el flujo diario de los problemas, las necesidades no cubiertas y los deseos frustrados, dice John Berger citando a Chaplin.

Me pregunto lo que pasara si volviramos a poner en circulacin nuestras viejas palabras hundidas en los escombros de la historia. Las palabras de la emancipacin, socialismo, revolucin, comunismo, no salieron indemnes de los tormentos del siglo pasado. Pero, de todas las palabras antes portadoras de grandes promesas, es la de comunismo la que sufri mayor dao por su sujecin a una empresa totalitaria. Y sin embargo, es la que mejor evoca lo comn en el reparto y la igualdad, la puesta en comn del poder, la solidaridad en oposicin al clculo egosta y la competencia generalizada, la defensa de los bienes comunes de la humanidad, naturales y culturales, contra la depredacin generalizada y la privatizacin del mundo. Escribe Bensad.

Palabra inaudible?

Inventemos en el entre tiempo donde vivimos, otras. Comencemos por lo que nos une, sin negar las discordias, pequeas expresiones que sin embargo dan cuenta de todo un mundo, aquel de los sufrimientos intiles, del aguante y de las pilleras. Poco a poco, murmullo tras murmullo, reaprendemos a informarnos sobre lo que realmente est sucediendo y escuchamos las historias borradas del pasado, entonces volvemos a encontrarnos, espalda con espalda, con nuestros muertos.

Eso es lo que hoy sucede en Chile: Un encuentro luminoso entre el Antao y el Ahora. Una conexin secreta entre los nuevos actores polticos, constelaciones de rebelda y creacin de espacios realmente democrticos, con los acuferos subterrneos de los movimientos revolucionarios del mundo. Ese caudal es ms fuerte que la amnesia impuesta o que las re escrituras de la historia. Lo nuevo surge del flujo continuo, a veces imperceptible, de las memorias movedizas de las luchas del pasado.

La historia por venir es incierta, el compromiso poltico es entonces una apuesta, un reto, a lo incierto. Pero nada esta escrito de antemano, la historia la hacemos nosotros, cada da, para preservar la irrupcin de lo posible, la chispa revolucionaria.

La lucha es colectiva, no obstante la decisin de luchar es personal, ntima. Miguel conoci de nio ese sentimiento de indignacin frente a la injusticia, su empata con los que sufren, los humillados, los pobres fue tal vez primero una sentimiento antes de ser racional. El afecto es hoy mas necesario que nunca, teje solidaridades, fidelidades, que no pueden ceder ante el primer revs o los ms grandes obstculos.

En Miguel, el compromiso revolucionario, era una manera de ser, una forma de vida, una moral. Su vida se encarna para mi en la voz zapatista que dice: para luchar se necesita un poco de vergenza, un tanto de dignidad y mucha organizacin.

Cmo? Con quin? Todo es vlido puesto que todo es poltica. Sin ninguna certeza de ganar los movimientos sociales, locales y especficos, entregan una energa total en objetivos inmediatos. Oscar Olivera, con voz suave y pausada me cuenta como ganaron la Guerra del Agua, en Cochabamba, el ao 2000: Quitndonos el miedo. En la accin colectiva, creando espacios de recuperacin de la confianza en nosotros, en el otro, se diluy el miedo, esa fuerza invisible, nuestro principal enemigo ms poderoso que la multinacional o el FMI.

La prisin, el mundo impuesto por los poderosos, amenaza incluso a los muertos. No venderse, no rendirse, no claudicar.

Miguel y nuestros cados en la lucha de resistencia contra la dictadura y por un mundo de justicia y verdadera democracia, esperan de nosotros, los viejos y las nuevas generaciones de luchadores, la realizacin de su sueo.

Si continuamos siendo fieles a una visin de la historia como lucha permanente entre oprimidos y opresores, lo que es mi caso, esa exigencia es un mandato de vida, una manera de vivir sin reconciliacin posible. Continuar y de ser posible, consumar el combate emancipador, la realizacin de lo que habra podido ser pero no fue Se trata siempre no solo de restituir el pasado sino de transformar activamente el presente. Eso lo aprend leyendo el libro de Michael Lowy, Aviso de Incendio.

La fidelidad a Miguel Enrquez se juega en el presente de nuestras vidas polticas. Con las lecciones de Miguel y del MIR en la cabeza, lcidos y con mucho humor, revolucionarios repletos de dudas, sin fe ni certezas, apostemos desde las incertidumbres del siglo, levantando el coraje como un valor no negociable, poniendo una energa absoluta al servicio de certezas relativas, inventemos las nuevas formas de la lucha anti capitalista.

Ese sbado 5 de octubre de 1974 habita siempre el presente. Con su acto libre de resistencia a la muerte, Miguel nos dice : Resistir a lo irresistible es ejercer el poder indestructible de resistencia a la destruccin. Solo se resiste a aquello que tememos no poder resistir.

Afuera es un hermoso da y otras voces reinventan el encantamiento del mundo.



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