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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2005

Veintisiete meses de ocupacin estadounidense
Qu hacemos en Iraq?

Howard Zinn
Le Monde Diplomatique

Traducido para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


En Iraq no pasa un solo da sin que haya muertos: militares de la coalicin, pero tambin diplomticos -como el representante de Egipto salvajemente asesinado- y, sobre todo, civiles inocentes. Esta guerra querida por el presidente de Estados Unidos lleva el caos a la regin y sirve para justificar lo injustificable, como los atentados de Londres el pasado mes de julio. Tambin es una guerra contra el pueblo estadounidense.

Iraq no es un pas liberado, sino un pas ocupado. Esto es una evidencia. La expresin "pas ocupado" se nos hizo familiar durante la Segunda Guerra Mundial. Entonces hablbamos de "Francia ocupada por los alemanes", de "Europa bajo la ocupacin alemana". Despus de la guerra hablamos de Hungra, de Checoslovaquia y de Europa del este ocupada por los soviticos. Los nazis y los soviticos ocuparon muchos pases. Nosotros los liberamos de estas ocupaciones.

Ahora nosotros somos los ocupantes. Es cierto, hemos liberado a Iraq de Sadam Husein, pero no de nosotros. Lo mismo que en 1898 liberamos a Cuba del yugo espaol pero no del nuestro. La tirana espaola fue vencida pero los estadounidenses transformaron la isla en una base militar, a imagen de lo que hacemos en Iraq. Las grandes empresas estadounidenses se implantaron en Cuba, como se implantan en Iraq Bechtel, Halliburton y las empresas petrolferas. Los estadounidenses redactaron e impusieron, con cmplices locales, la Constitucin que deba regir Cuba, exactamente igual que nuestro gobierno ha elaborado, con la ayuda de grupos polticos locales, una Constitucin para Iraq. Esto no tiene nada de liberacin. Es una ocupacin en toda regla.

Y es una ocupacin sucia. Ya el 7 de agosto de 2003 el New York Times informaba de que el general estadounidense Ricardo Snchez "estaba preocupado" por la reaccin iraqu frente a la ocupacin. Los dirigentes iraques pro-estadounidenses le comunicaron un mensaje que l nos retransmite: "Cuando usted arresta a un padre en presencia de su familia, le cubre la cabeza con un saco y le obliga a arrodillarse, a los ojos de su familia est cometiendo un grave atentado contra su dignidad y su respeto". Observacin particularmente perspicaz.

Ya el 19 de julio de 2003, mucho antes del descubrimiento de casos de tortura en la prisin de Abu Ghraib en Bagdad, la cadena de noticias CBS informaba: "Amnista Internacional examina cierto nmero de casos de supuestas torturas cometidos en Iraq por las autoridades estadounidenses. Un de ellos es el caso de Khraisan Al Aballi. Su casa fue arrasada por los soldados estadounidenses que desembarcaron en ella disparando contra todos los rincones; lo detuvieron lo mismo que a su anciano padre de 84 aos. Alcanzaron e hirieron a su hermano...Se llevaron a los tres hombres...Al Aballi dijo que sus interrogadores lo mantuvieron completamente desnudo y despierto durante una semana, ya fuera de pie, ya fuera de rodillas, con los pies y las muecas atados y la cabeza recubierta con un saco. Dijo haber declarado a sus raptores: "no se qu quieren; no tengo nada". "Les ped que me mataran", dijo Al Aballi. Ocho das despus lo dejaron ir acompaado de su padre...Los oficiales estadounidenses no respondieron a las mltiples demandas que hizo para discutir este asunto".

Misin cumplida

Se sabe que tres cuartas partes de la ciudad de Faluya (360.000habitantes) fue destruida y que sus habitantes murieron a centenares durante la ofensiva estadounidense de noviembre de 2004, emprendida bajo el pretexto de limpiar la ciudad de bandas terroristas que supuestamente actuaban en el marco de una "conspiracin baathista". Pero se olvida recordar que desde el 16 de junio de 2003, apenas un mes y medio despus de la "victoria" en Iraq y la "misin cumplida" proclamada por el presidente Bush, dos periodistas de la cadena Knight-Rider escribieron a propsito de la zona de Faluya: "Durante estos cinco ltimos das la mayora de los habitantes de esta regin afirmaron que no haba conspiracin baathista o sunnita contra el ejrcito estadounidense, sino hombres dispuestos a luchar porque sus padres haban sido heridos o asesinados, incuso porque ellos mismos haban sido objeto de humillaciones durante los registros o en los controles de la carretera...Despus de que detuvieran a su marido a causa de unas cajas vacas de madera que haban comprado para calentarse, una mujer declar que Estados Unidos era culpable de terrorismo"

Estos mismos periodistas afirmaban: "Unos residentes en At Agilia -un pueblo al norte de Bagdad- afirman que dos de sus campesinos y otros cinco de un pueblo vecino fueron asesinados por disparos estadounidenses cuando regaban tranquilamente sus campos de girasoles, tomates y pepinos".

Los soldados enviados a este pas -a los que se les haba predicho que sus habitantes los iba a recibir como libertadores y que se encontraron rodeados por una poblacin hostil- se han vuelto temerosos; estn deprimidos o tiene el gatillo fcil, como se vio durante la liberacin en Bagdad de la periodista Giulina Sgrena, el 4 de marzo de 2005, cuando el oficial italiano de los servicios de inteligencia Nicola Calipari fue abatido en un control por soldados estadounidenses nerviosos y atemorizados.

Hemos ledo los informes de los soldados estadounidenses furiosos porque se les haga permanecer en Iraq. Un periodista de la cadena ABC News en Iraq declar recientemente que un sargento lo haba llevado aparte para decirle: "Tengo mi propia lista de hombres ms buscados ("Most Wanted List")". Haca alusin al famoso juego de cartas publicado por el gobierno estadounidense y que representaba a Sadam Husein , sus hijos y otros miembros del antiguo rgimen baathista iraqu: "Los ases de mi juego son George Bush, Dick Cheney, Ronald Rumsfeld y Paul Wolfowitz".

El publico estadounidense conoce ahora estos sentimientos, as como los de los numerosos desertores que se niegan a volver al infierno de Iraq despus de pasar un permiso en casa. En mayo de 2003 un sondeo mostraba que slo el 13 % de los estadounidenses pensaba que la guerra iba mal. En dos aos las cosas han cambiado radicalmente. Segn un sondeo publicado el viernes 17 de junio por el New York Times y la cadena CBS News el 51 % de los estadounidenses considera que Estados Unidos no debera haber invadido Iraq ni hubiera debido embarcarse en esta guerra. Ahora el 59 % desaprueba la manera como Bush est llevando la situacin en Iraq. Y me parece interesante destacar que los sondeos realizados entre la poblacin afro-americana ha mostrado constantemente una oposicin del 60 % a la guerra en Iraq.

Pero existe una ocupacin de un augurio an peor que la de Iraq, es la ocupacin de Estados Unidos. Esta maana me despert, le el peridico y tuve la sensacin de que nosotros mismos ramos un pas ocupado, de que nos haba invadido una potencia extranjera. Estos trabajadores mexicanos que tratan de cruzar la frontera -arriesgando su vida para escapar de los oficiales de emigracin (con la esperanza de llegar a una tierra que, colmo de la irona, antes de que Estados Unidos se apropiara de ella en 1848 les perteneca) -a mis ojos estos trabajadores no son extranjeros. Estos 20 millones de personas que viven en Estados Unidos, que no tienen el estatuto de ciudadanos y que en virtud de la Patriot Act son susceptibles de ser expulsados de sus casas y detenidos indefinidamente por el FBI sin ningn derecho constitucional, estas personas en mi opinin no son extranjeros. En cambio, el grupsculo de individuos que han tomado el poder en Washington (George W. Bush, Dick Cheney, Donald Rumsfeld y el resto de la camarilla) ellos s son extranjeros.

Me despert dicindome que mi pas estaba en las garras de un presidente que haba sido elegido por primera vez en noviembre de 2000 en las circunstancias conocidas por todos, gracias a todo tipo de chanchullos en Florida y con una decisin del Tribunal Supremo. Un presidente que tras su segunda eleccin en noviembre de 2004 contina rodeado de "halcones" vestidos de traje de chaqueta a los que la vida humana, de aqu o de otra parte, no les preocupa; la menor de cuyas preocupaciones es la libertad, aqu o en otra parte; a los que les importa verdaderamente un bledo en qu se convertir la tierra, el agua, el aire y el mundo que dejaremos a nuestros hijos o nietos.

Muchos estadounidenses, a ejemplo de nuestros soldados en Iraq, empiezan a pensar que algo no funciona, que este pas no se parece a la imagen que nos hacemos de l. Cada da aporta su lote de mentiras a la plaza pblica. La ms monstruosa de estas mentiras es que cualquier acto cometido por Estados Unidos debe ser perdonado puesto que estamos comprometidos en una "guerra contra el terrorismo". Y ello haciendo caso omiso del hecho de que la guerra en s misma es terrorismo, de que irrumpir en casa de la gente, llevarse a los miembros de una familia y someterlos a tortura es terrorismo, de que bombardear e invadir a otros pases no nos trae ms seguridad, bien al contrario.

Nos hacemos una pequea idea de lo que este gobierno entiende por "guerra contra el terrorismo" cuando recordamos la clebre declaracin hecha por el secretario estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld (uno de los "hombres ms buscados" que figuran en la lista del sargento) cuando la vspera de la invasin de Iraq se dirigi a los ministros de la OTAN en Bruselas. Explicaba entonces las amenazas que pesaban sobre Occidente (imagnense, hablamos todava de "Occidente" como una entidad sagrada mientras que EEUU, que no haba logrado embarcar en su proyecto de invasin de Iraq a varios pases del Oeste [entre ellos Alemania y Francia] trataba de cortejar a los pases del este persuadindoles de que nuestro nico objetivo era librar a los iraques como los habamos liberado a ellos del dominio sovitico). Rumsfeld, pues, explicaba cules eran estas amenazas y por qu eran "invisibles y no identificables", y pronunciaba as su inmortal sofisma: "Hay cosas que conocemos. Y despus hay otras que sabemos que no conocemos. Es decir, que hay cosas de las que sabemos que , por el momento, no las conocemos. Pero tambin hay cosas desconocidas que no conocemos. Hay cosas de las que no sabemos que no las conocemos. En resumen, la ausencia de prueba no es la prueba de una ausencia...No tener la prueba de que algo existe no quiere decir que se tenga la prueba de que no existe".

Afortunadamente Rumsfeld est ah para aclarrnoslo. Esto explica por qu la administracin Bush, incapaz de capturar a los autores del atentado del 11 de septiembre, aprovech el impulso inicial, invadi y bombarde Afganistn desde diciembre de 2001, mat a miles de civiles y provoc la huida de cientos de miles de otros, y sigue sin saber dnde se ocultan los criminales. Esto tambin explica por qu el gobierno, al no saber realmente qu tipo de armas esconda Sadam Husein, para gran perjuicio de la ONU decidi bombardear e invadir Iraq en marzo de 2003, matar a miles de civiles y soldados, y aterrorizar a la poblacin. Esto explica por qu el gobierno , al no saber quin es o no es terrorista, decidi encarcelar a centenares de personas en la prisin de Guantnamo en unas condiciones tales que 18 de ellos han tratado de suicidarse.

En su Informe 2005 sobre las violaciones de derechos humanos en el mundo publicado el 25 de mayo de 2005, la organizacin Amnista Internacional no dud en afirmar que "el centro de detencin de Guantnamo se ha convertido en el gulag de nuestro poca". La secretaria general de esta organizacin, Irene Khan, aadi: "Cuando el pas ms poderoso del planeta pisotea la primaca de la ley y de los derechos humanos, autoriza a los dems a infringir las reglas sin vergenza, convencidos de permanecer impunes".

Irene Khan denunci tambin los intentos por parte de Estados Unidos de banalizar la tortura. Los estadounidenses, subray, tratan de quitar su carcter absoluto a la prohibicin de la tortura "redefinindola" y "edulcorndola". Record que "la tortura gana terreno desde el momento en que la condena oficial no es absoluta". A pesar de la indignacin suscitada por las torturas cometidas en la prisin de Abu Ghraib, deplor Amnista Internacional, ni el gobierno ni el Congreso de Estados Unidos han pedido que se abriera una investigacin profunda e independiente.

Terror, violencia y mentira de Estado

No hay la menor duda de que esta guerra que dura desde hace dos aos y tres meses har todava muchas vctimas, no slo en el extranjero, sino tambin en el propio territorio de Estados Unidos. La administracin dice a quien quiere escucharla que se saldr de esta guerra a un buen precio porque al contrario de lo sucedido en Vietnam hay relativamente "pocas" vctimas estadounidenses [1]. Pero cuando acabe la guerra entonces no dejarn de aumentar las vctimas de las consecuencias de esta guerra -enfermedades, traumatismos. Despus de la guerra de Vietnam algunos veteranos sealaron malformaciones congnitas en sus familias causadas por el "agente naranja", un poderoso herbicida muy txico que se pulveriz sobre las poblaciones vietnamitas.

Durante la primera guerra del Golfo en 1991 slo se contabilizaron algunos centenares de prdidas, pero la Asociacin de veteranos denunci recientemente la muerte de ocho mil de estos ex -militares en el curso de estos diez ltimos aos. Doscientos mil veteranos de los seiscientos mil que participaron en la primera guerra del Golfo se quejan de enfermedades, de patologas debidas a las armas y municiones utilizadas durante esta guerra. Esperemos a ver los efectos del uranio empobrecido en nuestros jvenes chicos y chicas enviados a Iraq.

Cul es nuestro deber? Denunciar todo esto. Estamos convencidos de que los soldados enviados a Iraq slo soportan el terror y la violencia porque se les ha mentido. Y cuando conozcan la verdad -como ocurri durante la guerra de Vietnam- se volvern contra su gobierno.

El resto del mundo nos apoya. La administracin estadounidense no puede ignorar indefinidamente a los diez millones de personas que protestaron en todo el mundo el 15 de febrero de 2003 y a todas aquellas cuyo nmero aumenta cada da. El poder de un gobierno -sean cuales sean las armas que posee o la moneda de la que dispone- es frgil. Cuando pierde la legitimidad a los ojos de su pueblo sus das estn contados.

Debemos comprometernos en todas las acciones pacficas cuyo fin sea parar esta guerra. Nunca se har lo suficiente. La historia de los cambios sociales est hecha de millones de acciones, grandes o pequeas, que en un momento dado de la historia se van acumulando hasta constituir una potencia que ningn gobierno puede reprimir.

*Howard Zinn es [estadounidense e] historiador. Profesor emrito de la Universidad de Boston. Autor, entre otros ttulos, de La otra historia de Estados Unidos y Nadie es neutral en un tren en marcha, ambas publicadas en castellano por la editorial Hiru, Hondarribia.

[1] El 17 de julio de 2005 el numero de militares estadounidenses muertos en Iraq se elevaba a 1768 (fuente: http://www.antiwar.com/casualties/)



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