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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2014

Tlatlaya, Ayotzinapa y las consecuencias de la impunidad mtenlos en caliente!

Rafael de la Garza Talavera
Rebelin


El horror y la muerte, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas, la discriminacin y el racismo, no son las nicas coincidencias entre estos dos ejemplos de la barbarie. En realidad, los dos caminan de la mano en el hecho de que se har responsables nicamente a los narco policas que levantaron a los estudiantes de Ayotzinapa y a los soldados que jalaron del gatillo en la bodega de Tlatlaya; pero los autores intelectuales, o sea, los altos mandos civiles y militares gozarn de impunidad y, peor an, tendrn la oportunidad de realizar declaraciones satanizando la violencia y la irracionalidad de sus subordinados.

Porque lo que hay detrs de estas masacres no es otra cosa que una estrategia de terrorismo de estado para mantener a la poblacin en estado de shock (como bien lo dijo Naomi Klein hace tiempo) que permita la poltica del saqueo, el enriquecimiento por desposesin, para mantener rampante el enriquecimiento de se uno por ciento de la poblacin que festeja en privado lo que abomina en pblico. No es otra la razn de fondo del movimiento #YoSoy126, que a pesar de sealar los riesgos a los que estn sujetos los miembros de la tropa, ponen el dedo en la llaga al mirar hacia arriba en la cadena de mando para sealar a los verdaderos responsables de las ejecuciones en Tlatlaya. No es ni ser otra la razn de fondo de las enrgicas protestas de los estudiantes normalistas de Guerrero, aun cuando el ejecutivo federal les ofrezca la cabeza del gobernador ngel Aguirre Rivero.

Si bien es cierto que el gobernador de Guerrero tiene gran parte de la responsabilidad en los hechos de Iguala, no por ello se puede pasar por alto que forma parte del grupo en el poder, as sea de un partido menor, que desde el Congreso ha promovido la violacin sistemtica de las leyes o su diseo a modo para mantener viva la guerra, arropando a los responsables con el manto sagrado de la legalidad y sometindose a los designios de Los Pinos para sistematizar el despojo. Por su parte, los altos mandos militares estn conscientes del costo que estn pagando las fuerzas armadas por su participacin en la guerra, pero no han logrado deslindarse de la poltica de exterminio y son, hoy por hoy, actores centrales en ella. Y tanto el poder civil como el poder militar han tenido que compartir espacios y territorios con los narcotraficantes, estableciendo relaciones permanentes, si bien sujetas a las circunstancias siempre cambiantes. Es por eso que no pueden ahora lavarse las manos y escudarse en figuras menores, subordinadas a sus designios y estrategias.

En el desarrollo de la guerra civil que vivimos, la limpieza social ha sido una poltica de estado sistemtica, implacable, que opera no slo con los asesinatos y las matanzas sino tambin con la muerte lenta y cruel producto de la marginacin, la pobreza y la desnutricin altamente rentable para Bimbo, Coca-Cola, Nabisco y un largusimo etctera. Ambas modalidades estn alimentadas por el racismo y la discriminacin, por la ambicin de ganancias sin lmite, por la conviccin de que se es el precio que hay que pagar para mantener viva la libertad burguesa. Los marginados enrolados en el narcotrfico -ms por temor que por necesidad- y los estudiantes normalistas, pertenecen al mismo sector social prescindible, que los hace candidatos ideales para formar parte de los daos colaterales del guerra civil. Los dos son vistos como enemigos de la civilizacin y la democracia liberal: los primeros por su rencor y su revanchismo; los segundos por su rebelda, por su tenacidad. Pero sobre todo por provenir de ese Mxico oculto para los ojos del progreso, vctimas del saqueo por siglos, carne de can del desarrollo econmico.

Las matanzas de Tlatlaya y de Ayotzinapa forman parte de la larga historia de la infamia y la traicin en Mxico. De las guerras contra los mayas o el exterminio del pueblo de Tomchic en el siglo XIX por el ejrcito porfiriano, pasando por el asesinato de Rubn Jaramillo y su familia o la guerra sucia de los setenta, y hasta las masacres en Acteal o Aguas Blancas la esencia es siempre la misma: la barbarie, el odio. Y los actores son siempre los mismos: por un lado la poblacin indgena, obrera, campesina y estudiantil; por el otro los dueos del dinero y sus socios, los autodenominados salvadores de la patria. No hay vuelta de hoja, una y otra vez el mismo resultado, las mismas disculpas y los mismos discursos y por encima de todo, la misma impunidad.

En el colmo del cinismo, ya algunos se apresuran a etiquetar las matanzas de hoy, sobre todo la de Ayotzinapa, como el Acteal de Pea Nieto, implicando con ello que cada gobernante en turno tiene la obligacin de dejar su marca asesina, por el bien del pas claro, pero sin ocultar esa carga de fatalismo exculpatorio que tanto cultivan nuestros gobernantes para justificarse. Y es aqu en donde radica la verdadera impunidad, sa que mantiene el plan de exterminio en marcha, pues mientras encarcelan a los autores materiales para hacer justicia, ellos, los verdaderos instigadores de las matanzas siguen impulsando la guerra.

Veremos en los siguientes das un alud de interpretaciones en la opinin pblica que, en general, tratarn de convencer a la poblacin de que la responsabilidad es de los soldados o los narcopolicas y no de los mandos superiores. Que todo se debe al clima de violencia que sufrimos, de la crueldad de la guerra, de las decisiones tomadas al calor de las circunstancias. Y al mismo tiempo, una y otra vez se amplificarn los actos exculpatorios y el rasgado de las vestiduras del presidente de la repblica y los altos mandos militares. Por ningn motivo ser posible que se exploren las posibilidades para cortar de tajo con las matanzas y los daos colaterales, empezando por fincar responsabilidad a los verdaderos culpables y de paso buscar una salida a una guerra absurda que no le conviene ms que a los poderosos. La celeridad y brutalidad de las matanzas en el estado de Mxico y en Guerrero nos recuerdan que la mxima del poder es tan simple como antigua: mtenlos en caliente


Blog del autor: http://lavoznet.blogspot.mx/2014/10/tlatlaya-ayotzinapa-y-las-consecuencias.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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