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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2005

frica: las muertes silenciosas

Aurelio Martnez Estvez
El Pas


Apagadas las luces del G-8 con sus enfrentamientos, declaracin de buenas intenciones, fotos de familia y toda la parafernalia que acompaa una cumbre que ha perdido inters y, sobre todo, capacidad de resolver los problemas que aquejan nuestra sociedad, la atencin se ha desplazado necesariamente a otros temas ms "urgentes", de mayor "actualidad".

Lejos quedan ya sus debates en torno, por ejemplo, a los informes de la Comisin para frica y, otra vez, el Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas (aprobado en septiembre de 2000), y casi olvidadas sus conclusiones (incrementar la ayuda a frica en 25.000 millones de dlares de aqu a 2010), que debern pasar ahora todo el filtro de renegociaciones y adaptaciones que reducirn su alcance y minimizarn su impacto, si es que llegan algn da a ser efectivas.

Mientras tanto, da tras da asistimos, con una permanente sensacin de impotencia, a la avalancha de noticias que nos denuncian la tremenda situacin que vive el continente africano. Los cinco millones que se enfrentan al hambre en Mauritania, Mal, Nger y Burkina Faso; las tragedias de Sudn; la extrema pobreza del rea de Zambia, Malaui, Tanzania y Mozambique; los millones de muertes al ao por sida, malaria y otras enfermedades, etctera.

Para no caer en el pesimismo, a todos los que en un momento o en otro pensamos que el problema es demasiado grande y nada podemos hacer, que frica no tiene solucin, puede resultar til la lectura del libro The end of poverty (El fin de la pobreza), de Jeffrey Sachs (asesor especial de Kofi Annan).

Con todas las limitaciones que quieran sealarle sus crticos (desde la simplicidad de sus soluciones hasta la cuantificacin de las necesidades), es, por encima de todo y as hay que entenderlo, una llamada a nuestras conciencias, a la necesidad de hacer algo para paliar una de las mayores infamias del presente, la muerte por extrema pobreza de ocho millones de personas al ao debido a problemas que tienen solucin, cuyo coste es inferior a 10.000 millones de dlares al ao, el 0,04% del PIB de los pases de la OCDE (frente, por ejemplo, a los 500.000 millones que EE UU destinar este ao a la guerra de Irak o los 55.000 dlares de la poltica agrcola comn en 2004).

El libro empieza con una experiencia realmente impactante: su visita a la pequea villa de Nthandire, en Malaui, a una hora de la capital (Lilongwe), que bien merece una profunda reflexin y no puede extraarnos que haya sido utilizada en multitud de artculos posteriores. Malaui es un pas pequeo (una quinta parte de Espaa), con 12 millones de habitantes, 900.000 (ms del 7%) infectados por el sida, una esperanza de vida de 37 aos, 500 dlares de renta per cpita y un 40% de analfabetos.

En dicha visita, el autor not la ausencia de gente joven (entre 20 y 40 aos). Slo salieron a recibirle nios y viejos. Al preguntar las causas, la respuesta fue dramtica. En la aldea slo quedaban cinco personas en ese tramo de edad; el resto haba muerto de sida. Los ancianos tenan que hacerse cargo de los nietos dejados por sus hijos e hijas, y tratar de sacar adelante, con sus escasos recursos y fuerzas, 8, 10, 12 y hasta 15 nios. Las labores mnimas de cuidado de los campos no podan ser atendidas, la ausencia de recursos impeda el abono de los mismos con su consiguiente agotamiento, las plagas asolaban los cultivos; en este contexto, la productividad era un tercio de lo normal, la dependencia de la climatologa, total, el filo entre la vida y la muerte dependa de las lluvias de cada ao.

Las chozas haban perdido parte de su techumbre y no podan pagar unas mnimas coberturas que permitieran a las familias guarecerse de las inclemencias del tiempo y de los mosquitos transmisores de la malaria. Tampoco disponan de unas redecillas (un dlar de coste) con las que defenderse de sus picaduras. En el caso de ser infectados, el hospital ms prximo se encontraba a 10 kilmetros que las abuelas deben hacer andando (la ausencia de medios de transporte es total) con sus nios consumidos por la fiebre a las espaldas, para no siempre tener la fortuna de encontrar quinina ese da y sabiendo que, si al da siguiente tampoco tenan suerte, la nia o nio entrara en coma y morira irremediablemente. Obviamente, no haba agua potable, ni unas mnimas condiciones de higiene, ni ayuda internacional, ni esperanza de mejorar en un futuro inmediato.

A la extrema pobreza y a la malaria hay que aadir los otros dos jinetes del Apocalipsis, el sida y los desastres climatolgicos, que conforman la "tormenta perfecta" en palabras del autor. El sida afecta a casi 900.000 personas, la inmensa mayora condenadas a muerte porque no disponen de los recursos para pagarse el tratamiento con genricos cuyo coste se eleva a un dlar al da! (la diferencia entre la vida y la muerte en Malaui).

El Gobierno, asesorado por prestigiosos centros norteamericanos y europeos, present un "ambicioso" plan para salvar un tercio del total de afectados en los prximos cinco aos. Los gobiernos de los pases donantes dijeron que era demasiado "ambicioso". Se redujo el plan para atender slo a 100.000. Todava era muy caro y los donantes recortaron otro 60%. El "ambicioso" plan, que ya slo planteaba salvar a 40.000 (y dejaba morir, por falta de recursos, a 860.000 personas), pas a debate en el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y fue recortado en otro 40% hasta dejarlo en 25.000 en cinco aos. Sin comentarios.

Podemos contraponer multitud de argumentos: la corrupcin generalizada de los gobiernos y de la sociedad africana (no mayor que en otras reas del planeta), su mal gobierno, sus guerras tribales, su incapacidad tcnica para absorber nuestra ayuda, los negativos impactos en su industria, y otros muchos, pero al final, aun siendo ciertos, no dejan de ser parciales, y slo sirven para tratar de acallar nuestras inquietudes, racionalizar nuestra inaccin y adormecer nuestras conciencias. Al final, las cifras son las que son y no admiten rplica.

Todos los aos, slo en el frica subsahariana mueren 1,2 millones de personas de malaria; 3,1 millones, de sida, y ms de 3 millones, de hambre. Casi ocho millones al ao, por causas que tienen solucin y cuyo coste es inferior a 10.000 millones de dlares. Mueren sin hacer ruido, sin bombas, en sus casas u hospitales, por su extrema pobreza, sin que nadie les preste demasiada atencin (en 2002, el mundo desarrollado dedic 30 dlares de ayuda a cada subsahariano). Son gente sin nombre y sin historia, los desheredados del planeta, condenados a muerte porque el destino ha querido que nacieran en pases con menos de un dlar al da de renta per cpita, y el mundo desarrollado est muy ocupado con sus preocupaciones diarias y prefiere mirar a otro lado, hacia quienes pueden crearles problemas a la hora de mantener su envidiada riqueza.




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