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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2014

La victoria de la nueva poltica en las elecciones brasileas

Ricardo Cavalcanti-Schiel
Rebelin


S, todos saben que la candidata que empuaba la bandera retrica de la nueva poltica ha protagonizado un notable fiasco en la reciente primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. Marina Silva, que se haba disparado en las proyecciones de intencin de voto hace un mes como espeluznante favorita, se desplom para el modesto desenlace de un 21% de los votos vlidos (el 19% del total de votos; tan slo cerca de 2 millones de votos por encima de los 20 millones que obtuvo cuatro aos antes; y cerca de 5,5 millones menos que el nmero de electores que por algn motivo se abstuvieron ahora de ir a las urnas ― el voto es obligatorio en Brasil). Sin embargo, la vaciedad de su mote retrico y el favor que esto ha prestado a las fuerzas conservadoras han logrado una considerable victoria.

Si rechazamos la compulsin sectaria por la verificacin del pedigr ideolgico de esta o aquella izquierda, podemos quiz acercarnos mejor, analticamente, a las grandes fuerzas polticas en choque en Latinoamrica en los ltimos decenios en el espacio de constitucin del Estado. De igual modo, podemos abarcar variaciones de tono adentro de ellas que, de otro modo, resultaran complejamente inarticulables ms all de muy estrictas fronteras. De una parte, las fuerzas oligrquicas que han ascendido al capital productivo y financiero por medio de la patrimonializacin del Estado. En realidad, es difcil precisarles una especificacin netamente econmica pues sus races se asientan sobre una cultura sociopoltica del privilegio, de larga profundidad. Yo preferira llamarlas simplemente las fuerzas seorialistas, y por seorialismo el orden social que han establecido. De otra parte estn las fuerzas hasta muy poco tiempo sencillamente disruptivas, que emanaban de aquellos para los que, en esta cultura sociopoltica, el escritor mexicano Mariano Azuela consagr el apodo los de abajo. Si el orden seorial dise un proyecto de Estado que logr naturalizarse prestndole cnones largamente postizos de una pretendida modernidad europea, la experimentacin multifactica de los de abajo deambula por socialismos imaginados e imputaciones de populismo que no llegan a asegurarles ms que la (im)precisin de un deseo y de una ilusin. Sin embargo, todo es proyecto; sobre lo que se disputa, permanentemente, legitimacin.

As que, este largo mundo de izquierdas antiseorialistas podramos ms bien llamarlo hoy ―como se lo llama en la poltica brasilea― el campo progresista. Ha sido ste el mayor derrotado en las elecciones brasileas de 2014, independientemente de los resultados de la segunda vuelta electoral e independientemente de una eventual conservacin del mando del poder ejecutivo federal por el Partido de los Trabajadores. Como se sabe, a las victorias electorales pueden no corresponder victorias polticas, del mismo modo que ganarse muchas batallas puede no corresponder ganarse la guerra. En Brasil se dice que uno puede ganar perdiendo, y al revs. En este caso, el artilugio retrico la nueva poltica perdi ganando, pero no del modo como seguramente supondran sus suscriptores.

El resultado de las elecciones en la cmara baja muestra que el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) perdi un quinto de sus diputados, y su ms fiel aliado, el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), perdi un tercio de los suyos. El antiguo aliado y actual oponente Partido Socialista Brasileo (PSB), que acept servir de hospedero para la candidatura inorgnica de Marina Silva, se encuentra en un visible proceso de derechizacin ―en que pese la resistencia de unos cuantos dirigentes de la vieja guardia socialista―, asemejndose al proceso por el que pas el Partido Popular Progresista (PPS), que a su poca quiso presentarse como la refundacin reformada de los antiguos comunistas. Este s (el PSB), creci de 24 para 34 diputados, la mitad de lo que tendr la tienda del PT (70). De otra parte, el nmero de partidos presentes en la cmara baja aument de 22 para 28. Estos nuevos pequeos partidos se los conoce en Brasil como partidos de alquiler, es decir, aparte su lineamiento natural con la derecha, se presentan como partidos a disposicin de cualquier clase de intercambio de favores, en el juego ms depredador de la poltica fisiolgica. Adems, la derecha neoliberal del contrincante de Dilma Roussef en la segunda vuelta, el Partido de la Socialdemocracia Brasilea (PSDB), aument en un cuarto su representacin.

En trminos formales, la base parlamentaria de apoyo a un eventual nuevo gobierno de Dilma Roussef contara, nominalmente, con 304 diputados, lo que le da la mayora simple en la casa (ms que 257 diputados). Pero esto es estrictamente formal. El peor aliado del PT es exactamente la patria del fisiologismo salvaje, el Partido del Movimiento Democrtico Brasileo (PMDB), que tendr tan slo cuatro diputados menos que el PT. Si Dilma no es elegida presidente, casi toda esta gente se pasa automticamente al bando de la derecha liberal de Acio Neves. Fue esta fuerza poltica que mantuvo a Lula y Dilma notablemente rehenes de una lgica de la representacin y de la regulacin de derechos acorde la famosa frmula de Lampedusa, por la que las cosas deben cambiar tan slo para que todo siga siendo igual. Ah reside la trampa de la gobernabilidad: jams ir demasiado lejos en trminos de regulacin social y en la ampliacin de la ciudadana.

En trminos sustantivos, lo que sale de las urnas en 2014, por detrs de la aparente diversidad partidaria, es un Congreso fuertemente conservador. Ya es visible la fuerza de las representaciones vinculadas al agronegocio ambientalmente depredador, a las iglesias ultraconservadoras, a las multinacionales qumicas y farmacuticas, a la educacin y salud privadas y otros intereses negociales que desean subordinar a ellos el bien comn. Se avizora incluso la posibilidad real de una amenaza a los derechos ciudadanos instituidos por la Constitucin del 88. El diputado que ya se presenta como ms fuerte candidato a la presidencia de la cmara baja por el problemtico aliado PMDB es un enemigo poltico frontal de Dilma Roussef, que en otras oportunidades no hesit en hacer uso del chantaje poltico y, adems, un ultraconservador que se apoya en un discurso de represin a minoras sexuales, al aborto y a los usuarios de drogas.

Por la conformacin de fuerzas del futuro Congreso, va a ser muy difcil darle cauce a los instrumentos que permitan producir una reforma poltica que cuestione la normalidad conservadora y el peso determinante del poder econmico sobre los procesos electorales y la representacin poltica. La sola alternativa para esto sera la iniciativa voluntariosa del (de la) jefe(a) del Ejecutivo. As, es muy probable que se ahonde todava ms el aislamiento de actividad legislativa frente a las mediaciones orgnicas (e incluso los deseos ms apremiantes) de la sociedad. Si las jornadas de junio representaron el auge de una crisis de representacin, el resultado de las elecciones de 2014 parece suponer un divorcio absoluto entre voto y percepcin de la poltica. Esto no ha sido tan slo un accidente.

En los gobiernos provinciales, de otra parte, la viejsima poltica se impuso con todo su peso, como si no hubiera ―y hoy por hoy no hay― ninguna alternativa a ella. La sola excepcin ha sido la cada del viejo clan oligrquico del ex presidente Jos Sarney en el estado de Maranho frente al primer gobernador provincial comunista (PCdoB) de la historia del pas. Pero en este caso sera ms pertinente decir que esta vieja oligarqua se cay por decrpita, bajo la mirada enajenada del propio Partido de los Trabajadores, que la tiene como honorable aliada en el plan federal.

Entonces por qu el juicio de que haya ganado la nueva poltica? Precisamente porque su vacuidad ideolgica enarbolada como tercera va la convirti en el elogio de la antipoltica, en un mesianismo descabellado que redujo la representacin y la mediacin a lo que cierto comentarista ya haba calificado como una poltica infantilizada [1], es decir, una suerte de hedonismo inmediatista en el que la negociacin del bien pblico se reduce a la proyeccin de espejismos y resentimientos personalistas: yo quiero todo ahora y de cualquier modo que sea: la poltica hecha una mercanca de consumo. Esto no quiere decir que el discurso sea propiedad o producto intelectual exclusivo de su locutor. Pero la postmodernidad verde de las ensoaciones mesinicas cundidas por Marina Silva sirvi, de una parte, como ariete a una derecha pragmtica y furiosamente antiprogresista, que pronto volvi a su candidato tradicional luego de percibir que la titubeante candidata ecologista no se aguantaba en sus propias piernas. De otra parte, sirvi para aglutinar desilusiones sectoriales (incluso progresistas) al muy tecnocrtico gobierno de Dilma Roussef, como militantes indigenistas, ambientalistas (todos, desde una perspectiva progresista, absolutamente justos en sus crticas) y unos cuantos activistas culturales a quien tambin les gusta todo ahora y de cualquier modo que sea. Todo muy idealizado, sin las miserables mediaciones del trabajo duro de la poltica.

Esta suerte de cortocircuito narcsico entre poltica y deseo aliment un imaginario ―o, en tiempos digitales mejor sera decir una virtualidad― que hizo de la poltica una fantasa; fantasa que pas a ser movida por signos reificados, destituidos de contenido crtico acerca de la propia complejidad poltica, encerrados en su mgica inmediatez, incapaces, por consiguiente, de servir como herramienta de comprensin. El ms potente de estos signos reificados seguramente es el del cambio. Hace unos 30 aos, desde el comienzo de la democratizacin a medias, este signo es movilizado en todo y cualquier discurso poltico para expresar una chatura enunciativa: no estamos de acuerdo. Es posible no estar de acuerdo con cualquier cosa que sea. Sin un referente contextual, es decir, ideolgico, estar en favor del cambio puede ser estar en favor de la nada. El discurso del cambio puede ser bueno para hacer vctimas, pero si este signo va reificado, deja de aportar una positividad programtica. La poltica se vuelve estrictamente marketing. Por ah entramos en el terreno ganado por la nueva poltica y perdido por las fuerzas institucionales del progresismo, capitaneadas por el Partido de los Trabajadores.

El recurrido histrico del PT en el gobierno federal, si de una parte represent la inclusin de las masas miserables en el universo del consumo, sin preocuparse con una ampliacin efectiva de la ciudadana y con un proyecto estratgico de sociedad, de otra parte signific el vaciamiento de la poltica, en nombre de la gestin: una suerte de paternalismo tecnocrtico de las buenas intenciones. S, es verdad que l obr avances sociales importantes. Gan la consciencia del favor, de la gratitud (sobre todo con Lula), pero perdi la consciencia de la participacin. Mientras pudo distribuir los dividendos del boom de las commodities ―y ah estuvo el fundamento material del distributivismo petista (que ahora sugiere que lo puede reciclar tomando las reservas petrolferas del Presal)―, el gobierno del PT estuvo bien. Cuando se sec la fuente, no hubo ms un mensaje poltico para ganarse los dividendos simblicos del pleno empleo, porque la estricta lgica del consumo lo convirti en un don justificado por la ideologa meritocrtica individualista [2].

El gobierno de Dilma Roussef ha sido el pice del encastillamiento enajenado de los ms fuertes representantes partidarios del progresismo en Brasil. Con eso, el PT perdi su capilarizacin social. La sangre de la consciencia organizativa de los movimientos dej de llegar al cerebro del gobierno, del mismo modo como la poltica como proyecto estratgico y como invencin dej de llegar a los msculos agregativos de la sociedad, repartindola en un sinfn de particularismos atomizados donde todo cabe, incluso la ferocidad fascista y la anomia anarcoradical, que tambin se agregaron a las jornadas de junio del 2013.

Colapsar, de modo hedonista, poltica y deseo result, de modo general, ser la mejor arma para la derecha meditica. Ella lo hizo bajo el signo del resentimiento, algunas veces eludiendo sus significantes, algunas veces apuntando chivos expiatorios. Fue el contenido semntico del resentimiento que dio relleno e impulso al cambio, del que el progresismo, por falta de un discurso contextual, perdi la mano en la batuta, es decir, perdi la agenda. Y la perdi por creer, inocentemente, que el cambio era su propiedad simblica natural, sin tener que hacer el esfuerzo del trabajo poltico en su ltima frontera: la disputa de la legitimacin. Esto no es tan slo una cuestin de poltica de comunicacin; es una cuestin de... poltica.

La derecha meditica s supo producir, capilarizar y sobreexplotar resentimiento, sobre todo en los grandes centros urbanos del ms grande colegio electoral de Brasil, el estado de San Pablo, y sobre todo por medio de la radio, que sigue siendo el principal recurso de informacin de la masa trabajadora que apenas tiene tiempo para ver la tele. En realidad, los canales mediticos se refuerzan mutuamente hasta que su discurso sea aportado, consolidado, plasmado bajo la forma (o la apariencia) de opinin (proferida por personas virtuales) en la Internet. Cuando un discurso llega a Internet es tan slo residualmente (en trminos de masa de pblico interlocutor) que llega como informacin. A despecho de los mitos que se han construido acerca de la Internet, la informacin poltica en ella es en realidad un lujo intelectual para pocos: los que disponen de tiempo y que, con l, tienen disposicin para un esfuerzo intelectual ms: buscar, confrontar, ponderar, enjuiciar. Si una cierta juventud, por ejemplo, todava tiene tiempo, ella no lo utiliza para consumir informacin en Internet, ella lo utiliza ms bien para compartir opiniones socializadas en red. Ya se trata de una informacin previamente moldeada.

Sin embargo, el perjuicio quiz ms duradero del encastillamiento enajenado del PT frente a los movimientos sociales puede haber sido el adormecimiento del alma del progresismo. Cuando los ms fuertes y evidentes representantes partidarios de los movimientos sociales, aquellos que podran ofrecer a esos de abajo un proyecto general y participativo de poder, cortan el flujo de savia poltica, lo que se pierde es el horizonte ms amplio de sentido para estos mismos movimientos, el horizonte en el que los intereses colectivos, en lugar de simples demandas clientelares, se vuelven gobernanza. No se sabe hasta qu punto se adormeci este alma y lo cunto va a ser posible (o se va a querer) despertarlo. El PT slo sigue teniendo sentido como partido mientras lo tenga despierto. Si se adormece, como est casi completamente dormido en Europa, van a ser dcadas de esfuerzos y esperanzas perdidas.

Notas:


[1] http://www.viomundo.com.br/politica/paulo-copacabana-marina-sera-aprisionada-pelos-banqueiros.html

[2] Vase, por ejemplo, el muy sugerente anlisis del semioticista Wilson Ferreira en http://cinegnose.blogspot.com.br/2014/10/sociedade-de-consumo-e-o-ovo-da.html#more

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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