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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2014

Iguala, la sociedad poltica y el freno de la historia

Eduardo Nava Hernndez
Cambio de Michoacn


A poco de llegar a ocupar la presidencia en un proceso no exento de sospechas de derroche de recursos provenientes de quin sabe dnde y compra de sufragios, Enrique Pea Nieto pidi a una sociedad mexicana harta de la violencia y la inseguridad desatadas en el gobierno de Felipe Caldern un plazo de un ao para presentar resultados en materia de seguridad y abatimiento de la delincuencia. Casi han pasado dos aos de este gobierno y el pas parece estar ms lejos que nunca de los objetivos planteados en el discurso. La impunidad de un incalculable nmero de delitos del pasado reciente y los que an se siguen cometiendo cotidianamente contra la seguridad, la propiedad y la vida de las personas se ha visto agravada con la nueva y descarnada modalidad de violencia que se traduce en una virtual guerra desde el poder mismo y los grupos delincuenciales contra los jvenes y la protesta social.

Tlatlaya e Iguala, como hace pocos aos San Fernando, han quedado ya inscritos en la historia de la infamia junto a Tlatelolco, el Corpus de 1971, la guerra sucia, Aguas Blancas, Acteal y otros ignominiosos episodios de muerte y dolor sin medida para colectividades enteras. Qu hace particulares a estos recientes episodios con respecto de la multitud de hechos sangrientos que han enlutado a decenas de miles de hogares y sembrado el terror en regiones enteras en los ltimos aos? No slo el escandaloso nmero de bajas sino sobre todo el papel de las fuerzas del orden en una poltica criminal. Cada vez queda ms claro el involucramiento directo de sectores del Ejrcito y de las policas federales, estatales y municipales con diversos grupos de la delincuencia organizada. Cada vez ms evidencias de la corrupta tolerancia de autoridades de diversos niveles a la presencia y acciones de las bandas criminales. Algo que en cada regin es conocido pero que no siempre trasciende a la opinin pblica nacional ni a las instancias de procuracin y administracin de justicia.

En Tlatlaya e Iguala, como los casos ms resonantes de violaciones graves a los derechos humanos, el gobierno de Enrique Pea Nieto enfrenta su primera gran crisis poltica, justo cuando levantaba triunfante el trofeo de las reformas estructurales, aprobadas por los partidos de colaboracin (PAN y PRD) y el suyo propio, con una muy dbil resistencia social, y cuando se dispone a entregar los principales recursos energticos del pas al capital transnacional. Las masacres irrumpen en medio del alborozo gubernamental como la masiva resistencia de la comunidad politcnica a la reforma autoritaria de su reglamentacin y sus planes de estudio cuestionando la solidez de un rgimen poltico cohesionado en sus cpulas pero que pierde rpidamente legitimidad en el conjunto de la sociedad.

Ante la violencia brutal y descarnada que los ms recientes episodios de asesinatos y de colusin entre autoridades y criminales, la Comisin Interamericana de Derechos Humanos ha emplazado al gobierno mexicano a resolver de inmediato el caso de la desaparicin forzada de 43 estudiantes normalistas en Iguala y darles garantas de seguridad. El Departamento de Estado estadounidense expresa su preocupacin por el caso y demanda una investigacin completa y transparente que lleve a los responsables del crimen ante la justicia. Y el secretario general de la Organizacin de Estados Americanos, Jos Miguel Insulza, expresa tambin desde Washington su consternacin por un acto que enluta no slo a los mexicanos sino a todos los pases de Amrica.

Mientras tanto, la OCDE (Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico) diagnostica: Mxico, ltimo pas en materia de seguridad entre las 34 naciones que la integran 23 homicidios por cada 100 mil habitantes, cinco veces ms que el promedio de 4.2 asesinatos por cada 100 mily ubicado, en calidad de vida, por debajo del promedio en reas como salud, ingreso disponible (lugar 33) y acceso a Internet (lugar 34), y denuncia ms de 107 mil muertes violentas en el pas a partir de 2007. La violencia, en una palabra, coloca a Mxico muy lejos del status de las naciones ms industrializadas y lo aproxima ms al de los pases que viven guerras civiles o delincuencia descontrolada Estados fallidos en medio Oriente o frica subsahariana.

Ante ello, en una breve aparicin el lunes 6 al medio da, el presidente Pea Nieto slo alcanza a lamentar, en relacin con los asesinatos y desapariciones de los normalistas en Iguala, a los que no se atreve a llamar por su nombre, que sean jvenes estudiantes los que hayan resultado afectados y violentados en sus derechos; y anuncia la participacin del gabinete de seguridad del gobierno federal en el esclarecimiento de los hechos y castigo a los culpables.

Sin embargo, Iguala, como el caso de Tlatlaya y antes el de San Fernando, Tamaulipas, slo habla, con distintas voces, de un mismo tema: hasta dnde se ha permitido llegar una sociedad poltica corrupta y con visos delincuenciales en su proceso irreversible de descomposicin. En Iguala los gobiernos municipal y local del PRD son tan responsables como lo fue el gobierno federal panista en la matanza de San Fernando y las administraciones priistas de Pea Nieto y Eruviel vila en la masacre de Tlatlaya. De un sistema poltico totalmente alejado de las demandas de la poblacin (a la que slo ve como surtidor de sufragios) y profundamente penetrado por intereses particulares y corrompidos, incluidos los de las bandas delincuenciales, es de lo que se habla, y no de eventos circunstanciales o aislados.

Pero la resistencia del IPN y la solidaridad en las calles y plazas de todo el pas con los estudiantes masacrados y desaparecidos de Ayotzinapa, que tiene alcances mucho ms all de nuestras fronteras, abren un nuevo ciclo de inconformidad y de movilizacin en la sociedad para hacer retroceder la perversa espiral de pobreza, degradacin y violencia por la que ese sistema poltico la ha conducido. Mover a Mxico en sentido opuesto al que sus gobernantes le deparan es hoy necesario para poner en pie a la nacin, regenerar el tejido social y contener su corrupcin.

Discrepando de su maestro Carlos Marx, escribi Walter Benjamin que las revoluciones no son la locomotora de la historia; son el freno de mano que los pasajeros jalan para frenar el tren cuando la locomotora los conduce a toda velocidad al despeadero. Y una revolucin es, ante todo, la opcin de las grandes masas para recuperar la conduccin de sus propios destinos que las aristocracias y sus representantes polticos les han arrebatado; la tabla de salvacin para los oprimidos y condenados de la tierra a los que la esperanza misma se les ha negado. Mxico, nos lo dice Iguala, a ese punto ha llegado. El freno es imperioso.

Eduardo Nava Hernndez. Politlogo UMSNH

Fuente: http://www.cambiodemichoacan.com.mx/editorial-10647

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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