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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2005

Morir de hambre

Ignacio Ramonet
La Voz de Galicia


Lo ms chocante de la nueva hambruna en el sur de Nger -y que afecta tambin a Burkina Faso, Mali, Mauritania y Chad- es que se produce cuando los Estados ms ricos del mundo, reunidos a principios de julio en Gleneagles (Escocia), declararon (no sin cierto cinismo) que el 2005 sera el ao de frica. Tambin escandaliza porque, hace apenas dos meses, cuando ya la catstrofe era evidente, Estados Unidos, ignorando el drama, no dud en gastar millones de dlares en unas maniobras militares conjuntas con estos pases en el marco de la Iniciativa Transahariana de Lucha contra el Terrorismo. Y, sobre todo, porque esas hambrunas eran previsibles desde que una plaga de langosta arras los cultivos en el Sahel el ao pasado. Ya entonces, en agosto y septiembre del 2004, muchas organizaciones de solidaridad empezaron a avisar que una catstrofe se preparaba y que haba que tomar medidas preventivas (lase, por ejemplo, mi crnica Plagas de langosta en La Voz de Galicia del 25 de agosto del 2004).

En octubre del ao pasado, el Programa Alimentario Mundial (PAM) de la ONU constat que las cosechas, diezmadas por las langostas, no iban a alcanzar, y lanz una llamada a la ayuda internacional. Se necesitaban unos 15 millones de euros. Pero casi nadie respondi a ese grito de auxilio. A principios del pasado mes de junio, apenas se haban obtenido unos 4 millones de euros. Suma insuficiente para ayudar a tantos hambrientos. Slo en el sur de Nger, en la regin de Maradi, frontera con Nigeria, se estima que 3,5 millones de personas (sobre un total de 11,5 millones de habitantes) estn hambrientas. Miles de nios se hallan en peligro de muerte. Hace un ao, menos de un euro por nio y por da hubiera bastado, ahora, a causa de la imprevisin, ms de 70 euros sern necesarios para salvar a cada criatura.

Pero una parte de la culpa la tiene la lgica neoliberal que el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unin Europea y otros organismos mundiales estn imponiendo en esta regin. Por ejemplo, presionado por estas instituciones, el presidente de Nger, Mamdiou Tandja, reelecto en diciembre del 2004, tuvo que instaurar -a pesar de la amenaza concreta de hambruna- una tasa del 19% sobre los alimentos de primera necesidad que est agravando el cataclismo entre los pobres. Por otra parte, los bancos cerealeros locales, subvencionados por el Estado, que impedan la especulacin causada por la penuria, han dejado de funcionar por orden del FMI. Consecuencia: los precios del mijo (principal cereal consumido aqu) se han disparado. Antes de la crisis, un saco de cien kilos de mijo costaba unos 15 euros, hoy ese mismo saco cuesta casi 34 euros.

Segn el Dr. Mego Terzian, coordinador de la ayuda de urgencia en el sur de Nger, y Johanne Sekkenes, jefe de la misin de Mdicos Sin Fronteras: A pesar de que, a causa de las malas cosechas del 2004, los graneros de mijo se han vaciado, hay alimentos en los mercados. El problema es que, por la penuria y por retenciones de carcter especulativo, sus precios alcanzan niveles prohibitivos para la mayora de la poblacin (un 63% de los nigerinos viven bajo el umbral de pobreza).

Terzian y Sekkenes aaden: En esas condiciones, las consignas de las agencias de la ONU que preconizan la venta de alimentos a precios moderados es criminal. Lo que habra que hacer es organizar de inmediato distribuciones gratuitas. Esto demuestra que, en situaciones de desastre humanitario, el dogmatismo neoliberal mata.


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