Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2005

Hablamos de los problemas de la vida en la isla revolucionaria
Ancdotas y reflexiones para defender la Revolucin no slo por sus logros

Javier Mestre
Rebelin


Recin regresado de Cuba, una de las conversaciones preferidas por los compaeros que estn tambin en nuestro lado, el de la lealtad absoluta a la Revolucin, es la de cmo se vive en Cuba. Y la experiencia en la isla lo lleva a uno a hablar no slo de lo magnfico de la Revolucin, sino tambin, y sobre todo, de los problemas y dificultades que afrontan los cubanos y cubanas. Un compaero de Rebelin me pidi, en una de estas conversaciones, que escribiera algo sobre esos problemas y dificultades, porque tiene que quedar claro algo: no defendemos la Revolucin porque sea perfecta, no debe ser necesaria una imagen brillante y sin fisuras del Socialismo necesariamente irreal- para posicionarse leal y decididamente a su favor. No defendemos la Cuba socialista desde la fantasa o la propaganda, vamos a dejar claro que sabemos algo de lo que pasa, porque no olvidamos que es nuestro portaviones, es la lnea del frente de la batalla antiimperialista y es la alternativa viva, real, al capitalismo. Es por eso que creo necesario reproducir, antes que nada, una versin del poema de Brecht Parbola del Buda y la casa en llamas, que resume de la mejor manera el suelo que pisamos para decir lo que viene despus.

Gotama, el Buda, enseaba la ciencia de la rueda de la codicia, de la que estamos tejidos, y recomendaba prescindir de la avidez, para as entrar sin deseos en la Nada, que l llamaba Nirvana.

 Un da un discpulo le pregunt: -Cmo es la Nada, maestro?. Todos nosotros queremos liberarnos de la avidez tal como t predicas, pero dinos si la Nada a la que iremos es algo as como fundirse con todo lo creado, como cuando uno est echado en el agua a medioda, con el cuerpo ligero, casi sin pensamientos, o durmindose, apenas notando cmo uno se acomoda bajo la manta, hundindose rpidamente; es decir, si esta Nada es una Nada alegre, una buena Nada o si, por el contrario, tu Nada slo es una Nada fra, vaca y sin sentido.

El Buda permaneci en silencio mucho tiempo antes de decir alegremente: -Vuestra pregunta no tiene respuesta.

Pero por la tarde, cuando se haban marchado, el Buda segua sentado debajo del algarrobo y contaba a los otros discpulos, a los que no le haban preguntado, la siguiente parbola:

Hace poco vi una casa. Estaba ardiendo. Por el tejado salan llamas. Me acerqu y vi que todava haba gente dentro. Le di una patada a la puerta y grit que haba fuego en el tejado, previniendo a los moradores que salieran deprisa. Pero no parecan tener prisa. Uno de ellos quera saber, mientras el fuego ya le estaba chamuscando una ceja, cmo era la vida ah fuera, si no estara lloviendo, si soplaba el viento, si haba otra casa cerca, y muchas cosas ms.

Sin responder volv a salir de la casa. Esta gente pens- tiene que quemarse antes de dejar de hacer preguntas. De verdad os digo, amigos, que no tengo nada que decirle a los que todava no tienen el suelo lo bastante caliente para cambiarlo por otro y se quedan donde estn.

As habl Gotama, el Buda.

 Pero tampoco nosotros, los que hemos dejado de dedicarnos al arte de la tolerancia para practicar el de la intolerancia, los que damos consejos terrenales a las gentes para que se deshagan de sus torturadores humanos, los que ante la llegada de los escuadrones de bombarderos del capital constatamos que la gente prefiere or nuestra opinin sobre lo que pasar con su caja de ahorros o saber qu pantalones del domingo deberan ponerse el da de la revolucin, tenemos mucho que decir.

[Versin libre de Manel Franquesa, subdirector de LA VERITAT, diario renacentista de Castelldefels (Catalunya)]

Pero, por si fuera poco, a lo que sobre todo importa, a la condicin de otro mundo posible que hace frente a EEUU, bloqueado, combatiente por la humanidad, de la Cuba del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, antes de decir nada aparentemente negativo, hay que aadir y no olvidar en ningn momento-, algunas verdades fundamentales:

La poblacin cubana est bien alimentada y bien vestida. Tiene un buen sistema sanitario universal y gratuito. El Estado saca adelante un sistema educativo que funciona y que garantiza la erradicacin completa del analfabetismo, la enseanza obligatoria de verdad hasta los quince aos y el acceso general de las masas a una educacin superior de altsima calidad. Beca anualmente a millares de estudiantes de Latinoamrica y frica para que puedan cursar estudios superiores.

El Socialismo garantiza el pleno empleo y, por tanto, la existencia digna del cien por cien de la poblacin: quien no trabaja es porque no quiere y, encima, no lo obligan para tener acceso a su parte de la alimentacin casi gratuita que distribuye el Estado.

Los cubanos apenas pagan casa y tienen agua, luz, gas y telfono a precios irrisorios, lo mismo que los libros. Sus salarios son muy pequeos traducidos a divisas, pero no tanto si se tiene en cuenta su poder adquisitivo en el sistema de precios subvencionados.

Cuba es un pas muy tranquilo, en comparacin con toda Latinoamrica y EEUU. Tiene niveles muy bajos de delincuencia y un sistema penitenciario bsicamente orientado a la reinsercin social en el que los presos pueden estudiar carreras universitarias y las condiciones de vida son las ms dignas que, de verdad, puede proporcionar el Estado. En nada se puede comparar con el desastre penitenciario que se vive desde los Grandes Lagos hasta el Cabo de Hornos. Tiene una polica que sorprende por su capacidad de dilogo y el buen trato que dispensa a los ciudadanos y, al contrario de lo que sucede en el resto de Latinoamrica, proporciona seguridad.

Cuba es una nacin igualitaria, en la que las diferencias sociales son mnimas, en la que un ministro apenas se distingue en su nivel de vida de cualquier otro ciudadano, en el que la dignidad es la misma para todos. No hay mendicidad s hay pedigeos que se acercan a los turistas, pero slo a los turistas y buscando las ventajas consumistas de las divisas-, no hay nios de la calle ni trabajo infantil, no hay maquilas ni bandas de delincuentes juveniles, no hay villas miseria como las que siembran el paisaje de todos los estados al sur del Ro Grande.

En Cuba, las tasas de mortalidad infantil, esperanza de vida al nacer, nmero de mdicos por habitante, etc, se sitan al nivel del mundo desarrollado, a menudo por encima de pases con un PIB per capita muy superior.

Cuba es, encima, el pas ms solidario del planeta, con misiones de miles de mdicos y maestros en decenas de pases del Tercer Mundo a cuenta del Estado, mostrando su verdadera vocacin de defensa de la Humanidad. Exporta salud, alfabetizacin, solidaridad humana... y no guerra y expolio.

Cuba, bajo la direccin de Fidel, hace frente a un tremendo bloqueo y al hostigamiento permanente de EEUU y su inacabable lista de aliados, encabezada por la Unin Europea. La Revolucin enfrenta constantemente todo tipo de agresiones terroristas, econmicas, bacteriolgicas, propagandsticas. Cada da da una heroica leccin al mundo y a todos los movimientos anticapitalistas y de liberacin acerca de cmo se lucha, y se va venciendo, contra el poder casi ilimitado del Imperio.

A partir de ahora voy a referirme a mi experiencia, fundamentalmente habanera, en Cuba. Voy a intentar hablar de lo que he podido encontrar que de algn modo, no funciona todo lo bien que, a mi modesto parecer, podra funcionar. A partir de vivencias concretas en la isla, pretendo plantear algunas reflexiones, siempre con un espritu de crtica constructiva, por si puede ser til para mejorar el Socialismo dentro de lo posible y aportando nicamente como ventaja la distancia que da la extranjera, frente al buen hacer y la experiencia de los gobernantes cubanos, que son los que saben dirigir la Revolucin que resiste y crece. No hay que olvidar que por cada lnea crtica que yo pueda escribir sobre Cuba, tendra que hacer un libro entero acerca de mi pas. Al fin y al cabo, la Revolucin est an por hacer en Espaa y, si dejamos de lado los escandalosos espejismos que caracterizan el renombrado nivel de vida occidental, la situacin es infinitamente ms insostenible, inhumana e injusta en este pas capitalista desde el que escribo que en la Cuba socialista en la que nos apoyamos y a la que debemos toda la esperanza y todo el cario. En todo caso, creo que tambin justifica un poco mi atrevimiento el hecho de que, en realidad, casi todas las inquietudes que creo recoger no son originalmente mas, sino que corresponden a gentes muy vlidas y muy revolucionarias que viven dentro y para la Revolucin y que desearan que los detalles que a continuacin se discuten fueran asunto de un debate ms pblico y profundo en el seno de la heroica isla.
 

1. No est el ingeniero.

En la Habana se est trabajando intensamente en el remozado de la red de distribucin de agua, que en amplias zonas est ya viejita y tiene que irse cambiando para garantizar un buen servicio en un futuro prximo. Eso implica que en buena parte de la capital, el suministro de agua deja de funcionar un da s y otro no, o algunas horas, segn las zonas. La situacin es complicada y todo el mundo no ha tenido ms remedio que prepararse, unos mejor y otros peor. Muchas casas y apartamentos disponen de dispositivos de almacenaje y bombeo que reducen considerablemente las incomodidades de esta situacin transitoria. Un buen da, el agua fall antes de lo previsto y llamamos por telfono al organismo encargado de la distribucin en el barrio en que vivamos. Es que hoy no vino a trabajar el ingeniero, fue la respuesta. Pero... estaba previsto que ese da no trabajara el ingeniero? No, desde luego que no, pero seguramente algo le surgi que no pudo incorporarse a resolver la avera que tena sin agua a todo un barrio de La Habana.

Cuando le contamos esta ancdota sin importancia a un buen amigo, defensor a ultranza de la Revolucin como tantos otros cubanos y cubanas, nos replic que eso es normal. Resulta que no hay la disciplina que debera haber en muchos entornos laborales. Seguramente, al ingeniero ese no le pasar nada, el sistema asume con excesiva facilidad la negligencia. Cobra lo mismo el que se compromete y curra tanto que ni puede ver a sus hijos, como el que apenas pone nada de su parte, a menudo ni su cuerpo aparece por el puesto de trabajo. Ese debate ya pas, compaero, me dice mi buen amigo, y seguimos con los estmulos. Y qu es, en Cuba, eso de los estmulos? Pues pequeos premios y reconocimientos pblicos, casi siempre sin trascendencia econmica para las familias, que reciben los empleados que destacan por su compromiso en la tarea. Y es que el propsito del Estado cubano, cuando evita las diferencias salariales por productividad, o lo que es lo mismo, los estmulos monetarios, es luchar por una igualdad efectiva de los ciudadanos. Sin embargo, la pregunta de mi amigo es inevitable: Es eso justo? Es aceptable que obtenga los mismos beneficios sociales el que escamotea sus obligaciones y pone piedras en el engranaje con su holgazanera, que el que arrima de verdad el hombro? No est teniendo esa poltica, por otro lado, repercusiones negativas en la productividad de los trabajadores cubanos? No se est creando en parte una cultura popular de la desgana? Es un hecho que faltan profesionales, sobre todo maestros, que quieran dedicarse a su oficio a los salarios que puede ofrecer el Estado. La Administracin cubana est saliendo adelante a pesar de todo, con creatividad e inteligencia. Pero tambin es un hecho que en una economa planificada, la remuneracin salarial s que depende esencialmente de la productividad del trabajo, y las mejoras en este mbito pueden implicar sensibles alzas en la capacidad adquisitiva de los trabajadores, con la correspondiente resolucin de problemas que eso conllevara.

Viene al caso otra ancdota. Fuimos con los nios es un placer, y muy requeteseguro, viajar a Cuba con cros pequeos, dicho sea de paso- al parquecillo de atracciones que hay en La Habana Vieja. Impresiona ver tanto disfrute en unas instalaciones tan apaadas como modestas. A mis dos hijos de tres y cuatro aos- les atrajo particularmente un trenecito que es todo un ejemplo para el mundo: tanta alegra infantil condensada en una atraccin tan sencilla, apenas unas cajitas de metal con sombrajo y ruedas y un mecanismo artesanal de traccin elctrica sobre unos rales en crculo. Barato, bonito, seguro, sin el insultante derroche de materiales y esfuerzos que caracteriza a sus equivalentes del mundo capitalista desarrollado, tan opulentos como castradores de la imaginacin. Para entrar en el recinto del parque se entrega una cantidad simblica a una persona en un kioskito, la cual te da a cambio un papelito que, inmediatamente a continuacin, se le da a otra persona cuya funcin es quedrselo e introducirlo en una cajita. Para utilizar las instalaciones, hay que comprar tickets de un peso, aproximadamente cuatro cntimos de euro, en otra casetita atendida por otra persona. Cuando accedes al trenecito, hay otras dos personas, dos, que apenas tienen como funcin recoger el billetito de un peso y decirles a los nios que no se sienten en un vagn que est estropeado. Cunta gente para tan poco trabajo. Nueve horas de apertura, nueve horas de laburo para todo ese exceso de gente. Reconozco que, viendo aquello y pensando en todo el trabajo que hay por hacer en la Cuba revolucionaria, me vino a la cabeza el imprescindible ensayo del yerno de Marx, P. Lafargue, titulado El derecho a la pereza. Pens: hay aqu tres posibilidades socialistas, que pueden simbolizar al tiempo tres culturas del Socialismo:
 

1. Dejar las cosas como estn, a saber, mucho tiempo de trabajo, mnima productividad, muchos problemas por resolver, poco tiempo de ocio para un salario muy, muy justito.

2. Hacer turnos. Con la misma plantilla, intensificando un poco el ritmo, se puede reducir, sin ningn problema en absoluto, la jornada laboral a la mitad cobrando lo mismo, ya que el mismo equipo humano producira exactamente el mismo beneficio a la sociedad. Habra, as, ms tiempo para dedicar a los nios, a la familia... o a la construccin de la propia casa, o a la participacin poltica y al Comit de Defensa de la Revolucin (CDR) o, sencillamente, a la literatura, el descanso, el cine o la msica... Una cultura socialista ms cercana a las ideas del yerno de Marx y ms alejada del molde stajanovista.

3. Cabra pensar en reducir la plantilla y ocupar a los despedidos en otra cosa. Una cadena de reestructuraciones productivas podra dar lugar, quizs, a una economa mucho ms eficiente, si se combinaran con procedimientos de remuneracin que estimularan verdaderamente otro ritmo de trabajo. No debera hacer falta matarse a trabajar al estilo capitalista, pero s un incremento notable del esfuerzo en cada puesto. Aumentara el nivel de consumo, la capacidad de resolucin de los problemas de transporte y vivienda... aunque es probable que se le agriara el carcter a la mitad de los cubanos y cubanas...
 

Hablando de todo esto con otro amigo, me dio un poco de miedo la tendencia a que cunda la idea de que la alternativa al problema de la indisciplina y la baja productividad, es un incremento de los niveles de privatizacin de la economa y la posibilidad del despido y el paro. No, por favor, compaeros, no abandonen jams su planificacin central, su colectivismo. Los problemas se han de resolver dentro de un Socialismo irreductible, manteniendo y mejorando los niveles de igualdad social y las prioridades econmicas orientadas a la resolucin de los problemas de la gente y no a la ley de la mxima ganancia empresarial. De verdad, no es en absoluto necesaria la figura del patrn que machaque la hermosa dignidad de los cubanos y las cubanas. Al fin y al cabo, estos problemas no deben servir de coartada ideolgica para que se pierda lo esencial, la conquista del Socialismo y sus indiscutibles beneficios generalizados en lo que ms importa, a saber: la independencia nacional, la salud, los nios.

 

2. El plomero (fontanero en Espaa).

A otro amigo se le estrope la cisterna del bao. Un verdadero problemn. Una fuga tremenda de agua lo oblig a cerrar la llave de paso general, tuvo que vivir sin agua corriente, con su hijito de un ao de por medio, durante todo el tiempo que tard en resolver la avera. Lo que voy a narrar a continuacin es tan cierto como inevitable. Este compaero es un consciente revolucionario que, si incurre en lo que incurre, es porque no tiene otra alternativa y s tiene una familia a la que cuidar y proteger.
 

J.F. tuvo que buscar un plomero. No hay listas de plomeros que funcionen, al acceso de la economa en moneda nacional. Tuvo que recurrir a un conocido, procedente de otra provincia, que trabaja en una brigada de construccin. Le tuvo que pagar ms de un tercio de su salario mensual (ms de cien pesos cubanos) por la chapuza que hizo en sus escasos ratos libres. Y el tipo la hizo mal; al poco tiempo de supuestamente haber concluido, resurgi el problema. Nadie a quien reclamar... Tuvo que volver a llamar al dichoso plomero del mercado negro de la plomera, el cual le dijo que le tena que conseguir no s qu pieza para resolver de verdad la avera y le exigi ms dinero. J.F. se volvi loco buscando la piecita porque no hay un almacn abierto al pblico donde uno vaya y haya todo tipo de piecitas de plomera, lo que hay que ms se le parece es una ferretera... en divisas! Cmo consigui J.F. la piecita que le permitira volver a tener agua en casa? Tuvo que entregar una cierta cantidad de dinero a un responsable de un almacn de la brigada del susodicho plomero para que se la hurtara al Estado...
 

Me informaron de que as son las cosas en muchos sectores de la vida cotidiana de la gente. Las pequeas reparaciones y reformas de las casas, los trabajos de fontanera y electricidad, la reparacin de automviles y electrodomsticos y un largo etctera de flecos que no contempla adecuadamente la planificacin central y que se van resolviendo a travs de una combinacin del peor libre mercado, que es el mercado negro, en el que no hay derechos del consumidor, y una cultura del hurto al erario pblico que me preocupa por sus tremendas dimensiones. El amigo J.F. me contaba que cuando alguien que por la razn que sea tiene divisas y quiere reformar o ampliar su casa, en gran medida consigue sus materiales a travs de corruptelas. Le das al encargado de tal o cual almacn una caja de botellas de ron y te saca unos cuantos metros cbicos de arena. Luego, cuando viene el responsable de brigada que necesitaba la arena para su obra pblica, el ladrn le dice que lo siento, compaero, no est la arena.
 

Una compaera que trabaja demasiado por compromiso integral con la Revolucin, me habla con irona de los grandes proyectos del Gobierno, de los que duda de su continuidad en el tiempo. Cuando se acaben las piezas de repuesto, se acab la fbrica. As llevamos desde siempre. Se planifica con la mejor voluntad, pero falta construir el tejido bsico, de las cosas pequeas, un sistema que garantice una infraestructura que sostenga todo lo dems. Sin embargo, esta compaera tambin se hace cargo de que una buena parte de las causas de la poca sostenibilidad de algunos macroproyectos de la Revolucin estriba en el bloqueo econmico y las consiguientes dificultades con el comercio exterior, que a menudo imponen cambios bruscos de proveedores y situaciones por el estilo. En todo caso, piensa que se funciona un poco a golpes, por grandes movimientos, y puede que falten mecanismos, en la planificacin econmica, para tener ms en cuenta las necesidades inmediatas de la gente. Deberan preguntar qu nos hace falta ahora para criar a nuestros hijos, no decidirlo desde arriba sin consultar cules son las carencias ms urgentes, reclama. Por ejemplo, quitando el papel de vter, un jabn de bao que a veces falla y un tosco jabn de lavar, los productos ms elementales de higiene personal slo son accesibles en el mercado de divisas.

Yo, aqu, quisiera recordar las ideas de Carlo Frabetti, acerca de cmo se podra utilizar la informtica para mejorar la planificacin en una economa socialista. Cuba tiene la ocasin, nica hasta ahora en la Historia de la Humanidad, de preparar ese software necesario para desburocratizar los procesos, crear un potentsimo control central de los inventarios y, al mismo tiempo, mejorar la comunicacin con la ciudadana, para que pueda expresar por cauces efectivos las necesidades a tener en cuenta en las previsiones de la produccin y circulacin econmicas.

Y es que, adems, se respira un verdadero lapsus entre la generacin heroica que derrot a EEUU y Batista y que an dirige en gran medida la Revolucin, y sus nietos, los jvenes nacidos y criados en la Cuba socialista. stos necesitan un mayor protagonismo, sentir que tienen mucho ms que decir en los procesos de planificacin revolucionaria. Sin duda, ser escuchado, sentirse dirigente, protagonista, fortalece el nimo y la capacidad de lucha y sacrificio. La Revolucin dispone de dos generaciones de magnficos tcnicos, profesionales de todas las ramas del arte y de la industria, y da un poco la sensacin de que no se les est aprovechando al mximo para resolver los importantes problemas de la economa y la vida cotidiana de la poblacin.

Para terminar con esto, una nueva llamada de atencin a quienes suponen que abrir la mano con la libre empresa es la solucin para estos asuntos de la planificacin. Aunque parezca un camino sencillo, es el peor, el ms peligroso. Sus lacras inmediatas: los precios ya impiden, en el mercado negro, la generalizacin igualitaria de los servicios; se favorecera de manera oficial a quienes se benefician de la circulacin de divisas, frente a la gran cantidad de cubanos y cubanas que vive casi exclusivamente en moneda nacional. Ahora, de facto, Cuba est habitada por muchas microempresas que nadan en la necesidad de la gente como pez en el agua, y que no tributan y, es ms, al revs, hasta hurtan al Estado su capital, a modo de acumulacin primitiva, esa que Marx explica que es, necesariamente, violenta, salvaje. No se trata de legalizar al plomero que ya trabaja motu proprio, sino de que el Estado sea quien se plantee como prioridad, nada menos, encontrar la frmula para ofrecer los servicios de plomera y de todo lo dems- de una manera estable y bien organizada, para desalojar de la escena el mercado, blanco o negro, y para cortar de raz la tan extensa como irritante cultura del hurto de lo pblico.
 

3. Va a estallar la televisin!.

Poco despus del cicln que atraves Cuba en julio, escuchamos en una emisora de radio de La Habana un llamado a que la poblacin no hiciera caso de los rumores, posiblemente difundidos a partir de la radio gusana que no se merece en absoluto el nombre que le han puesto, as que no lo digo-, de que los electrodomsticos podan sufrir daos irreparables por incrementos inesperados de la tensin de la red elctrica de la capital. Al mismo tiempo, por la ventana nos llegaban los gritos de una vecina: Fulanito, desconecta la televisin, que va a estallar! Asistimos, atnitos, al desarrollo inmenso de la vox populi en Cuba, como espectadores simultneos del rumor y de cmo la radio estatal reconoca de facto la magnitud del fenmeno. Nos hizo gracia en el momento, pero tardamos bien poco en quedarnos preocupados. Cmo se le puede dar tanto crdito a un rumor tan infundado? Con el paso de los das, nos dimos cuenta de que, sencillamente, la habladura es el medio informativo ms importante para los cubanos cuando se trata de sucesos internos.

Lo cierto es que los corresponsales de la prensa extranjera se mueven a placer por Cuba y cuentan, de la peor manera, muchas de las cosas que los medios del Gobierno cubano se callan. A menudo, la vox populi se alimenta de las crnicas de los corresponsales extranjeros, ya que Internet est cada vez ms al acceso de los cubanos y cubanas. Es un fenmeno curioso: la vox populi alimenta al corresponsal y, a su vez, el corresponsal alimenta la vox populi. As sucedi con la muerte, bajo investigacin de los cientficos cubanos, de una decena de cros en La Habana. La gente hizo correr el rumor desde el principio y, a los pocos das, el suceso llegaba a los medios de prensa espaoles... Granma tard dos semanas en publicar una escueta nota oficial, dos das antes del discurso del Comandante en Jefe por el 26 de julio, sobre todo para atenuar el dao que estaba causando el rumor, que culpaba injustamente a un medicamento. Posiblemente, un adecuado flujo informativo hacia la poblacin civil podra haber prevenido mucho mejor a las familias y a los servicios mdicos y se habra reaccionado mejor ante el problema. Preocupante, de verdad.

Unos das despus me acerqu a una farmacia y les dije a las trabajadoras cinco o seis, todas sentadas sin hacer nada en la trastienda- que si poda hablar con alguien, como periodista, acerca de cmo funciona y qu tal anda el suministro de medicamentos. Esto no es como tu pas, aqu no hay libertad de expresin, me espet la que pareca la responsable del establecimiento. Yo le expliqu someramente quin tiene en exclusiva eso de la libertad de expresin en mi pas, cuatro capitalistas sin escrpulos, que condenan a la inexistencia a todas las disidencias y a la censura y la prostitucin intelectual a sus explotados periodistas. Y me suelta la ta: S, pero en tu pas se accidenta un autobs y sale en todos los peridicos, y aqu te tienes que enterar por tu vecino. Yo le respond que precisamente a menudo son los sucesos casi lo nico de que informan los medios en Espaa, dejando de lado las cosas ms importantes. Cuando le puse el ejemplo de la huelga de Correos que silenciaran los medios no hace mucho tiempo, la seora esa ya no me escuchaba. Para hacerme callar, me dijo irnicamente: Pues mira, desde que tenemos los acuerdos con China, ya no hay ningn problema con los medicamentos. Me fui de ah algo ms preocupado: todas las compaeras de esa mujer, que haba hablado con tanta libertad, por cierto, parecan estar completamente de acuerdo con lo que deca y con su desdn hacia m.

Qu dao puede hacer a la Revolucin que se publiquen los sucesos? En Cuba pasan cosas, no es una sociedad perfecta. Los cubanos y las cubanas tienen cada da ms formacin acadmica y necesitan que sus peridicos les cuenten muchas de las cosas que pasan en el pas. Hace falta que los cubanos y las cubanas adquieran confianza en los medios y aprendan a desconfiar de la rumorologa. Entre otras cosas, porque sus medios tambin les tienen que contar mucho ms sobre lo que acontece en el mundo capitalista sin que los lectores desconfen y crean que se trata de propaganda. Cunde en exceso la infamia, reforzada por el papanatismo del turista occidental y por las sesgadas crnicas de su xito con que se adornan los emigrantes cubanos, de que la vida puede ser mejor en el capitalismo.

Ms de un cubano nos pidi, recin llegados, algn ejemplar de El Pas o de cualquiera de los medios de prensa que suelen ofrecer en el avin. No leemos esa bazofia, fue nuestra respuesta. Pero nos sorprendi la avidez con que nos lo solicitaban gentes que estn, cien por cien, con la Revolucin. Incluso nos han llegado a reclamar, miembros del Partido Comunista de Cuba, revistas del corazn! Cerca de un mercado agropecuario que frecuentbamos, un seor venda, a precios significativos para un sueldo cubano en moneda nacional, nmeros vetustos de Hola, Diez minutos y cosas por el estilo. Ms alarmante todava: un compaero nos inform, preocupado, que hay listillos que alquilan clandestinamente un descodificador que permite, por diez dlares al mes!, ver en casa dos horripilantes canales de Florida llenos de mierda. Y hay gente que gasta sus remesas en eso.

En Cuba hay excelentes profesionales de la comunicacin y del diseo. Y la maquetacin del Granma es la misma que hace treinta aos. El Estado cubano debera aprovechar tanto talento para ampliar y remozar sus medios de comunicacin de modo que contribuyan con mucho ms peso y confianza de la gente al frente de batalla de la cultura popular. Cerrarse en banda no evita las contaminaciones, cada da mayores. No se puede olvidar el interior. El pueblo que habita en la Cuba socialista no es lo unnime que quisiramos y la Revolucin tiene tambin, como no poda ser de otra manera, algo de trinchera interna frente a todo tipo de invasiones ideolgicas y culturales.

Por si fuera poco, se est desaprovechando el potencial regulador del periodismo. En la Cuba socialista, los medios son del Estado y del Partido, y eso es como debe ser. Pero deberan ser ms periodsticos, ms profesionales en el sentido de contar las cosas con una cierta independencia profesional y un estilo menos retrico, ms directo. Un periodismo de funcionarios pblicos encargados de averiguar qu pasa y contarlo bien, con lealtad a la Revolucin y generando confianza en el pblico para desengancharlo de la vox populi. Algunos de los mximos beneficiarios de la escasez de informacin interna son los negligentes y los corruptos, ya que se dificulta el escrutinio pblico de sus malas conductas y la correspondiente vergenza pblica por sus actos.

Es un gusto, por otro lado, ver la tele en Cuba no digamos or la radio, esa s que es una maravilla sin paliativos-. No tiene interrupciones publicitarias. Hay un uso pblico del medio que es un ejemplo para el mundo, como sucedi con la Mesa redonda diaria en el momento del cicln: el pas entero se coordin a travs de la televisin y los responsables de cada rea rindieron cuentas, uno por uno, ante la nacin en pleno de todas sus actuaciones. Sin embargo, al mismo tiempo sorprende que Cubavisin, la primera cadena, programe tantas pelculas gringas horrorosas pura propaganda enemiga-, series espaolas de psima calidad (ahora la estrella es Un paso adelante, de Antena Tres, de gran contenido social...) y culebrones como para echarse a temblar en estos das hay uno brasileo en candelero- a los que medio pas est enganchado. Se est cultivando un gusto televisivo standard; con canales educativos y todo, da la impresin de que la Revolucin no quiere plantar mucha cara en esta guerra. Una situacin curiosa: un jueves por la noche, en Cubavisin ponan una comedia facilona, inglesa con el concurso del archifamoso Hugh Grant, sobre cmo una mujer, cmica y gordita, resuelve, a pesar de todo, su vida en La Inglaterra capitalista (El diario de Bridget Jones). Al mismo tiempo, en el Canal Educativo 2, que surgi un poco para contrarrestar la mediocridad de la televisin masiva, echaban una importante (y muy entretenida) pelcula de Ken Loach, Sweet Sixteen, que precisamente muestra cmo en la realidad capitalista resulta casi imposible escapar de la marginacin social. Pero no slo era el canal minoritario, en competencia con una comedia intrascendente, divertida, ligera y muy conocida, es que, por si fuera poco, la copia estaba en un psimo estado y apenas se lean bien los subttulos. Estoy seguro de que yo fui de los pocos telespectadores en Cuba que se qued viendo la obra del comunista Loach con guin del fantstico Paul Laferty- hasta el final, seguramente porque entiendo algo el enrevesado ingls de Escocia.

Cuba tambin produce algunos espacios de ficcin, como una serie policial de factura local que triunfa en estos momentos. Pero, a decir de un buen amigo, la cosa ya no es lo que era. Se echa de menos el culebrn cubano, con una buena orientacin ideolgica y cultural, una tele que haga al pueblo cubano ms protagonista de sus propios relatos de ficcin con las cosas que les preocupan y los detalles de la vida cotidiana en la isla. La tele podra hacer rer y llorar naturalizando los apagones de luz y la inevitable escasez en la nacin sitiada, por ejemplo, y no la injusticia social en el Brasil decimonnico o el American way of life. Todo a coste mnimo, aprovechando el talento inmenso de sus jvenes cineastas, perfectamente capaces de producir en vdeo y a todo correr excelentes series de tv, no digamos cine. Un ejemplo de ello, la extraordinaria pelcula Viva Cuba, de Juan Carlos Cremata, estrenada simultneamente en doscientas salas de todo el pas. Como ya argument en el peridico cubano de Internet La jiribilla, este film gusta a todo el pblico cubano, independientemente de sus tendencias culturales o polticas, entre otras cosas porque hay una necesidad latente, cuyo origen se encuentra rpidamente en cualquier tratado mnimo de antropologa, de sentirse identificados con los relatos cinematogrficos en boga. La gente tiene ansia por verse reflejada en las pelculas, por sentir que el relato de sus vidas particulares est dentro del mundo, es normal, porque puede ser tambin escenario y argumento del cine. Y la carencia de esa creacin narrativa cubana para el pueblo deja la funcin antropolgica del relato de ficcin, que en el mundo moderno corresponde indiscutiblemente al arte cinematogrfico en todas sus vertientes, casi en exclusiva a producciones extranjeras, a menudo del enemigo gringo. Eso no puede sino generar sensacin de extraeza, de anormalidad, de estar en el mundo equivocado.

Slo una ancdota ms de este asunto de la batalla cultural. Est prohibido, no s bien por qu, ingresar magnetoscopios o reproductores de DVD en el pas. Sin embargo, es tal el nmero de aparatos que la gente posee que el Estado dispone de varios bancos de cintas de vdeo para prestar pelculas a los ciudadanos. Son pocos, y con las dificultades del transporte, estn lejos del acceso de mucha gente. As que en los barrios ms diversos de La Habana hay desde hace tiempo ya autnticos videoclubs clandestinos. Lo peor del asunto es la seleccin de pelculas que exhiben esos bancos de vdeo. Ms o menos, de Van Dam a Chuck Norris, pasando por Jackie Chang. Ese es un gusto cinematogrfico que se est formando entre muchos cubanos y cubanas, esa bazofia tiene abundante pblico, y luchar contra ello probablemnte no es una cuestin de simple represin, sino de tomar en serio el ofrecer seriamente una abundancia de alternativas flmicas y televisivas que contribuyan a la formacin masiva de un gusto ms cercano a los valores ticos y estticos de la Revolucin. Ah, esa batalla del gusto, de la produccin cultural. No basta con dar amplsima formacin universitaria de tal o cual especialidad, no basta la escuela generalizada, hay otra batalla en el campo de las ideas que, me atrevo a decir, puede ser importante para el futuro de la Revolucin.

4. De nuevo, un recordatorio.

Cuba no es un pas capitalista, de modo que puede tener, y tiene, un Gobierno que gobierna. En Espaa, el Gobierno puede, todo lo ms, influir, pero de ningn modo dirige los esfuerzos de la nacin, de eso se encarga ese ente ingobernable al que llamamos economa. En Cuba, sin embargo, el Gobierno s que puede decidir cules son las prioridades del esfuerzo de sus ciudadanos y ciudadanas. Lo mismo que puede equivocarse, tiene siempre la oportunidad de mejorar. De hecho, muchos de los problemas de Cuba tienen que ver con el empeo de su Gobierno en sostener un sistema econmico que tiene como prioridad la generalizacin de una vida digna para todos, toditos, todos los cubanos y cubanas sin distincin. En el contexto econmico mundial, eso es algo terriblemente ineficiente, insostenible, porque en el capitalismo los objetivos econmicos no tienen nada que ver con la resolucin de los problemas sociales, sino nicamente con la ley de la mxima ganancia empresarial. As, en casi todas partes menos en Cuba, que la gente viva mejor es un efecto colateral de la economa que se suele producir ms bien poco-, lo mismo que el empeoramiento de las condiciones de vida es un dao colateral que produce la economa con una frecuencia gigantesca, y con una intensidad mucho mayor de los que los seres humanos suelen ser capaces de soportar sin deshumanizarse-. Los gobiernos de los pases capitalistas no son, pues, responsables de los problemas y las crisis. La violencia, el precio de la vivienda o el desempleo, por ejemplo, son como los ciclones, son naturales, y no se puede culpar de ellos al Estado que, por otro lado, explica fcilmente su impotencia invocando el poder, que nadie dirige, de la economa, y lo menguado de los recursos pblicos para hacer nada realmente significativo.

La Revolucin cubana sigue adelante, con fuerza, en lo fundamental. Y creo que todas las cuestiones que he trado a colacin ms arriba no deben, bajo ningn concepto, ser un pretexto para el falso debate, irrelevante y capcioso, sobre si socialismo o capitalismo. Creo que la Revolucin y su mximo representante merecen todito el respeto y un respaldo absoluto en su prometeica misin. Bueno, en realidad, somos nosotros, la izquierda eternamente fracasada, los que andamos perdidos en la mugre del capitalismo, quienes necesitamos el apoyo de Cuba, su fuerza y su herosmo, su ejemplo y su belleza.



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