Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2014

El eterno dilema del sionismo liberal

Ran Greenstein
972mag

Traducido del ingls para Rebelin por J. M.


Durante ms de un siglo, los sionistas liberales han intentado conciliar el humanismo universal con el nacionalismo sionista. Una revisin de dos pensadores prominentes que fracasaron.

1.- El eterno dilema del sionismo liberal

Una y otra vez ha surgido en los ltimos meses la perspectiva de la muerte inminente del sionismo liberal, desde la inocua apologa de Ari Shavit a las discusiones ms sofisticadas de Jonathan Freedland en el New York Review of Books y Roger Cohen en el New York Times, culminando con el enfoque muy crtico de Antony Lerman , tambin en el Times .

Mientras que la guerra en Gaza cumpli un papel de sacudida, no es de ninguna manera un fenmeno nuevo. De hecho, ha sido una caracterstica de los debates en el movimiento sionista desde su creacin, lo que oblig a partidarios liberales a elegir, en los momentos de crisis, entre sus valores universales y lealtades a las polticas tnicas. Histricamente, dejar caer el componente liberal ha sido la respuesta ms comn a tal dilema, con slo unos pocos disidentes que optan por abandonar el sionismo.

Los argumentos principales utilizados en este tipo de debates poco han cambiado en los ltimos aos. Sera instructivo mirar un solo movimiento, como ejemplo del sionismo liberal en su tiempo. Brit Shalom, que funcion entre 1925 y 1933 y fue conocido por su defensa del binacionalismo, experiment tensiones entre sus amplios principios liberales y las estrechas demandas del proyecto sionista. Estas se recapitularon en particular en la obra de su fundador, Arthur Ruppin, conocido como "el padre de los asentamientos judos".Se debata entre sus aliados sionistas laboralistas, que conceptualizaron a Brit Shalom como "delirante" y sus colegas radicales que pedan un gobierno representativo en Palestina, en lnea con los valores democrticos universales pero en contra de los deseos de la direccin sionista.

Arthur Ruppin

Arthur Ruppin

Las preocupaciones de Ruppin, expresadas en sus diarios de finales de 1920 y principios de 1930, derivaban de los interese contradictorios de los rabes y los judos. Era imposible conciliar "la libre inmigracin y el desarrollo libre econmico y cultural para los judos" -las condiciones esenciales para el sionismo con los intereses de los residentes rabes de Palestina: "en cualquier lugar donde compramos tierra y la gente se asienta en ella, necesariamente requiere que los actuales agricultores queden excluidos del lugar, ya sean propietarios o inquilinos". Ms an, el principio del trabajo hebreo era "en concordancia con nuestros intereses nacionales", que "priva a los habitantes rabes de los salarios que solan percibir". Por lo tanto, se hizo imposible "convencer racionalmente a los rabes que nuestros intereses son compatibles". Dada la situacin, los rabes, como una mayora en el pas "se aprovechara de los derechos que les reconoce la Constitucin para impedir cualquier avance econmico de la minora juda", por lo tanto "acabaran con el movimiento sionista".

El dilema de Ruppin se intensific en los momentos de conflicto agudo, a continuacin de los disturbios de 1929. Violentos enfrentamientos entre visiones nacionalistas excluyentes lo llevaron a distanciarse de Brit Shalom y su bi nacionalismo. Su conclusin fue sombra: "hay que reconocer que en toda nuestra historia de las relaciones con los rabes no hemos hecho un esfuerzo por encontrar una frmula que satisfaga no slo a los intereses esenciales de los judos, sino tambin a los intereses esenciales de los rabes". Paradjicamente, esto significaba: " Lo que podemos conseguir (de los rabes)- nosotros no necesitamos, y lo que necesitamos - no podemos conseguir. A lo sumo, lo que los rabes estn dispuestos a darnos son los derechos de una minora nacional juda en un Estado rabe, similar a los derechos de las [minoras] nacionales de Europa del Este".

El problema de eso, continu, era que no se podan garantizar los derechos de las minoras:

El destino de la minora juda en Palestina depender para siempre de la buena voluntad de la mayora rabe que sustenta el poder. Tal acuerdo definitivamente no va a satisfacer a los judos de Europa del Este que son la mayora de los sionistas; por el contrario, esto disminuira su entusiasmo por el sionismo y por Palestina. Un sionismo dispuesto a llegar a un acuerdo de este tipo con los rabes [quedando los judos en minora permanente en el pas] perder el apoyo de los judos de Europa del Este y pronto se convertira ensionismo sin sionistas.

Qu se podra hacer entonces? En opinin de Ruppin, utilizando un lenguaje que se hace eco de todo el camino hasta el presente:

En la actualidad ninguna negociacin con los rabe permitir avances, ya que los rabes todava esperan ser capaces de deshacerse de nosotros... no es negociacin, pero el desarrollo de Palestina para aumentar nuestro cupo de poblacin, y para fortalecer nuestro poder econmico, podra conducir a la reduccin de las tensiones. Llegado el momento y cuando los rabes se den cuenta de que no estn en condiciones de concedernos lo que necesitamos, debern reconocer la realidad tal como es, el peso de los hechos sobre el terreno dar lugar a la reduccin de las tensiones... Puede ser una verdad amarga, pero es la verdad.

Las palabras de Ruppin de 1936 ilustran la lgica de imponer "hechos sobre el terreno" y la construccin de un "Muro de hierro" (en palabras infames de Jabotinsky) para disuadir a la oposicin rabe, una lgica que contina dando forma a la poltica de Israel en la actualidad. Pero, es importante tener en cuenta que no todos los activistas liberales se movieron en la misma direccin. Un ejemplo contrario es el de Hans Kohn, quien rompi con el movimiento sionista y eventualmente dej Brit Shalom tras el levantamiento de 1929.

Kohn identificaba el sionismo como un "movimiento moral y espiritual" compatible con su posicin pacifista y antiimperialista. Se le hizo cada vez ms difcil mantener este enfoque junto a la lnea sionista oficial. Los rabes llevaron a cabo los levantamientos de 1929, segn cont en su correspondencia privada, que "perpetraron todos los actos de barbariecaractersticos de una revuelta colonial". Pero fueron motivados por una causa profunda:

Hemos estado en Palestina durante 12 aos [desde la Declaracin de Balfour de 1917] sin hacer siquiera una vez un intento serio de la bsqueda del consentimiento a travs de negociaciones con los pueblos originarios. Hemos confiado exclusivamente en la fuerza militar de Gran Bretaa. Nos hemos fijado metas que, por su propia naturaleza, tenan que llevar a un conflicto con los rabes. Deberamos haber reconocido que estos objetivos seran la causa, la causa justa, de un levantamiento nacional contra nosotros.

Esta actitud signific que: "durante 12 aos hemos pretendido que los rabes no existan y nos alegrbamos cuando no recordbamos su existencia. Sin el consentimiento de los rabes locales, la existencia juda en Palestina podra llegar a ser posible slo "en primer lugar con la ayuda britnica y despus con la ayuda de nuestras bayonetas... Pero para ese momento no vamos a ser capaces de ser sin las bayonetas. Los medios han determinado los objetivos. La Palestina juda ya no tendr nada del Sin al que me un".

La principal preocupacin de Kohn fue el desarrollo del sionismo en "el ala militante-reaccionaria del judasmo". Kohn senta que sus colegas no estaban dispuestos a dar un decisivo paso congruente con sus valores que los llevaran lejos de las prcticas sionistas,como la "inconmensurable barbarie" de desalojar a los inquilinos de sus tierras, dirigido por gente como Ruppin. En su lugar, Brit Shalom haba formulado propuestas de paz nobles desconectadas de la realidad concreta y omita los verdaderos problemas. Esto "envuelto en s mismo en una nube de ingenuidad" sin impacto pblico. Bajo estas circunstancias, Kohn no vio ninguna razn para continuar su pertenencia al movimiento.

Ruppin y Kohn ofrecen soluciones opuestas al mismo dilema: la dificultad de conciliar elhumanismo universal con el nacionalismo sionista. Cuando estall la crisis, Ruppin eligi el nacionalismo mientras Kohn eligi universalismo. Otros activistas liberales seguan creyendo que no haba contradiccin inherente entre los dos conjuntos de principios, pero su impacto disminuy. A pesar de que formularon una alternativa conceptual slida orientada a ser incorporada a la corriente principal del sionismo, no pudieron ir ms all de limitados crculos intelectuales judos y no ganaron apoyo rabe alguno. Por qu? Se pueden sugerir algunas razones:

Antes de 1948, los liberales sionistas trabajaron en el segmento del pueblo judo menos dispuesto a apoyar la integracin. Los judos felices de convivir con los no judos como igualeso desinteresados de la soberana poltica, se quedaron en sus pases de origen o se trasladaron a otros destinos que les permitieron larga y prspera vida sin preocuparse de la poltica y el nacionalismo, como los EE.UU. o Argentina. Por razones prcticas, el enfoque sionista liberal en Palestina fue socavado an ms por la ausencia de una fuerza equivalente en la poblacin rabe. Muchos judos consideraron que era como ofrecer concesiones unilaterales que no fueron correspondidas y por lo tanto intiles.

Entonces, por qu no se correspondi? El liderazgo rabe palestino rechaz los compromisos ofrecidos por los sionistas liberales ya que tema que cualquier concesin a la legitimidad de la presencia poltica juda en el pas socavara su propia posicin de negociacin sin poner freno al avance expansivo del proyecto de asentamientos judos. Esto era una realidad, ya que los liberales eran una minora en la comunidad juda. Los posibles acuerdos con ellos no eran vinculantes para las fuerzas dominantes en el movimiento sionista, que continu con su propia agenda.

Adems, no era ms mortfero para la iniciativa de los judos que hacer concesiones que el sentido de la hostilidad rabe continuara sin disminuir, independientemente de los compromisos polticos. En particular, los ataques armados contra comunidades integradas locales, como ocurri en 1929 en Hebrn y Safed, reforzaron la solidaridad juda interna, socav la disidencia, y cre un ambiente militante y militarista que hizo que la perspectiva de dilogos polticos fructferos fueran cada vez ms remotas.

Tal vez y lo ms crucial, en retrospectiva, fue que las respuestas de un lado moldearon las respuestas de la otra parte. Los nacionalistas pudieron embarcarse unilateralmente en su propio curso de accin, pero los liberales no pudieron. Los potenciales socios rabes respondieron no slo a los que los liberales sionistas dijeron o hicieron, sino que tambin - tal vez sobre todo - a lo que las fuerzas principales en el lado judo dijeron e hicieron. Esto reforz la desventaja estructural de los liberales: colaboraron las tendencias dominantes en ambos campos nacionalistas, por as decirlo, en la polarizacin creciente de los partcipes del conflicto. Esto benefici a los que, en cada parte, instaban a la accin unilateral y debilit a los que abogaban por la consideracin mutua.

2.- Las numerosas negaciones del sionismo liberal

Desde sus orgenes hasta hoy, el sionismo liberal ha sido incapaz de integrar las polticas israeles de despojo y control militar con la imagen de un Estado democrtico. Es slo una cuestin de semntica o es inherente a la ideologa? La segunda parte del anlisis de Ran Greenstein.

Como se discuti en la primera parte de este artculo, los sionistas liberales como Arthur Ruppin y Hans Kohn respondieron de maneras divergentes al reto de conciliar los valores universales amplios con los estrechos objetivos sionistas. Lo que ellos comparten con otros activistas e intelectuales, sin embargo, fue la realizacin plena de los costos involucrados en sus elecciones. Este no es el caso para la mayora de los actuales liberales israeles, que toman el periodo posterior a 1948 y el Nakba como realidades en el terreno, como el punto de partida para mirar el conflicto palestino-israel.

Una forma de ver los dilemas que enfrenta el sionismo liberal hoy es a travs de la nocin de la negacin, o la negativa a reconocer el contexto histrico, que contina dando forma a nuestra escena poltica. Este contexto refleja procesos a largo plazo y puede ser degradado por las fechas clave con la que se asocian estos procesos. En cada caso se construy sobre las tendencias existentes para poner en marcha una nueva ronda de la evolucin que dio forma al perodo posterior. Veamos cada uno de ellos y discutimos sus implicaciones.

Un grupo de israeles participa en una protesta pidiendo negociaciones de paz entre Israel y Palestina, Tel Aviv, el 16 de agosto de 2014. Miles de manifestantes se reunieron el sbado en una manifestacin a favor de la paz bajo el lema "Cambio de direccin: hacia la paz, lejos de la guerra (Foto: Activestills)

La negacin de 1917

Este fue el ao de la Declaracin Balfour, que asegur el apoyo britnico a la bsqueda del movimiento sionista para establecer "un hogar nacional para el pueblo judo" en Palestina, basado en el entendimiento de que "no se har nada que pueda perjudicar los derechos civiles y derechos religiosos de las comunidades no judas existentes" en el pas. Se puso en marcha un proceso de inmigracin masiva de judos al pas y la reconstruccin de la comunidad juda como una entidad poltica independiente, en su camino hacia la condicin de Estado independiente. Tambin dio lugar a la formacin de un movimiento nacional palestino-rabe, que se opuso a la inmigracin y la adquisicin de tierras por parte de judos y exigi un gobierno democrtico basado en el control de la mayora. El creciente conflicto entre estas fuerzas mutuamente excluyentes condujo a la guerra de 1947 a 1948, la Nakba y la creacin del Estado de Israel.

Los sionistas liberales niegan que la Declaracin Balfour fuera ilegtima desde la perspectiva de los residentes rabes del pas, hasta entonces la mayora indiscutida de la poblacin. Los britnicos subordinaron su perspectiva de la independencia a la de un nuevo grupo de inmigrantes y facilitaron la creacin de una zona de exclusin social y econmica en constante crecimiento, que estaba prohibida para todos los palestinos (como los derechos inherentes de los residentes, empleados y arrendatarios). Su respuesta natural fue de resistencia. Es difcil pensar en un nico grupo de indgenas en la historia que reaccionaran de manera diferente a una situacin similar. Sin embargo, a la visin sionista liberal le resulta imposible contemplar esta realidad bsica, ya que planteara preguntas acerca de los asentamientos, la colonizacin y el despojo, y los derechos de los originarios, que no pueden ser respondidas fcilmente dentro de su paradigma.

La negacin de 1947

La resolucin de las Naciones Unidas de la particin de Palestina en estados, rabe y judo, fue apoyada por el movimiento sionista y la mayora de los judos y rechazada por la mayora de los rabes (en Palestina y en otros lugares). Una de las creencias fundamentales del sionismo liberal es que estas actitudes reflejan la lgica del compromiso, que fue adoptado por el sionismo histricamente, pero fue abandonada despus de 1967 y en la actualidad necesita restaurarse. Por el contrario, los rabes adoptaron una posicin de rechazo que min sus posibilidades de obtener la independencia entonces y desde entonces.

De qu manera esta forma de ver las cosas en 1947 equivale a una denegacin? Vista desde la perspectiva del tiempo, la resolucin de particin era desigual. Se concedi un territorio a la comunidad juda que no posea y se tom el territorio de la comunidad rabe que posea. Se esperaba que 10.000 judos el 1,6% del total de los judos- vivieran como una minora en la zona asignada al Estado rabe mientras que en la parte juda habitaban 400.000 rabes, o sea el 33% del total de la poblacin. A los judos se les asign el 56% del territorio mientras a los rabes, dos tercios de la poblacin, se les asign slo el 44%.

Ms all de los detalles especficos de la resolucin, que dio un sello de aprobacin a un proceso que haba visto a los palestinos perder su dominacin demogrfica y territorial de forma abrumadora, incapaces de bloquear el rpido crecimiento de la comunidad juda organizada y marginados en su propia patria. Rechazar la particin no condujo a un resultado positivo para ellos, pero no pudieron ponerse de acuerdo rescatar grandes porciones de su pas, entregado a un grupo de personas a quienes consideraban como invitados no deseados, la mayora de los cuales haban estado all por menos de una generacin. Que el principal lder de la comunidad juda en el momento haba construido su carrera en la oposicin a compartir la tierra, el empleo y la residencia con los rabes locales, no ayuda a construir la confianza en un futuro bajo la dominacin juda o al lado de un estado judo en expansin.

Un judo ultraortodoxo camina en la aldea palestina despoblada de Lifta, situada a las afueras de Jerusaln Occidental, Israel, el 4 de marzo de 2014. Durante la Nakba, los residentes de Lifta huyeron de los ataques de las milicias sionistas a partir de diciembre de 1947, que tuvo como resultado la evacuacin completa de la aldea en febrero de 1948 (Foto: Ryan Rodrick Beiler / Activestills.org)

La Nakba que sigui a la resolucin de particin era, en cierto sentido, una profeca autocumplida. La limpieza tnica fue tanto un resultado de las acciones de las fuerzas sionistas que pusieron en marcha los planes para la creacin de un territorio judo defendible contiguo, como a las reacciones de los palestinos, a veces anticipatorias, a la violenta expulsin huyendo de las fuerzas militares que avanzaban. El punto crucial es que independientemente de las circunstancias de su salida o su participacin en los eventos (como militantes o residentes pacficos que fueron expulsados de forma pasiva o activamente huyeron de sus hogares), a todos los que se convirtieron en refugiados en 1947/48 se les neg el reingreso en el nuevo Estado de Israel. El resultado fue ms que el desplazamiento de gran nmero de personas, tambin la destruccin de toda una sociedad.

El paradigma sionista liberal puede digerir estos eventos slo como el resultado trgico y, en ltima instancia, de la bsqueda de la autodeterminacin nacional juda. Sin embargo, que esa bsqueda haya transformado el conflicto en una lucha por la liberacin de un pueblo y sus derechos, por siempre marcado por el imperativo de corregir el "pecado original" de la desposesin, no lo pueden considerar. Ms bien, no insistiremos en vivir en el pasado, sigamos adelante con nuestras vidas y esperemos el "sndrome del salmn", usando terrible frase de Ehud Barak, para defenestrarlos.

La negacin de 1967

Es slo con la guerra de 1967 y sus secuelas que el sionismo liberal realmente entr en su propia contradiccin. Merece el crdito de haberse opuesto a la ocupacin, los asentamientos y la anexin que se vienen dando desde hace dcadas. Es justo entonces cargar con la negacin? La respuesta es s y veamos por qu.

La postura liberal contra la ocupacin sufre de su negativa de considerar el contexto histrico de 1967, al ver la guerra como una aberracin, una fuerza disruptiva que cambi la democracia poco igualitaria de Israel en un Estado opresivo de derechas dominado por los colonos mesinicos. De este cuadro desaparece la realidad de que antes de 1967 Israel era un Estado opresor que exclua a quienes estaban al margen de la corriente principal: los refugiados palestinos cuya presencia fsica y poltica fue negada; los ciudadanos palestinos que estaban presentes fsicamente, estaban ausentes de la ciudadana de pleno derecho; estaban bajo rgimen militar y de la expropiacin masiva de sus tierras; tambin desaparecen los judos orientales que recibieron los derechos polticos pero se los mantuvo social y culturalmente marginados.

El ministro de Defensa israel Moshe Dayan, el jefe del Estado Mayor Yitzhak Rabin, el general Rehavam Zeevi (derecha) y el general Uzi Narkis caminan por la Ciudad Vieja de Jerusaln el 7 de junio de 1967, durante la Guerra de los Seis Das. (Foto por GPO / Ilan Bruner)

Las prcticas de exclusin desarrolladas en el perodo previo a la guerra de 1967 (en algunos casoslos mtodos secretos de la adquisicin de tierras y el despojo,an en el perodo pre-48), se extendieron a los territorios ocupados con algunas modificaciones importantes. La limpieza tnica y la destruccin masiva de aldeas en 1948 no se repitieron en la misma escala en 1967 (aunque unas 300.000 personashuyeron o fueron expulsadas ​​de los territorios recin ocupados a los pases vecinos, muchas de ellas ya refugiadas de 1948). A los residentes de los territorios se les permita trabajar en Israel, pero se les negaron los derechos civiles y polticos. La tierra fue confiscada (y se sigue confiscando) pero a una escala ms pequea que las expropiaciones a los ciudadanos palestinos en la era post-48 de Israel.

El sistema de control resultante es nico. Sin embargo, muestra muchas semejanzas familiares a otras prcticas israeles opresivas que se aplicaron -en diversos grados- a diferentes grupos de palestinos. Es el rechazo del sionismo liberal a ver la continuidad de esas prcticas, as como los vnculos que se forman dentro de la lgica comn de la exclusin, lo que constituye la negacin. Una lucha contra la ocupacin, que la considera una mera disputa territorial, y se niega a considerar sus fundamentos ideolgicos e histricos -lo que Meron Benvenisti refiere como el "cdigo gentico" de la colonizacin sionista- est condenada al fracaso.

La negacin de 1987

Y sin embargo hubo un perodo de tiempo en el que el sionismo liberal pareca estar ganando. Con la Primera Intifada de 1987 y los procesos que facilit y que culmin con los acuerdos de Oslo de 1993, el conocimiento de la ocupacin y el apoyo a su terminacin se encontraban en su punto ms alto. Era slo una cuestin de tiempo para que se completara el proceso de retirada de Israel, algo en lo que creyeron muchos liberales y que llegara la genuina solucin de dos Estados.

Soldados israeles registran a un palestino en un puesto de control del ejrcito israel. (Foto: Rompiendo el silencio)

Como aprendimos en los aos siguientes, esta expectativa generalizada no se materializ. En lugar de llegar a su fin, la ocupacin fue tomando cuerpo directa o indirectamente en el Gobierno, transfiriendo la responsabilidad al bienestar de sus sbditos y excluyendo an ms a los palestinos de toda participacin en los derechos y los recursos asociados a la ciudadana. Mientras Israel afianzaba su control sobre el territorio y los recursos materiales (terrenos agrcolas y residenciales, el agua y as sucesivamente), la Palestina ocupada se enfrent ms que nunca a restricciones ms graves a su movimiento, a su organizacin poltica y a su capacidad de manejar sus vidas.

Lo que fue presentado hasta entonces como un Gobierno militar temporal por razones de seguridad, se ha endurecido en un modo de gobierno que combina la incorporacin permanente de la tierra y los recursos para uso de las autoridades militares y civiles, provisiones exclusivamente para los colonos judos, con la exclusin permanente de los residentes indgenas como ciudadanos portadores de derechos. En otras palabras, un sistema anlogo al apartheid que consagra radicalmente diferentes niveles de acceso a los derechos y recursos basados ​​en distinciones tnicas y religiosas.

Como era de esperar, la respuesta de los sionistas liberales se ha caracterizado, una vez ms, por la negacin. En lugar de entender las nuevas realidades y desarrollar estrategias adecuadas que tengan en cuenta los cambios en los modos de gobierno, los patrones de asentamiento y las condiciones demogrficas continan recitandor en vano el mantra de la separacin de los judos y rabes en sus propios estados.

Un activista pone una bandera palestina en el muro de separacin frente al asentamiento de Modi'in Illit (Foto: Anne Paq / Activestills.org)

El hecho de que el conflicto ya no pueda verse con un mero carcter territorial (si es que alguna vez fue as) no hace ninguna diferencia notable. Todos los cambios se difieren eternamente a un futuro indeterminado, cuando los judos se conviertan en una minora (como si el dominio del 51% de la poblacin sobre el otro 49% fuera ms legtimo que al revs), cuando Israel tenga que elegir entre su aspecto "democrtico" el "judo" (como si gobernar durante medio siglo sobre millones de personas a quienes se niegan los derechos polticos no hubieran decidido el asunto ya), cuando la perspectiva de una solucin de dos Estados ya no es viable (como si los 20 aos de diplomacia ftil, durante los cuales se consolid la ocupacin no fueran suficientes), cuando la oportunidad de una solucin negociada est cerrada (como si fuera que an est disponible).

Cul es la esencia, entonces, de la negacin del sionismo liberal? Es el rechazo a reconocer cualquier cosa que diferencie el conflicto palestino-israel de los conflictos territoriales "normales": los orgenes coloniales del asentamiento inicial, el despojo de 1948, la lgica histrica de la exclusin, el carcter permanente de la ocupacin "temporal". Mientras nuestros publicitados sionistas liberales continen ignorando estos cimientos del conflicto, sus fingidas llamadas angustiadas a un cambio de poltica en el terreno moral permanecern poco ms que retrica vaca.

Ran Greenstein es profesor asociado en la Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo. Su libro Zionism and its Discontents: A Century of Radical Dissent in Israel/Palestine ser publicado por Pluto Press, Reino Unido, en octubre de 2014.

Fuente Primera parte: http://972mag.com/the-perennial-dilemma-of-liberal-zionism/97076/

Segunda parte: http://972mag.com/the-many-denials-of-liberal-zionism/97393/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter