Portada :: Iraq :: El Imperio recurre al Califato: el Estado Islmico
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2014

El dilema de los dirigentes de Iraq

Salah Nasrawi
Al Ahram Weekly

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Cuando Haidar Al-Abadi fue nombrado en agosto primer ministro de Iraq, las potencias occidentales, los vecinos de Iraq y las Naciones Unidas alabaron su nombramiento considerndolo un paso prometedor en los esfuerzos para formar un gobierno de unidad que trabajara para salvar a Iraq de una inminente guerra civil.

El Presidente Barack Obama de EEUU elogi la visin poltica de Al-Abadi y su talante integrador, saludndole como la persona adecuada para dirigir Iraq mientras el pas se enfrenta a la enorme amenaza del grupo del Estado Islmico (EI), que se ha apoderado de casi una tercera parte del territorio iraqu y que se encuentra ya en las inmediaciones de Bagdad.

Muchos de los autoproclamados expertos en Iraq de los medios de comunicacin occidentales se unieron al coro, atizando la excitacin por el nombramiento de Al-Abadi. Le vean como el hombre que iba a poder dar la vuelta a las fallidas polticas de su predecesor Nuri Al-Maliki, a cuyo modelo de gobierno, profundamente autoritario y sectario, se culpabiliza en gran medida de la crisis en Iraq.

Muchos iraques tambin confiaban en que Al-Abadi, formado en Gran Bretaa y que tiene un doctorado en ingeniera electrnica, sera capaz de lograr alguna mejora en la suerte de Iraq.

En su programa de gobierno, Al-Abadi prometa llevar a cabo los cambios necesarios, pero la pregunta que se plantea es si va a poder realizarlos.

Al-Abadi cometi un error poltico garrafal la semana pasada en su primera aparicin en la escena internacional, cuando durante su visita a Nueva York para asistir a la Asamblea General de la ONU dijo a los periodistas que tena informes exactos de los planes del EI para atacar los servicios del metro en EEUU y Pars.

Afirm que haba un grupo de militantes de nacionalidad estadounidense y francesa que estaba bajo vigilancia iraqu.

Los altos funcionarios estadounidenses y franceses, que hubieran esperado recibir de antemano tan importante informacin a travs de canales oficiales dijeron que no haba pruebas que respaldaran las afirmaciones de Al-Abadi. Para mayor bochorno, los medios internacionales se dieron prisa en burlarse de l alegando que estaba fuera de la realidad o que era innecesariamente alarmista.

En otros casos, esa declaracin se habra considerado simplemente una infraccin de la etiqueta por parte de un poltico que acaba de llegar al poder y que intenta atraer la atencin mundial durante un importante acontecimiento internacional. Sin embargo, la torpeza diplomtica de Al-Abadi revel tambin una falta de profesionalidad en un momento crtico y en un lugar especial.

La metedura de pata ha puesto bajo los focos el sentido del discernimiento y las cualidades de liderazgo de Al-Abadi en un momento en que la comunidad internacional est poniendo sus esperanzas en l para ver si demuestra tener el liderazgo necesario para resolver la prolongada crisis de poder y el conflicto etnosectario.

Menos de un mes es apenas tiempo suficiente para poder hacer una valoracin completa de la capacidad de gobierno de Al-Abadi, pero puede ciertamente funcionar como diagnstico, de modo especial cuando se enmarca en la mnima experiencia poltica del nuevo primer ministro.

Al-Abadi es un lder inexperimentado que carece de la fortaleza poltica para abordar con eficacia los complicados problemas de forma convincente y para mltiples audiencias, con sus diversos intereses y puntos de vista.

Con Iraq en un punto de inflexin crucial, la cuestin clave ahora es si Al-Abadi puede aumentar sus expectativas y proporcionar el necesario liderazgo. Si no, tendr que asumir la responsabilidad por el fracaso de su gobierno y finalmente por la ruptura de Iraq.

Al-Abadi parece sentirse desalentado ante las tareas a afrontar, sobre todo a la hora de cumplir al menos con una parte de las expectativas: librar a Iraq del legado de sectarismo, autoritarismo, ineficacia, corrupcin desenfrenada y esclertico sistema poltico de Al-Maliki.

Uno de los mayores desafos de Al-Abadi es la guerra contra el EI. La campaa de ataques areos lanzada por la coalicin internacional dirigida por EEUU puede tener el potencial necesario para afectar al grupo terrorista y limitar su capacidad para nuevos avances, pero no de destruir la organizacin.

Los ataques areos constituyen una guerra asimtrica, y no se espera que los capitostes de EEUU se aventuren en una guerra que podra revelar debilidades y vulnerabilidades a adversarios dispuestos a utilizar esos ataques.

Por tanto, la estrategia militar de la coalicin se basa en encargar a las fuerzas de seguridad iraques que derroten al EI luchando sobre el terreno. Eso es algo que Al-Abadi debe emprender en su capacidad de comandante en jefe de las fuerzas armadas de Iraq.

El grupo parece haber ampliado sus efectivos a decenas de miles de hombres desde los sorprendentes ataques que llev a cabo en junio, y se ha reorganizado y cambiado sus tcticas y estrategias de modo asombroso. Una de las tcticas notables que ha adoptado es compensar su debilidad frente a la poderosa fuerza area de Iraq redistribuyndose por zonas residenciales.

En suma, aunque el bombardeo de la coalicin puede haber ralentizado los avances del grupo, no ha disminuido hasta ahora su capacidad para operar en mltiples frentes en Iraq. En efecto, el EI, que est apoyado por grupos locales sunnes y los leales al ex presidente iraqu Sadam Husein, est a la ofensiva en muchas partes del centro de Iraq, sobre todo en la periferia de Bagdad.

Una mirada ms estrecha sobre la crisis iraqu muestra que, en el cinturn que rodea Bagdad. hay bolsas que el grupo mantiene y que ha utilizado para romper las lneas de las fuerzas iraques de seguridad y amenazar a la capital.

El mes pasado, el grupo lanz dos ataques importantes en el norte y oeste de Bagdad, enfrentndose con las fuerzas de seguridad y las milicias chies en muchas posiciones. Los informes sugeran que el grupo haba utilizado gas cloro en algunas reas cercanas a Bagdad, aadiendo una nueva dinmica a la guerra contra las fuerzas iraques.

El grupo ha estado a la ofensiva en muchas zonas de Bagdad. La pasada semana, los militantes asediaron a las tropas iraques estacionadas al oeste de Bagdad durante cuatro das antes de sobrepasar sus barricadas y matar a unos 300. Tambin se apropiaron de equipamiento, armas y vehculos militares, incluidos tanques.

Los coches-bomba y las explosiones en las carreteras han continuado producindose en Bagdad en las ltimas semanas. El 18 de septiembre, los militantes del EI atacaron una prisin controlada por la inteligencia del ejrcito, demostrando su capacidad para romper sistemas pesados de seguridad. Las explosiones en las barriadas chies persiguen desafiar a las milicias chies que toman parte en los combates contra el grupo.

Con todo, Iraq no parece tener un enfoque militar capaz de derrotar al EI sobre el terreno, y se duda de la capacidad de Al-Abadi para poner en marcha una estrategia viable hasta que empiece la rehabilitacin general de las fuerzas de seguridad iraques.

Los analistas estn de acuerdo en que el ejrcito iraqu est en una situacin desastrosa, y para combatir agresivamente al EI se necesita un ejrcito bien entrenado y armado.

Esto va a necesitar de un lder de alto nivel ayudado por asesores y personal profesional elegidos sobre todo por su competencia y experiencia y no por sus antecedentes sectarios o lealtades personales.

Al-Abadi tiene an que mostrar que puede cambiar a fondo la forma en que su predecesor diriga las fuerzas de seguridad, que se haban convertido en instituciones desmoralizadas y corruptas.

En el frente poltico, tambin persiste la confusin, se esperaba que Al-Abadi formara un gobierno de unidad nacional que se encargara de la reconciliacin, especialmente para ganarse a los lderes comunitarios sunnes, alienados por el enfoque sectario del gobierno de Al-Maliki.

Tambin se esperaba que el gobierno de Al-Abadi acabe con los desacuerdos con los kurdos respecto a compartir el poder y los recursos nacionales.

Sin embargo, el nuevo gobierno est lejos de ser inclusivo. En muchos aspectos se parece an bastante a los gobiernos que se formaron tras la invasin estadounidense de 2003 que uni a las oligarquas etno-sectarias de las tres principales comunidades, chies, sunnes y kurdos, mientras exclua a las extensas elites nacionalistas laicas.

Washington ha promovido la idea de incluir a los sunnes en las tareas policiales de sus reas creando la Guardia Nacional Provincial, que era una de las condiciones para que EEUU incrementara su ayuda militar.

Sin embargo, hasta ahora, Al-Abadi no ha dado pasos concretos para formar esas unidades, y los polticos chies han propuesto la idea de reclutar a milicias chies como equivalentes. Al-Abadi no tiene an ministro de defensa o de interior debido a las disputas entre parlamentarios sunnes y chies.

Mientras tanto, los ministros kurdos no se han unido al gabinete a la espera de que se resuelvan las disputas respecto al presupuesto estatal, los ingresos del petrleo, el estatuto de las fuerzas kurdas de los Peshmerga y el futuro de los territorios de los que se han apoderado los kurdos durante la contienda con el EI.

Al-Abadi tiene tambin problemas con sus compaeros chies. En los ltimos das muchos chies han declarado estar desconcertados por los compromisos de Al-Abadi en la lucha contra el EI, incluyendo su decisin de parar los ataques areos contra los baluartes de los insurgentes dentro de las ciudades.

Estos chies creen que la agenda de seguridad del primer ministro sigue estando al servicio de las condiciones previas que impone EEUU.

Uno de los principales problemas que los iraques esperan que Al-Abadi aborde es la corrupcin. Ha prometido no guardar silencio respecto a este problema pero se confa poco en que realmente ponga en marcha las medidas necesarias para erradicarla.

El gabinete de Al-Abadi incluye a algunos pesos pesados chies de los que se esperan presiones para participar en la toma de decisiones. Es improbable que pueda mostrar fortaleza para mantener una postura firme ante ellos si no despliega mejores habilidades y cualidades de liderazgo.

Los dirigentes del Iraq post-Sadam han sido objeto de crticas por despilfarrar las oportunidades de reconstruir Iraq como Estado estable y democrtico. En el pasado, han demostrado ser incapaces de adoptar medidas audaces e innovadoras. Lamentablemente, las mismas elites corruptas y avariciosas empoderadas por la invasin dirigida por EEUU ocupan ahora los escaos del poder en Bagdad y estn ms que dispuestas a cometer los mismos errores que sus predecesoras.

Al-Abadi no es la excepcin. La forma en que los estadounidenses y otros aliados han estado animando su ego ha sido una forma de excusarse de la responsabilidad del anticipado fracaso de la campaa contra el EI, permitindoles culpar de ello a Al-Abadi.

Ante tan compleja situacin, lo que Iraq necesita son lderes con capacidad de regeneracin, con visin estratgica, coraje, integridad y habilidades para construir consenso e introducir una nueva serie de iniciativas polticas que transformen la forma de dirigir el pas y no hacerlo como si fuera un conglomerado de feudos.

Sin esas medidas, Iraq no sobrevivir a los fracasos de sus dirigentes. No har sino retroceder hasta poner fin a su vida como Estado unitario y todo porque los lderes que se suben al carro del poder reconocen los desafos a los que se enfrentan, pero no estn dispuestos o son incapaces de hacer lo necesario para superarlos.

Salah Nasrawi es un periodista y escritor iraqu.

Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/News/7406/19/Iraqs-leadership-quandary.aspx

 



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