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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2014

Por qu fracasan los esfuerzos de EE.UU. por crear ejrcitos extranjeros
Inversiones en ejrcitos de pacotilla

William J. Astore
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


En junio, decenas de miles de miembros de las Fuerzas de Seguridad Iraques en la provincia Nineveh al norte de Bagdad colapsaron ante ataques de los combatientes de Estado Islmico (EI o ISIS), abandonando cuatro importantes ciudades a ese movimiento extremista. El colapso fue destacado en los medios de EE.UU., pero no se public gran cosa respecto a un anlisis constante del papel estadounidense. Hablando francamente, cuando enfrentaron a EI y su banda de irregulares, militares supuestamente profesionales, entrenados y armados por EE.UU., descartaron sus armas y equipamiento, se sacaron sus uniformes, y volvieron a desaparecer en la multitud. Lo que esa conducta no podra haber hecho ms claro fue que los esfuerzos estadounidenses por crear un nuevo ejrcito iraqu, tan cacareados y financiados con unos 25.000 millones de dlares durante los 10 aos de la ocupacin estadounidense (60.000 millones si se incluyen otros costes de reconstruccin) haban fracasado miserablemente.

Aunque existen anlisis razonables de los factores detrs de ese colapso, falta una investigacin de por qu los esfuerzos de EE.UU. por crear un ejrcito iraqu viable (y, por extensin, fuerzas viables de seguridad en Afganistn) se derrumbaron con tanta facilidad. Una pequea leccin de historia es necesaria para comprender lo que sucedi realmente. Hay que comenzar en mayo de 2003 con la decisin de L. Paul Bremer III, el procnsul de EE.UU. en Iraq ocupado y jefe de la Autoridad Provisional de la Coalicin (CPA), de desbandar a las aguerridas fuerzas armadas iraques. El gobierno de Bush consider que estaban demasiado influenciadas por Sadam Hussein y su Partido Baaz como para ser una fuerza fiable.

En su lugar, Bremer y su equipo se propusieron crear de la nada nuevas fuerzas armadas iraques. Segn el periodista Tom Ricks del Washington Post en su best seller Fiasco, esas fuerzas fueron inicialmente concebidas como una pequea fuerza policial de 30.000-40.000 hombres (sin ninguna fuerza area, o ms bien con respaldo de la Fuerza Area de EE.UU. en un pas que los funcionarios estadounidenses esperaban guarnecer con tropas durante dcadas). Su principal tarea sera asegurar las fronteras del pas sin plantear una amenaza a los vecinos de Iraq o, habra que agregar, a los intereses de EE.UU.

La decisin de Bremer lanz a las calles de sus ciudades, desocupados, a 400.000 iraques con entrenamiento militar, incluyendo todo un cuerpo de oficiales. Era una frmula para crear una insurgencia. Humillados y amargados, algunos de esos hombres se sumaron posteriormente a varios grupos de resistencia que operaban contra los militares estadounidenses. Ms que unos pocos de ellos se unieron a las filas del EI, incluyendo a los mximos niveles de su dirigencia. (El ms notorio de estos es Izzat Ibrahim al-Douri, un ex general en el ejrcito de Sadam quien fue incluido como rey de bastos en la baraja del gobierno de Bush junto a las personalidades ms buscadas de Iraq. Ahora se informa que Al-Douri ayuda a coordinar los ataques del EI.)

El Ejrcito Islmico ha combatido con considerable efectividad, volviendo rpidamente armamento estadounidense y sirio contra sus enemigos, incluyendo piezas de artillera, Humvees, e incluso un helicptero. A pesar de aos de trabajo de consejeros militares de EE.UU. y todos esos miles de millones de dlares invertidos en entrenamiento y equipos, el ejrcito iraqu no ha combatido bien, o a menudo nada en absoluto. Tampoco, parece, estar dispuesto a hacerlo en el futuro inmediato. El general del Cuerpo de Marines en retiro, John R. Allen, quien jug un papel clave en la organizacin, armamento y pago de grupos tribales sunes durante el Despertar de Anbar, y quien ha sido encargado por el presidente Obama de coordinar la ltima coalicin dirigida por EE.UU. para salvar Iraq, ya se ha pronunciado al respecto. Segn sus clculos, incluso con amplio apoyo areo de EE.UU. y nuevas infusiones de consejeros y equipamientos estadounidenses, tardar hasta un ao antes que el ejrcito sea capaz de lanzar una campaa para recuperar Mosul, la segunda ciudad por su tamao del pas.

Qu anduvo mal? El ejrcito de EE.UU. cree en poner el resultado final ante todo, tanto que incluso ha convertido la frase [en ingls] en un acrnimo: BLUF. El resultado final en este caso es que, cuando se trata de efectividad militar, lo que importa en ltima instancia es si un ejrcito cualquier ejrcito posee espritu. Llamadlo mpetu arrollador, una disposicin de llevar el combate al enemigo. Los militantes del EI, por lo menos por el momento, tienen claramente esa voluntad; las fuerzas de seguridad iraques, entrenadas concienzudamente y financiadas generosamente por el gobierno de EE.UU., no la poseen.

Esto representa un fracaso de primer orden. Por lo tanto aparece la pregunta de los 60.000 millones de dlares: Por qu produjeron los esfuerzos tan sostenidos de EE.UU. frutos tan amargos? La respuesta simple: para que una fuerza ocupante extranjera cree un ejrcito unido y efectivo a partir de una masa desunida y resentida fue (y sigue siendo) una misin intil. En realidad, la intervencin de EE.UU., ahora como entonces, servir solo para agravar esa falta de unin, no importa qu nuevos Despertares de Anbar se intenten.

Despus del derrocamiento de Sadam en 2003 y el predecible vaco de poder que sobrevino, chocaron facciones etno-religiosas realizando ajustes de cuentas en lo que, a fin de cuentas, fue prcticamente una guerra civil. Mientras tanto, insurgencias tanto sunes como chies se alzaron para combatir a los ocupantes estadounidenses. Decisiones errneas de la CPA de Bremer solo empeoraron las cosas. Profundas divisiones polticas en Iraq nutrieron esas insurgencias, que atacaban a tropas estadounidenses por ser una presencia extranjera. Como reaccin, los militares de EE.UU. trataron de apaciguar a los insurgentes, mientras expandan simultneamente la fuerza policial iraqu. Se comenz a establecer lo que se convertira en masivas fuerzas de seguridad. Se esperaba que stas restauraran una apariencia de calma, incluso porque suministraban cobertura para que las tropas estadounidenses se retiraran de un modo cada vez ms gradual de las tareas de combate.

Todo sonaba tan razonable y factible que la casi imposibilidad de la tarea eludi a los estadounidenses involucrados. Para comprender por qu la situacin era tan irremediable, tratad este experimento mental. Imaginad que estuvisemos en marzo de 1861 en EE.UU. Elegido por una minora de estadounidenses, Abraham Lincoln no contaba con la confianza de los secesionistas del Sur que buscaban un conjunto separatista de Estados confederados para proteger sus intereses. Imaginad que en ese momento interviniera un imperio extranjero, reemplazando a Lincoln por un dirigente ms dcil mientras desbandaba el ejrcito federal junto a las milicias del Estado debido a que supuestamente no eran de confiar, y estableca sus propias fuerzas, destinadas a apaciguar a un pueblo orientado hacia una violenta guerra civil. Imaginad las probabilidades de xito; imaginad el interminable caos que habra resultado.

Si este escenario parece descabellado, lo mismo vale para la misin militar estadounidense en Iraq. No es sorprendente que, en una empresa tan especulativa y arriesgada, las fuerzas de seguridad resultantes llegaran a ser el equivalente de otros tantos bonos basura. Y cuando lleg la hora de ajustar las cuentas, lo nico que quedaba eran legiones ahuecadas.

Un Estado cleptocrtico produce militares cleptocrticos

En los militares se llama informe despus de la accin un estudio de lo que anduvo mal y lo que se puede aprender, a fin de no repetir los mismos errores. Cuando se habla de la misin de entrenamiento de EE.UU. en Iraq, cuatro lecciones deberan encabezar la lista:

  1. El entrenamiento militar, no importa cun intensivo, y el armamento, no importa cun sofisticado y poderoso, no sustituyen la creencia en una causa. Una creencia semejante nutre la cohesin y aumenta el espritu de combate. El Estado Islmico ha combatido con conviccin. El costosamente entrenado y equipado ejrcito iran, no la posee. Carece de una causa comn. Esto no quiere decir que el EI tenga una causa que sea pura o justa. Por cierto, parece ser una compleja mezcla de fundamentalismo religioso, venganza sectaria, ambicin poltica, y oportunismo a la antigua (incluyendo saqueos, simple y llanamente). Pero hasta ahora la combinacin ha resultado ser convincente para sus combatientes, mientras que las fuerzas de seguridad de Iraq parecen estar centradas en poco ms que auto preservacin.

  2. El entrenamiento militar por s solo no puede producir lealtad hacia un gobierno disfuncional y desunido incapaz de gobernar efectivamente el pas, lo que constituye una descripcin razonable del gobierno sectario chi de Iraq. Por lo tanto no debiera ser una sorpresa que, como ha sealado Andrew Bacevich, sus fuerzas de seguridad no obedezcan rdenes. Como los seiscientos de Tennyson, el ejrcito iraqu no est dispuesto a cabalgar hacia un valle de la muerte siguiendo rdenes de Bagdad. Por cierto, este problema podra ser resuelto mediante la formacin de un gobierno iraqu que represente imparcialmente a todas las partes principales en la sociedad iraqu, no solo a la mayora chi. Pero eso parece ser una posibilidad improbable en este momento. Mientras tanto, una solucin que no precisa esta situacin es ms poder areo, armas, consejeros, y entrenamiento estadounidenses. Es algo que ya ha sido intentado y fracas.

  3. Un gobierno corrupto y cleptocrtico produce un ejrcito corrupto y cleptocrtico. En el ndice de percepcin de la corrupcin 2013 de Transparencia Internacional, Iraq apareci en el puesto 171 entre los 177 pases considerados. Y esa podredumbre no puede ser superada con entrenamiento estadounidense, entonces o ahora. De hecho, las fuerzas de seguridad iraques reflejan la cleptocracia que sirven; a menudo existen en gran parte solo en el papel. Por ejemplo, antes de la ofensiva de junio del EI, como ha sealado Patrick Cockburn, las fuerzas de seguridad dentro y alrededor de Mosul tenan una fuerza en el papel de 60.000, pero se calcula que solo 20.000 de ellos estaban realmente disponibles para la batalla. Como escribe Cockburn: Una fuente comn de ingreso para oficiales es que los soldados entreguen la mitad de sus salarios a sus oficiales a cambio de quedarse en casa o realizar otro trabajo.

    Cuando pregunt a un general retirado recientemente por qu los militares del pas se desvanecieron en junio, Cockburn recibi la siguiente respuesta.

     

    Corrupcin! Corrupcin! Corrupcin! Respondi [el general]: corrupcin general haba convertido el ejrcito [iraqu] en un chanchullo y en una oportunidad de inversin en la cual cada oficial tena que pagar por su puesto. Dijo que la oportunidad para ganar mucho dinero en el ejrcito iraqu proviene de los consejeros estadounidenses que lo establecieron hace diez aos. Los estadounidenses insistieron en que los alimentos y otros suministros deban ser subcontratados a firmas privadas: esto significa inmensas oportunidades para sobornos. Un batalln poda tener una fuerza nominal de seiscientos hombres y su oficial comandante recibira dinero del presupuesto para pagar por sus alimentos, pero en realidad haba solo doscientos hombres en los barracones de modo que poda embolsarse la diferencia. En algunos casos haba batallones fantasma que no existan en absoluto pero que eran pagados a pesar de ello.

    Solo en fantasas como El seor de los anillos de J.R.R. Tolkien los batallones fantasma juegan un papel en el campo de batalla. Los chanchullos sistmicos y la corrupcin rampante pueden ser ocultados en el parlamento, pero no cuando vuelan las balas y fluye la sangre, como probaron los eventos en junio.

    Semejante corrupcin no es nada nuevo (o de inters periodstico). En 2006, en su artculo Porqu Iraq no tiene ejrcito, James Fallows seal que los contratos de armas iraques estimados en 1.300 millones de dlares perdan 500 millones para sobornos, comisiones ilcitas, y fraude. En el mismo ao, Eliot Weinberger escribiendo en London Review of Books, cit a Sabah Hadum, portavoz del Ministerio del Interior iraqu, quien admiti: Estamos pagando cerca de 135.000 [salarios de soldados], pero eso no significa necesariamente que 135.000 trabajen realmente. Weinberger vio evidencia de hasta 50.000 soldados fantasma o nombres inventados cuya remuneracin es cobrada por oficiales o burcratas [iraques]. Contrariamente a la exageracin del gobierno de EE.UU., poco cambi entre los esfuerzos de entrenamiento iniciales en 2005 y la actualidad, como Kelley Vlahos seal recientemente en su artculo El ejrcito iraqu que nunca existi.

     

4. La ignorancia estadounidense de la cultura iraqu y un desdn generalizado hacia los iraques afectaron los resultados del entrenamiento. Una ignorancia semejante se reflej en el uso comn por soldados estadounidenses del trmino hajji, un honorfico reservado para los que haban hecho la peregrinacin (o hajj) a la Meca, para cualquier varn iraqu; el desprecio en el uso de trminos como cabeza de trapo, en tiroteos indiscriminados y una conducta abiertamente agresiva, y de un modo ms tristemente clebre en los eventos en la prisin Abu Ghrai. Como seal Douglas Macgregor, un coronel del ejrcito en retiro, en diciembre de 2004, los generales y polticos de EE.UU. no consideraron las consecuencias de obligar a soldados estadounidenses sin conocimiento de la cultura arbiga o rabe a implementar medidas intrusivas dentro de una sociedad islmica. Arrestamos a personas delante de sus familias, arrastrndolos con esposas en sus manos y bolsas sobre sus cabezas, y luego no suministramos informacin a las familias de los encarcelados. Finalmente, nuestros soldados mataron, mutilaron, y encarcelaron a miles de rabes. Un 90 por ciento no eran enemigos. Pero lo son ahora. Ese desdn era compartido por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, quien escogi una metfora de padre e hijo, maestro y nefito, para describir el progreso de la ocupacin. Hablaba condescendientemente de la necesidad de sacar las ruedas de entrenamiento de la bicicleta iraqu del Estado y dejar que los iraques pedaleen por s mismos. Una dcada despus, el general Allen mostr una actitud paternalista semejante en un artculo que escribi llamando a destruir el Estado Islmico. Para l, la poblacin de Iraq son pobres almas ignorantes, que a pesar de ello pueden servir adecuadamente al poder de EE.UU. como tropas en el terreno. En traduccin eso significa que pueden absorber balas y convertirse en vctimas, mientras EE.UU. suministra consejos y apoyo areo. En la visin del general que tena dj vu garabateado por todas partes los consejeros estadounidenses deban orquestar futuros ataques contra el EI, mientras las fuerzas de seguridad iraques aprendan cmo seguir obedientemente a esos conductores.

La mezcla comn de autosuficiencia y paternalismo revelada por Allen no promete nada bueno para futuras operaciones contra el Estado Islmico.

Y ahora?

Viene a la mente la triste sabidura del soldado Hudson en la pelcula Alien. Simplemente escapemos rpidamente y digamos basta, OK? Para qu estamos hablando de esto?

Por desgracia, nadie en el gobierno de Obama alberga sentimientos semejantes por el momento, a pesar del hecho de que el EI no representa realmente un peligro claro y presente para la patria. La opcin de escapar rpidamente ha sido, de hecho, ensayada y probada en Vietnam. Despus de 1973, EE.UU. finalmente abandon su desastrosa guerra en ese pas y, en 1975, Vietnam del Sur cay frente al enemigo. Fue un lo y represent una verdadera derrota pero no menos que si los militares estadounidenses hubieran vuelto a intervenir en 1975 para salvar a sus aliados sudvietnamitas con ms armamento, dinero, soldados, y bombardeos. Desde entonces, los vietnamitas se las han arreglado para decidir su propio camino sin nada de esto y casi 40 aos despus, EE.UU. y Vietnam se encuentran informalmente aliados contra China.

Para muchos estadounidenses, el EI parece ser la ltima versin islmica de la antigua amenaza comunista un conjunto malfico que debe ser perseguido y destruido. Esto, por supuesto, es algo que EE.UU. prob en la regin primero contra Sadam Hussein en 1991 y de nuevo en 2003, luego contra diversas insurgencias sunes y chies, y ahora contra el Estado Islmico. En vista del paradigma una amenaza para nuestro modo de vida irse nunca es una opcin, aunque podra eliminar la carta Satn Estadounidense del naipe de propaganda del EI. Irse significa abandonar mucho derramamiento de sangre y muchos actos sombros. Es duro, lo s, pero es mucho ms duro que incesantes bombardeos dirigidos por EE.UU., el compromiso de ms consejeros estadounidenses y dinero y armas, y an ms generales estadounidenses posando como conductores de los asuntos iraques? Con, por supuesto, los resultados usuales.

Una cosa es obvia: los ejrcitos extranjeros en los que EE.UU. invierte tanto dinero, tiempo y esfuerzo entrenando y equipando no actan como si los enemigos de EE.UU. fueran sus propios enemigos. Contrariamente a la conducta predicha por Donald Rumsfeld, cuando EE.UU. saca esas ruedas de entrenamiento de las fuerzas armadas de sus clientes, estos pedalean furiosamente (cuando llegan a pedalear) en direcciones totalmente inesperadas por, y a menudo indeseables para, sus pagadores estadounidenses.

Y si esa no es una clara seal del fracaso de la poltica exterior de EE.UU., no s qu lo es.

Teniente coronel reirdo de la Fuerza Area de EE.UU. y profesor de historia, William Astore es un colaborador regular de TomDispatch. Edita el blog The Contrary Perspective.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175907/



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