Portada :: Chile :: Miguel, un nombre en las estrellas
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2014

El MIR Chileno: Balance esencial a cuarenta aos de la cada en combate de Miguel Enriquez

Sergio Grez Toso
Carcaj


Aunque no milit en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR), siempre tuve un gran respeto y no poca admiracin por los miristas, especialmente por figuras como Miguel Enrquez, Bautista Von Schouwen, Luciano Cruz y Lumi Videla. Si bien no fui mirista, en ms de una ocasin compart con ellos empresas comunes, triunfos, esperanzas, dolores, derrotas y frustraciones. Conformo la generacin que fue testigo y protagonista de los procesos que encarnaron estos dirigentes y varios miles de jvenes revolucionarios chilenos de los aos 60 y 70. Como militante de la izquierda revolucionaria de aquella poca, tambin como historiador y ciudadano de los tiempos actuales, tengo un juicio sobre la historia del MIR ya expresado en varias ocasiones y que vuelvo a compartir a pedido de la revista Carcaj con motivo de los 40 aos de la muerte de Miguel Enrquez.

Porque sabemos que la visin y los sentimientos del ciudadano tienden a impregnar, inevitablemente, el juicio del historiador y, precisamente, porque me cuento entre aquellos que piensan que no hay historia neutra, estoy consciente de que mi pequeo y marginal rol de observador y compaero de ruta en algunos pasajes de la historia del MIR, baa mis apreciaciones y juicios histricos. No obstante, mi calidad de historiador y de ciudadano me obliga a ejercer el juicio crtico sobre los actores de la historia, aun de aquellos que nos son cercanos o por los que sentimos respeto y admiracin.

Al reflexionar sobre la trayectoria histrica de Miguel Enrquez y del MIR chileno (menciono a ambos ya que no es posible referirse a uno sin hablar del otro), me surgen tres grandes interrogantes que quisiera compartir con ustedes. Tres preguntas en las que puede sintetizarse el balance histrico ms esencial respecto de estos actores.

En primer lugar, qu represent histricamente Miguel Enrquez y la generacin rebelde de los aos 60 y 70 del siglo XX? Luego, parece pertinente interrogarse acerca de los aciertos y errores de esos dirigentes y militantes; finalmente, es necesario plantearse cules son los elementos rescatables de esas experiencias en la perspectiva de las luchas libertarias del presente y del futuro.

Aunque cada uno de estos problemas puede ser materia de largos debates, en parte ya realizados, en parte pendientes, aprovecho la oportunidad que se me ha ofrecido para hacer algunos planteamientos a ttulo exploratorio, para galopar sobre estos temas, como sola decir el propio Miguel.

La primera interrogante es tal vez la ms fcil de responder. Con la perspectiva que permite el transcurso del tiempo, adems de la culminacin de ciertos procesos histricos, no cabe duda que la generacin revolucionaria de los 60 y los 70, aquella nucleada en torno al MIR y otras organizaciones de izquierda revolucionaria, represent la tentativa ms decantada en la historia de Chile por tomar el cielo por asalto, esto es, conquistar el poder para un proyecto revolucionario socialista centrado en la obtencin de la justicia y la igualdad social. Tuvo el privilegio de actuar en un momento clave de la historia, cuando una poco comn confluencia de factores de larga y de corta duracin puso a la orden del da en el seno del ya secular movimiento popular chileno la cuestin del acceso al poder. La emergencia de esa generacin revolucionaria fue posible gracias a numerosos factores derivados de la permanente crisis de la sociedad chilena a partir del agotamiento del modelo de sustitucin de importaciones y del fracaso de variadas experiencias polticas desde los gobiernos radicales hasta la Revolucin en Libertad, pasando por el populismo ibaista de la Revolucin de la escoba y la Revolucin de los gerentes del derechista Alessandri-, que generaron una actitud de disponibilidad poltica para llevar a cabo cambios sociales ms profundos en amplios sectores del mundo popular y de las capas medias, especialmente, estudiantiles e intelectuales. A ello se sum el profundo impacto de la Revolucin Cubana, la disidencia china respecto del Vaticano ideolgico representado por Mosc en el seno del movimiento comunista internacional y las revoluciones anticoloniales que se multiplicaron desde fines de la Segunda Guerra Mundial y, muy particularmente, durante los aos 60. Todos estos hechos pusieron la revolucin a la orden del da en el escenario internacional. Pero se trataba de una revolucin que ya no sera la simple expansin geopoltica del llamado campo socialista al amparo de la potencia militar sovitica como haba ocurrido en la mayora de los pases de la Europa Oriental durante la segunda mitad de los aos 40, sino de una autntica revolucin desde las bases populares, una revolucin de acuerdo a los cnones clsicos del marxismo que la generacin revolucionaria chilena y latinoamericana de los 60 y de los 70 intent retomar. Esto significaba una ruptura de grandes proporciones respecto de las concepciones y las prcticas parlamentarias y legalistas de la izquierda que, en el caso de nuestro pas, se venan desarrollando no sin altibajos- desde mediados de los aos 30.

Sintetizando, podramos decir que la empresa liderada por Miguel Enrquez consisti en intentar, en base a la audacia, el coraje, el empuje, la decisin, la inteligencia y el sacrificio, la toma del Palacio de Invierno, de acuerdo a los postulados del leninismo y a los aportes tericos y prcticos de la experiencia cubana y del guevarismo.

La creacin de un partido de revolucionarios profesionales de sesgo leninista se entrelaz con la concepcin de la organizacin poltico-militar tomada de la experiencia guerrillera cubana y latinoamericana.

El principal acierto del MIR fue captar el estado de disponibilidad revolucionaria de una vasta franja de trabajadores, intelectuales y estudiantes y, ms agudamente, percibir que la eleccin de Salvador Allende como Presidente de la Repblica abra una situacin prerrevolucionaria. Los mayores xitos polticos del MIR se dieron precisamente en aquellos aos, cuando con audacia y flexibilidad tctica se empez a convertir en un partido con influencia de masas, un actor importante de la vida poltica nacional. Tal vez una de sus principales carencias fue la falta de tiempo. En su frentica carrera, tanto esta organizacin como el conjunto de la izquierda revolucionaria no alcanzaron la influencia y la madurez requerida para revertir la situacin que se transformaba aceleradamente de crisis prerrevolucionaria en contrarrevolucin desembozada.

El contexto poltico e ideolgico de aquellos aos haca muy difcil la necesaria renovacin ideolgica de la izquierda chilena. En el mundo bipolar de la Guerra Fra, de las definiciones a favor de uno u otro campo, en un contexto en que la lucha poltica se planteaba en la lgica de la guerra, el espacio para las revisiones crticas e introspectivas era objetivamente muy pequeo, en algunos casos francamente insignificante. Luego, bajo la dictadura, ese camino era an ms difcil. Ciertas concepciones y tendencias, a veces criticadas, pero jams superadas totalmente, como el foquismo y el militarismo en algunas organizaciones revolucionarias, unidos a ciertos errores de apreciacin como la subvaloracin del podero del enemigo y la sobrevaloracin de la fuerza propia- se saldaron en el exterminio fsico y en la derrota poltica y militar del proyecto revolucionario encarnado por Miguel Enrquez y sus compaeros. El proyecto mirista fue, en realidad, derrotado en tres oportunidades: la primera vez entre 1973 y 1976, cuando la feroz represin de la dictadura liquid a una parte muy significativa de su direccin histrica, entre ellos al propio Miguel, y desarticul muchas estructuras de la organizacin. Una nueva hecatombe se consum entre fines de los 70 y comienzos de los aos 80, terminando en cuantiosas prdidas humanas, polticas y materiales acciones como la operacin retorno y la tentativa de implantacin guerrillera de Neltume. Y una nueva derrota, esta vez eminentemente poltica, tuvo lugar durante la segunda mitad de los aos 80, cuando se impuso la transicin pactada que dej al MIR y a otras fuerzas revolucionarias sin alternativa viable, y, en definitiva, sin base social.

La derrota de un proyecto significa la invalidacin de su causa? No necesariamente. Pienso que lo esencial de los ideales de la generacin revolucionaria que creci y se desarroll en los aos 60 y 70, sigue estando vigente puesto que los grandes objetivos de justicia e igualdad social no han sido cumplidos en nuestro pas. Pero, y esta es nuestra tercera interrogante: qu es lo rescatable de esos proyectos fuera de la propia experiencia?

Sin duda estamos en una poca distinta. Ya no vivimos como creamos entonces- en la poca del imperialismo y de la revolucin proletaria. Ciertamente, estamos an en la poca del imperialismo (ahora ms globalizado), sin embargo, solo una imperdonable ceguera poltica podra llevarnos a creer que la revolucin proletaria est a la orden del da en algn punto del planeta. Cuando las grandes transformaciones sociales, econmicas, culturales e ideolgicas de las ltimas dcadas del capitalismo globalizado han diluido la identidad e incluso una buena parte de la base sociolgica de la clase obrera, cuando la emergencia de nuevos actores sociales populares configura un panorama ms complejo y matizado, solo una irreflexiva obstinacin nostlgica podra llevarnos a la repeticin de los moldes revolucionarios clsicos. Pocos son, en realidad, los conceptos e instrumentos polticos de aquella poca que han salido indemnes de los vendavales histricos del tiempo transcurrido desde la cada entonces[1].

Los proyectos marxistas de socialismo basados en dos supuestos: un soporte material representado por la gran industria, y un soporte social, la clase obrera, han sido seriamente cuestionados por la experiencia histrica y por la evolucin del capitalismo. Hasta ahora las bases materiales de la gran industria no han constituido ms que los soportes de la reproduccin ampliada del capitalismo y en algunos pases produjeron formas estatales totalitarias. Una nueva utopa revolucionaria, so pena de volver a repetir experiencias de nefastas consecuencias, debera comenzar por cuestionar este supuesto, proponiendo enseguida una nueva forma de producir que an no es posible prever.

Del mismo modo, se debe constatar que a pesar de las previsiones y deseos, la clase obrera no ha sido, en cuanto tal, en ningn pas del mundo, la fuerza social decisiva para la liberacin de la humanidad. Si bien su carcter de clase explotada bajo el capitalismo es una evidencia histrica incontestable, su esencia revolucionaria universal no fue, en realidad, jams fundamentada ni confirmada por la experiencia histrica. Aunque buena parte de las revoluciones del siglo XX se hicieron en su nombre y con su apoyo, en ninguna parte esta clase, en tanto tal, ejerci la direccin real de esos procesos que terminaron por constituir nuevas formas de dominacin y de explotacin. Esta constatacin no invalida el hecho de que un proyecto revolucionario anticapitalista solo puede tener como base social a los trabajadores y dems sectores explotados u oprimidos por el capitalismo, pero nos obliga a replantearnos el tema de los sujetos sociales portadores del cambio. De seguro, el sujeto social revolucionario de los nuevos combates por la liberacin es ms cercano a aquella visionaria percepcin mirista sobre los pobres de la ciudad y del campo, un sujeto plural, multiforme, de contornos flexibles, que se construye en torno a ciertos momentos y tareas histricas. No se trata ya de encontrar a la clase mesinica portadora de la liberacin de la humanidad, sino de articular en un proyecto revolucionario global las aspiraciones de los trabajadores y dems sectores explotados con las de otros segmentos tnicos, sociales y culturales que cuestionan el capitalismo.

En esta perspectiva, el socialismo del futuro no puede ser concebido simplemente como un proyecto que presentado como socialismo no sea ms que una forma especfica de capitalismo o socialismo de Estado. Para la construccin de una utopa de nuevo tipo se hace necesaria una profunda reformulacin de las bases tericas, ideolgicas, polticas y culturales que inspiraron los programas y prcticas de los movimientos polticos y sociales de transformacin social en Chile.

Qu podemos rescatar entonces de la experiencia de la generacin revolucionaria de los 60 y los 70? En un mundo donde ha hecho crisis la teora clsica de la revolucin y en el que el impulso vital de la revolucin rusa se ha extinguido en medio del desastroso final de los socialismos reales, es, sin duda, poco lo que se puede recuperar de las referencias tericas, de los instrumentos y de las estrategias polticas de antao, pero es mucho lo que se debe recoger en cuanto a decisin de cambiar el mundo y lo que se debe rescatar en el plano de la moral y de la consecuencia con los principios y convicciones. Cuando las clases dirigentes, a travs de sus polticos e intelectuales, solo ofrecen a la humanidad la perspectiva de una eterna reproduccin del capitalismo, una suerte de congelamiento o fin de la historia sin proyectos colectivos ni utopas de cambio social, ; cuando en pases como el nuestro la casta poltica nos muestra da a da que para ella pensar, decir y hacer son tres cosas distintas, el legado moral de Miguel Enrquez y de su generacin revolucionaria sigue teniendo un valor que en la perspectiva de las luchas y utopas libertarias del futuro, no ser puramente testimonial. El desafo histrico para las nuevas generaciones consistir en recoger esa herencia moral y procesarla a travs del prisma de nuevos instrumentos tericos que deber construir por s misma, recuperando de los aportes anteriores lo necesario, sin reflejos nostlgicos que conduzcan a la repeticin de los costosos errores del pasado, mas sin claudicacin frente a las presiones del sistema de dominacin.

Estoy seguro que, ms temprano que tarde, estos nuevos hombres y mujeres evaluarn la experiencia y el legado de quienes los precedieron y construirn, con el mismo entusiasmo y consecuencia, aunque con ms clarividencia y mayor efectividad, las grandes alamedas libertarias del porvenir.

Santiago, octubre de 2014.

[1] Varias de las ideas expresadas a continuacin fueron desarrolladas junto a los integrantes del colectivo CEP-Chile en el documento Una corriente socialista libertaria como alternativa de izquierda revolucionaria (Reflexiones para un proyecto transformador), Pars, Centro de Estudios Polticos sobre Chile, abril de 1985.


http://www.carcaj.cl/2014/10/el-mir-chileno-balance-esencial-a-cuarenta-anos-de-la-caida-en-combate-de-miguel-enriquez/


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