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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2014

El Estado clientelar

Ral Prada Alcoreza
Rebelin



Ciertamente es una metfora hablar del Estado clientelar, lo mismo que dijimos cuando tratamos el Estado rentista[1]; lo hacemos para ilustrar las caractersticas que conllevan los gobiernos populistas, llamados hoy gobiernos progresistas. Caractersticas que trasladan desde la forma de gobierno a la forma de Estado estas adecuaciones polticas[2]. Llamamos entonces Estado clientelar a esa forma de gobierno, persistente y reiterada, que conforma una relacin de dominacin afectiva entre gobernantes y gobernados. Los gobiernos populistas, extendidos en los llamados gobiernos neo-populistas, orientan sus capturas institucionales y no institucionales a la conformacin de clientelas; es decir, de grupos, estratos sociales, incluso masas populares, dependientes del mito del caudillo, dependientes de las dadivas del caudillo y de su gobierno, que los sita en la condicin degradante de vctimas y dramticos demandantes de favores. En otras palabras, esta relacin clientelar es tambin una relacin corrosiva, una relacin que se mueve en los circuitos de la economa poltica del chantaje; en pocas palabras, de la corrupcin.


Es humillante el espectculo clientelar expandido a nivel nacional de la ejecucin del Bono Juancito Pinto. Colas de padres acompaando a sus hijos, recibiendo el bono de oficiales del ejrcito, reducidos a oficiales de asistencia social. Esto es no slo formar clientelas, es decir poblaciones rehenes del poder, sino corromper a las poblaciones, ahora de nios. No se atiende la calamitosa situacin de la educacin; se la vea por donde se la vea, ya sea solo como educacin, al estilo tradicional, o como educacin descolonizadora. La formacin de nios, nias, adolescentes, es desafortunada. No solo por mallas curriculares retrasadas, en relacin a los avances de las ciencias, sino porque ni si quiera estas se cumplen. Profesores, en su mayora, mal preparados para ensear, incluso sin vocacin, pues acudieron a las normales con el objeto de tener un sueldo de por vida garantizado. Escuelas sin bibliotecas adecuadas, ni hablar de salas de internet apropiadas; nios, nias, adolescentes, atiborrados de tareas sin sentido. Nuestros jvenes salen, en su mayora mal preparados para la formacin superior. Esta situacin calamitosa se prefiere encubrir con el demaggico espectculo inconsolable de estas relaciones clientelares, que aparecen de una manera singularmente extraviada, en la efectuacin del Bono Juancito Pinto.



El Estado clientelar, as como el Estado rentista, es un Estado destructivo de la cohesin social, Estado asentado en la economa poltica del chantaje. Estamos tentados a decir es un Estado aparente, pues corresponde a una de las formas de la simulacin; empero, sabemos que todo Estado, como institucin imaginaria de la sociedad, lo es. Es un Estado como todo Estado que captura fuerzas; empero, a diferencia del Estado-nacin clsico, si se puede hablar as, si incluso existe un Estado-nacin promedio, hipertrofia las relaciones clientelares convirtindolas en primordiales en la reproduccin del poder. Hablando en el lenguaje de la ciencia poltica, con la que no estamos de acuerdo; pero, ayuda al objetivo de ilustrar, no forma ciudadanos, correspondan a la figura de las pretensiones universales liberales, correspondan a las ciudadanas complejas, extendidas, plurinacionales, sino forma dependientes, asistidos, forma esclavos emocinales, enamorados dramticamente del mito del caudillo. Esto es ciertamente vergonzoso. Es este espectculo triste el que se presenta como logro de la revolucin cultural descolonizadora.



En el Estado clientelar todos juegan no solamente a esta dependencia afectiva sino tambin al bluff. Se entregan ttulos a los bachilleres, se entregan ttulos a los profesores, incluso de postgrados, sin que estos cartones sean respaldados por una formacin slida. Se decreta que ya estamos en el Estado plurinacional, cuando lo que efectivamente ocurre es la consolidacin del Estado-nacin. Se manejan indicadores estadsticas en su forma relativa, sin atender a los datos absolutos, menos a sus valores conmensurados de acuerdo al valor real, mucho menos a lo que significan en trminos de la estructura econmica. Se habla de una victoria electoral contundente, sin evaluar el contraste abismal entre las ltimas elecciones y las anteriores; se perdi el entusiasmo, el contenido poltico, que todava se mantena hasta las elecciones del 2009; sin ver la decadencia poltica del periodo; comprendiendo la ltima gestin, peor de la que viene. Todos prefieren ilusionarse; es decir, adormecerse, para no atender lo que efectivamente acaece.



Ciertamente esto no es sostenible a largo plazo; sobre arenas deleznables no se construye nada que dure; con madera carcomida no se sostiene nada que dure. No solamente es una decadencia, no solamente se ha entierrado el cadver del proceso de cambio, sino que se asiste al hundimiento de un gobierno progresista, acompaado por abundantes flores de sepelio, los cuantiosos votos de despedida.

Como dijimos, la anterior gestin de Evo Morales Ayma no corresponde, de ninguna manera, al Estado Plurinacional Comunitario y Autonmico, como establece la Constitucin; corresponde al Estado-nacin consolidado. No vamos a repetir toda la argumentacin, nos remitimos a los escritos que tratan el tema; lo que interesa es comprender cmo se consolida este Estado-nacin subalterno[3].



Los Estado-nacin subalternos son, en su mayora, estados que nacen de la guerra de la independencia o de las guerras de liberacin nacional; son estados que no pierden la referencia con la colonialidad, pues la continan en las condiciones de la repblica. Los estallidos sociales, vinculados a levantamientos indgenas, a luchas campesinas, a rebeliones proletarias, a sublevaciones e insurrecciones populares, tratan de nacionalizar sus estados, por as decirlo, usando un trmino manejado, primero por Sergio Almaraz Paz, luego por Marcelo Quiroga Santa Cruz; lo logran, en parte, a partir de las nacionalizaciones econmicas; empero, no logran desprenderse de su herencia colonial. No se trata solamente de la condicin de dependencia, tampoco solo de la condicin de subalternidad, sino de la estructura misma del Estado-nacin. En el orden mundial, emergido de la revolucin industrial, orden universal consolidado en la posguerra, los Estado-nacin forman parte de la composicin de poder del orden mundial, del Imperio, adems de formar parte del sistema-mundo capitalista. Entonces los Estado-nacin subalternos nacen con una herencia colonial, que los hace ilegtimos histricamente, por as decirlo, tambin nacen con la crisis estructural poltica y social, que no logran resolverla. No logran resolver la crisis mltiple del Estado, a pesar, por el lado conservador y oligrquico, de buscar resolverla con las guerras anti-indgenas; a pesar, por el lado popular, buscar resolverla con nacionalizaciones y democratizaciones. Los regmenes populistas, por cierto ms legtimos que los regmenes conservadores, incluso los regmenes liberales, si bien logran consensos amplios de la poblacin, adems de encaminarse a procesos de modernizacin, que no pueden ser sino masivos y de inclusin, no pueden romper con la herencia colonial, no pueden tampoco romper con el orden mundial, el imperio, ni el sistema-mundo capitalista; son parte componente. Cuando las convocatorias logradas y los consensos que las acompaan pasan del periodo de entusiasmo, recurren a sustituir este decaimiento con la irradiacin de relaciones clientelares, basadas en relaciones afectivas con el pueblo. La legitimidad poltica se la suelda con la legitimidad afectiva.

El problema aparece cuando el nico recurso que queda es ampliar las relaciones clientelares, convirtiendo a la sociedad en rehn del caudillo o del partido populista. Es el momento cuando todo lo que haba de democrtico en la revolucin nacional se convierte en todo lo contrario, en un rgimen autoritario, que recurre al mito del caudillo, al chantaje de la relacin afectiva. En estas condiciones no se puede hablar de democracia; se trata de una experiencia poltica del drama popular, donde el pueblo se convierte en el espejo plural de la imagen del caudillo. Ha perdido toda libertad, toda iniciativa, toda capacidad creativa, mucho ms, esta exento de toda posibilidad de crtica. Los regmenes populistas apuestan a esta complicidad afectiva para preservarse en el poder. Comparando lo que aconteci con la revolucin nacional de 1954-1964 y lo que acontece con la revolucin democrtica y cultural de 2006-20014, se puede observar que las relaciones clientelares se han extendido mucho ms de lo que pudo hacerlo el Movimiento Nacionalista revolucionario (MNR) de ese periodo. Se puede hablar, aunque sea metafricamente, de un Estado clientelar.


[1] Revisar de Ral Prada Alcoreza Critica de la Economa poltica generalizada. http://pradaraul.wordpress.com/2014/09/09/critica-de-la-economia-politica-generalizada/

[2] Revisar de Ral Prada Alcoreza Las mallas del poder. http://pradaraul.wordpress.com/2014/10/20/las-mallas-del-poder/

[3] Ver de Raul Prada Alcoreza: Cartografas histrico-polticas. Dinmicas moleculares; La Paz 2013.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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