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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2014

La buena noticia del empleo

Fernando Luengo
Rebelin


 

 


 

La buena noticia es que la ltima entrega de la Encuesta de Poblacin Activa (EPA), correspondiente al tercer trimestre del ao en curso, revela que se ha generado empleo neto (diferencia entre puestos de trabajo creados y destruidos) y que, al mismo tiempo, se ha reducido el nivel de desempleo.

Estos son algunos de los datos aportados por la EPA. Con respecto al segundo trimestre, la poblacin ocupada ha aumentado en 151000 personas, 274000 en los ltimos doce meses; la tasa de empleo se sita en el 45,44%, cuatro dcimas ms que en el segundo trimestre y ocho ms que los registros alcanzados en el ltimo ao. Tambin el nmero de trabajadores desocupados se ha reducido; en 195200 personas este trimestre y en 515700 si se toma como referencia el tercero del ao anterior, lo que supone que la tasa de desempleo ha transitado desde el 25,65% en ese momento hasta el 23,67%.

Para el Partido Popular, el gobierno y su presidente, siempre atentos a aprovechar (y a manipular) aquellos datos que pudieran legitimar sus polticas y mejorar sus expectativas electorales, claramente a la baja, la EPA, la ltima y las anteriores, confirman que nuestra economa camina hacia la recuperacin y que en ese camino ya se est creando empleo.

Para no confundirnos ni confundir a nadie: en un pas con ms de cinco millones de personas que, queriendo trabajar, no encuentran un empleo, y con una tasa de desempleo que, junto a la griega, tiene el dudoso privilegio de encabezar el ranking europeo, no es balad que las cifras de empleo y desempleo hayan mejorado. Otra cosa muy distinta es lanzar las campanas al vuelo, como hacen los populares, seguidos por las cpulas patronales (o stas van antes, marcando el camino?) y los responsables comunitarios. No es serio, ni riguroso, ni decente.

El desempleo en nuestro pas ha alcanzado cotas histricas, nunca vistas desde la desaparicin del franquismo. Y todava estamos ah, batiendo records. Adems, no se puede pasar por alto que el desempleo real es muy superior al reflejado en las estadsticas. Aadamos a los datos oficiales las personas cansadas de buscar un empleo que no encuentran, las mujeres que han sido expulsadas del mercado de trabajo, los exiliados por razones econmicas y el infra empleo, que ya no es patrimonio de los negocios sumergidos, sino que est instalado en la economa formal, hacindolo suyo, sin pudor, las empresas y las administraciones pblicas.

Vivimos en el reino de las paradojas y de las mentiras. Los que ahora venden en el mercado poltico y meditico (mercado oligoplico controlado en gran medida por la gran banca) los xitos en materia de empleo son los mismos que han provocado, con sus polticas errneas y sesgadas, en favor de las lites, la masiva destruccin de puestos de trabajo durante los aos de crisis y una fractura social que nos sita entre las economas europeas ms desiguales, compartiendo liderazgo en este caso con pases como Letonia y Bulgaria.

Para contextualizar y relativizar la buena noticia esgrimida por los populares, proponemos al lector ponerse delante de la bola de cristal. Supongamos, por un momento, que el desempleo se reduce al ritmo observado en el ltimo ao (2,58%, tasa sin desestacionalizar), sin que vare la poblacin activa. Pues bien, en ese escenario necesitaramos cerca de 40 aos para bajar de los dos millones de parados, lo que supondra una tasa de desempleo del 8,5%. Simplemente, inaceptable.

Tengamos en cuenta adems que, por modesto que parezca, trabajar con este escenario en las condiciones actuales no es otra cosa que un brindis al sol. No slo porque el crecimiento de las economas europeas no remonta el vuelo algunas de las ms importantes, Francia e Italia, coquetean con la recesin-; tambin por las debilidades estructurales de la nuestra en materia tecnolgica y energtica, por ejemplo- por la compleja problemtica de la industria bancaria, no resuelta a pesar de las toneladas de dinero pblico encauzadas hacia las grandes entidades, por el todava alto apalancamiento de familias y empresas y por la espiral de endeudamiento de las administraciones pblicas.

Para colmo de desvergenza, la interpretacin que el gobierno hace de los datos es, una vez ms, tramposa. Es verdad que ha aumentado el volumen de ocupacin, pero se nos oculta, o se pasa de puntillas, sobre el dato de que la mayor parte de los nuevos empleos son efmeros. De hecho, el nmero de asalariados con contrato temporal aumenta, en 122400, mientras que los que tienen un contrato indefinido se han reducido en 26700 personas. Se extiende as la precariedad, santo y sea de nuestro mercado laboral.

Tambin es tramposa y falaz la afirmacin de que el desempleo se est reduciendo, pues dicha reduccin se alimenta en gran medida de la contraccin de la poblacin activa. Antes mencionaba a las mujeres que salen del mercado de trabajo y que han retornado a su papel de cuidadoras- y a los jvenes que, ante el sombro y frustrante futuro que se les ofrece, han decidido hacer las maletas; tambin contribuye a maquillar los datos de desempleo que muchos emigrantes han vuelto a sus pases de origen. La suma de todo ello reduce la poblacin activa, con el resultado (estadstico) de que baja la tasa de desempleo. Nos gobierna un grupo de trileros y farsantes.

Como el objetivo, proclamado e incumplido, es crear empleo, poco o nada se dice sobre las condiciones en las que se desempea el puesto de trabajo. Parecera que, a cambio de conseguir o mantener un empleo, siempre con la promesa de que la clave se encuentra en recuperar y consolidar el crecimiento, hay que aceptar unas condiciones que, digmoslo con claridad, estn empeorando con carcter general, devolvindonos a pocas que, quiz ingenuamente, creamos superadas: reduccin de los salarios nominales y reales, aumento del nmero de trabajadores pobres, alargamiento de la jornada laboral e intensificacin de los ritmos de trabajo.

Vaya milonga nos han contado! Se nos ha dicho que con disciplina salarial (no para los altos directivos y ejecutivos, por supuesto) y aceptando trabajar ms por menos, se dinamizara el empleo (tambin se nos dijo que con la austeridad se abriran de par en par las puertas del crecimiento). Al final, la realidad, desnuda de toda retrica, se ha impuesto; nos encontramos con que la destruccin de puestos de trabajo ha sido enorme y muy escasos los de nueva creacin, al tiempo que se ha asistido a una continua degradacin de las condiciones laborales.

Por todo ello necesitamos una verdadera terapia de choque laboral, social y productivo. No hay tiempo que perder, pues nos enfrentamos a una encrucijada de caminos y uno de los escenarios posibles es que las elites polticas y las oligarquas econmicas consoliden este capitalismo confiscador que emerge con la crisis. Un plan de emergencia lanzado con fondos pblicos, tanto estatales como comunitarios, que site el trabajo, el empleo, la sostenibilidad, la cohesin social, la dignidad y la participacin ciudadana en el eje mismo de su intervencin. Aunque se deban fijar prioridades, pues no se pueden acometer todos a la vez ni con la misma intensidad, estos objetivos son indisociables, no se pueden trocear ni compartimentar. En el centro de una actuacin estratgica de este perfil est, y no puede ser de otro modo, la redistribucin de la renta y la riqueza. No slo porque dicha redistribucin ser necesaria para movilizar recursos, sino porque la concentracin del poder econmico, que ya era enorme antes de que implosionara la crisis, se ha intensificado con la misma (necesitamos mucha informacin al respeto, pues es un terreno apenas explorado) y su maridaje con las elites polticas es incompatible con la democracia, y tambin con una salida de la crisis sostenible y solidaria.

Profesor de Economa Aplicada en la Universidad Complutense y miembro del Crculo 3E (Energa, Ecologa y Energa) de Podemos y de la asociacin econoNuestra

Pgina web: http://fernandoluengo.wordpress.com/

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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