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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2014

Leopoldo Lpez un venezolano fuera de toda sospecha democrtica

ngeles Diez
Rebelin


Hay figuras pblicas de dudosa reputacin, personajes que ocultan un pasado o un oscuro presente, figuras pblicas anodinas, polticos corruptos, embusteros y pusilnimes, oposiciones reaccionarias y retrgradas pero si algo caracteriza a la oposicin venezolana son los adjetivos de golpista y violenta.

Desde que Hugo Chvez asumi la presidencia de Venezuela no ha habido da en que la oposicin no intentara derrocar al presidente electo. Golpes de estado, sabotajes, asesinatos, acaparamiento de alimentos, actos terroristas el mtodo que menos ha utilizado ha sido la contienda electoral.

Para la oposicin venezolana las elecciones han tenido, desde el triunfo continuado del proyecto bolivariano, un carcter complementario de la desestabilizacin. Tal vez porque, a diferencia de los tradicionales golpes en Latinoamrica, estamos en otro momento histrico en el que las fuerzas progresistas europeas son dbiles y los procesos transformadores estn ms localizados geogrficamente. De ah que los gobiernos europeos reconozcan sin sonrojarse a gobiernos como el de Ucrania, resultado de un golpe de estado de corte fascista o apoyen las campaas de opositores fanticos y agresivos.

El caso es que la oposicin venezolana parece entender las votaciones como una tapadera para obtener legitimidad internacional que avale sus desmanes y maquille a unos lderes con amplio historial violento. Algo que slo es posible por la complicidad de los medios de comunicacin y la connivencia de gobiernos como el espaol que no dudan en apoyar a personajes como Leopoldo Lpez situndose as a su altura democrtica.

Sobre los medios de comunicacin, venimos denunciando desde hace aos la guerra meditica contra Venezuela pero acaso podran hacer otra cosa unos medios de contaminacin cuya propiedad est en manos de grandes corporaciones? No olvidemos que slo seis conglomerados de empresas controlan toda la informacin que circula por el planeta y de ellos, cuatro son de capital estadounidense y en el quinto tiene participacin. As, no es descabellado sostener que ms del 99% de la informacin que recibimos sobre Venezuela, es decir, la difamacin sistemtica de su gobierno as como la ocultacin y tergiversacin de las acciones de la oposicin, siguen criterios muy interesados.

Lo que resulta un tanto sorprendente, slo un poco, es que un gobierno como el espaol haga declaraciones y acte en contra de los intereses del Estado y del pueblo al que dice representar. Caben dos hiptesis, una, que nuestros gobernantes desconozcan el perfil de la oposicin venezolana, dos, que estn actuando al servicio de intereses ajenos.

La actuacin de Mariano Rajoy entrevistndose con la mujer de Leopoldo Lpez -que anda de campaa contra el gobierno venezolano-, y sus declaraciones respecto al juicio que se sigue contra su marido por delitos de daos, incendios, instigacin y asociacin para delinquir, no son slo actos de injerencia en un pas soberano, son acciones que define el talante democrtico del presidente espaol y su gobierno. Por un lado, la proximidad entre la derecha golpista venezolana y el Partido Popular, por otro, su servilismo hacia una potencia extranjera, Estados Unidos.

El pedigr golpista de Leopoldo Lpez es tan puro como el de Rodolfo Capriles (hasta hace poco cara visible de la oposicin venezolana). Pero tras la derrota electoral de Capriles y su partido en las elecciones del 2013 y 2014, hubo que cambiar el rostro opositor pues tambin cambi la estrategia desestabilizadora. Si las elecciones eran un complemento para derrocar al gobierno ahora ya ni siquiera sern eso. Cambi el plan de intervencin en Venezuela.

Leopoldo Lpez, que hasta el 2011 no era una opcin poltica segn los cables de wikileaks- para derrocar electoralmente al gobierno venezolano, porque generaba divisin dentro de la propia oposicin y era excesivamente beligerante y extremista, pas a convertirse en el rostro opositor venezolano en las calles, o, como gusta decir a nuestra derecha ultramontana la disidencia venezolana. Cualquier parecido con la terminologa anticubana es pura casualidad: damas de blanco, maridos encarcelados, giras europeas, denuncias del Alto comisionado de derechos humanos de NNUU, etc.

Est ampliamente documentado el vnculo de Estados Unidos con la oposicin venezolana a la que ha financiado durante ms de 12 aos pero tambin es pblica la vinculacin de Leopoldo Lpez con el golpe de Estado de 2002 contra Chvez, encabezando la marcha al Palacio de Miraflores que provoc la muerte de decenas de personas, o su inhabilitacin poltica por la malversacin de recursos pblicos cuando era alcalde de Chacao.

Cualquier demcrata bien informado pondra el grito en el cielo temiendo que el currculo de Leopoldo Lpez salpicara a las instituciones de su pas. Pero aqu, en el Estado espaol, nos limitamos a denunciar a la casta por lo que roban econmicamente, sin pararnos a denunciar lo que nos roban en trminos de dignidad. Mariano Rajoy y su poltica exterior hacia Venezuela es un ejemplo ms de que no somos, a diferencia de los venezolanos, un pueblo soberano sino un pueblo intervenido al que cada da que pasa le roban otro pedazo ms de dignidad.

ngeles Diez es Dra. en CC. Polticas y Sociologa, profesora de la UCM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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