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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2014

En Afganistn las mujeres no existen

Ann Jones
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Carlos Riba Garca.


Un autntico gobierno, artesanal y artificial

Introduccin de Tom Engelhardt

 

Desde el comienzo iba a ser el Vietnam de Rusia. Primero, la administracin del presidente Jimmy Carter; despus, la del presidente Ronald Reagan estaba resuelta a que la Unin Sovitica saboreara el mismo plato que Estados Unidos haba tenido que tragar en sus desastrosos 14 aos de guerra en el Sureste Asitico. Tal como dira ms tarde el asesor en seguridad nacional Zbigniew Brzezinski, El da en que los soviticos cruzaron oficialmente la frontera [afgana, en 1979], yo le escrib al presidente Carter para decirle, en esencia, Ahora tenemos la posibilidad de brindarle a la URSS su propia guerra de Vietnam. Con ese pensamiento, la CIA (ayudada por los saudes y los pakistanes) armaran, adiestraran y aconsejaran a facciones islamistas extremistas en Pakistn y las trasladaran al otro lado de la frontera para que los soviticos probaran su propia medicina, como Washington consideraba, es decir, su propio Vietnam.

La cosa funcion de un modo total. Ms tarde, el lder Mihail Gorbachov se referira a Afganistn con la expresin la herida sangrante, y en 1989, 10 aos despus de que el Ejrcito Rojo cruzara la frontera, empezara a trastabillar un imperio en decadencia y al borde del colapso. Se trataba de un clsico triunfo estadounidense de la Guerra Fra, el ltimo al que tuvo que apelar antes de que la Unin Sovitica traspasara el borde de la historia y desapareciera... bueno, excepto un pequeo detalle: los extremistas tan bien armados no hicieron lo que se esperaba de ellos, es decir, marcharse. La misin no estaba del todo cumplida; no era cuestin de dejar las cosas por la mitad. El saboreo de Vietnam por parte de los rusos result ser solo los entremeses de algo importante que an estaba por venir. Y el resto es la desastrosa historia que Chalmers Johnson llamara blowback*, hasta el golpe ms fuerte, que se hara sentir, no en la desvastada Afganistn, sino en Nueva York y Washington, tan penosamente bien conocido y todava sin resolver. No era cuestin de dejar las cosas por la mitad.

Como consecuencia de ello, cuando en octubre de 2001 la administracin Bush lanz su segunda guerra afgana, conscientemente o no, estaba recetndose la amarga medicina que EEUU ya haba prescrito a los soviticos en los ochenta. Pensad en este hecho como la peor versin posible de la auto medicacin. Ahora, han pasado otros 13 aos. Estamos a 35 aos de la idea que tuvo Brzezinksi de vietnamizar a la URSS en Afganistn y los pases de Asia Central se han convertido en un caso perdido. La insurgencia talibn est lanzada al estrellato, y el ejrcito y la polica afganos tienen horribles bajas. Podis apostar a que, con la mirada puesta en el colapso del ejrcito iraqu, armado y adiestrado por EEUU, hay mucha gente inquieta en el Pentgono por las fuerzas de seguridad afganas, en las que ha volcado por lo menos 60.000 millones de dlares. Mientras tanto, la democracia que Estados Unidos haba prometido llevar al pas ha pasado por una segunda eleccin profundamente fraudulenta, esta vez con un voto tan cuestionado y lleno de dudosas prcticas eleccionarias que el recuento final todava no ha podido ser dado a conocer a los afganos. En lugar de unas autoridades elegidas, se ha improvisado con la supervisin de Washington un nuevo gobierno que nada tiene que ver con lo que establece la constitucin afgana.

Entretanto, Afganistn est atravesado por la corrupcin, que se manifiesta en todas las formas imaginables y, lo peor de todo lo nico que es un verdadero xito, la principal cosecha del pas es la de amapola. De hecho, en el ltimo ao la cosecha afgana de adormidera ha sido record, por un valor de 3.000 millones de dlares, superando el record mundial anterior detentado por Afganistn en un 50 por ciento! Vigilado por Estados Unidos, Afganistn es el pas narcotraficante ms importante del mundo. Tened en cuenta que, junto a la historia de los ltimos 13 aos de ocupacin y presencia militar estadounidense en el pas (con una posible ampliacin a 10 aos ms), Estados Unidos ha invertido 7.600 millones de dlares en todo tipo de programas para erradicar el cultivo de la amapola. Entonces, una vez ms: misin cumplida! Hoy, la integrante regular de TomDispatch Ann Jones, autora de They Were Soldiers: How the Wounded Return From Americas Wars - The Untold Story, hace una retrospectiva de los 13 aos de un Afganistn estadounidense y explica qu significan para las mujeres a quienes la administracin Bush tuvo el orgullo de liberar al invadir el pas. A la vista del xito en la erradicacin de la adormidera, qu pensis que hizo Washington en relacin con las mujeres?

 

* * *

 

Despus de 13 aos de guerra, el imperio de la ley no existe, s el de los hombres

El pasado 29 de septiembre, por primera vez en 13 aos el poder en Afganistn cambi de manos. En el palacio de Arg, sede presidencial en Kabul, Ashraf Ghani jur como presidente, mientras el presidente saliente Hamid Karsai observaba tranquilo desde su asiento en primera fila. Washington, congratulndose por esta transicin pacfica, se apresur a conseguir la firma del nuevo presidente en un acuerdo bilateral de seguridad, que garantiza la presencia del ejrcito estadounidense al menos una dcada ms. La gran noticia del da: Estados Unidos consigui lo que quera (la precisin de por qu los estadounidenses deberamos felicitarnos por la permanencia de nuestros soldados en Afganistn durante otros 10 aos nunca se ha explicado).

La gran noticia del da para los afganos fue bastante distinta; no la muy esperada continuacin de la ocupacin estadounidense, sino lo que el nuevo presidente dijo en su discurso de asuncin sobre su esposa, Rula Ghani. Mirndola, sentada entre la audiencia, se dirigi a ella por su nombre, alab su trabajo con los refugiados y anunci que ella continuara haciendo ese trabajo mientras l fuera presidente.

Estas breves palabras hicieron que las mujeres progresistas de Afganistn se pusieran locas de contento. Haban esperado 13 aos para escuchar esas palabras, unas palabras que habran cambiado la evolucin de la ocupacin estadounidense y el futuro de Afganistn de haber sido dichas por Hamid Karsai en 2001.

No, no haba magia alguna en esas palabras. Sencillamente, reflejaban los valores de una importante minora de afganos, y probablemente los de la gran mayora de sus compatriotas exiliados en Occidente. Tambin reflejan una idea que Estados Unidos se enorgullece de sostener, aunque por lo general acta contra ella, la misma idea que George Bush cit como parte de la justificacin para invadir Afganistan en 2001.

La venta de la guerra al pblico, la recordaris, se basaba en la idea por la que los hombres de EEUU nunca antes haba mostrado mucho entusiasmo: la liberacin femenina. Durante aos, las organizaciones por los derechos humanos de todo el mundo haban centrado su atencin en la difcil situacin de las mujeres afganas, confinadas en su casa por el gobierno talibn, privadas de educacin y cuidados mdicos, azotadas en la calle por los autodesignados comits para la promocin de las virtudes pblicas y la prevencin del vicio, y ejecutadas ocasionalmente en el estadio Ghazi, de Kabul. Por horrible que fuera la situacin, muy pocos podran imaginar que un presidente de Estados Unidos, un republicano adems, levantara una bandera feminista para dar cobertura a la invasin de un pas culpable mayormente de cobijar a un husped intrigante.

Mientras George Bush se jactaba de la liberacin de las mujeres afganas, su administracin segua un guin muy diferente. En diciembre de 2001, en la Conferencia de Bonn convocada para establecer un gobierno provisional, la delegacin estadounidense destac que el nuevo lder del pas sera el aparentemente dcil Hamid Karzai, un conservador pashtun que, como cualquier talibn, tena a su esposa, la doctora Zinat Karzai, encerrada en su casa. Antes de casarse, en 1999, ella haba ejercido como ginecloga con unos conocimientos desesperadamente necesitados en su entorno para mejorar el pavoroso ndice de mortalidad maternal; sin embargo, la liberacin de Bush no alcanz a la ms prominente de las mujeres afganas.

Esta desconexin entre el muy promocionado apoyo a los derechos de las mujeres y su desdn real hacia las mujeres no pas desapercibida a los astutos afganos. Desde el primer momento, se dieron cuenta de que en el fondo los estadounidenses eran unos hipcritas.

Washington se mostr a s mismo de otras maneras tambin. Los seores de la guerra afganos, que haban saqueado el pas durante la guerra civil de los primeros aos noventa, antes de la toma del poder por el talibn, cometieron atrocidades que muy bien pueden ser definidas como crmenes contra la humanidad. En 2002, al ao siguiente al de la invasin estadounidense y el derrocamiento del talibn, la Comisin Independiente por los Derechos Humanos en Afganistn con el auspicio de Naciones Unidas y la supervisin de ciudadanos de todo el mundo dej claro que el 76 por ciento de estos expertos solicitaban que los seores de la guerra fueran llevados a juicio en calidad de criminales de guerra, mientras el 90 por ciento de ellos queran que fueran eliminados del servicio pblico. Algunos de estos seores haban estado entre los mejor pagados, yihadistas islmicos predilectos de Washington durante su guerra por delegacin contra la Unin Sovitica de los ochenta. Como resultado de ello, la administracin Bush mir hacia otro lado cuando Karsai dio la bienvenida a estos experimentados hombres y los integr en su gabinete, en el parlamento y en el nuevo sistema judicial. Impunidad era la palabra vigente. El mensaje no poda ser ms claro: con los contactos adecuados, un hombre poda hacer lo que quisiera, desde atrocidades a escala industrial hasta la rutinaria subyugacin de las mujeres.

Es muy poco lo que se puede averiguar acerca de la retorcida naturaleza de las relaciones Estados Unidos-Afganistn en relacin con las revelaciones de que EEUU no practica lo que preconiza, ya que la igualdad y la justicia son apenas poco ms que unas palabras vacas, y eso resulta ser la democracia.

Tomar partido

La costumbre de los estadounidenses de pensar solo en el corto plazo ha modelado los resultados en el largo plazo en Afganistn. Los lderes polticos y militares de Washington se han centrado siempre solo en los acontecimientos ms inmediatos, los nicos que invariablemente generan temores y parecen exigir (o proporcionar la excusa para) accin instantnea. Los largos senderos de la historia y la cultura, con sus muchas curvas y tramos en sombra, permanecen inexplorados. De este modo, la administracin Bush eligi un enemigo: el talibn. Expulsaron al talibn del poder, instalaron la democracia lisa y llana y, como al pasar, les dijeron a las mujeres que dejaran de usar el burka. Misin cumplida!

Sin embargo, a diferencia de los estadounidenses y sus compaeros de coalicin, los taliban no eran intrusos extranjeros sino afganos. Tampoco eran un grupo aislado, sino la extrema derecha del conservadurismo islmico afgano. Como tales, sencillamente representaban y continan representando de un modo excesivo el sector conservador tradicional de partes importantes de la poblacin, que han estado resistiendo el cambio y la modernizacin desde hace tanto tiempo que ya nadie recuerda desde cundo.

Aun as, el arraigado uso del burka no es la nica tradicin afgana. Algunos gobernantes progresistas y ciudadanos urbanos con formacin universitaria llevan mucho tiempo tratando de introducir su pas en el mundo moderno. Hace casi un siglo, el rey Amanullah fund la primera escuela secundaria para jvenes mujeres y el primer tribunal familiar para atender a mujeres que tenan reclamos contra su marido; proclam la igualdad de hombres y mujeres, y prohibi la poligamia; rechaz el burka y prohibi la actuacin de mullahs islmicos ultraconservadores por ser personas malas y diablicas que difundan propaganda fornea contraria a los ideales sufes del pas. Desde entonces, otros gobernantes, tanto reyes como comisarios polticos, abogaron por la educacin, la emancipacin de las mujeres, la tolerancia religiosa y conceptos de derechos humanos normalmente asociados con Occidente. Con todas sus limitaciones, propias del contexto afgano, este pensamiento progresista tambin es tradicional.

En los ochenta, el histrico conflicto entre las dos tradiciones lleg a un punto crtico; fue durante la ocupacin sovitica del pas. Entonces, fueron los rusos quienes apoyaron los derechos de las mujeres y la educacin de las nias, mientras que Washington financiaba a un conjunto de grupos islmicos particularmente extremistas que estaban exiliados en Pakistn. Solo unos pocos aos antes, en mitad de los setenta, el presidente afgano Mohammad Daud Khan, respaldado por comunistas afganos, haba expulsado a los lderes islmicos radicales, como lo haba hecho antes el rey Amanullah. Fue la CIA, junto con los servicios de inteligencia pakistanes y saudes, la que los arm y los llev de regreso a Afganistn mientras el presidente Reagan ensalzaba a los luchadores por la libertad, los mujahidines.

Veinte aos despus, seran los estadounidenses encabezados por la CIA, una vez ms quienes volveran a echarlos fuera. La historia puede ser enmaraada, sobre todo cuando una potencia importante es incapaz de pensar en el largo plazo.

Estados Unidos, sea por ignorancia o sea intencionadamente, en 2001-2002, su momento de triunfo en Afganistn, trat de jugar a dos bandas. Con una mano, ondeaba la bandera progresista de los derechos de las mujeres; con la otra, construa un poder presidencial muy centralizado y fuerte que fue entregado inmediatamente a un hombre conservador que raramente dedicaba un pensamiento a las mujeres. Con un poder total para nombrar ministros, gobernadores provinciales, alcaldes y casi a cualquier funcionario pblico en todo el mbito nacional, el presidente Karsai mantuvo una notable coherencia: eligi solo a hombres.

Cuando estuvo claro que a l le tenan sin cuidado los derechos de las mujeres, las amenazas de muerte contra aquellas que haban credo seriamente a Washington y su discurso de liberacin empezaron a ser tomadas en serio. Las mujeres que trabajaban en ONG locales e internacionales, en agencias gubernamentales y en escuelas pronto se encontraron con mensajes annimos llamadas cartas nocturnas en la puerta del establecimiento donde se desempeaban, mensajes que describan con truculento detalle la forma en que seran asesinadas. En Facebook o en el telfono mvil, reciban vdeos de hombres que violaban a adolescentes. Despus, empezaron los asesinatos. Mujeres policas, funcionarias provinciales, trabajadoras sociales, maestras, chicas estudiantes, presentadoras de TV y radio, actrices, cantantes... daba la impresin de que la lista no acabara nunca. Algunas fueron, podra decirse, excesivamente asesinadas: violadas, golpeadas, estranguladas, mutiladas, tiroteadas y despus colgadas de un rbol; solo como advertencia. Cada vez que un grupo reivindicaba un asesinato de este tipo, nadie era detenido ni llevado ante un tribunal.

A pesar de esto, la administracin Bush se jactaba del crecimiento de la escolaridad de las nias afganas y de los avances en la sanidad para reducir los ndices de mortalidad maternal e infantil. Aunque lento, tambaleante y siempre exagerado, el progreso era real. En tiempos de Barack Obama, su secretaria de estado Hillary Clinton renov las promesas estadounidenses referidas a las mujeres afganas. Jur repetidamente que nunca las abandonara; aun as, raramente invitaba a alguna de ellas cuando los hombres discutan el futuro de su pas.

Mientras tanto, Karsai continuaba aprobando legislacin que restringa los derechos de las mujeres; al mismo tiempo, la violencia contra ellas segua contando con la impunidad de las autoridades.

Solo en 2009, debido a la incesante presin ejercida por las organizaciones de mujeres, tanto afganas como las de muchos de los pases que aportaban ayuda econmica, Karsai promulg por decreto una ley por la eliminacin de la violencia contra la mujer (EVAW, por sus siglas en ingls). Se prohiban 22 prcticas dainas para las mujeres y nias, entre ellas la violacin, la violencia fsica, las bodas infantiles y los casamientos forzados. En estos momentos, las mujeres informan sobre el aumento de la violencia en contra de ellas; unas pocas han encontrado alguna reparacin con la ley. Al igual que el artculo constitucional que establece la igualdad de hombres y mujeres, las protecciones potencialmente fuertes instituidas por la EVAW existen principalmente en el papel.

Pero despus de esta nica concesin a las mujeres, Karsai las dej aterradas cuando llam a conversaciones de paz con el talibn. En 2012, quiz para ganarse la simpata de los hombres a los que antes haba llamado hermanos enfadados, tambin aprob un cdigo de conducta redactado por un poderoso grupo de clrigos ultraconservadores, el Concilio de Ulemas. El cdigo autoriza el azotamiento de la esposa, proclama la segregacin de los sexos e insiste que en el gran esquema de las cosas los hombres son fundamentales y las mujeres, secundarias. Washington ya haba llegado a conclusin similar. En marzo de 2011, un jocoso y annimo funcionario de alto nivel de la Casa Blanca dijo a la prensa que en la concesin de contratos para importantes proyectos de desarrollo en Afganistn, el Departamento de Estado ya no incluira previsiones respecto de los derechos de las mujeres y las nias. Todos esos guijarros en la mochila, dijo, nos estn haciendo caer. Deshacindose de ellos, la administracin Obama, se situ, de una vez por todas al lado de las fuerzas ultraconservadoras y antidemocrticas.

Por qu importan las mujeres

Sin embargo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas menciono esos guijarros como la piedra fundamental ms duradera en la construccin de la paz y la estabilidad de cualquier pas. En las ltimas dcadas, Naciones Unidas, muchas organizaciones de investigacin y acadmicos que trabajan en estudios en los mbitos de la ciencia poltica y la seguridad han acumulado muchsima evidencia que documenta la importancia de la igualdad entre mujeres y hombres (habitualmente con la expresin igualdad de gnero). Sus hallazgos sealan que la histrica dominacin de las mujeres por parte de los hombres, que imponen su voluntad mediante la violencia, est en la base del antiguo prototipo de dominacin total y violencia, y en el diseo mismo de la explotacin, la esclavitud y la guerra. Sus investigaciones confirmaron la observacin de John Stuart Mill, filsofo britnico del siglo XIX, de que el primer aprendizaje del hombre ingls tena lugar en su propia casa; despus, practicaba con su esposa la tirana que en su momento ejercera en tierras de ultramar para construir y controlar el Imperio Britnico.

Esas investigaciones y el sentido comn tienen origen en la observacin de la mentira que subyace en una serie de resoluciones que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprob desde el 2000, resoluciones que llaman a la participacin plena de las mujeres en todas las negociaciones de paz, planes de accin humanitaria y gobernanza despus de un conflicto. Las mujeres modifican el discurso y mientras transforman la relacin desigual entre los sexos cambian tambin a los hombres, normalmente para mejor. Sencillamente, los pases en los que mujeres y hombres disfrutan de posiciones de igualdad y respeto entre unas y otros suelen ser estables, prsperos y pacficos. Hoy da, por ejemplo, la igualdad de gnero es grande en los cinco pases nrdicos, que estn siempre en lo ms alto de las listas de naciones ms felices.

En el lado opuesto, en Afganistn, donde hombres y mujeres son ms desiguales y los hombres oprimen y violan rutinariamente a las mujeres, es ms probable que la violencia surja tambin entre los hombres, tanto a escala nacional como en las relaciones internacionales. Los pases as son los ms pobres, violentos e inestables del mundo. A menudo se dice que la pobreza conduce a la violencia. Pero esta proposicin tambin se puede dar vuelta: la violencia que expulsa a las mujeres de la vida pblica y la actividad econmica equitativa produce pobreza y, de este modo, todava ms violencia. Como escribi el lder comunista chino Mao Zadong: Las mujeres sostienen la mitad del cielo. Atadnos las manos y el cielo caer.

Para entender esto, las mujeres de Afganistn han tenido que vivir una dura experiencia. Fue por eso que algunas lloraron de alegra al escuchar las palabras de Ashraf Gahni en reconocimiento del valor del trabajo de su esposa. Sin embargo, junto con ese pequeo, sorprendente y memorable momento lleg una terrible sensacin de oportunidad perdida.

Algunas personas de la comunidad internacional se haban tomado en serio la cuestin de los derechos de las mujeres. Haban establecido cupos para la participacin femenina en el parlamento y haban escrito igualdad de derechos en el texto de la constitucin afgana de 2004. Pero, qu podan realizar las mujeres en un parlamento en el que pululaban los antiguos seores de la guerra y ex talibn que solo haban cambiado el color de su turbante? Qu igualdad podan esperar ellas cuando la constitucin sostena que ninguna ley poda reemplazar a la Sharia del Islam, un rgimen abierto a las interpretaciones ms extremas? De cualquier modo, no todas las mujeres parlamentarias formaban un grupo homogneo. Algunas haban sido elegidas a dedo y su voto estaba comprado por hombres poderosos, tanto integrantes del gobierno como ajenos a l. Aun as, cientos, incluso miles, de mujeres podran haber participado en la vida pblica si Estados Unidos se hubiera alineado sin reservas junto a la tradicin progresista de Afganistn y elegido a otro hombre para que gobernara el pas.

Los nuevos hombres al mando

Quines son Ashraf Ghani, el nuevo presidente, y Abdullah Abdullah, el CEO** del estado? Estos dos candidatos principales haban sido rivales en las dos ltimas elecciones presidenciales y al menos en una en 2009, cuando Abdullah termin segundo detrs de Karsai y decidi no presentarse a una segunda vuelta que tena todo el aspecto de ser fraudulenta (en la primera vuelta de la votacin, unos hombres de Karsai fueron sorprendidos y filmados mientras llenaban urnas con votos adulterados).

En las prolongadas elecciones de este ao, el 5 de abril, Abdullah termin ganador entre ocho candidatos, con el 45 por ciento de los sufragios. Superaba a Ghani (31 por ciento de los votos) pero no lleg al 50 por ciento necesario para ganar en primera vuelta. Ambos candidatos presentaron reclamos por fraude. En junio, cuando Ghani consigui el 56 por ciento de los votos en la segunda vuelta contra el 43 por ciento de Abdullah, este puso el grito en el cielo y amenaz con la formacin de un gobierno propio. El secretario de estado de EEUU John Kerry se apresur a volar a Kabul para reunir a ambos en un gobierno de unidad tan vago como inconstitucional, que todava est en proceso de definicin y sin duda poco o nada tiene que ver con la democracia electoral.

Ambos hombres tienen fama de vanidosos como Hamid Karsai en cuestiones de vestimenta y sombreros, pero son bastante ms progresistas que su antecesor. Ghani, ex ministro de economa y rector de la Universidad de Kabul, es reconocido por su inteligencia. Despus de aos en la academia y una dcada en el Banco Mundial, se hizo cargo del gobierno con planes para combatir la importante corrupcin que reina en el pas. Acaba de reabrir la superficial investigacin en el Banco de Kabul, una institucin gigantesca y piramidal que colaps en 2010 despus de repartir cerca de 1.000 millones de dlares en prstamos entre amigotes con cargos dentro y fuera del gobierno (es posible que Ghani sea una de las pocas personas que entienden totalmente el chanchullo).

La creencia general en un pas donde la poltica es cuestin de lealtades (y rivalidades) entre los hombres es que Abdullah Abdullah es el poltico ms seguro de s mismo. Ministro de relaciones exteriores en el primer gabinete de Karsai, designo a una mujer para que le asesorara en cuestiones relacionadas con las mujeres. Sin embargo, desde entonces, sus asuntos personales han sido objeto de escandaloso cotilleo. En su vida pblica, lleva bastante tiempo proponiendo una descentralizacin de la estructura gubernamental impuesta por Washington al pas. Pretende diseminar el poder en las provincias para fortalecer la capacidad de los afganos en la determinacin de las condiciones de vida de su propia comunidad. Algo parecido a la democracia.

El acuerdo entre Ghani y Abdullah llama a una asamblea de ancianos, una loya jirga, que tendra lugar dentro de dos aos para instituir el cargo de primer ministro, que presumiblemente Abdullah quiere ocupar Incluso despus de sus sucios asuntos con dos presidentes estadounidenses, l ha cuestionado la sistema presidencialista de gobierno. Un presidente, me dijo, se convierte en un autcrata. En justicia, sostiene, el poder pertenece al pueblo y su parlamento.

Todo el mundo se pregunta hasta dnde ser posible que esos dos rivales puedan trabajar juntos han programado tres encuentros por semana, si la fuerza de EEUU y su coalicin dejaran el pas y el talibn atacara con ms fuerza en los lugares ms inesperados. Aun as, el cambio de gobierno despierta optimismo y esperanza entre los observadores, tanto los afganos como los internacionales.

Por otro lado, muchos afganos, especialmente mujeres, continan enfadados con los ocho candidatos a presidente, a quienes responsabilizan del interminable proceso eleccionario que llev al poder a dos de ellos. Mahbouba Seraj, ex directora de la Red de Mujeres Afganas y aguda observadora, seala que en la serie de incontables comidas y fiestas nocturnas ofrecidas por varios encumbrados afganos durante la campaa, los candidatos podran haber llegado a algn acuerdo para estrechar el campo de juego. Podran haber encontrado la forma de ahorrar al pas el alto coste y la ansiedad de una segunda vuelta de votacin por no mencionar meses de recuento de votos, solo para no hacer pblicos los resultados finales.

En lugar de eso, la impresin es que los candidatos mantienen de rehn al pas. Sus irritados cargos y amenazas han contenido apenas el temor de una guerra civil y el miedo de las mujeres silenciadas. Una vez ms, escribi Seraj, hemos sido excluidas de las decisiones ms importantes del pas. Nos han cerrado la boca mediante el recurso ms antiguo, efectivo y conocido: la fuerza. Ahora, las mujeres, agreg, tienen miedo de abrir la boca, aunque solo sea para hacer preguntas legtimas sobre la naturaleza de este nuevo gobierno, que tiene el aspecto de no ser un gobierno del pueblo consistente con los votos cerca de la mitad de esos votos son de las mujeres sino antes bien un gobierno de coalicin, fabricado por los candidatos y los mediadores internacionales. En otras palabras, un gobierno artesanal.

 

Notas:

* Blowback, en ingls, es el retroceso de un arma de fuego al ser disparada. (N. del T.)

** CEO es el acrnimo de chief executive officer, la mxima autoridad ejecutiva en una empresa. (N. del T.)

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175914/tomgram%3A_ann_jones%2C_genuine%2C_handcrafted%2C_man-made_government/#more



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